El Día

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La libertad económica en épocas complejas

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Muchas son las refrendas que se le hacen hoy a la economia de libre mercado, peyorativamente llamado “capitalismo”.

Vivimos una época donde la inmediatez de información que nos facilitan los medios de comunicación digitales, nos permite enterarnos casi al instante de las injusticias y carencias que sufren las personas de los lugares más recónditos del planeta; esta inmediatez provoca una indignación e impotencia enormes, a las que buscamos explicación de manera casi siempre simplista. Es en este sentido que surgen la mayoría de cuestionamientos al sistema de libre mercado, en el cual la libertad para comerciar, poseer bienes y dinero es amplia. Se piensa que la acumulación de riqueza por parte de algunos -como se repite incansablemente “hay un puñado de personas que poseen la mitad de la riqueza del mundo” lo que no voy a ocuparme de refutar en ésta ocasión- es la gran causante de los avatares que sufren esas personas. Esta falacia se suma al razonamiento igualmente equivocado y sesgado que establece al libre mercado como la causa de la marginación social. Pruebas irrefutables de que nada de esto es cierto resultan: el análisis del sentido de los flujos migratorios, que se da casi exclusivamente de regiones con libertad económica casi inexistente hacia los que, por el contrario, son más “liberales” en este rubro; y el nivel de calidad de vida que poseen los habitantes de las naciones enumeradas primero en el punto anterior.

Los razonamientos en este sentido (contrarios al libre mercado) son en apariencia coherentes, ya que la acumulación de la riqueza en sí misma es sinónimo de desigualdad -hay quienes tienen mucho, otros tienen menos-. Pero dicha acumulación es consecuencia, casi siempre, del buen desempeño en los negocios que éstos individuos tuvieron, proceso en el que se produjeron también riqueza para otros, se fomentó los avances tecnológicos que mejoraron la calidad de vida de todos y se realizaron enormes contribuciones para palear las situaciones de emergencia, desastres naturales y hambrunas en el mundo.

¿Quiere decir esto que los grandes “capitalistas”, las multinacionales, los rockefeller son unas “blancas carmelitas”? Por supuesto que no, han sucedido muchos abusos de su parte, son quienes definen por momentos el rumbo del planeta, pero al poner en la balanza no podemos ser ciegos ante la evidencia. El mundo es hoy enormemente más justo que hace 30 años, los avances en calidad de vida se suceden a velocidades jamás vistas, todo al abrigo de un sistema de libre comercio, que hoy más que nunca se ve amenazado, no solo por los relatos anti-mercado, sino por los nacionalismos exacerbados de algunas potencias que con el fin de “defender” sus intereses, echan por tierra lo que llevó muchos lustros construir: CONFIANZA, entre las naciones para comerciar libremente.

Otro aspecto que quiero resaltar es el hecho de que la mayoría de las críticas a la libertad comercial se dan desde el ceno de sociedades enormemente “capitalistas”, pero a la luz de los hechos, es la libertad de que se goza en estos estados la que permite este tipo de críticas, ya que como sabemos, la economía controlada centralmente, solo puede aplicarse en la práctica por medio de coercion a quien ose cuestionar a la cúpula directriz; esto se hace evidente en las naciones que funcionan bajo sistemas similares, dígase Corea del Norte, China, Cuba.. ¿Son acaso estas ejemplo de respeto a los derechos humanos? ¿Son acaso sustentables sin el apoyo del mundo “capitalista”? Por el contrario, a la luz de algunos bloqueos económicos caen en la miseria y no logran brindar un mínimo de calidad de vida a sus habitantes. A la luz de la ineptitud de los burócratas que se erigen al frente de las mismas, no logran controlar un mercado que cambia casi tan rápido como las personas que allí habitan, generando productos y servicios ineficientes, caros y con un coste ecológico altísimo.

Algo que se observa constantemente, sobre todo en países sudamericanos, es la antología que se aplica entre los conceptos de liberalismo y progresismo; y yo me pregunto ¿Acaso puede aspirar el individuo que vive en una sociedad occidental, democrática y capitalista a alcanzar el progreso equitativo sin libertades económicas, sin libertades personales? ¿Acaso las regulaciones que la sociedad se da para evitar los excesos de quienes ocupan posiciones de ventaja económica, significan una limitación a la libertad? ¿En qué instante se pasa de la defensa de la libertad a la negación de la realidad social? ¿O es acaso comparable ésta actitud a la de quien, definiéndose progresista, pretende limitar y regular todo cuanto sucede? ¿Es ésto posible sin caer en ineficiencias y corrupciones extremas, como sucedió siempre en los estados socialistas? Basta mirar lo sucedido en Chernobyl para comprender a lo que lleva este sistema en la práctica. 

Al reflexionar sobre estas cuestiones es que nos damos cuenta que luego de casi 55 años construyendo un sistema democrático y de libre mercado mundial con amplias garantías individuales y colectivas, sistema que como mencioné ha generado los mejores niveles de bienestar jamas vistos; ahora nos avocamos desde su comodidad a boicotearlo. Unos por delirios de mayor “libertad”, otros cegados por un análisis erróneo de las causas de las problemáticas sociales; pero ambos con idéntico nivel de tozudez que logran únicamente la construcción de un nuevo “muro de Berlín”, pero ésta vez dentro de las sociedades, intangible, que una vez más nos divide en grupos, cada uno en su isla, arrojando piedras a la otra. Piedras que jamás llenarán el mar de inconsistencias que las separa, fogueando la lucha de clases SXXI.

En definitiva algo de razón tendrá el dicho de que las personas “no saben lo que tienen, hasta que lo pierden”. En momentos de calma y al abrigo de un sistema que, aún con todos sus defectos, nos permite desarrollarnos en base a nuestras actitudes y aptitudes; nos despachamos iracundamete en su contra, cual niños caprichosos en casa de sus padres.

“La cuestión es solo entre la libertad y el despotismo”

José Artigas.


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2 comentarios

  • Heber Rizzo

    Saludos de un uruguayo viejo viviendo en España.
    Espero que esta nueva etapa del día sea tan fructífera como la que sus lectores supimos disfrutar antaño.
    Buena suerte.

    Responder
    • Pablo Ramos
      Pablo Ramos

      Hola heber, muchas gracias por su comentario y buenos deseos; es una tarea que sabemos difícil la que emprendimos, pero lo hacemos con la confianza que nos da la rica historia de este diario y el compromiso de estar a la altura.
      Es un honor que quienes leyeron El Día en sus antiguas épocas conserven tan fraterno cariño por el mismo, y apuesten por esta nueva etapa que emprendimos un grupo de jóvenes idealistas.

      Responder

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