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La utilización de tarjetas de crédito crece a un promedio de 20% en Uruguay, donde de acuerdo a datos del Banco Central del Uruguay (BCU), los plásticos emitidos superan los 3,7 millones, las operaciones con los mismos alcanzan los 100 millones por año y el gasto se eleva a más de USD 3.000 millones anuales, aunque el uso inadecuado del “dinero plástico” lleva muchas veces a contraer deudas difíciles de pagar.

El gran impulso al mercado de tarjetas de crédito se registró después de 2014, cuando se sancionó la Ley de Inclusión Financiera, que descontaba 2% de IVA cuando se pagaba mediante esta modalidad, lo que fue eliminado por el gobierno actual de Luis Lacalle Pou, así como fue suprimida mediante la Ley de Urgente Consideración (LUC) la bancarización obligatoria, que estaba dispuesta en aquella ley.

La expansión en el uso de tarjetas de crédito, tuvo como contracara un aumento en el endeudamiento de personas y familias y dificultades para el pago de los créditos.

Por otra parte, las tasas elevadas de interés que cobran los bancos por sus préstamos, así como las tarjetas de crédito, puso una vez más el tema en la mira por parte de actores políticos.

En tal sentido, Cabildo Abierto presentó en 2021 un proyecto de Ley contra la usura y su líder, el senador y ex Comandante en Jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, señaló que “según el Presidente del BCU (Diego Labat) hay 633.000 deudores irrecuperables. Una ley del Frente Amplio permitió a las financieras prestar a intereses de más del 100%, permitiéndoles expoliar a los uruguayos. Eso es usura pura y dura. Urge aprobar la Ley que propone Cabildo”.

Una de las entidades que apoya la regulación de la usura es la Asociación de Magistrados del Uruguay, una de cuyas integrantes, Dora Szafir, dijo en una comisión parlamentaria que los deudores “una vez que fallan en el pago de una cuota, por los intereses ya no pueden salir de la situación de deuda”. Puso como ejemplo que una persona sacó en su momento un crédito de 30.000 pesos en 30 cuotas. Cuando apenas había cancelado tres, se desató la crisis de 2002 y ya no pudo pagar. Aplicados los intereses, esa persona que teóricamente debía 27.000 pesos, quedó debiendo 1.361.000 pesos.

También está el caso de Juan, quien al no poder alcanzar un pago mínimo en su estado de cuenta de 67.575 pesos, debió refinanciar una deuda total de 149.604 pesos con la tarjeta VISA-Santander en 48 cuotas mensuales de 6.000 pesos.

Según datos del Monitor del Mercado de Crédito al Consumo de Pronto divulgado el año pasado, el 69% de los uruguayos tenía algún tipo de endeudamiento vigente, sea un préstamo y/o tarjeta de crédito, mientras que el endeudamiento de las familias alcanza a 30% de sus ingresos anuales, de acuerdo al BCU.

El Clearing de informes presentó meses atrás en la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, un documento en el que se detalla que el 35% -unas 980.000 personas- de quienes están en la base de datos de su historial crediticio tiene un informe negativo al registrar un incumplimiento en el pago de sus deudas. Además, cuanto menores son los ingresos de las personas, mayor es la concentración de la deuda total.

Para un buen uso de una tarjeta de crédito siempre fue conveniente llevar un registro escrito o guardar las boletas de las compras para no perder la cuenta de lo gastado y no excederse en las erogaciones, aspecto que hoy en día es muy fácil de seguir a través de las aplicaciones de las tarjetas para ese rastreo, ya sea en los celulares o en las páginas web.

El disponer de un límite de crédito alto con ingresos medianos, no llevar registro de las compras realizadas en el mes, comprometerse al pago de un excesivo número de cuotas, especialmente en moneda extranjera, y caer en la tentación de los “beneficios” que ofrecen las tarjetas, como descuentos en comercios y diversos servicios que otorgan, lleva muchas veces a los usuarios a una utilización inadecuada de este recurso.

Dos de los “errores” más frecuentes y que muchas veces pasan inadvertidos, son por ejemplo la tenencia de tarjetas que no se utilizan, aún cuando se debe pagar un costo anual por ellas, así como optar por el pago mínimo o solo de una parte de la factura en vez de cancelar todo el importe cuando llega el estado de cuenta.

