El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

Tarigo, mucho gusto.

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Cuando las personas fallecen, su figura –más aun cuando son conocidas a nivel público- pasan a ser un poco mito, un poco leyenda, y un poco humanos. Los historiadores tienen la ardua tarea de, teniendo como faro guía la objetividad, estudiar y escribir sobre el pasado. Por lo que teniendo en cuenta la complejidad de ser historiador, trataré de ser cauto para reconstruir al hombre y leyenda de Enrique Tarigo y su amor por la libertad.

Un hombre libre:

Enrique E. Tarigo Vázquez nació el 15 de septiembre de 1927 en Montevideo. Se recibió de Doctor en Derecho y Ciencias Sociales en 1953, siendo estudiante tuvo una actividad gremial activa, junto a sus compañeros, entre ellos Eduardo Paz Aguirre, y quien se convertiría muchos años más tarde en Presidente de la República Jorge Batlle en la agrupación Gremialismo Auténtico. Actuó a nivel académico en la Universidad de la República como profesor de Derecho Procesal, cargo al cual renuncia en  el 1978, dado que la dictadura militar obliga a destacados profesores del medio universitario a que renuncien a sus respectivos cargos.

La preocupación e interés principal de Tarigo pasaba por recibirse de abogado y formar una familia con Susana Isabel Morador, con quien transitaría 49 años de casamiento y tendría cinco hijos, Enrique, Miguel Ángel, Alejandro, Gabriela y Juan Felipe. Susana fue su compañera y confidente cada día, a pesar de haberse recibido de Maestra, se dedicó enteramente a la vida del hogar y lo esperaba cada tarde para poder conversar, a veces, tan sólo un rato.

Tarigo a nivel profesional era una persona muy activa, tenía su estudio en Ciudad Vieja donde se ocupaba muchas veces de las más grandes sucesiones de nuestro país. En lo académico, publicó varios libros sobre Derecho y disfrutaba del dictado de sus clases en la universidad. Recordado por sus alumnos como un docente “(…) absolutamente claro, ordenado y metódico”.

El doctor No:

Al poco tiempo de instalada la dictadura nuestro país había un hombre que siempre tuvo un perfil bajo, escribiendo columnas diarias en El Día, en las que expresaría poco a poco y con mayor intensidad su marcada oposición al régimen, y también con un revólver que llevaba consigo a todos lados.

El futuro Vicepresidente de la República se ganó el apodo de “Dr. No” por parte de los militares, debido a su férrea militancia desde el semanario fundado por él mismo, Opinar, en favor del NO para el plebiscito constitucional donde, en sus propias palabras en el debate televisado por Canal 4 decía sobre aquella Constitución: “Esta Constitución es horrorosa, entre otras cosas porque se produce una enorme concentración del poder Ejecutivo, una disminución notoria de competencias del Legislativo y una pérdida de independencia del Poder Judicial“.

En aquel debate Tarigo se quedaría con las ganas de haber podido expresarse más sobre el proyecto constitucional, sin embargo, dejó bien claro sus principios al responderle al Coronel Bolentini que “Esta Constitución que se proyecta no me sirve porque soy profundamente demócrata. Soy anticomunista porque soy demócrata. (…) Esta es una Constitución totalitaria, apta para un partido fascista o un partido comunista. No me sirve a mí, que soy colorado, que soy demócrata y que soy liberal. (…) Porque además creo que es un deber cívico y moral votar por NO”.

Compromiso con la democracia:

Leyendo sobre la extraordinaria vida de Tarigo, me encontré con un hombre verdaderamente comprometido con la democracia; me encontré con un liberal que conocía muy bien los peligros del poder; me encontré con un fiel servidor a nuestro país que se aventuró en la noble lucha en contra de aquel régimen que tanto daño le hizo a nuestra sociedad, pero fundamentalmente me encontré con el hombre que cumplió con su deber.

“No tiene sentido en estos momentos en que la guerra es tan sofisticada y tecnificada, que el Uruguay pretenda seguir manteniendo un aparato militar(…)”

Me encontré con un pacificador, y destaco su postura en favor de eliminar las Fuerzas Armadas, las consideraba simbólicas y que debían suprimirse para remplazárselas por “órganos de seguridad internos que todo país necesita, sea grande o chico”. Otro tema en el que se destaca su actitud de pacificador, es con el apoyo a la Ley Nº15.848, donde se reconoce que ha caducado el ejercicio de la pretensión punitiva del Estado respecto de los delitos cometidos hasta el 1º de marzo de 1985. En una entrevista en marzo de 1998 Tarigo expresa que “si yo hubiera sido un ciudadano común, si yo hubiera seguido siendo el abogado y profesor que fui hasta meterme en política, y me hubieran matado un hijo, yo hubiera ido todos los viernes a la Plaza Cagancha, con una fotografía de mi hijo para reclamar. ¿Qué menos puede hacer un padre, una madre, que reclamar la verdad de lo que le pasó a su hijo?

No nos dejemos aturdir por eslóganes que todo lo simplifican y que nada explican; no nos dejemos tentar por promesas absurdas, como esas que [se] les ofrece a los jóvenes (…)”

Tarigo fallece el 14 de diciembre del 2002 a causa de cáncer de pulmón a los 75 años. Dejó un legado de lucha, pero que actualmente pocos lo siguen. Los jóvenes nos vemos aturdidos como él decía, por eslóganes que todo lo simplifican, por promesas absurdas de revolución, de hacer caer el sistema, de acabar con todo lo que está “mal” en el mundo.

Y porque muchos somos aquel hombre que en campaña saludaba a los paisanos con un “Tarigo, mucho gusto”; porque somos muchos los que debemos aprender que está primero la democracia para poder vivir con libertad; que debemos aprender cuando llegar a tiempo e irse a tiempo con el deber cumplido; que la política, la que exige tener la piel dura, no es más que una herramienta para lograr que la gente viva mejor, y que sin lugar a dudas “si estamos convencidos de nuestros ideales y de nuestras razones, luchemos, y hagámoslo sin desmayo

¡Viva la Libertad!


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