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Un año en rojo: la producción uruguaya en el 2020

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La expresión latina annus horribilis ha sido reiteradamente utilizada a lo largo de la historia para describir aquellos años que no han resultado para nada cómo se esperaban (en un sentido negativo). Terminado el año 2020, a pocos les pueden caber dudas sobre la idoneidad de este enunciado latino para definir a este último año.

En el amanecer del 2020, el mismo 31 de diciembre de 2019, la República Popular China informa a la Organización Mundial de la Salud la emergencia de un brote de neumonía causado por un virus hasta entonces desconocido. Durante los dos meses siguientes, la enfermedad se propagó rápidamente por China primero y por el resto del mundo después, causando inéditos y sucesivos encuarentenamientos generalizados a lo largo y ancho del globo. Para la segunda quincena de marzo, más de la mitad de la población mundial se encontraba bajo confinamientos obligatorios, mientras que gran parte del resto (los uruguayos incluídos) se encontraban voluntariamente recluídos.

Esta paralización generalizada a nivel mundial -justificada por el avance de una enfermedad desconocida, altamente contagiosa y potencialmente letal- tuvo inmediatos efectos a nivel económico. Las reclusiones domiciliarias imposibilitaron a los trabajadores asistir a sus empleos, reduciendo la producción de diversas industrias a mínimos históricos. A consecuencia de ello, muchos perdieron sus empleos o sufrieron de significativos recortes salariales, lo cual generó una abrupta caída en el consumo de las personas que agravó la caída de la producción.

Como todo sabemos, Uruguay no ha sido ajeno a estos problemas. Ya cinco días antes de la declaración de la Emergencia Sanitaria, nuestro país experimentó una voraz fuga de capitales que depreció significativamente su moneda respecto al Dólar Estadounidense, al tiempo que ya desde febrero sufría una significativa caída de sus exportaciones debido al confinamiento Chino. Luego de declarada la Emergencia y debido al posterior confinamiento voluntario, decenas de empresas cerraron temporal o, en algunos casos, definitivamente sus puertas, o redujeron en gran medida su operativa, pasando decenas de miles de trabajadores uruguayos al seguro de paro, de desempleo o, directamente, al desempleo o inactividad laboral.

El pasado 24 de marzo el Banco Central del Uruguay publicó las Cuentas Nacionales correspondientes al cuarto trimestre del 2020, completando así su descripción macroeconómica de dicho año. La publicación de esta información presenta una oportunidad para analizar cuantitativamente la caída de la economía uruguaya en el año de irrupción de la Covid, así como para comparar su desempeño con el de otras economías. En este artículo pretendemos, entonces, presentar someramente los principales resultados de la publicación de nuestra autoridad monetaria, así como realizar una tímida comparativa internacional.

Seis trimestres consecutivos de caída interanual del PIB

Por sus relaciones, teóricas y empíricas, con otras variables referentes al nivel de vida de las personas, el Producto Interno Bruto (PIB) es la magnitud estrella a la hora de analizar el desempeño económico de las naciones. Esta magnitud mide el valor monetario de la producción final de una nación, esto es, deduciéndo del valor de venta de dicha producción el valor de los insumos utilizados para realizarla. Las variaciones del PIB suelen venir acompañadas por variaciones de igual signo de los salarios y del empleo, y contrarias del desempleo, así como mantener relaciones con variaciones de la inflación.

En este primer gráfico presentamos la variación año a año (interanual) del PIB generado en cada trimestre de los últimos cuatro años. Es decir, medimos la variación porcentual del PIB generado en cada trimestre con el generado en el mismo trimestre del año anterior. La medición trimestral nos permite conocer la intensidad de los shocks económicos a lo largo del año, viendo como se produjo una abrupta caída en los dos primeros trimestres del año 2020 que llegaría a superar el 12% en el segundo. Esta caída intensa coincide temporalmente con los meses de confinamiento más estricto a nivel interno, pero también a nivel externo, donde teníamos la conjunción de un mercado interno menos dinámico con uno externo en similares condiciones, que nos compraba, por ende, menos productos. Vemos como posteriormente se relativiza la abrupta caída hacia niveles menores pero igualmente significativos: entre octubre y diciembre del año pasado la producción uruguaya fue un 2,8% menor a la de igual período del año anterior.

