El Día

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Vuelta a casa

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Uruguay quedó afuera de la Copa América en Cuartos de Final. Otra vez.
Parecería que ganar la Copa ese 24 de Julio de 2011 en el Monumental fue un pacto con el Diablo que nos trajo como consecuencia nunca llegar más lejos que esta fase.
¿2015? En Cuartos contra Chile, el día de “Jara”. ¿2016? No pasamos del grupo que incluía a Jamaica y Venezuela, uno de los momentos más bajos del “Proceso”. ¿2019? En Cuartos contra Perú, cuando el árbitro Sampaio decidió que no iba a pasar Uruguay.
¿2021? En Cuartos contra Colombia. Esta vez no hay ninguna otra razón que no jugar bien.

En los artículos anteriores fuimos analizando el juego de la Selección y los por qué de lo que se daba dentro de la cancha, donde nada es casualidad.

En este partido Uruguay volvió a ser el mismo de la primera mitad de la Copa.
Ese que intenta progresar con la pelota pero no puede, ese que la pasa de lado a lado sin sentido claro, ese que suma intensidad solo por las ganas de sus jugadores.
Ese equipo que está constantemente chocando entre las “ideas” de su núcleo viejo y su nueva generación.
No digo que choquen como personas o como parte del plantel, nada más alejado de la realidad por lo que podemos ver desde afuera, solo que “sienten” el juego de forma distinta. Los mediocampistas interpretan de una forma, los delanteros y los defensas de otra; entonces el equipo se desconecta.

A su vez está Tabarez que también siente el fútbol de la misma forma que su “vieja guardia”.

Claro está que hay que matizar el rendimiento “Celeste” con el planteamiento de su rival.
Reinaldo Rueda explotó el sistema de “rombo” con 2 extremos muy profundos ayudados por laterales que pasaban al ataque. Esto obligaba a nuestros interiores a volcarse hacia la banda como auxilio para no dejar expuestos a Nández o Viña a un 2 contra 1.
También supo cómo no ser desbordado por dentro. Ese pro de tener gente por fuera a su vez era una contra si Uruguay lograba superioridad por dentro, algo que no pudo.
Con la ayuda de Luis Muriel retrasando su posición taparon a Matías Vecino, más un gran partido de Wilmar Barrios lograron el combo para anular nuestra progresión.
Luego Luis Díaz siempre fue un dolor de cabeza para Nández y Duvan Zapata hizo el trabajo sucio de ganar pelotas aéreas cuando Colombia necesitaba juego directo.

Como resumen en cuanto a rendimientos individuales fue un desempeño regular salvo contadas excepciones:

Muslera tuvo el mejor nivel, y más parejo, de todo el plantel. En muchos momentos nos mantuvo en partido, atajando todas las que debía y siempre dando información a sus compañeros más cercanos al tener la vista total del campo. Una grata sorpresa verlo a ese nivel luego de su grave lesión (fractura de tibia y peroné a mediados del 2020).

Luego tuvimos momentos y destellos.
Nahitan Nández acoplándose al rol de lateral derecho, lo diferencial que fue Valverde mientras el físico se lo permitía, el primer tiempo con Paraguay de Nico De la Cruz y Giorgian De Arrascaeta más el segundo de Coates, algunos momentos de Vecino y Bentancur.
Y por sobre todo la aparición de Facundo Torres: el mediapunta de Peñarol demostró que puede cambiar partidos al más alto nivel. Por ahora no es capaz de producir durante muchos minutos, pero considerando su edad, su experiencia y la competencia que encuentra a nivel local; es una gran señal.
Claramente tiene cosas por mejorar (como el uso casi nulo de su pierna derecha), aunque eso va a ser algo que solucione con el tiempo, y probablemente, en el próximo club al que emigre en el corto/mediano plazo.

Volviendo a esa dualidad de “sentir” que nombraba antes, debo confesar que es lo más preocupante que nos deja esta Copa América. Cómo solucionar este “tire y afloje” para consensuar en una forma que nos permita ganar los partidos, así sumar puntos en las Eliminatorias (próxima fecha en Setiembre) que nos lleven a clasificar a Qatar 2022.

Clasificar y competir en el verdadero último baile. Porque en Diciembre de 2022 va a ser el fin de esta era en la Selección, va a ser cuándo los jugadores insignia del “Proceso” y el mismo Maestro Tabarez dejen su lugar a otros. Lo bueno es que a los jugadores que nos van a llevar adelante por los próximos 10 años ya los conocemos salvo alguna sorpresa, y están integrados al plantel actual en mayor o menor medida.

La gran incógnita es quién va a ser el que nos dirija hacia el futuro.


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