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Entendiendo más a las criptomonedas

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El Bitcoin y las criptomonedas irrumpieron en el escenario mundial en 2008, a partir de la publicación anónima de un documento de carácter técnico que planteó una nueva forma de transferir valor a través de Internet. En los años siguientes, esta nueva tecnología disruptiva ha pasado por varias fases, mercados alcistas y retrocesos en picada, períodos de optimismo y momentos de decepción. Pero a medida que el mercado de criptomonedas entra en su segunda década de vida, una cosa está muy clara: las criptomonedas y la tecnología blockchain llegaron para quedarse. Sin embargo, hoy día, todavía pocas personas entienden qué es o cómo funcionan las criptomonedas. ¿Es una moneda alternativa? ¿Una tecnología? ¿Un tipo de inversión riesgosa? En esta columna intentaré darles algo de claridad al respecto.

Para entender las criptomonedas es importante centrarnos en la creación del Bitcoin, la primera de todas las criptomonedas, que fue creada por un programador informático anónimo, que trabajaba bajo el alias “Satoshi Nakamoto”. Este autor publicó un documento titulado “Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System” (Un sistema de efectivo electrónico entre pares). El autor describió una visión de cómo las personas podrían retener, enviar y recibir artículos de valor digitalmente, sin ningún intermediario, como podría ser un banco o un procesador de pagos. Poco después, en enero de 2009, se emitió el primer bitcoin.

No es un detalle menor destacar que el Bitcoin no surge como un capricho, sino como la respuesta a un problema financiero que los bancos y las plataformas digitales de pagos no han podido solucionar aún, la transferencia de valor de forma digital de forma ágil y sin grandes costos. El problema es que transferir dinero en línea es difícil, mucho más difícil que transferir información básica, como mensajes de texto, correos electrónicos y fotos. Pongamos un ejemplo real: el 12 de abril de 2020, alguien transfirió 161.500 bitcoins, con un valor de más de 1,1 mil millones de USD en ese momento, en una sola transacción. La transacción se liquidó en 10 minutos y la tarifa por procesarla fue de 0,68 USD. Si comparamos esto con una transferencia de dinero internacional a través de una institución financiera, que solo se puede enviar durante el horario bancario, demoraría de uno a dos días en liquidarse y con tarifas significativamente más altas. La diferencia es asombrosa.

La solución de Nakamoto a este problema, y la idea central detrás de todas las bases de datos blockchain en la actualidad, fue crear una única base de datos distribuida en todo el mundo, que sea accesible para todos, donde cualquier persona en cualquier parte del planeta pueda ver los saldos y enviar transacciones en todo momento. Y lo más importante, estos saldos no están controlados por ninguna institución financiera, gobierno, persona o entidad.

La mejor forma de entender cómo funciona exactamente es seguir una transacción de Bitcoin de principio a fin.

Digamos que una persona A tiene 10 bitcoins que quiere enviar a una persona B. Entonces A envía un mensaje a todas las computadoras que ejecutan una copia de la base de datos actualizada (“la red Bitcoin”) que dice “Quiero enviar 10 bitcoins a B”.

La persona A tiene una contraseña única que le permite firmar el mensaje para que la red sepa que el mensaje proviene de ella y no de nadie más. Las computadoras en la red bitcoin pueden confirmar fácilmente que A tiene 10 bitcoins para enviar porque cada una tiene una copia de la base de datos actual. Es importante destacar que en este punto solo se ha propuesto la transacción; ninguna computadora ha actualizado los saldos. Las transacciones se colocan inicialmente en lo que equivale a una sala de espera, donde aguardan por la confirmación.

Debido a que la transacción solo se propone y no se liquida en esta instancia, el sistema puede transmitir rápidamente el mensaje para asegurarse de que todos los participantes la conozcan.

La persona A no está sola: mientras envía su mensaje, otros también están enviando mensajes, queriendo enviar sus bitcoins a uno o varios destinatarios.

Aquí es donde entra un participante especial: los “mineros de bitcoin”. Los mineros son servidores de procesamiento que se encuentran dispersos por todo el mundo y forman una parte fundamental de la red bitcoin. Su trabajo consiste en agregar grupos de transacciones nuevas y válidas, como la de la persona A, y proponerlas para su liquidación. Estos grupos de transacciones son llamados “bloques”, que es de donde proviene el “bloque” en “blockchain”.

