El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

José Enrique Rodó

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En 1871 nacía una de las figuras más destacadas de este país a fines del siglo XIX y principios del XX. Periodista, político y mejor escritor, dejó su huella marcada a fuego en la sociedad uruguaya y principalmente en la literatura, dónde con su pluma e ideario marcó junto con sus escrituras y libros, una herencia para el Uruguay y la región que pasaron de generación en generación.

Desde su juventud se veía a un Rodó muy entusiasta y emprendedor. Hijo de la educación pública y privada fue formándose para los grandes tiempos que se le venían. Con apenas 24 años, junto a Víctor Pérez Petit y los hermanos Daniel y Carlos Martínez Vigil, crea la Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales. En 1898 empieza a publicar en el periódico “El Orden” e inicia su docencia en la Universidad de Montevideo.
Hay dos facetas en la que más se destaca este personaje, en la política y la literatura.

En cuánto a la primera, sobresalta desde muy joven cuándo inicia a escribir en el mencionado diario -el cuál mantiene ideales colorados – junto a ello incluso empieza a destacar entre las juventudes de esta colectividad en años dónde se plantarían las semillas de los mejores días de este país que se verían años más tarde cosechados en nuestra República. Promisoria figura en lo intelectual, políticamente se catapultó en 1902, al ser electo diputado por Montevideo, hecho que se reiteraría en dos ocasiones más. Se destacó también por su convicción democrática, pero no por eso dejó de ser un crítico de ella. Propuso la verdadera democracia a partir de una concientización interna en la que sean razonables los criterios de selección y una participación del Estado a fin de poner los medios para que siendo iguales en los derechos se escoja a los mejores. Aquí radicaría la nobleza y la justicia del régimen.

Sobre el segundo aspecto, por demás sobresaliente, fuente de fantásticas ideas y retórica. Perteneciente a la generación del 900 junto a colegas del calibre de Horacio Quiroga o Florencio Sánchez, quiénes también marcaron una era. Su obra emblemática es “Ariel”, que no sólo destacó en nuestra tierra sino también trascendió el océano Atlántico para desembarcar en Europa. A partir de ella nace una corriente literaria, más conocida como el “Arielismo”. En esta se expone “una propuesta moral a la juventud, que llevará aparejada un cambio social. Dicha proposición tiene como supuesto la conquista de la libertad personal que se orienta a la búsqueda del bien. Rodó propone la ordenación de la inteligencia y de la voluntad a tal fin”.
Una vida que se iría con jóvenes 45 años. A pesar de ello, su gesta cultural dejó un legado que inició desde una muy temprana edad.

Por su trabajo, trayectoria y gran herencia en el año de sus 150 Aniversario: ¡VIVA RODÓ!


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