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La lechería, un constante desafío

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Es el rubro que más arraiga a la familia en el medio rural, sabiendo mutar con el correr de los años, adecuándose al voraz mundo que la matriz productiva impone en estos tiempos. Hoy lamentablemente, lucha con una crisis que arrastra desde mediados del 2016, aunque en estos últimos meses el horizonte que se vislumbra es otro debido a la constante suba de los precios internacionales, que le abre esa esperanza a los productores lácteos que los precios van a mejorar en el corto y mediano plazo, ojalá así sea por el porvenir de estos.

Ir al supermercado y comprar una bolsa de leche parece desde afuera un proceso fácil, pero detrás de ella hay un largo y esforzoso proceso de aquellos que proporcionan la materia prima. Los “productores lacteos que cada vez son menos” se enfrentan a constantes desafios: por un lado, la competitividad con otros rubros como la agricultura que hoy tiene una suba importante en el valor de los granos, en especial, la soja que ronda los 500 dólares/ton, mientras que, por otro lado, el escaso recambio generacional que tiene detrás, ya que los hijos de los productores tomaron otro camino alentados por la baja rentabilidad del sector y el constante sacrificio que este demanda, un tema muy preocupante más tomando en cuenta que la edad media de los hoy productores lácteos es de 55 años. Por último, la baja rentabilidad del sector que hace que muchos productores chicos y medianos desaparezcan, desapareciendo así la familia del medio rural: cada productor lácteo que se pierde es mano de obra calificada que se pierde en el Uruguay de hoy, teniendo en cuenta que no cualquiera es productor lácteo en este país y pruebas de ello sobran.

La lechería es uno de los sectores que más ganacias disgrega en la comunidad que ella mueve, a diferencia de otros rubros, las ganancias de los productores lácteos quedan “en su tierra y en su entorno”, de éste viven el almacenero, la estación de combustible, el barraquero, el prestador de servicios, el alambrador, el vendedor de insumos, el vendedor de herramientas, y muchos más, además genera muchísimo trabajo porque en cada establecimiento lácteo, de seguro, además de la familia del productor trabajan otros como: el tambero, el vaquero, el guachero, el tractorista, etc.

La industria que es quién maneja los precios, en definitiva, es quién tiene en su poder “la llave de la esperanza” de los productores lácteos que día a día luchan con los altos costos que tienen para poder producir, sólo una mejora de precios puede mitigar el incesante aumento de los insumos que suben practicamente todas las semanas, hoy sólo una industria láctea núclea más del 83% de los productores lácteos y su producción, el resto se reparte en industrias lácteas artesanales, muchas de ellas.

Quizás ahí esté la clave para el cambio respecto a la rentabilidad: incentivar a la pequeña industria a crecer y a especializarse en la materia, por un lado para poder exportar sus productos al mundo, y por otro atraer inversiones extranjeras que quieran invertir en nuestro sector lácteo, uno de los mejores calificados del mundo por la genética animal que usa y por el amplio conocimiento de sus productores. Un rubro que, sin dudas, está cargado de desafíos constantes y de muchos sueños por cumplir. 


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