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Las dificultades de implementar una economía circular

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El pasado 23 de setiembre del año 2020 se inauguró de la mano de un grupo de científicos, artistas, y activistas del cambio climático, un reloj que marca la cuenta atrás para que la situación ambiental del planeta sea prácticamente irreversible. Dado esto, se volvió inminente la necesidad de cambiar la forma en que producimos, siendo la economía circular el nuevo paradigma más renombrado. Si bien son indudables los beneficios a largo plazo de un sistema que gira en torno a este paradigma, con el fin de agilizar su implementación no debemos pasar por alto los inconvenientes a los que puede enfrentarse una empresa a la hora de querer implementar este cambio. Pero antes que nada repasemos brevemente qué es la economía circular.

Primero hablemos del paradigma en el que hoy día vivimos: “economía lineal”. En este tanto los productos como las piezas que los componen van en una sola dirección, los mismos son pensados desde el inicio del proceso para que su tiempo de vida útil sea unidireccional, siendo creados, utilizados y posteriormente desechados prácticamente sin posibilidad de ser reutilizados.

Por otro lado tenemos el paradigma circular, como ya hemos dicho antes, en el paradigma actual los componentes y los productos tienen un solo uso. Aunque se intenten reciclar, la realidad es que solo un porcentaje realmente bajo llega a ser reutilizado, dado que no están diseñados para esto.

El nuevo paradigma plantea 3 cambios fundamentales, lo primero es que productos como los celulares sean realmente reparables. Al día de hoy si se rompiera la pantalla de nuestro celular, seguramente decidiriamos directamente cambiarlo, dado que dicho servicio es escaso y costoso. En segundo lugar, volver actualizables nuestros dispositivos, es decir, poder actualizar la cámara o la batería de por ejemplo nuestro celular en vez de tener que comprar dispositivo entero. El tercer cambio importante consiste en diseñar los componentes para que una vez que son desechados sea posible convertirlos nuevamente en materia prima refinada, la cual será utilizada para fabricar nuevas partes, estas ensamblarlas y lograr como resultado un nuevo producto, con la diferencia de que habremos extraído muchos menos materiales para fabricarlo. Cabe aclarar que estos tres cambios, aplican a cualquier producto que usemos en la cotidianeidad; autos, heladeras, microondas, etc.

Teniendo claros ambos conceptos el lector debes estarse preguntando, ¿Qué problemas puede tener una empresa a la hora de implementar esta nueva forma de fabricar?

El primer punto es la reparación. Para llevar a cabo esto, las empresas deberían contar con componentes destinados a la reparación con el fin de reducir el costo de dicho servicio, y no solo eso, también deberían disponer de talleres donde esta actividad se lleve a cabo, y de capital humano que sepa como reparar dichos dispositivos.

Respecto a la actualización, los problemas son parecidos a los de reparar: se necesitan habilidades específicas y un lugar para que dicha tarea sea llevada a cabo. Asimismo, exige un rediseño de los dispositivos, que deben estar creados para ser compatibles con nuevas y mejores piezas, además de que exista la posibilidad de quitar y agregar los componentes para que puedan ser actualizados.

Como tercer punto tenemos el refinado de las piezas ya utilizadas y desechadas. Este es el cambio más profundo y de mayor impacto, ya que conduce de forma directa a la extracción de menos materia prima y a la reducción de nuestros desechos. Para que esto sea posible se necesita un cambio social: en lugar de tirar a la basura el celular que ya no utilizamos, debemos tener el hábito de devolverlo a la compañía a la cual se lo compramos, la cual deberá contar con oficinas encargadas de recibir y clasificar los aparatos desechados. Por otro lado dicha empresa deberá diseñar e implementar un nuevo proceso en el que el dispositivo es descompuesto en sus elementos originales para ser nuevamente convertidos en materia prima refinada con la que se crearán nuevos componentes, y con estos, nuevos dispositivos.

La complejidad de estos cambios es clara, pues requieren un rediseño tanto logístico como de producción, además de la existencia de nuevas habilidades en el mercado laboral, y un cambio de hábito respecto a  dispositivos que hoy por hoy estamos acostumbrados a desechar. Debido a la gran cantidad de variables que escapan al control de las empresas, la intención de implementar este nuevo paradigma puede verse realmente frustrada, retrasando aún más un cambio necesario para lograr la sustentabilidad. Es por eso que no debemos dejar solas a las empresas en este cambio, los gobiernos no pueden mirar a un costado esperando que la iniciativa empresarial solucione todo. Deben prestar especial atención a las condiciones que se necesitan para que una compañía pueda implementar dicho paradigma, desarrollando políticas que generen tanto el capital humano como la infraestructura necesaria para una implementación eficiente de la economía circular.

La circularidad productiva parece ser la solución a nuestros problemas en el largo plazo, pero dado que el reloj climático está puesto para el 2027, la implementación ágil de este paradigma se vuelve clave, siendo vital dar luz a las dificultades antes mencionadas para que juntos como sociedad trabajemos por el futuro sustentable de nuestro planeta.


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