El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

Todas las mujeres somos iguales

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Hace unos días festejábamos otro 8 de marzo y esa conmemoración siempre es de regocijo, dado que evocar la defensa de valores republicanos y la lucha de mujeres por alcanzar la igualdad, es siempre un día especial. Pero me llama la atención la visión que se trata de permear, con graves connotaciones ideológicas sesgadas, en dónde no se está defendiendo la igualdad, la paz, la libertad republicana, sino el tema es politizar hablar de “macho opresor”, tratar de generar marchas que la verdad no son convenientes, cuándo todos sabemos que el COVID-19 está circulando libremente.

Pero sin responsabilidad y con una actitud irruptora desleal a los principios que dicen defender se plantan con discursos de apocalípsis si no se hace la marcha, como que se perderían todos los derechos. Cuándo hay miles de formas de manifestarse, con el desarrollo de las comunicaciones, se podría proponer una marcha en auto o una cadena de mensajes en las redes o incluso pedir la cadena nacional, como están haciendo muchas organizaciones feministas. Todo lo que la buena fe pueda inventar, sin poner en peligro la salud de todos, pero en realidad lo que toma estado público es el otro discurso de confrontación.

Pero no alcanzando con estas sospechosas actitudes, llama la atención una de las últimas muertes de mujeres que pasó sin pena ni gloria, porque la misma era policía. En Febrero, María Eugenia Villanueva de 29 años de edad fue muerta, su pareja es la principal sospechosa, su hijo fue quién la descubrió y pidió auxilio a su tía que vivía al lado, ella era policía, trabajaba en el Instituto Nacional de Rehabilitación, cumplía funciones en la cárcel. Esta muerte tuvo cero connotación, nadie salió a hablar de ella, no hubo juntada, ni marchas, pero lo cierto es que se debe reclamar por María Eugenia, dado que ella fue víctima de una situación de violencia, dónde quedó un menor que si bien aún se está investigando, otros casos tienen otro impacto que este no tuvo, y parece que el ser policía determinó una “capitis diminutio” (un desvalor) para ser defendida en forma. Por lo que el “macho represor” que tienen dentro o la “lobaferoz”, jugo una mala pasada o les determinó no reclamar por su muerte.

Las mujeres sin importar su profesión, sus creencias o su religión, debemos ser defendidas de la violencia, el que sea policía, ama de casa o simple estudiante, es irrelevante frente al feminicidio y violencia que se generó en esa familia donde un niño quedo sin mamá. Este feminicidio sucedió casi concomitantemente cuando el grupo Mujer y Salud liderado por Lilian Abracinskas se conglomeran en Plaza Independencia y fueran por todos los medios diciendo “Hay un límite muy fino, entre un gobierno que cuida y uno que reprime. Entre un gobierno que controla y un gobierno que atiende las situaciones, que dialoga con los distintos actores. Esta no es una medida de diálogo, es una señal muy provocativa”. Esta posición, es la que invisibilizó la muerte de María Eugenia Villanueva, claramente no representan a las mujeres que defendemos la igualdad de género, es una posición política que trata de poner al gobierno como el opresor, y que nos utiliza o trata de utilizar la lucha de las mujeres por la igualdad, con fines espurios que nada tiene que ver con la causa, pero sí mucho tienen que ver con no defender a todas las mujeres y dividir las aguas generando violencia y discriminación de personas que piensan diferente o simplemente tienen un trabajo que no se acompasa con su ideología.

La demostración más cabal de la intencionalidad es la expulsión del Sindicato Policial del PIT-CNT, por una minoría, los propios dichos de sus pancartas atacando al Gobierno tratándolo de represor, es parte de su ideología donde una policía no debe ser defendida. Esto no es menor y si de verdad las mujeres queremos homenajearnos, recordar a las pioneras en la defensa de nuestros derechos, no podemos hacerlo si no dejamos en claro que todas las mujeres deben ser defendidas por igual, que todas las personas deben ser defendidas por igual, y que el flagelo de la violencia y el feminicidio debe ser abordado por todos con un inmenso respeto por la defensa de la diversidad de pensamiento, pero siempre basados en que el reclamo de justicia vale como principio para todos y todas, hombres y mujeres que tienen derecho a juicios justos, sin importar su raza, su ideología o su religión. Eso es lo que reivindicamos el 8 de marzo y debemos gritar cada vez más fuerte para que nadie se apropie de nuestras luchas, que como Batllistas lo hacemos desde nuestra más profunda tradición, en la defensa de los derechos civiles de las mujeres.


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