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Robinhood y las Criptomonedas: Aprendizajes Forzosos

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No todo han sido pérdidas en la pandemia. Algunos ganadores han logrado mantener sus ingresos estables y ahorrar más a partir de la reducción en el consumo provocado por la disminución de la movilidad y las restricciones a eventos sociales. Otros han percibido más ingresos porque trabajan en rubros que han experimentado más demanda. En Estados Unidos, las tasas estimadas de ahorro a partir de los ingresos pasaron de ser poco más del 8% en febrero de 2020, a un 32% en abril del mismo año.

Si de esos ahorristas, alguno invirtió 2.000 dólares en un instrumento que siga al famoso índice bursátil de S&P con las 500 empresas más importantes de Estados Unidos a principios de abril del 2020, en diciembre hubiera tenido 2.500 dólares. Y hoy más. ¿Cómo multiplicar así los ahorros? Invirtiendo a través de la bolsa, en el momento adecuado, en los activos adecuados.

Pero las ganancias que produce la volatilidad del mundillo financiero, que es especialmente elevada en épocas de crisis, no son accesibles para el común de los uruguayos. Los costos y las comisiones para operar en las bolsas son altas, tanto que para acceder a esas inversiones con el asesoramiento necesario hay mínimos en todas las instituciones y en Uruguay es difícil conseguir aceptación en una corredora de bolsa o asesor financiero con menos de 20.000 dólares para invertir. No sería rentable: ni para el ahorrista, ni para el asesor, ni para toda la estructura que debe movilizarse para intercambiar y conservar en cartera instrumentos financieros como bonos o acciones.

Queda allí un mercado marginado, de pequeños ahorristas que desean proteger sus magros ahorros y lo encuentran difícil en las tasas que ofrecen los depósitos a plazo fijo, más accesibles pero de rentabilidad tan baja que muchas veces ni siquiera protegen contra la inflación. ¿Cómo querer ahorrar si sé que en el futuro voy a poder consumir menos con ese dinero que si lo utilizara hoy? Evitar que eso ocurra es un problema que excede a Uruguay y que se da incluso en países primermundistas como Estados Unidos. ¿Y multiplicar los ahorros con rentabilidades más interesantes que la inflación? Imposible.

O así era, hasta que la conjugación de ahorros, falta de empleo y falta de accesibilidad a los mercados resultó explosiva. Todo comenzó con la criptomoneda más conocida, el Bitcoin, que pasó de valer 10.500 dólares en setiembre de 2020 a más de 60.000 en marzo de 2021. Traducido: si compraste 100 dólares de bitcoin en setiembre, en marzo tenías aproximadamente 600 dólares. Sí, 100 o 50 o 10. Esa es una de las claves detrás de todo. No eran grandes fortunas, eran grandes cantidades de pequeños, arriesgados e ilusionados ahorristas en busca de ganancias.

Sí, las criptomonedas tienen cada vez más valor inherente (o al menos las más conocidas), ya que en parte se aceptan en intercambios por bienes reales y eso les da una cierta utilidad. Pero tienen muchos desafíos por delante antes de volverse el nuevo dólar o el nuevo oro. Por ejemplo: el desafío que representa el consumo energético de minarlas, la criptomonedas en vías de creación por parte de algunos Bancos Centrales, que su valor se vuelva más estable para que individuos racionales quieran tener todos sus ahorros/ganancias en estas monedas sin mayores preocupaciones, las posibles futuras regulaciones y la falta de regulaciones también, es decir, que no sean una vía libre de intercambio para el narcotráfico y el terrorismo, cada vez más ahuyentados del sistema bancario. ¿La mayoría de quienes las han comprado lo hacen pensando en su valor práctico y a largo plazo o en ganar dinero con su volatilidad (aumentos y descensos repentinos)? De eso depende si su valor actual es justo o excesivo. En el largo plazo los valores tienden a lo justo y esos ajustes dejan perdedores, que compraron a un valor demasiado alto y deben vender por debajo. Por ejemplo, quien compró un bitcoin a más de 60.000 dólares en marzo y hoy tiene un equivalente de alrededor de 35.000 dólares, sin pistas reales de si recuperará su dinero o cuándo lo vaya a hacer.

El exceso de ahorros y la ansiedad por ganancias fáciles no solo afectó el valor de las criptomonedas a comienzos de este año.

A través, principalmente, de Robinhood, una de las pocas aplicaciones que permiten acceder al mercado financiero con muy pequeños montos (pero sin asesoramiento), un tumulto de inversores organizados vía internet se volcaron a una sola acción, GameStop, a principios de este año. La acción se elevó de 19,11 dólares el 11 de enero a 357,71 dólares 16 días después. En criollo, si habías comprado una acción de GameStop el 11 de enero por 813 pesos, a las dos semanas tenías 14952 pesos1. Si en una acción de pocas compras y ventas diarias irrumpen muchos compradores de golpe los precios se disparan: los que entraron primero se van a llevar ganancias que no hubieran obtenido con esa facilidad con ningún otro negocio o empleo, pero los que entraron últimos van a salir perdiendo. ¿Cómo saber si estoy al final de la subida de precios y luego de comprar el valor de eso que adquirí va a descender en picada? Imposible (salvo que seas Elon Musk, quien merece un artículo aparte).

Este escrito no busca dilucidar a qué precio debería estar el Bitcoin o a cuál deberían estar las acciones de Gamestop. Sí intenta traer luz a un punto en común muy interesante entre ambos fenómenos: que se realizan con dos de los pocos medios de inversión accesibles para el (muy) pequeño ahorrista y que son populares entre jóvenes ávidos de ganancias aunque sea a riesgos altísimos. Esto representa desafíos tanto para profesionales de las finanzas como para políticos y educadores. ¿Comprendemos el riesgo de perderlo todo en mercados utilizados para la mera especulación? ¿Qué estamos haciendo por la educación financiera de las personas? ¿Qué les ofrecemos para que puedan generar ganancias de sus ahorros sin mayores dificultades aunque no lleguen a las decenas de miles de dólares?

Es posible que a medida que las actividades se retomen las personas vuelvan a sus niveles de ahorro habitual y los inviertan por los medios en los que lo hacían habitualmente (si es que generaban algún ahorro), bajando el nivel de riesgo de que estos fenómenos de sobrecalentamiento repentino se repitan en los próximos meses. Pero aún queda tiempo de pandemia y nos hemos llevado tantas enseñanzas como interrogantes. Una de ellas es que los pequeños ahorristas organizados pueden distorsionar el mercado.

¿Comprenden todos ellos lo que arriesgan?

1 A la cotización del dólar de esos días

https://time.com/nextadvisor/banking/savings/us-saving-rate-soaring/


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1 comentario

  • Santiago Bianchi
    Santiago Bianchi

    Muy buen articulo y sencillo de entender para quienes no entendemos del todo los términos financieros!

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