La masificación del uso de tarjetas y el acceso a las mismas de personas con ingresos medio-bajos o incluso bajos, combinados con límites de crédito altos, aunque los bancos emisores analizan el perfil del cliente, lleva muchas veces a afectar una mayor proporción de la recomendable de esos ingresos al pago de la tarjeta.

Hoy los requisitos para el acceso a una tarjeta de crédito son cumplibles para una enorme mayoría de la población activa y el disponer de un plástico para uso regional o internacional ya no se considera un lujo.

El Banco de la República (BROU) exige para otorgar a sus clientes las tarjetas Visa o Mastercard en sus tres formatos (Internacional, Oro y Platinium) un ingreso mínimo líquido de 15.000 pesos uruguayos y una antigüedad de un año en el empleo.

El Banco Itaú exige una entrada de 25.000 pesos líquidos para acceder a sus tarjetas del programa “Volar” –que acumula millas en aerolíneas- Visa y Mastercard, mientras que un matrimonio puede tener una OCA con un ingreso conjunto de 15.000 pesos.

El Banco Santander pide tan sólo un ingreso de 10.000 pesos para otorgar la tarjeta VISA Hiper Mas Disco-Devoto-Geant.

Otro de los factores que pueden incidir en un endeudamiento excesivo que se haga difícil de afrontar es disponer de un elevado límite de crédito con respecto a los ingresos.

Para un ingreso ya sea por trabajo o por jubilación del entorno de 35.000 pesos líquidos, el banco HSBC ofrece con su tarjeta VISA un límite de crédito de alrededor de 500 dólares o su equivalente en pesos, al tiempo que el límite con dicho ingreso se sitúa justamente en 35.000 pesos (la totalidad del ingreso) en el caso de la tarjeta VISA Hiper Más Santander.

En el caso del banco HSBC, también se puede obtener la tarjeta mediante un depósito en la institución, que dará un límite de crédito mensual del 10% del mismo. Es decir que un depósito de 100.000 pesos dará un límite de crédito de 10.000 pesos por mes.

También pesa a la hora de decidir la tenencia o no de una tarjeta su costo anual, dado que muchas veces el mismo supera lo que el usuario puede ahorrar en descuentos al usarla.

Por ejemplo una tarjeta VISA o Mastercard del Banco Itaú tiene para el titular un costo anual de entre 4.000 y 5.000 pesos, mientras que una VISA emitida por el banco HSBC, exclusiva para clientes, tiene un costo anual de 85 dólares más IVA.

Por lo general el costo de la tarjeta se debe pagar a partir de la renovación del plástico, dado que los bancos ofrecen este producto de forma gratuita por el primer año.

Con respecto a las formas de pago de los consumos financiados por las tarjetas, la VISA Hiper Mas de Santander tiene una Tasa Efectiva Anual (T.E.A) de 70% anual en pesos para financiación y 80% por mora, al tiempo que en dólares las tasas son de 4,5% y 5%, respectivamente. En el caso de OCA, las tasas se sitúan en un nivel prácticamente igual.

Pago mínimo

La opción por el pago mínimo que viene establecido en el estado de cuenta, implicará que al mes siguiente se deba pagar el saldo de la deuda no cancelada más los intereses, a lo que se sumará el importe de los bienes adquiridos en un solo pago o con cuotas pendientes y los débitos automáticos por servicios generados durante el mes en curso, lo que por cierto aumenta el riesgo de acumular una deuda que puede tornarse luego difícil de saldar si los ingresos del usuario se mantienen estables.

Así, por ejemplo en un estado de cuenta de OCA con un total a pagar por 35.829 pesos, se establece un pago mínimo de 9.437 pesos, por lo que de elegirse esta opción, quedan para saldar en agosto los restantes 26.392 pesos más el consumo del mes anterior.

También es necesario tener en cuenta que como el crédito siempre es un pago a futuro y que muchas veces puede significar el desembolso de cuotas durante 12 o 24 meses, el usuario no tiene la certeza de poder afrontar ese compromiso en su totalidad, si se sufre por ejemplo un cambio en sus condiciones de ingresos o variaciones en el tipo de cambio si la deuda es en moneda extranjera.


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