El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

Batlle y Ordoñez: la organización partidaria, los clubes seccionales y la cilindrada de nuestro auto

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I

Partidos Políticos Participación e Incidencia

El cometido principal de todo Partido Político es conformar para el ciudadano una efectiva herramienta de transformación social de la cual tiene derecho a participar. El partido no se posiciona frente al ciudadano, si no que está conformado por los ciudadanos, se nutre de estos, incorpora sus esperanzas, sus ideas, reflexiona sobre ellas y las proyecta en plataformas programáticas y planes de acción.

Todo hombre con independencia de su condición social tiene derecho a formular sus expectativas en ámbitos de incidencia real, a fin de que paulatinamente se vaya conformando la voluntad mayoritaria que habrá de ser reflejo de una determinada colectividad política.

En un sistema democrático en donde los gobiernos y la oposición se definen por el resultado de una justa electoral mediante la presentación de listas; la posibilidad de participar en la elaboración de los programas, la confección de las listas o la selección de los hombres que habrán de tener responsabilidades de gobierno, significa ni más ni menos que el acceso al poder que marcará buena parte de los destinos de la República.

Es entonces en el Derecho a la Participación y a la Incidencia donde el Pueblo defiende sus libertades más caras a los efectos de evitar la manipulación y el sometimiento.

Recuperadas con la Democracia el conjunto de garantías que podríamos llamar mínimas, a saber: libertad de asociación, libertad de pensamiento y expresión, sufragio universal, derecho a la competencia política, fuentes alternativas de información, elecciones libres y correctas, etc. Es necesario profundizar el análisis y la transformación de los ámbitos instrumentales donde se efectivizan los derechos cívicos y políticos de los Uruguayos, para que estos no sean recortados ya no por una fuerza totalitaria que quebranta el Estado de Derecho, si no por la conformación de anillos de contención a la participación e incidencia del ciudadano, que conforman: la relegación económica y social, y la consolidación de élites políticas que concentran las decisiones sin atravesar por un debido proceso de la conformación de la voluntad colectiva.

II

Acercamiento a la realidad Partidaria

 Analizando la estructura de nuestro partido, la podemos describir como una estructura de base Convencional, que otorga participación en segundo, tercer y hasta cuarto grado al común ciudadano, dejando en manos de representantes (convencionales) la toma de las principales decisiones. No registrándose ámbitos orgánicos de reflexión y decisión de participación en primer grado que le garanticen al Colorado su intervención directa en la conformación de la voluntad Partidaria.

Pasa a tener capital importancia entonces 2 asuntos en particular: como se es convencional, y la relación entre representante (convencional) y representado (colorado elector).

Los convencionales son electos en las elecciones internas partidarias, a esos efectos se debe presentar una lista y montar una campaña electoral acorde a las aspiraciones de posicionamiento del candidato. El ciudadano que pretenda ser convencional puede presentar una lista propia y afrontar los gastos económicos que esto importa, o ingresar en la lista de una agrupación ya conformada, aunque en este caso no existe marco regulador que garantice justicia o respeto a la hora de las evaluaciones o conformación de los órdenes de candidatos.

La experiencia indica que comúnmente el ciudadano medio de nuestro país que desea expresar y defender sus ideas en el partido, no puede afrontar los costos de una campaña electoral propia, debiendo ingresar en filas de agrupaciones políticas ya conformadas donde luego de ser bien recibido para el trabajo electoral, se lo distingue con lugares de importancia nominal en las listas de candidatos, dando por tierra toda esperanza de acción orgánica directa dentro del partido.

Esta hipótesis lo coloca de cara a la segunda situación que nuestro breve estudio nos lleva a analizar: la relación entre Representante y Representado.

Para el estudio teórico del punto citamos al miembro del Instituto de Ciencia Política de Italia Maurizio Cotta: “La representación se define sobre la base del interés del representado, significa, por lo tanto, una acción de protección de quien no puede o no quiere actuar en primera persona. El criterio de la representatividad reside, por lo tanto, en el respeto por parte del representante de los intereses del representado. …la autoridad para actuar en lugar del representado se confiere normalmente en el supuesto de que este actúe, con posterioridad, defendiendo los intereses del primero. Del mismo modo en esta variante se vuelven a plantear los problemas de indeterminación del contenido; basta con pensar en las profundas diferencias que introducirá el hecho de que se conciba el representante como el único autorizado para establecer cuál es el <<verdadero>> interés del representado o bien que se reconozca básicamente a este último el derecho a determinarlo. Se puede advertir en seguida como se valen de la primera interpretación los regímenes autocráticos de todos los tiempos cuando se visten con los atributos de la representación mientras que, por el contrario, los regímenes liberal democráticos se inspiran en la segunda. Evidentemente la interpretación de la representación como << actuar según los intereses de alguien que es, en última instancia, el único juez de su propio interés>> introduce la exigencia de que se le reconozca un rol activo al representado y no solo pasivo, en la relación de representación, es decir, la posibilidad de articular y de expresar sus propios intereses y de controlar que estos sean respetados por el representante. Lo que nos vuelve a llevar… a la acepción de la representación como relación que comporta una responsabilidad del representante en las relaciones con el representado y prevé mecanismos para hacerla valer. … es decir poder del representado para controlar y sancionar (por medio de una rescisión de la relación) al representante y su correspondiente deber de someterse.”

Agregamos como elemento político en el análisis que la visión expresada por el Sr. Cotta es la sostenida en el proyecto cívico y político de Don José Batlle y Ordóñez, esto surge claramente de sus discusiones con el Sr. Justino Jiménez de Aréchaga en nuestra Convención Nacional (abril 1919) “Toda representación implica, por parte del representante, la obligación de atender las aspiraciones del representado. Así el Dr. Jiménez de Aréchaga, que es abogado, cuando lo visita un cliente, no ha de manifestarle después de oírlo, que este se retire y no vuelva, pues se ha de ocupar del asunto como mejor le parezca. Terminó diciendo el Sr. Batlle que el Dr. Aréchaga cree que sus privilegios de legislador lo autorizan a hacer el largo viaje de los seis años por los cuales fue electo, sin consultar a sus electores en el desempeño de su cargo, y sin preocuparse de lo que ellos puedan pensar. Pero esto es absurdo, porque todo legislador debe tratar esencialmente, de conocer las aspiraciones de sus electores para satisfacerlas y colmarlas”

Sobre el punto el Dr. Domingo Arena (Convención Nacional mayo de 1916) “La definición de que el gobierno democrático es el gobierno del pueblo por los más aptos, es buena a condición de que se agregue que el gobierno debe hacerse de acuerdo con la voluntad popular. Los que después de elegidos, hacen lo que quieren, prescindiendo de los propósitos y de la voluntad de sus electores, encarnan, sin quererlo, la última etapa de las usurpaciones populares… Mañana los gobernantes del pueblo gobernarán, más bien dicho, gestionarán, porque el gobierno será cada día más gestión y un día llegará hasta que la palabra gobierno será anacrónica; gestionará, digo, de acuerdo a la voluntad popular, acatando sus decisiones, y si no será inmediatamente destituido. Eso es el ideal de la democracia y a ello llegaremos…”

Saliendo del rescate histórico filosófico y del análisis teórico de la relación de representación veamos cual es la situación dominante en nuestro Partido Colorado.

Notorio es que no se otorgan canales formales para que el representado abandone su rol pasivo y colabore en la conformación del contenido de su interés, más aún la lectura dominante de cómo debe desarrollarse la relación tiene más que ver con una situación estática donde el representado no cobra valor activo sino hasta el próximo período electoral donde tiene el derecho de renovar o rechazar la confianza prestada 5 años atrás.

La participación del ciudadano medio en nuestro partido debe chocar pues, con una visión claramente autócrata de la representación que hasta hoy domina nuestra colectividad, más aun, las agrupaciones a las cuales agregan su participación comúnmente dejan de reunirse luego del período electoral, perdiendo así el ciudadano contacto con los convencionales para los cuales trabajó. Claro es que agotados los canales de participación y cerradas las puertas de la representación, el éxodo experimentado por correligionarios Batllistas hacia otras colectividades políticas más que una deserción puede entenderse como una búsqueda de lo que no se halló.

III

La Respuesta de Batlle y Ordóñez al Derecho de Participación con Incidencia y a la Representación

El Batllismo fue un ejercicio de Republicanismo extremo que garantió el acceso del ciudadano común a una red territorial de órganos partidarios de base, integradores del proceso de la conformación de la voluntad partidaria y de la selección y contralor de sus representantes.

Estos órganos de base fueron los CLUBES SECCIONALES. Estos Clubes participaban en sus respectivas asambleas de las discusiones de todo el temario político y enviaban sus representantes y posturas a la Comisión Directiva Departamental que conformaban (Convención Departamental) y cada una de las 19 Comisiones Directivas Departamentales enviaban sus representantes y posturas a la constitución de la Comisión Directiva Nacional (Convención Nacional).

En tres pasos cualquier habitante inscripto en un Club Seccional del Partido podía alcanzar la instancia centralizada de decisión nacional llamada Comisión Directiva Nacional (Convención Nacional). Sin la necesidad de onerosas campañas ni padrinazgos cualquier hijo del pueblo, como tantos halló el batllismo, podía elevarse a la máxima instancia de participación y representación nacional.

En tres pasos, cualquier idea surgida en cualquier rincón de la República podía alcanzar la máxima instancia de conformación de la voluntad partidaria, elevándose desde el Club Seccional hasta Comisión Directiva Nacional (Convención Nacional).

Palabras de Batlle y Ordoñez al presentar por primera vez su propuesta de organización partidaria el 15 de mayo de 1892 en la asamblea del Teatro Politeama Oriental:

Existen las secciones y en cada una de ellas un núcleo de ciudadanos puede tomar la iniciativa de la primera reunión. En esta podría fijarse el día para elegir la Comisión Directiva Seccional y diez delegados electores cuya misión sería elegir a su vez, reunidos con los delegados de las otras Secciones la Comisión Directiva del Partido en Montevideo. La Comisión Directiva del Partido en toda la República se constituirá por medio de delegados de los departamentos. Esta manera de proceder tendría la ventaja inmensa de ajustarse a los principios liberales y republicanos del Partido Colorado. El movimiento se produciría de abajo hacia arriba: de las filas del pueblo hasta las personalidades que, por su inteligencia, por su carácter y por su servicio al país y al partido, ofrecieran más garantías de circunspección y de patriotismo.”

 Esta simplicidad organizativa con el criterio rector de la participación e incidencia ciudadana informaron las cartas orgánicas partidarias del 1900 y 1913 que cambiaron el tipo de participación y representación autocrática de circulación de élites por la participación y representación liberal republicana de los partidos de masas.

¿Cuál es la nota tipificante de estos Clubes Seccionales? La apertura a la participación del ciudadano común por su sola inscripción a la sección y la participación de estos en las Convenciones Departamentales y la Convención Nacional a través de sus representantes. 

Un Club Seccional que no es abierto a la participación popular y que no abastece en hombres y propuestas a la Convención Departamental y desde estas a la Convención Nacional no puede señalarse como partícipe de la visión organizativa Batllista.

El Club Seccional, tiene por misión principal la generación de igualdad de oportunidades en el proceso de formulación de preferencias y prioridades del pensamiento político, sin discriminación de origen o contenidos. Así como también la del seguimiento y control de la gestión de los representantes partidarios en los distintos niveles de la estructura.

