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Armonía entre ficción y realidad

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Este artículo se centrará en presentar a la autora y su obra. Mi objetivo será que usted se decante por dejarse llevar y se lance en la búsqueda de los libros para leerlos.

En el Montevideo de 1950 irrumpe en la literatura uruguaya “La Mujer Desnuda”, una novela donde se tratan temas como la sexualidad, la violencia, la liberación, el pesimismo, lo erótico y lo femenino.

La novela trata de una mujer que se da forma, se desnuda, se corta la cabeza, se la vuelve a poner “como un casco”; una mujer que cambia su entorno y que cobrará un precio por eso. Podemos, por tanto, tomarla como central para la literatura feminista uruguaya.

Armonía Somers tiene un estilo único. Si bien no busca un vocabulario incomprensible, su forma de descripción de los hechos mezclados con sucesos fantásticos -esa es la cuestión por la que se dificulta- hace que uno tenga que releer para entender mejor.

Debo explicarme porque tal vez el lector no la conoce, y a eso voy con el título que usted debidamente habrá leído antes de leer este artículo. Estoy hablando de Armonía Liropeya Etchepare Locino, nacida el 7 de Octubre de 1914 en Pando, de padre anarquista y madre católica.

Quien se dedicará a estudiar Magisterio en Montevideo, escribirá ensayos sobre pedagogía que tratarán sobre la delincuencia juvenil, reflexionando sobre los factores que llevan a los jóvenes a delinquir. Dichos ensayos la llevarán a Francia, invitada por el Gobierno francés, a estudiar los institutos penitenciarios. Visitará la Universidad de Bonn en Alemania Federal, en el marco de un intercambio, y en 1962 representará a Uruguay en un seminario de Educación de las Naciones Unidas.

Volviendo a su obra literaria, después de publicar “La Mujer Desnuda” publicará una serie de cuentos; entre ellos, “El derrumbamiento”, que fue galardonado con el primer premio de Narrativa por el Ministerio de Instrucción Pública en 1953. Su estilo ya transgresor se acentúa con la temática que roza la blasfemia: pareciera que ciertas escenas buscaran escandalizar, pero para decir algo.

Hay personajes introspectivos, angustiados, donde las descripciones de lo humano se unen a rasgos de la naturaleza usando metáforas donde el autor puede hallarse perturbado. En cuanto a la forma, “se destaca una prosa fascinante” como diría A. Rama en su crítica. Hay un juego entre la modalidad y la imaginación; no sólo importa lo que cuenta sino cómo lo hace, logrando recrear un ambiente propicio para la trama: una tormenta en el campo mientras el personaje va mojado buscando refugio, la descripción del lugar, la desesperación que siente al golpear la puerta, -no diré más para cumplir mi objetivo. No hay mejor manera de contarle la trama que pedirle a usted que lo lea.

Entre otras obras están “La calle del viento Norte” (1963), “Muerte por alacrán” (1978), “La rebelión de la flor” (1988), “El hacedor de girasoles” (1994), además de otras tantas menciones y premios.

Podemos mencionar más cosas como “Somersville” o su apartamento en el Palacio Salvo, ambos lugares ideales para recrear esa atmósfera interesante para una autora de su estilo. Ver su biografía nos permite distinguir al menos dos personas: Armonía Somers y Armonía Etchepare, más cuando ella buscó ocultar ciertos datos personales apoderándose de un halo de misterio y así lograr una armonía entre ficción y realidad.


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