El Día

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Feminismo batllista

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Puede que sea muy atrevido de mi parte construir conceptualmente una corriente de feminismo pensada desde el batllismo, sin embargo, por la vía de los hechos he llegado a la conclusión de que se puede comenzar a hablar de un feminismo de carácter nacional, propio del Uruguay, con una fuente filosófica que es parte de la identidad de nuestra sociedad y aún más importante, de los albores del feminismo institucional histórico oriental. 

En efecto, a través de los debates que he mantenido con diversos grupos feministas, viendo- y siendo parte en muchos casos de-  composiciones académicas y teóricas de lo qué es y no es el feminismo y finalmente, conectando esos aprendizajes con la historia batllista, he logrado encontrar elementos suficientes para determinar que se puede hablar de un feminismo propiamente batllista, aun cuando a priori, se piense que puede haber una contradicción en mezclar pensamientos que encarnan la trayectoria de un hombre(José Batlle y Ordoñez) y una filosofía de vida que se concibe y materializa desde la femineidad.

Para entender esto, les propongo abordarlo en 3 enfoques: el batllismo, el feminismo y la conjunción entre ambas.

  1. Antes que nada, el batllismo ya no representa sólo y exclusivamente una consciencia política partidaria, es una ideología que parte, como toda idea enmarcada en teoría, desde una especifica interpretación de la realidad, con principios, código de valores y simbolismos propios. No es el lugar para extenderme sobre el batllismo ideológico, pero sí me ánimo a sostener que hay un consenso en pensarlo como ideología. Ahora, ¿es solo una ideología partidaria?, porque de ser así, deberíamos decir que solo puede existir un batllismo feminista dentro del Partido Colorado. Yo creo firmemente que no, que es una concepción ideológica impregnada en la identidad social uruguaya, por lo que puede existir aún sin marco partidario.

No confundir entonces con el batllismo como ideología política partidaria, la cual existe, pero se construye desde otro lugar.

  1. Por otro lado, el feminismo es una forma de concebir el mundo, procurando una sociedad más justa, donde la mujer y el hombre gocen de un equilibrio a todo nivel: desde lo personal hasta lo colectivo. Va más allá de tener los mismos derechos, es que el mundo se construya en equidad y deje de ser pensado del hombre para el hombre; que se piense con perspectiva amplia, dinámica e inclusiva. La mujer es un escalón de esta diversidad, sin embargo, hablaremos de verdadera justicia social cuando incluyamos a todos los sectores vulnerados que se marginan actualmente por ser diferentes (discapacitados, afros, comunidad LGTBQ+)

El Feminismo no propone la supremacía de las mujeres, como algunas personas insinúan. Si partimos de que las mujeres han sido dejadas de lado desde la construcción de los cimientos de la sociedad moderna, entenderemos que la visión con la que se armó ese sistema no las consideró, por tanto, hoy sufrimos las consecuencias de que muchos componentes de ese sistema nos discrimine- aun sin intención de hacerlo- por tanto, el feminismo busca lograr romper este molde y rearmar otro, pensado para ambos géneros. 

  1. Finalmente, llegamos a la parte en que nos preguntamos, ¿cómo lograr este objetivo?, o sea, una sociedad más equilibrada. Aquí es cuando propongo tomar como base el feminismo desde la perspectiva batllista. Eso implica un feminismo liberal, que parta de la libertad personal de la mujer, de respetar su emancipación y su poder de decisión sobre sí y sobre su comportamiento social. Pero que sea capaz de reconocer que vivimos en sociedad y que en ella hay espectros sociales de diverso tipo; a esto le llamaría tener consciencia de clase. ¿Por qué importa este punto?, ello nos llevaría a su tercera característica que es la interseccionalidad, de modo que, reconociendo las diferencias sociales, buscaremos soluciones que respondan a cada realidad, pero siempre con libertad y cooperación, no en clave de lucha, sino de entender al otro, aprehenderlo y volcar el esfuerzo de las más privilegiadas para que trabajen en los sectores de mayor vulneración. 

La respuesta es la cooperación, el entrelazado de quienes más favorecidos están para con los que no tienen posibilidades de desarrollo real. Que las mujeres tejan redes de apoyo y de ideas para construir empoderamiento personal y colectivo. Es ese el camino que considero más positivo y empático para trabajar el feminismo, sin rencores sociales, sin que el ánimo provenga desde el sentir de venganza o destrucción. 

Es así que, sostengo con total convicción, en este despertar reformista de las nuevas generaciones, que estamos en capacidad de hablar de un feminismo batllista, cuyo origen nos rememora lo vanguardistas que hemos sido a la hora de bregar por la igualdad de géneros en América Latina y el mundo. 

Si funcionó en el pasado, ¿por qué no pensar en clave batllista para el presente?

Desirée Pagliarini

*La construcción conceptual de feminismo batllista se hizo en colaboración con otras mujeres. No es de mi exclusiva autoría. 


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