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Los Frutos del Buenismo: La Paridad de importación y la destrucción del bienestar nacional.

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En las semanas anteriores hemos visto un aumento importante en los precios de los combustibles, hasta alcanzar los $71 y $51, para nafta súper y gasoil, respectivamente. Esto, en el marco del contexto de recuperación económica tras la recesión provocada por la pandemia, es un duro golpe que se traslada a todos los precios del mercado (la típica frase de “a mí no me importa que suba la nafta porque ando a pie”, no es válida, todos los bienes en algún momento deben ser transportados y distribuidos, y con el ya mencionado aumento, los precios finales de los productos aumentan).

            Este aumento de precios se debe principalmente al sistema de Paridad de Importación. En pocas palabras, este sistema trata de calcular el precio local de bienes (en este caso, los combustibles), de calidad similar a los producidos localmente, suponiendo que estos se puedan importar libremente (sin trabas arancelarias, por ejemplo), considerando los costos teóricos existentes en nuestro país.[1]

            Sin embargo, este nuevo sistema no surge de la nada. Es producto del “buenismo” del actual gobierno, donde, por cuestiones discursivas y políticas típicas de quienes no viven el día a día, terminan pagando los más vulnerables.

¿A que me refiero con “buenismo”? Principalmente, a la poca voluntad de cambio presente en el gobierno con respecto de las declaraciones de los principales dirigentes de la coalición en campaña. Siempre ha habido un trecho entre las declaraciones y las acciones de los políticos, pero en esta ocasión es más que evidente. Esto, sumado a la política cada vez más continuista en términos generales (puede verse en los lineamientos macroeconómicos del gobierno, establecidos en el presupuesto, los cuales no difieren de los anteriores), ha llevado a que organizaciones comúnmente relacionadas por la sociedad a los partidos gobernantes, como Un Solo Uruguay, hayan realizado quejas al accionar gubernamental y reivindicaciones a lo establecido en el programa de gobierno.

Otras visiones apelan a que la actual coalición busca hacer gala de la búsqueda de consenso, tratando de decantar para sí los votos del “centro”, siendo esto apalancado con la buena gestión de la pandemia y la vacunación.

Es entendible que, en el marco de un gobierno de coalición, puedan surgir rispideces a la hora de tratar ciertos temas. Sin embargo, en tópicos tan importantes como este, lo que prima es el bienestar de la sociedad. Y este bienestar pasa por no tener los combustibles más caros de la región, pasa por tener, si se me permite la expresión (que espero no despierte resquemores a los lectores, y cale profundo entre los que son blancos), “aire libre y carne gorda”. 

La política gubernamental ha demostrado ser muy continuista, y a la vez, mediocre en ese sentido. Continuista porque, pese a lo dicho en campaña, se ha optado por mantener el monopolio de ANCAP, aunque incorporando el sistema de Paridad de Importación. Y mediocre, por los resultados de este nuevo sistema. Entiéndase, la situación previa no era sostenible, dada la situación contable de ANCAP y la intentona (que permanece) de mantener rubros totalmente deficitarios. Sin embargo, este remedio producto de las medias tintas del gobierno, ha demostrado ser peor, en lo inmediato, al bolsillo de la gente. Y la gente no lo olvida. Primero está el país, no el partido, no la coalición. La búsqueda de medias tintas para no hacer molestar a nadie, no sirve. Los que se inclinan hacia un lado no lo van a dejar de hacer porque uno deje de inclinarse tanto hacia el lado opuesto. Es decir, no vas a “quitarle” votos a la oposición por ser más moderado de lo esperado. Y en el medio de estas intentonas, los que se ven afectados son los uruguayos de a pie, no los herederos de los “colachata”.

Mientras el oficialismo juega al continuismo, a no romper con el status quo con el que le fue entregado el país, la oposición basa sus argumentos, entre otras cosas, en la “soberanía”. Me gustaría saber que soberanía puede haber en pagar los combustibles más caros de la región (tanto ahora, con un sistema de paridad, como antes de su implementación), que soberanía hay en hacerle pagar extra al uruguayo del campo, de la ciudad, de donde sea, por delirios obsoletos de la política nacional, que parece desconectada de la situación de la gente. La soberanía, en todo caso, radica en la cultura, en nuestra identidad como orientales, así como en el bienestar de nuestros compatriotas, no en defender a capa y espada a un ente público que les ha dificultado la vida.

La situación no está para distraerse con juegos políticos que perjudican a los uruguayos, mientras se destruye el bienestar de nuestro país. El rumbo está claro, la desmonopolización es necesaria. Aun así, es menester implementar otras medidas. De acuerdo con la composición de los precios presentada por ANCAP, un amplio porcentaje de los mismos está representado por impuestos tales como el IMESI o el IVA[2], dependiendo del bien en cuestión.

Recordemos, nuestra tasa de IVA es de las más altas en el mundo, con un 22%. Con una reducción ordenada de los mismos, aunada a la desmonopolización, los precios de los combustibles se verían reducidos, y eso conllevaría una reducción de los precios en general, al reducirse los costes de transporte. Sin embargo, la política de “buenismo” del gobierno, que por su poca disposición a poner las cuentas fiscales en orden nos va a dejar un 5,4% de déficit fiscal[3], no ve (salvo contadas excepciones en sus filas), en la reducción del gasto superfluo, ni en la posterior reforma impositiva que se podría implementar a partir de ella (en la cual los combustibles deberían ser prioridad, a mi entender), una senda de crecimiento y recuperación de lo perdido (económicamente hablando) durante la pandemia.

En vez de tomar ejemplos como el de Nueva Zelanda en materia de combustibles[4], el gobierno parece estar empecinado en la senda de la mediocridad y el fracaso económico, lo que, de hacerse más patente, se va a trasladar a las urnas, volviendo, en definitiva, un fracaso total a la política “buenista” actual.

O buscamos cambiar la situación que aqueja a nuestro país ahora, o esperamos a cosechar los frutos del buenismo gubernamental.


[1] https://www.gub.uy/unidad-reguladora-servicios-energia-agua/politicas-y-gestion/precios-paridad-importacion

[2] https://www.ancap.com.uy/2147/1/composicion-de-precio-y-comparacion-ursea.html

[3] https://www.bbvaresearch.com/publicaciones/situacion-uruguay-2021-3/

[4] https://www.nzherald.co.nz/business/refining-nz-to-switch-marsden-point-to-import-only-terminal/6USM7NNWSYT7ZQHLWH57D5UD3E/


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