Esta gráfica también nos permite evidenciar la emergencia de una profunda recesión económica. Si bien es un concepto abierto, podemos definir a una recesión como un período de contracción de la actividad económica y deterioro de indicadores sociales, manifestada en una caída del PIB sostenida por cierto tiempo. Con fines operativos, suele considerarse que una economía entró en recesión si transcurren dos trimestres consecutivos de caída interanual de su PIB en términos reales, cosa que en Uruguay sucede a partir de octubre de 2019. La economía uruguaya enfrentaba desde comienzos de la década precedente un proceso de desaceleración de su ritmo de crecimiento -luego de varios años de crecimiento vertiginoso- que poco a poco fue convergiendo en un serio estancamiento con puntuales caídas trimestrales. Tanto en el 2018 como en el 2019 su crecimiento fue levemente superior a 0, y en este último año los salarios reales cayeron por vez primera en 16 años. Empero, esa situación se vería notoriamente desmejorada con la irrupción de la pandemia, al punto de lograr una caída trimestral de la actividad que figura entre las más altas de nuestra historia.

Comparando la producción generada en cada año con respecto al anterior, vemos como en el año 2020 esta cae en un 5,8% a precios constantes, lo que significa una caída comparable a la de algunos años históricos de nuestra economía, más aún si se considera que fue una caída abrupta y no progresiva a lo largo de varios años. Se corta así una racha nacida en el 2003 de suba interanual de años-calendario del PIB (con excepciones en algunos años corridos). Si se tiene en cuenta, además, que la mayoría de los analistas y organismos internacionales preveían una suba del PIB uruguayo cercana al 2-2,5%, tenemos que nuestra economía habría perdido aproximadamente 8 puntos de crecimiento este año.

La mirada sectorial: una crisis generalizada con sectores en estado crítico

Más allá de la mirada agregada, lo cierto es que el Covid ha impactado en forma diferencial en las distintas ramas de actividad de las economías. Pensando en extremos, vienen los casos de las líneas aéreas internacionales, que redujeron casi al completo su operativa, y las plataformas de comunicación a distancia, en pleno auge dada la necesidad de contactos remotos debido a los distanciamientos sociales. La información de las Cuentas Nacionales es desagregada por sectores institucionales para poder contemplar en cierta medida las diferencias sectoriales.

En este último gráfico representamos la variación porcentual del valor agregado generado anualmente en cada sector institucional del año 2020 respecto al 2019. Una primera conclusión que podemos extraer es la generalidad de la caída productiva, pues todos los sectores económicos, con excepción de la construcción, se han visto contraídos. Pese a ello, como mencionábamos antes, se evidencia cierta heterogeneidad en el impacto percibido. Sectores como los servicios financieros, el agro, pesca y minería y la administración pública han experimentado una caída leve y la construcción incluso ha crecido. Todos los demás sectores, sin embargo, han caído significativamente, algunos varios puntos más de lo que lo hizo el promedio de la economía (representada por la caída del PIB, la barra colorada con bordes amarillos).

No resulta sorprendente, a su vez, que las actividades vinculadas al comercio alojamiento y suministro de comidas y bebidas se hayan visto entre las más afectadas. Aún más, tendremos que dentro de este sector institucional se presenta una profunda heterogeneidad, pues los servicios de alojamiento han sufrido una merma histórica en el turismo que redujo su actividad más que casi cualquier otra rama de actividad, mientras que los comercios de abastecimiento de insumos básicos han operado sin mayores restricciones a lo largo del año.

El peso de los sectores institucionales en la economía es distinto, y a consecuencia de ello también lo es el impacto de sus variaciones de producción sobre el producto agregado. Los movimientos de los sectores más grandes impactarán en mayor medida que el de los sectores más chicos. En esta última gráfica nos preguntamos cuánto explica cada sector de la caída de 5,8% de la actividad uruguaya. De ellos, 1,72 puntos porcentuales son explicados por la caída del sector de salud, educación, actividades inmobiliarias y otros servicios. Le sigue el sector de comercio, alojamiento y suministro de comidas y bebidas que explica 1,15 puntos porcentuales.

La mirada del gasto

Además del enfoque de la producción sectorial, el PIB puede ser visto desde el lado de la demanda (es decir, desde el punto de vista del destino de la producción) como una suma de gastos de diversa índole. Por un lado tenemos a los gastos que realizan las empresas (Formación bruta de capital ≈ inversión), el consumo de los hogares, el gasto del gobierno, las compras de productos nacionales realizadas desde el exterior (exportaciones), a las que se le deducen nuestras compras de productos al exterior (importaciones).

Analizando el enfoque del gasto, vemos como la recesión fue generalizada también en este enfoque. En particular, vemos como el gasto se contrae tanto a nivel interno como externo, pues al tiempo que se reduce el consumo, el gasto público o las inversiones en capital fijo, también lo hicieron nuestras ventas de productos al exterior. Ambos factores, el interno y el externo, explican entonces conjuntamente la contracción económica experimentada en el 2020.

