El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

Don Pepe y Lenin: la verdadera historia

Compartí este artículo con tus amigos

El pasado 21 de mayo se cumplieron los 165 años del nacimiento de nuestro mayor líder socialdemócrata, don José Batlle y Ordóñez. A su vez, este año se cumplieron los 97 años del fallecimiento del líder de la revolución rusa, Vladimir Illich Ulianov, alias Lenin, acaecido en 1924.

Cuando se producen estas efemérides, el Partido Comunista Uruguayo reafirma su pertenencia ideológica, algo extemporánea si se tiene en cuenta que ya casi no quedan colectividades políticas marxistas-leninistas en el mundo, salvo las que sostienen agónicas dictaduras como la cubana.

La excepción que confirma la regla podría ser el Partido Comunista de China, un aparato dictatorial que paradójicamente regula una economía ultracapitalista. Esa combinación de capitalismo económico y dictadura política marca el avance comercial de China en el mundo, oprobiosamente basado en el avasallamiento de los derechos políticos y sindicales de sus ciudadanos. Un buen ejemplo de ello fue la persecución y el intento de silenciamiento al médico que descubrió el famoso coronavirus que hoy paraliza al mundo entero. Si en ese gran país no hubiera existido una dictadura policial, es posible que una reacción más temprana contra la pandemia habría atemperado su catastrófica consecuencia global.

Pero volvamos al Partido Comunista de nuestro país, que hoy es una de las fuerzas más gravitantes del Frente Amplio y de la principal central sindical, habiendo promovido a la actual Intendente de Montevideo, Carolina Cosse, y contando entre sus filas a un dirigente de recambio de gran popularidad, como el senador Oscar Andrade.

En cada aniversario, como este de Lenin, los comunistas uruguayos suelen repetir la referencia a un editorial de José Batlle y Ordóñez en el diario El Día, del 26 de enero de 1924. Es el famoso texto titulado “De pie: ha muerto Lenin”, que los marxistas vernáculos suelen usar como una especie de certificado de validación del principal promotor de la revolución bolchevique.

Es cierto que el fundador del Batllismo expresa un reconocimiento a Lenin, como impulsor de la rebelión contra la tiranía zarista y la pauperización nacional que había generado: “el levantamiento violento e instintivo de un pueblo entero cansado de sufrir, contra sus amos milenarios”. Pero a lo largo de su artículo hay constantes referencias a la discrepancia de Don Pepe con la ideología totalitaria encarnada por su homenajeado. Lo define como “un apóstol de mejores, aunque irrealizables devenires”, precisamente porque ya en 1924, Batlle y Ordóñez era consciente de que la sociedad sin clases que supuestamente arribaría al caerse sola la “dictadura del proletariado” era una mera expresión de deseo.

En aquel tiempo no se habían develado aún los crímenes mandatados por el propio Lenin: recién en 1991 se publicaron decretos en los que ordenaba ahorcar a los campesinos “kulaks” a la vista del pueblo, para que este pudiera “ver, temblar, saber, gritar”. Nada diferente a la política de terror que instalan hoy personajes como Maduro, apoyados por algún desafortunado líder político local que no ha dudado en recomendar a los ciudadanos venezolanos “que no se paren delante de las tanquetas”. Pero además, hay que comprender que el proceso histórico de esa desgraciada revolución condujo al liderazgo posterior de uno de los criminales más bárbaros de la historia de la humanidad: el sucesor de Lenin, Josef Stalin.

Purgas entre sus propios colaboradores directos, ejecuciones en masa, hambrunas de pueblos enteros, el legado de Stalin es una galería del terror que los comunistas uruguayos de hoy tratan de relativizar, reconociéndole haber integrado las fuerzas aliadas que derrotaron al nazismo. Lo interesante es que en el mismo editorial laudatorio de Lenin, Batlle y Ordóñez advierte lo que puede pasar con la revolución rusa, asumiendo un tono profético que habla a las claras de su profunda inteligencia y visión política de largo plazo: “su muerte será fatal para la revolución que acaudilló (…) y fatal también para Rusia, que volverá a caer en un nuevo caos, en el momento de liberarse de otro. Hacer predicciones de lo que sucederá es aventurado, pero salvo la aparición poco probable de otro hombre de su estatura mental, no parece que aguarden días muy claros a ese pueblo doloroso y simpático que tanto ha sufrido”. ¡Y vaya si así fue!

El 18 de setiembre de 2019, el Parlamento Europeo equiparó el comunismo al marxismo como ideologías de odio y exterminio, solicitando a sus estados miembros que declaren ilegales las enseñas e iconografía de ambas cosmovisiones totalitarias.

Solamente en países que todavía viven bajo el yugo de dictaduras (y en un sector importante del Frente Amplio de nuestro propio país), se sigue reverenciando este credo irracional y criminal, que en nombre de una igualdad nunca lograda, arrasa con los valores democráticos y republicanos que enaltecen la civilización.


Compartí este artículo con tus amigos
Mostrar más

Deja un comentario

Suscribite a nuestro boletín informativo

Suscribite a nuestro boletín informativo

Unite a nuestra comunidad y empezá a recibir nuestro boletín informativo. 

El formulario de suscripción fue recibido correctamente.

A %d blogueros les gusta esto: