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Abuso sexual infantil: otra pandemia.

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Artículo escrito por Mikaela Estévez y Sheila Valdez.

Cada 25 de abril se conmemora el Día Internacional de Lucha contra el Maltrato y Abuso Sexual de Niñas, Niños y Adolescentes, con el fin de fomentar y hacer valer sus derechos; a su vez se busca visibilizar la irreversible situación de violencia que viven muchas niñas, niños y adolescentes en todas partes del mundo, generando daños – muchas veces irreparables – en el presente y futuro de los mismos. Se busca promover la concientización de la población toda con respecto a esta problemática. Es por esto que nos proponemos colaborar con la causa a través del presente artículo, en donde buscaremos a lo largo de él concientizar al lector y llevarlo a reflexionar sobre este gran problema que atraviesa toda la sociedad sin distinción de raza, cultura o condición socioeconómica.

Como establece UNICEF, “cada niño y niña tiene derecho a ser cuidado por una familia; ser protegido contra las enfermedades y la violencia; a jugar y participar en actividades recreativas y culturales; a recibir una educación de calidad; a opinar libremente y ser escuchado; y ejercer todos sus derechos”. El derecho de poseer un nombre, nacionalidad y una familia, de recibir alimentación, atención médica, una vivienda y a no ser explotados de ninguna manera.

Los niños, niñas y adolescentes (en adelante NNA) son quienes más sufren los distintos tipos de maltrato en nuestra sociedad: físico, psicológico, sexual. Hoy nos centraremos principalmente en este último, que de todos modos suele encontrarse sumamente ligado a los anteriores, por lo cual también serán mencionados. El maltrato infantil irrumpe en el desarrollo de los NNA, dañando su psiquismo, estigmatizándolos. El maltrato emocional es la violencia que más se ejerce, seguida por el maltrato físico, el abuso sexual y el abandono.

UNICEF define al abuso sexual infantil como “cualquier relación o contacto entre un niño o adolescente y un adulto, provocada por el adulto a efectos de satisfacer sus deseos sexuales…”. Esto puede darse por la exhibición de los genitales del abusador o el abusado, por el manoseo, la penetración, u otras conductas que incluyen la participación del NNA en actividades de contenido sexual.

En la mayoría de los casos es ejercido por alguien de confianza para el NNA, el vínculo entre el abusador y el abusado expone la vulnerabilidad de este ante el adulto, por una relación de dependencia física y afectiva. En tres de cada cuatro situaciones captadas por el sistema de protección, el abusador es familiar del niño[1].

Los abusos suelen darse a través de escenarios construidos por el abusador donde este disfraza la violencia de juegos, demostraciones de cariño o algún tipo de premiación. En otros casos se ejerce utilizando la fuerza física, la amenaza, la manipulación y la coerción. La legislación actual considera que a partir de los 15 años las relaciones pueden ser consensuadas, mientras no haya una diferencia de más de 10 años con el otro sujeto. Hasta los 12 años siempre se considera abuso. Mientras que entre los 12 y los 15 años se presume que hubo violencia, dependerá de los resultados de la justicia dictaminar si hubo abuso o no; la defensa del acusado será la encargada de probar que dicho abuso no existió. El Sistema Integral de Protección a la Infancia y Adolescencia contra la Violencia registró[2] la intervención de 4911 situaciones en donde se ejerció violencia hacia NNA en nuestro país, una cifra realmente alarmante, tratándose de 137 situaciones más que en el informe del año anterior.

El 56% de estas intervenciones fueron correspondidas a niñas y adolescentes (femenino). El 55% de las situaciones atendidas se trató de NNA menores a 12 años de edad. Del total de intervenciones, un 38% correspondió a NNA de entre 6 y 12 años, 35% entre 13 y 17 años, 9% a 18 años y más, y 8% niñas y niños de 4 y 5 años.

Observando desde el tipo de violencia ejercida, se constató que la predominante es el maltrato a nivel emocional (34%), con un 26% se encuentra la negligencia, 19% maltrato físico, 19% abuso sexual, y 2% correspondió a explotación sexual. La mayor cantidad de víctimas de explotación sexual son niñas y adolescentes (femenino), tratándose de un 92%, y un 8% de niños y adolescentes (masculino). De las situaciones de abuso sexual, un 74% corresponde al sexo femenino, mientras que el otro 26% corresponde al masculino.

Se establece que del total de las situaciones de violencia en que se intervino, un 76% se trató de situaciones recurrentes. Con respecto a los agresores, 9 de cada 10 pertenecen a la familia del NNA, al núcleo cercano o de convivencia, en definitiva, se trata de personas próximas a la víctima. Entre los principales agresores se encuentra el padre en un 38% de los casos, 24% la madre, 15% pareja de la madre y 13% otro familiar.

Es necesario recalcar que estos son datos a partir de los casos denunciados o en los que SIPIAV logró intervenir, sin dudas debe haber muchísimos más que lastimosamente no son detectados por el sistema. De todas formas, estas cifras nos invitan urgentemente a pensar y replantearnos como sociedad lo desprotegidos que se encuentran los NNA, incluso dentro de su propio entorno familiar, que se supone debería ser un espacio de protección y seguridad, donde los eduquen, velen por sus derechos, los orienten en la vida, etc.

A menudo nos preguntamos por qué sucede esto en nuestra sociedad, pero lo cierto es que no es sencillo de explicar, son muchos los factores que entran en juego, por lo que para combatir la violencia a NNA se necesita trabajo, ayuda interdisciplinaria, y del compromiso de la sociedad en general. Podríamos hablar así de un problema multifactorial.

Cuando hablamos de maltrato y abuso a NNA debemos considerar que estos hechos dañan la salud (física, mental y reproductiva) y el bienestar de quienes lo padecen y, a su vez, las comunidades también se ven afectadas por esto. ¿Por qué la comunidad como tal se ve afectada? Se estima que los costos sociales y económicos son muy elevados, ya que por ejemplo un bajo rendimiento escolar (como consecuencia por la violencia vivida), conduce a un mayor riesgo de desempleo, el cual lleva a la pobreza y marginación social, haciendo que muchas veces el individuo no encuentre soluciones por lo que buscaría refugio en drogas, practicando delitos, crímenes organizados, etc.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) afirma[3] que la violencia también se encuentra ligada al deterioro social, emocional y cognitivo del individuo, las cuales pueden permanecer por el resto de su vida; considerando una posible adopción de conductas de alta riesgo como lo son fumar, el consumo de sustancias, las relaciones sexuales sin protección, etc. Como constataron Colombro, de Agosta y Barilari[4] el maltrato infantil intrafamiliar provoca distintos tipos de efectos, desde aparición de síntomas ligados al estrés postraumático hasta

desórdenes disociativos de la personalidad que suelen ser confundidos con enfermedades mentales de tipo estructural[5]. El maltrato infantil, sobre todo el abuso sexual, deja secuelas, que suelen ser abordadas como síntomas de estrés postraumático. ¿Cuáles son algunos de estos síntomas? Dificultad de atención y concentración, alteraciones en la memoria, temores, evitación, dificultades emocionales, reexperimentación reiterada del acontecimiento traumático (impresiones, ilusiones, alucinaciones,  malestar cuando se encuentra en un escenario que le recuerda el evento), fenómenos disociativos, terrores nocturnos, desinterés, intensos dolores de cabeza o abdominales, hiperactividad vegetativa.

En estos casos, se hace visible la pérdida de interés por parte del NNA ante cosas que antes le hacían ilusión y disfrutaba, se hacen presentes conductas regresivas. Debe prestarse especial atención a los síntomas físicos que aparecen (cansancio, dolores de cabeza, abdominales, molestias respiratorias, etc.) ya que estos expresan, de un modo u otro, el malestar psíquico que es padecido por el NNA.

La identidad suele convertirse en un problema para NNA que han sufrido situaciones de violencia, abandonos por parte de sus padres. ¿Por qué? Teniendo en cuenta que hay que desvincular al niño de la/s persona/s que ejercieron abuso sobre él – en la mayoría de los casos es por parte de su familia- surgen preguntas como ¿qué hacer con el NNA?, ¿a dónde llevarlo: familia adoptiva, hogar de tránsito? A simple vista se trata de la ubicación del NNA en un lugar seguro en donde no puedan dañarle, pero la cuestión va más allá de eso, es incluso el NNA quien comienza a preguntarse ¿quién soy? ¿de dónde soy? ¿soy de alguien? Las preguntas e inseguridades comienzan a perseguirle.

¿Cómo detectar cuando nos encontramos frente a un caso de abuso sexual infantil o adolescente?

Estas son algunas de las señales de alarma que pueden observarse a nivel comportamental del niño/a:

  • Enuresis – ecopresis
  • A través de juegos con muñecos el niño puede recrear la escena de abuso vivida
  • Miedo a la noche, a dormir solos
  • Conocimientos sobre sexualidad que no son usuales para la edad en que se encuentra
  • Berrinches
  • Retroceso en el desarrollo
  • Problemas de aprendizaje escolar
  • Autoerotismo/ hipersexualidad
  • Dificultad para expresar emociones (cambios repentinos de humor, irritación, desmotivación, ansiedad, aislamiento) 
  • Dificultad para establecer vínculos

También hay señales físicas que pueden evidenciar abuso:

  • Cefaleas
  • Dolor abdominal
  • Infecciones de transmisión sexual (ITS)
  • Irritación en la zona genital
  • Golpes, moretones, marcas inusuales.

En los adolescentes también se presentan los problemas escolares, el aislamiento, conocimientos sexuales indebidos para su edad; y se le suman los trastornos del sueño (insomnio, por ejemplo), promiscuidad, adicciones, rebeldía, escaparse del hogar, falta de concentración y motivación, ambivalencia con respecto al presente y futuro, etc. Con respecto a las señales físicas, se toman en cuenta las mismas que en niñas y niños y se suma el embarazo no deseado. Puede presentarse depresión, trastornos alimenticios, ideas suicidas, ansiedad o cambios de humor sin motivo aparente.

¿Qué hacer si estamos ante una (posible) situación de abuso?

Lo primero que debe tenerse presente es que el NNA debe ser prioridad, por lo que se debe proteger su integridad. Debe denunciarse el delito indistintamente de quién sea el abusador. Para diagnosticar dicho abuso es necesaria una evaluación médica y psicológica, la cual dependerá de diversos factores como la edad, el apoyo con que cuente el menor, la situación de abuso, etc., por lo que el proceso terapéutico y atención médica deben adaptarse a los daños físicos, a los tiempos y necesidades del NNA.

La situación sanitaria vivida en el último año, pone de manifiesto que es posible el aumento de casos de abuso de NNA, debido a que se encuentran más tiempo en el lugar donde se supone ocurre la mayoría de abusos: su hogar. ¿Qué medidas se toman para proteger a estos menores? Durante esta situación que nos atraviesa, aumenta también la violencia que se produce a través de las tecnologías, como lo son el ciberacoso, grooming (adultos contactandose con NNA con el fin de involucrarlos en prácticas sexuales), sexting (fotos y videos privados en redes sociales), etc.

Vivimos en una sociedad que ha cambiado su mirada hacia la niñez y la adolescencia, que busca protegerlos, condena y prohíbe el trabajo de menores, la violencia y es promotora de la educación de calidad para todos/as; pero lo cierto es que en esta misma sociedad existe una gran desigualdad que hace que muchos NNA no tengan un hogar seguro donde vivir, en países en donde la explotación sexual es moneda corriente, el trabajo infantil y adolescente está normalizado e incluso hasta bien visto. Un continente completo tiene NNA que a diario mueren de hambre, de enfermedades; mueren porque no tienen la protección que deberían. Y en cuanto al abuso sexual: Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada cinco menores sufre abuso sexual antes de cumplir los 17 años. La injusticia en su máxima expresión.

La falta de políticas de prevención y de educación sexual eficaz sigue siendo el principal obstáculo para la eliminación de la violencia sexual contra la infancia y la adolescencia. El desconocimiento del alcance real de la violencia sexual debido a la falta de datos, ya que ocurrre mayormente en el hogar y por lo tanto no se denuncia, se ha traducido en estrategias de prevención inadecuadas.

«El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos, porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer» (Ernesto Sábato, La resistencia.)

Construyamos caminos, derribemos barreras, para que nuestras niñas, niños y adolescentes, quienes son el presente y el futuro, tengan un mejor porvenir y no tengan que seguir viviendo en carne propia las mayores dolencias e injusticias que tiene que vivir el ser humano. Militemos por más políticas públicas y educativas, por la promoción de pautas de crianza positiva, más educación sexual, por una formación docente y social que ayude a identificar casos a partir de pautas conductuales. Fomentemos desde temprana edad igualdad y respeto, recordando la importancia de la comunicación y que el NNA se encuentre en confianza para hablar sobre lo que le sucede. Tenemos que enseña durante la infancia que hay zonas del cuerpo que nadie debe tocar, que hay comentarios y conductas que no deben suceder y que si suceden deben informarse a un adulto de confianza sin causar que los NNA se sientan culpables en caso de que suceda. Es importante tener en cuenta que nunca se debe obligar a un niño a dar beso a alguien, porque se le está obligando a tener un contacto físico que él no quiere, fomentando así que en un futuro sea más difícil distinguir una situación de abuso. Cada niña y niño debe conocer hábitos de higiene y cuidado personal para poder llevarlos a cabo por sus propios medios.

Tenemos que dar fin a esta problemática que nos termina alcanzando a todos. Comprometámonos con esta causa que podríamos considerar una pandemia de antaños, ya que afecta a 1 de cada 5 personas y está presente en nuestra sociedad hace siglos.. Si el compromiso es de todos, el cambio es posible.

Líneas de ayuda:

  • Línea Azul a través del 0800 5050 en casos de violencia a niñas, niños y adolescentes. Esta línea es de carácter gratuito y confidencial.
  • Orientación y consulta: 0800 4141 o *4141 a través del celular. Esta línea también es gratuita y confidencial.
  • 911 en casos de emergencia. La aplicación 911 cuenta con un botón exclusivo para denunciar violencias de género e intrafamiliar.


[1] Violencia contra las niñas y los niños, OPS

[2] Colombo, R.; De Agosta, C.; Barilari, M. (2010) Abuso y maltrato infantil. Tratamiento psicológico – Udelar, Facultad de Psicología..


[3] Panorama de la violencia hacia la infancia en Uruguay, UNICEF, 2017

[4] Informe de Gestión, SIPIAV, 2020.

[5] Colombo, R.; De Agosta, C.; Barilari, M. (2010) Abuso y maltrato infantil. Página 18


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