IV

COMPATIBILIDAD DE LA VISIÓN DE BATLLE Y ORDOÑEZ CON NUESTRA ESTRUCTURA ACTUAL

¿Es compatible la convivencia de una visión organizativa de clubes seccionales con nuestra estructura partidaria presente?

Perfectamente una reforma de carta orgánica puede habilitar la participación de representantes seccionales como oportunamente y con buen criterio se habilitó la participación de representantes juveniles en nuestras convenciones.

El natural empeño de los hombres de mejorar su condición los impulsa a intentar generar cambios en su entorno. Cuando los partidos Políticos poseen estructuras abiertas en sus bases a la incidencia y participación popular, este natural impulso de los hombres a la mejora de su condición hace de estos partidos, partidos evolucionistas y progresistas. Cuando por el contrario los partidos ostentan estructuras cerradas en sus bases o con ámbitos de poder de difícil acceso al elemento popular, el conservadurismo hace de estas colectividades su casa. Es lógico que esto así suceda, las mayorías populares les dan su impronta a las estructuras que les facilitan su ingreso y pierden terreno en aquellas donde para el avance son necesarias la capacidad económica o la vinculación social. Luego pues, el conservador en su situación más holgada tenderá más al reposo que al esfuerzo y si opta por el segundo le faltará el sentido de la urgencia que le marca la voz y el voto de los más desdichados, haciendo menguar la proporción y el ritmo de los cambios.

Hace unos días en las páginas de este diario un prestigioso analista político dijo que “el problema del Partido Colorado no era su piloto sino la cilindrada del auto”[1]. Nuestro auto es chico. Cambiar esta realidad depende en gran medida del tipo de organización que nos damos. Incorporar más ciudadanos a la mesa de las discusiones y a la mesa de las decisiones es “agrandar la cilindrada de nuestro auto”. De cada ciudadano que excluimos de nuestras discusiones ganamos su indiferencia o rechazo, de cada ciudadano que incorporamos a nuestras discusiones y decisiones ganamos un correligionario. Que así esto sea depende de cada uno de nosotros y principalmente de las nuevas generaciones.

¡Salud Diario el Día!

¡Salud al reverdecer de nuestro Partido Colorado Batllista!


[1] Entrevista Nicolás Martínez a Adolfo Garcé, Pasado, presente y futuro del Partido Colorado.


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2 comentarios

  • Ceviro
    Ceviro

    Muy buen artículo, en el que se describe una carencia que si bien no es exclusiva del Partido Colorado, sí era un distintivo de valor que caracterizaba al Batllismo y se fue perdiendo. Este aspecto organizativo fundamental para dar voz y participación a los representados no será fácil de implementar, pero sí indica el camino a seguir por parte de las autoridades del Partido y como una exigencia de los militantes. La cercanía con la gente y la lucha por recuperar los viejos ideales del Batllismo y hacer que prevalezcan adaptados a los problemas de hoy, debería ser una premisa permanente del Partido Colorado. El resurgir de un medio como El Día impulsado por gente joven y con la calidad y entusiasmo que lo hacen, es un paso fundamental en la dirección demandada.

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  • Pablo Romero García

    El autor da en la tecla cuando señala:

    “Notorio es que no se otorgan canales formales para que el representado abandone su rol pasivo y colabore en la conformación del contenido de su interés, más aún la lectura dominante de cómo debe desarrollarse la relación tiene más que ver con una situación estática donde el representado no cobra valor activo sino hasta el próximo período electoral”.

    En tal sentido es necesario revertir tal panorama. El planteo que realiza Harguindeguy respecto de los Clubes Seccionales resulta muy pertinente. Es clave, para mejorar nuestra calidad democrática, contar con la participación activa de la ciudadanía, proponiendo, construyendo, teniendo espacios políticos para ejercer el pienso y profundizar en prácticas de democracia directa.
    Mis felicitaciones al autor por el necesario planteo que coloca en escena.

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