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Suicidio, salud mental y prevención. Un debe social.

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Los lamentables fallecimientos por suicidio impactan fuertemente en nuestra sociedad uruguaya. Más lamentable aún, es que estos sucesos no son hechos aislados ni en el mundo ni en nuestro país, muchas veces infravalorados y barridos por debajo de la alfombra. Es por esto que explicaremos, daremos las cifras y hablaremos para contribuir a tomar conciencia sobre dónde estamos parados con respecto al tema.

Hoy en día, los números son realmente alarmantes, tanto a nivel mundial como a nivel nacional.

El suicidio es un hecho multicausal, atravesado por lo sociocultural, lo psicológico, lo histórico, el ambiente, lo político y lo biológico.

A nivel mundial, ocurren más de 800.000 suicidios por año, lo que equivale a una muerte cada 40 segundos. Las tentativas de suicidios son mucho más elevadas y son el principal factor de riesgo. Los otros factores de riesgo principales son los trastornos mentales (mayoritariamente relacionados a la depresión y al abuso de sustancias), la impulsividad en momentos de crisis emocional, las experiencias de desastre, abusos, violencia, pérdidas, etc.

Como mencionamos, uno de los factores de riesgo más importantes es la llamada depresión, trastorno que muchas personas minimizan o confunden con simple tristeza. Dicho trastorno se caracteriza por el sentimiento profundo de tristeza o vacío, bajo interés en realizar actividades, insomnio o hipersomnia, fatiga o pérdida de energía, pensamientos recurrentes de muerte, entre otros. Sin embargo, la depresión no es el único factor de riesgo, como también adelantáramos. Las adicciones y abusos de alcohol y otras drogas, las crisis emocionales que pueden generar una impulsividad errática y peligrosa, una situación de vulnerabilidad económica o social, relaciones familiares o de pareja conflictivas, todo constituye un marco en el cual debemos sentirnos apoyados y respaldados para poder sobrellevar las dificultades de la mejor manera sin recurrir al penoso desenlace.

Entre los grupos considerados vulnerables (objeto de discriminación), se aprecia una tasa de suicidio más elevado: grupos de refugiados y emigrantes, comunidades indígenas, los reclusos, las personas homosexuales, bisexuales, transexuales, intersexuales, etc.

Nuestro país presenta la tasa de mortalidad por suicidio más alta del continente junto con Cuba. En 2019 se suicidaron 723 personas, un promedio de casi 2 suicidios por día.

La tasa promedio de suicidios por país es de 17 cada 100.000 habitantes. En nuestro país, esta tasa se ubica en el 20,5 y las franjas etarias más golpeadas por esto son los jóvenes de 15 a 29 años y las personas mayores de 65 años.

En los intentos de autoeliminación, 7 de cada 10 personas son mujeres; sin embargo, en cuanto al suicidio consumado este número se invierte, siendo 7 de cada 10 personas hombres.

Muchas veces hacemos foco en otros números (también importantes), aunque hoy en día las cifras de suicidios son casi el doble que las de las muertes por homicidios (391) y de los accidentes de tránsito (422).

Se continúa llenando de tabúes la labor del psicólogo y psiquiatra, se infravalora y muchas veces ni se le presta atención, aunque sea esencial. Vivimos en un mundo donde la gran mayoría de personas sufre ansiedad, estrés y crisis emocionales, pero no todas buscan un tratamiento para estos padecimientos; se toman como algo a “superar” por uno mismo, y de igual modo se trata a enfermedades como la depresión o u otros trastornos. El apoyo profesional es necesario, y no logramos verlo como tal.

¿Qué podemos hacer nosotros para ayudar a alguien?

Lo primordial es poder generar el acompañamiento necesario para que las personas puedan recurrir a un apoyo real, profesional, fundamental para sobrellevar lo que nos aflige. Buscar apoyo dentro de sus grupos sociales y familia para conseguir una red de protección. No dejar sola a la persona. No minimizar su situación emocional ni infravalorarlo al famoso “está llamando de atención”. Muchas veces, lo que rotulamos “llamar la atención” es en realidad una alerta que, de ser atendida puede significar actuar antes de que sea demasiado tarde; recordemos que uno de los principales factores de riesgo es el intento previo de autoeliminación. A su vez, también suelen escucharse, al abordar este problema, frases como “el que se quiere suicidar de verdad, no avisa”. Esto es sencillamente falso: la gran mayoría de las veces, quien se suicida había manifestado su intención una o varias veces antes de hacerlo.

Hay mucho que desmitificar en torno a esta temática. Vivimos una sociedad donde se sigue perpetuando el estigma de que “solo los locos van al psicólogo”, “conversá con un amigo”, “te ahogás en un vaso de agua”. Y quizás sea hora de entender que hay personas que realmente necesitan la atención de un profesional, ya que ellos están capacitados para dar recomendaciones e indicaciones acordes a cada situación.

Hablar estos temas no “contagia el suicidio”, ocultar el dolor sí es peligroso.

Se debe acompañar, apelar al diálogo, ir contra el sentimiento de soledad, recordar la valía de la persona, tener comprensión empática.

La persona que padece no exagera ni es un “cobarde”. Su dolor es inmenso, y tenemos que comprender que cada persona es distinta en su psiquis; tal vez lo que es mínimo para uno es catastrófico para otro. No todos tenemos las mismas protecciones ni herramientas para sobrellevar malas situaciones; se necesita empatía, entender el dolor del otro y muchas veces, hablar con los demás para nuestro autoconocimiento sobre el dolor.

El suicidio sí se puede prevenir, por ejemplo, restringiendo el acceso a los medios utilizados, aportando y promulgando información responsable en las redes sociales y medios de comunicación, introduciendo políticas con respecto a la ingesta de alcohol y sustancias, generando formación en el personal sanitario con respecto a la temática, realizando un seguimiento y otorgando apoyo a las personas identificadas con factores de riesgo o que ya haya tenido un intento, etc.

Queda mucho por hacer desde la política de la salud, desde la información que damos y desde lo que muchas veces transmitimos como tabúes. Nuestra salud mental es esencial, no la desvaloricemos. Hace falta un gran golpe de conciencia social para colocar a la salud mental en el lugar de importancia que se merece.

La salud mental ES salud.

Línea de apoyo emocional: 0800 1920.

Línea de Vida, prevención del suicidio: 0800 0767, *0767. 24hrs


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3 comentarios

  • L. Calleros
    L. Calleros

    Muy buen artículo. Subraya la importancia de la salud mental. Y la angustiosa realidad del suicidio en Uruguay y en el mundo. Felicitaciones.

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  • Luz marina
    Luz marina

    MUY BUEN ARTICULO.UN BAÑO DE REALIDAD….

    Responder
  • G Ferrer
    G Ferrer

    Buen artículo Mateo, gracias!!

    Responder

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