Justamente son las exportaciones el componente del gasto que explica una mayor parte de la contracción económica, superando 4 de los 5,8 puntos porcentuales de caída. Su efecto no solo compenzó sino que superó al efecto de signo contrario de la contracción de las importaciones, manifestándose en una caída del saldo de la balanza comercial uruguaya. Luego de las exportaciones, se destaca una fuerte caída del consumo de los hogares en Uruguay, que explican casi 4 puntos porcentuales de la caída del PIB.

Una breve comparativa internacional

Como recordábamos en la introducción, las restricciones sociales impuestas a consecuencia de la emergencia del Covid han tenido profundas consecuencias económicas no solamente en Uruguay, sino también a lo largo y ancho del mundo. En esta última sección nos proponemos ubicar el desempeño nacional en esta coyuntura dentro del concierto de las naciones, así como realizar una somera comparativa regional.

Como primer elemento de comparativa, nos preguntamos cuánto han crecido los países en el 2020 en contraste con lo que lo hicieron en el año anterior. Por ello en este último gráfico comparamos los crecimientos de ambos años, representando cada punto un país de los analizados por el Fondo Monetario Internacional. Usamos la línea amarilla como referencia para analizar la evolución en el desempeño económico; todos los países a la derecha de dicha recta crecieron menos en el 2020 que en el 2019, lo opuesto sucede con los ubicados a la izquierda.

Vemos como casi todos los países han crecido menos en este último año de lo que lo venían haciendo, y Uruguay no fue la excepción. El punto verde representa el desempeño de Uruguay de acuerdo con las últimas estimaciones del Banco Central del Uruguay, lo que nos permite ver que el país no ha tenido un desempeño destacado, ni por bueno ni por malo, en el concierto internacional en cuanto respecta a la producción.

Este gráfico sirvió para responder a la pregunta de si los países decrecieron en su crecimiento en el 2020 respecto al 2019. Empero, no dice nada respecto a si estos “perdieron crecimiento” en el 2020, es decir, si estos crecieron menos de lo que lo hubieran hecho en caso de no haber acontecido la pandemia. Para poder realizar una comparación, inexacta pero no inválida, usamos los datos de las proyecciones de crecimiento que realizó el FMI justo antes del estallido de la pandemia, en enero de 2020, y las comparamos con el crecimiento que en enero del 2021 dicho organismo internacional estimó que experimentaron los países en el año 2020. Eso es lo que hacemos en el siguiente gráfico:

Nuevamente usamos la recta amarilla como orientadora. Vemos en esta gráfica una tendencia aún más clara: todos los países del mundo, con excepción de Nepal, han crecido menos de lo que el FMI esperaba que lo hicieran. Nuevamente, además, nuestro país no destaca como un caso excepcional. Si buscamos la marca verde en el diagrama, nos encontramos que ha tenido un crecimiento similar a otras naciones que proyectaban un crecimiento de alrededor de un 2% en su PIB.

Finalmente, realizaremos una comparativa a nivel regional. Hasta ahora hemos utilizado, con fines comparativos, los datos del FMI sobre las estimaciones de crecimiento cuando comparamos distintos países. Para mejorar la precisión, en este apartado usaremos los datos provenientes de los organismos compiladores de cada país en lo referido a las estimaciones de crecimiento (exceptuamos a Ecuador, que al 26 de marzo aún no había publicado sus cuentas nacionales). Incluímos datos de todos los países sudamericanos, con excepción de las guayanas (por motivos culturales) y Venezuela (por carencia de datos confiables).

La intención de esta gráfica es permitirnos comparar tanto el desempeño económico de las naciones sudamericanas en el año 2020, como la “pérdida de crecimiento” (que definimos como la diferencia entre el que se proyectaba y el que tuvo) que experimentaron en el año de la pandemia. Vemos entonces como el uruguay se encuentra “a mitad de tabla” en ambas variables. El producto de nuestra nación cayó siginificativamente más que el de Paraguay en el 2020, algo más que el brasilero y tuvo un desempeño similar al chileno y al colombiano. En el fondo de la tabla sudamericana de crecimiento económico en el 2020 se ubicaron Argentina, Ecuador, Bolivia y Perú.

Respecto a la “pérdida de crecimiento”, el Uruguay tuvo nuevamente un desempeño “promedio”. En este sentido, destacan las fuertes “pérdidas de crecimiento” de Colombia, Argentina, Perú, Bolivia y Ecuador, todas por encima de los 10 puntos porcentuales.


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