El Día

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El adiós al primero de los republicanos y la bienvenida a su legado

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Pablo Ney Ferreira nos dejó físicamente el pasado 4 de marzo. Y suele decirse que la muerte hace mejor a las personas y ensalza la obra de aquellos que dejan por escrito su legado intelectual. Con mi tocayo y amigo no resultaron necesarias tales exageraciones que la parca suele brindar como favorable coletazo: su don de gente y el calibre cualitativo de su cuantiosa producción hicieron vana cualquier demostración sobreactuada. Los desatados elogios de propios y ajenos, las muestras de profunda afectación por su pronta partida, provenientes de sus lazos de afectos más cercanos tanto como de aquellos que le apreciaban intelectualmente y por su forma de ser sin siquiera haberlo visto personalmente alguna vez, dan sobrada cuenta de la altura del ser humano -y el personaje- con el que tuvimos el privilegio de departir.

Me conmueve saber que ya no habrá lugar para esas charlas tan extensas como disfrutables que nos unieron durante la última década, ni los tantos proyectos en común de actividades de debate público, que en los últimos años habían generado, por ejemplo, riquísimas instancias vinculadas al Día Mundial de la Filosofía (y, con su peculiar sentido del humor, la creación de un “grupete”, que incluía a Jorge Arévalo y Gabriel Carbone, dos de sus mejores compinches en el campo de las ideas y en la vida, denominado El Club de los Sofistas, compuesto por filósofos, politólogos y un economista, dispuestos a la quijotesca tarea de esparcir la reflexión filosófica y el debate argumentado por toda la República), pero consuela el saber que su obra le sobrevive y que tiene mucho por decirnos, por seguir diciéndonos.

Pocos días antes de su partida se había publicado su libro Democracia, ideas e historia, la esperada crónica de una odisea periodística de más de dos décadas. Una obra formidable, publicada por Casa Giussi, que recorre el (casi) infinito universo de intereses de su autor y resulta un notable testimonio de la erudición de quien fue un insaciable devorador de lecturas, de ideas y hasta de aquellos detalles mínimos y anecdóticos que conforman la historia del pensamiento. Daba la sensación que lo sabía todo, pese a su natural propensión socrática de trasmitir que solo sabía que no sabía nada. Sin lugar a dudas, esa actitud era un elemento fundamental para que su capacidad de asombro, para que su inagotable inquietud por conocer, no disminuyera ni un solo momento. Con acierto, suele decirse que los mejores maestros son los que nunca pierden su condición de aprendiz. Y la lectura de este último libro de Pablo Ney Ferreira también explicita esa condición vital.

Desarrollado en cinco ejes, titulados todos en latín (Ad Hominem, Vetus Quaestiones, De Quarundam Notionum, Provocationes Democratiam y Circuitus Erroris Historiae), a modo de homenaje  y celebración de su querida tradición clásica, la obra dialoga con la vida y la obra de Sartre, Nietzsche, Sócrates, Marx, Kant, Luce Fabri, Bertrand Russell, John Rawls,  Isaiah Berlin, Raymond Aron, Robert Nozick, Hannah Arentd, Amartya Sen, Julián Marías, Miguel de Unamuno, Camilo José Cela, André Malraux, nuestros Carlos Vaz Ferreira, José Enrique Rodó y Arturo Ardao, entre tantos otros, a la par que aborda los tópicos esenciales de la Teoría Política, debate con las principales corrientes ideológicas y sistemas de ideas, rescata la importancia de la filosofía griega antigua y los valores de la cultura grecorromana, defiende a capa y espada el humanismo y coloca a la ética en el centro de la cuestión, reflexiona sobre los hechos políticos y sociales que  conmovieron al mundo en nuestra contemporaneidad, incluye un Manual para politólogos en apuros y textos cuyos títulos ya ameritan el disfrute de antemano, como Más sofistas y menos Platón; El Partido Comunista, la alta costura y Jesucristo; El irresistible ascenso del idiota schumpeteriano; Y Franco subió a los cielos; Falangistas en el infierno; Las moscas de Tobruk o ¿Quién mató a Benito Mussolini?, entre otros.

Humanista de pura cepa, apasionado y estudioso del batllismo -heredero de su impronta social y filosófica, y lúcido defensor del sistema colegiado de gobierno-, figura destacada de nuestra Ciencia Política (sin lugar a dudas, el más relevante cultor del concepto de republicanismo en nuestra polis), autor de cientos y cientos de artículos, de ensayos académicos y de libros como Un país sin presidente (2010, Arca), El pensamiento político de Max Weber (2018, Editorial académica española), del ya citado Democracia, ideas e historia y de una dupla de obras relacionadas con el republicanismo: ¿Qué es el republicanismo? (2015, AG-Gussi Libros) y Breve antología del pensamiento político republicano (2019, Casa Giussi), Pablo Ney Ferreira ha dicho adiós, a la vez que nos da la bienvenida a recorrer su legado, el del último de los colegialistas, el del primero de nuestros republicanos, el de esa vital primera línea que debemos seguir constituyendo y pregonando. Su obra se mantiene viva y abierta (de hecho, hay un valioso material inédito, que esperamos pueda publicarse). Nos debemos -y nos merecemos- la oportunidad de leerle, comentarle, debatirle, mantenerlo vivo desde sus valiosos aportes.

Acerba semper et immatura mors eorum qui inmortale aliquid parant. Dignum laude virum Musa vetat mori.

Hasta la vuelta, Pablo.


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1 comentario

  • Adriana Rocha
    Adriana Rocha

    Mi sentido homenaje para Pablo Ney Ferreira. Te fuiste muy joven y aún con mucho para dar. En nuestra querida Biblioteca del Poder Legislativo, lo recordaremos como un gran compañero, siempre dispuesto en brindar sus conocimientos, en la disertación de ideas y en sus libros sobre Republicanismo.

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