En un momento dado, miles de estas computadoras compiten entre sí por el derecho a resolver el siguiente bloque. La competencia consiste en resolver un desafiante acertijo matemático, y los mineros pueden proponer un nuevo bloque solo si resuelven el acertijo actual. Quien encuentre la solución primero tiene derecho a una recompensa, que consiste en bitcoins recién emitidos y posibles pagos por la transacción. Este pago es significativo y es lo que incentiva a los mineros a realizar el trabajo necesario para verificar las transacciones y mantener la base de datos.

Aproximadamente cada 10 minutos se resuelven nuevos bloques en la red bitcoin, aunque el tiempo exacto depende de qué tan rápido se resuelva el rompecabezas.

Volvamos a la transacción de A y B que estaba en espera. Una vez que un minero resuelve el acertijo, solo ese participante de la red (el minero que propuso el nuevo bloque de transacciones) puede ver los saldos completamente actualizados; todos los demás participantes solo ven los bloques más antiguos.

Competir para liquidar cada bloque de transacciones es caro, por diseño, resolver el rompecabezas requiere una potencia informática significativa y además consume energía, y saber cuál de los miles de mineros existentes resolverá el problema primero es imposible.

Sin embargo, una vez que un minero resuelve el caso, puede publicar la solución y proponer un bloque de transacciones a la red.

La genialidad del sistema es que, aunque resolver el acertijo matemático es difícil y costoso, verificar el resultado es muy fácil. Y cuando un minero publica una solución y un nuevo bloque de transacciones, otros miembros de la red verifican el trabajo. Si las transacciones son válidas y la solución del rompecabezas es correcta, los participantes de la red actualizan su copia de la base de datos para reflejar las nuevas transacciones. En ese momento, la transacción de la persona A se considera resuelta y liquidada.

Es importante destacar que la competencia para liquidar el siguiente bloque de transacciones dependerá de incluir la información del bloque de A y B ya liquidado, lo que proporciona un incentivo para que los participantes del mercado actualicen rápidamente su copia de la base de datos y asegura que la manipulación de un bloque liquidado sea muy difícil. Este “encadenamiento de bloques” es la razón por la que esta arquitectura de base de datos se llama “blockchain”.

La parte más ingeniosa del proceso diseñado por Nakamoto, es que el incentivo para intentar defraudar al sistema es mínimo.  Los participantes de la red examinan cada transacción en cada bloque propuesto y rechazan los bloques con transacciones no válidas. Se ha demostrado su eficacia con un historial de funcionamiento y almacenamiento de miles de millones de dólares de forma segura y válida. La base de datos nunca ha sido pirateada y actualmente liquida aproximadamente el mismo valor de transacciones cada año que empresas como PayPal, todo sin un solo empleado o intermediario. Es un verdadero avance de innovación, de diseño de software y está teniendo un impacto significativo en el mundo.

Bitcoin no es la única criptomoneda que existe. Se estima que existen más de seis mil  criptomonedas diferentes y cada mes se crean nuevas. Aunque la mayoría de estos activos son pequeños, muchos están valorados en más de mil millones de dólares. Desde sus inicios, las criptomonedas se han caracterizado por tres atributos principales: altos rendimientos, alta volatilidad y baja correlación con activos tradicionales.

A medida que los inversores avanzan por el camino de las criptomonedas, deberán tener en cuenta varias consideraciones y también asumir algunos riesgos adicionales con respecto a los activos tradicionales. Un desafío particular para los inversores es la custodia, es decir, cómo se mantiene y almacena de forma segura una criptomoneda. Cuando se invierte en este tipo de instrumentos, se genera una contraseña o “clave privada”. Si esa contraseña se pierde o se roba, el activo relacionado se pierde para siempre. Esta clave, que es necesaria para permitir algunas de las ventajas clave de las criptomonedas, como la liquidación rápida, también presenta un riesgo significativo si no se maneja adecuadamente.

En cuanto a impuestos y regulaciones, el terreno es aún muy confuso. El tratamiento regulatorio varía y evoluciona según la jurisdicción. Y los inversores deberían esperar que esta evolución continúe en los próximos años. Con respecto a la parte impositiva, el gran problema que muchos analistas ven es que es muy común tratar a las criptomonedas como una divisa más, y no como un activo digital. Las criptomonedas distan mucho de una divisa común, y al contrario de como suele creerse, no son instrumentos similares. El mercado de divisas tiene una estructura de mercado diferente, y también una gama mucho más amplia de participantes. La volatilidad histórica que han manejado las criptomonedas las alejan mucho del comportamiento del mercado de divisas tradicional. Sin embargo, para que, en un futuro, quizá puedan desarrollarse relaciones más sustanciales entre las criptomonedas y las divisas, las primeras deberán cambiar en varios aspectos, principalmente regulatorios e iniciar una incursión en el mercado de forma más profunda.


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