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La política y el fútbol nunca han sido personajes ajenos, su historia siempre va entrelazada más allá de los esfuerzos de la FIFA para que los Estados no se involucren en las federaciones nacionales.

Este caso es mucho más claro en Brasil. Por eso a días que se dispute la Copa América en ese país no tenemos claro cómo van a llegar a disputar el torneo. ¿Con técnico nuevo? ¿Con su plantel principal? Todo es incertidumbre.

Para entender lo que está pasando tenemos que ir atrás en el tiempo:

El primer paso en toda esta saga es cuando Conmebol decide retirar a Colombia como sede de la “Zona Norte” por la crisis social que atraviesa que llevó a hechos de violencia en las calles.
En un intento de salvar ese sede, se quiso dar la ilusión que nada pasaba jugando encuentros de Copa Libertadores pero lo único que se logró fue reafirmar que el país no estaba en el momento de recibir un torneo de fútbol.

Por unos días se queda en un limbo decidiendo dónde jugar. Chile, Ecuador y Venezuela presentan sus candidaturas; sumada a la opción elegida de jugar el torneo en su totalidad en Argentina.
Todo se vuelve a torcer cuando el Ministro del Interior, Eduardo de Pedro, confiesa públicamente que sería “muy difícil” lograrlo. Aproximadamente a los 10 minutos la Confederación le retira la organización.

Al día siguiente la Conmebol le pregunta a la CBF (Confederación Brasileña de Fútbol) si quieren que la Copa América se juegue en Brasil. La respuesta es positiva con la salvedad de que tienen que armar todo, aunque contando con la infraestructura que dejaron el Mundial 2014 y la Copa América 2019 no es problema.
Si obviamos que la situación sanitaria en ese país no es la óptima como para realizar un evento deportivo de esta magnitud, dado que el campeonato local y los torneos continentales de clubes se están realizando con normalidad, se puede comprender que se quiera seguir adelante con la Copa.
Pero la parte social tampoco da garantías: el día anterior al nombramiento hubo manifestaciones en Sao Paulo por cómo el gobierno está tratando la pandemia del COVID-19.
A las horas de la confirmación de Brasil como organizador los Estados de Pernambuco, Sao Paulo y Rio Grande do Sul declinan públicamente de ser sede.

El punto de quiebre es cuando esta protesta llega al círculo de los jugadores.
Entendiblemente descontentos con la situación, previo al partido de eliminatorias contra Ecuador, comienza el rumor de que un grupo de jugadores liderado por Casemiro (capitán del plantel) se va a rehusar de jugar la Copa. Ese grupo estaría integrado por Neymar, Thiago Silva, Marquinhos, Danilo y Alisson; todos jugadores titulares y gran renombre.
Esto es acompañado de una carta de FIFPro marcando una preocupación de que se juegue la Copa en Brasil dada su situación actual con la pandemia.

Tité, seleccionador, admite que conoce la postura de sus jugadores y como consecuencia a eso la CBF empieza a tramitar para pedirle la renuncia a su cargo, con la intención de nombrar a Renato (Gaúcho) Portaluppi en su lugar. Cabe recordar que en todo su tiempo a cargo solo perdió un partido oficial: cuartos de final en Rusia 2018 contra Bélgica.
Pero cuando estaba por darse esto, sale a la superficie una denuncia de abuso sexual por parte de una trabajadora de la confederación contra el presidente Rogerio Caboclo, lo cual cambió radicalmente el foco de la discusión.

A todo esto no lo ayudó que una parte del público comenzara a tildar a ese grupo de jugadores y a Tité de comunistas, apoyando su hipótesis sobre el entrenador en fotos de él con el ex presidente Lula da Silva

Avanzamos al viernes 4 de Junio: Brasil le gana 2-0 a Ecuador por eliminatorias. Casemiro en la entrevista post partido reafirma que la postura que tienen ya la conocen todos, es del plantel entero y que no pueden decirla públicamente para no acomodar a las autoridades. Además que prefieren esperar a después del partido contra Paraguay así tienen todo su foco puesto en Qatar 2022.
La calma reinó durante el sábado a la espera de lo que podría suceder el martes a la noche.

El domingo 6 es cuando explota todo: ante las amenazas de los sponsors principales de no seguir patrocinando a la selección, la CBF anuncia que Caboclo estará separado del cargo durante un mes mientras se investiga su denuncia. ¿Su interino? El coronel Antonio Carlos Nunes de Lima, un dirigente durante la dictadura brasileña que ya presidió la CBF entre los años 2017 y 2019.
Claramente hay un involucrado que maneja los hilos de todo este conflicto: Jair Bolsonaro.
El nombramiento de Nunes de Lima como interino no es ninguna casualidad, mientras en la prensa se vuelve a manejar la posibilidad de que Tité sea despedido cuando se extiende el rumor de que la CBF le prometió al Presidente que así iba a ser, acompañando este movimiento con la contratación de Renato Gaúcho quien públicamente apoyó la candidatura del actual mandatario.

A la espera de respuestas lo único que podemos afirmar es que el plantel principal y su entrenador están alineados, así que un despido de Tité aseguraría que Brasil no compita la Copa América con sus 26 seleccionados.


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