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Una cuestión de peso: El fénomeno de la dolarización en Uruguay

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En las últimas semanas, a los que nos gusta leer sobre economía, hemos tenido la oportunidad de leer varias noticias sobre el objetivo que se ha propuesto el Banco Central del Uruguay para desdolarizar la economía. ¿Qué es lo que hay atrás de este cambio? Para entenderlo mejor vayamos al inicio.

La dolarización es un proceso en el cual una economía adopta el dólar americano como reemplazo a la moneda local para realizar diferentes transacciones internas, es decir, dentro del país. Hay dos formas de dolarizar una economía, una es informal o “extraoficial”, cuando los agentes económicos optan por mantener depósitos bancarios en dólares. Otra manera, es a través de la dolarización oficial, que se da cuando un gobierno adopta la moneda extranjera como la moneda oficial del país (como, por ejemplo, lo hizo Ecuador, que adoptó el dólar como moneda oficial).

Uruguay se ha transformado en un extraño caso de economía altamente dolarizada, al punto que desde un punto de vista más técnico, podríamos categorizarnos como un país bimonetario, ya que tanto el dólar como el peso cumplen por igual las funciones que definen al dinero: medio de pago, unidad de cuenta y reserva de valor.  Los uruguayos estamos acostumbrados a pensar en dos monedas, a hacer cálculos rápidos para saber cuanto costaría tal o cual cosa en dólares o en pesos. Estamos tan acostumbrados a vivir con dos monedas que solemos monitorear la paridad cambiaria casi a diario, y más aún, estimar las fluctuaciones y hacerlas temas de conversación. Aunque esto resulte natural para nosotros, resultaría muy extraño para la mayoría de las personas de otros países.

Para entender esto tenemos que recurrir al pasado, y remontarnos a mediados del siglo XX, cuando Uruguay comenzó a sufrir períodos de inflaciones muy altas, llegando a estar durante décadas por encima de los dos dígitos. Cuando la inflación es tan elevada, la pérdida de poder adquisitivo de la moneda local se vuelve insostenible, entonces las personas tienen que acudir a otros medios para mantener sus ingresos. Así es como el dólar empezó a introducirse en nuestra vida cotidiana. Tanto es así, que décadas después seguimos igual o más dolarizados que entonces, cuando la inflación no bajaba de dos dígitos. Está tan arraigado el concepto del peso como una moneda débil que aún cuando el dólar baja y los ahorros se ven perjudicados, los números de depósitos en dólares se mantienen invariados.

En los últimos años, más allá de no haber logrado mantener la inflación dentro del rango meta que se propone el Banco Central, Uruguay ha experimentado una inflación por debajo de los dos dígitos. Hoy, con la inflación a la baja, ¿será el momento de dejar a un lado nuestro vínculo tóxico con el dólar americano? Así lo creen las nuevas autoridades del Banco Central, que se han propuesto volver a transformar el peso en una moneda de calidad, argumentando que es el camino para lograr la estabilidad financiera y promover el tan esperado crecimiento de la economía, así como amortiguar los efectos de los ciclos económicos para que estos sean menos pronunciados y mitigar los efectos negativos de la inflación sobre la desigualdad de ingresos.

Los efectos adversos de una economía dolarizada son muchos y muy profundos. Así lo explican los economistas Licandro y Labat en el paper publicado por BCU (“Hacia una moneda de calidad”, 2020). Tanto las empresas como las personas quedan vulnerables a shocks externos que generan fluctuaciones en el tipo de cambio. Cuando la economía se ve afectada negativamente, el valor real del dólar aumenta, porque se pierde confianza en el peso, y esto termina repercutiendo en otras variables económicas como la actividad, el empleo y el ingreso real de los hogares. Ya que, como consecuencia, suelen aumentar los precios de los bienes y servicios, y esto termina contribuyendo en la inflación. Entonces la dolarización terminaría afectando el crecimiento de la economía a largo plazo.

Con estos argumentos, el Banco Central se fijó el objetivo no solo bajar la inflación, sino también a implementar medidas que contribuyan a lograr una moneda de calidad, incluir en la agenda cambios en la política monetaria, cambios regulatorios y comunicación con las partes interesadas.


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2 comentarios

  • Carlos
    Carlos

    Cuando el gabierno deje de “darle a la maquinita” y el peso sea una moneda estable, es decir se pueda usar como reserva de valor, se dejará de usar el dolar. La FED también emite, pero con menor intensidad que el BCU. Recordar que la inflación (desvalorización del peso) es un fenomeno monetario.

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    • Carlos
      Carlos

      gobierno y no gabierno sepan disculpar.

      Responder

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