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La escalada de aumentos había sido considerable en el primer semestre de 1968 y en el mes de junio el remarque de precios en tiendas, almacenes y comercios era prácticamente diario.

El equipo económico aconsejó actuar directamente sobre las expectativas del mercado porque eran las generadoras de la inflación. ¿Cómo? Congelando precios y salarios.

El día 28 de junio, el Presidente de la República, meditativo, oyó en el Consejo de Ministros los argumentos a favor de la congelación esgrimidos por el ministro de Industria y Comercio Jorge Peirano Facio. No hubo objeciones del gabinete y Pacheco firmó el decreto 420/68, una medida de shock inédita en la historia económica del Uruguay. Pero, contrariamente a lo que se cree, no fue una medida exclusivamente pachequista. El Partido Nacional acompañó la congelación, aunque marcó ciertas advertencias respecto a la implementación.

Es cierto que las gremiales empresariales de la industria y el agro apoyaron decididamente esta medida, pero también una parte importante de la ciudadanía sintió alivio. Las amas de casas, los jubilados, los pequeños y mediados comerciantes y…los trabajadores. ¿Sorprendente? En lo absoluto. Es verdad que la congelación frenó los aumentos salariales programados pero, al acabar con la inflación se recuperó el valor adquisitivo. O sea que el dinero que cada trabajador tenía en su bolsillo valía más.

Además en aquel momento histórico, el grueso de la clase trabajadora uruguaya no votaba a la izquierda. En el ámbito laboral respaldaba a los respetados dirigentes sindicales que defendían sus derechos sin embargo, a la hora de votar, se inclinaban por los partidos fundacionales. Nunca hay que perder de vista que la izquierda legal era minoría. En el año 1968 apenas contaba con un senador: el comunista Enrique Rodríguez.

Por otro lado, el marco jurídico de la congelación fue la Comisión de Productividad, Precios e Ingresos (COPRIN) no excluía al movimiento sindical, sino que estaba integrada por un delegado de la CNT. O sea que la negociación por mejoras salariales no cesó.

En otras palabras: Pacheco consolidó su liderazgo político al estabilizar la economía, antes de su enfrentamiento con los tupamaros que, en junio de 1968, aún seguían sin aparecer en la escena.

El 1º de julio, Pacheco se dirigió a la población. En esos mismos días una bomba había destrozado las instalaciones de la planta emisora de Radio Ariel (propiedad de Jorge Batlle). Pacheco hizo saber que el país libraba una “lucha por la supervivencia”. El logro del orden por imposición era, a su juicio, transitorio. “Sólo el logro del orden por consenso espontáneo y responsable de la ciudadanía, es duradero”, afirmó Pacheco y agregó que la filosofía del poder “no tiene máxima más sabia, que la que establece que las bayonetas sirven para todo menos para sentarse sobre ellas”.

Más allá de estas palabras, el gobierno dispuso el llamado bajo bandera de los retirados militares, el traslado de tropas y la militarización de los funcionarios de Telecomunicaciones, UTE, ANCAP, y OSE

La sede de la CNT fue allanada por fuerzas policiales, pero, a pesar de ello, la central obrera no renunció al diálogo. En dos oportunidades le envió cartas al Vicepresidente de la República, Alberto Abdala, con una propuesta concreta: formar una comisión especial interpartidaria para restablecer las garantías institucionales. Pacheco desautorizó estas gestiones.

Y la violencia no cedía.


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