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Educación y Laicidad

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La educación es el sustento fundamental de una sociedad. De ella parten los valores sociales que se enseñan a los individuos en distintas etapas de su vida. El sistema educativo uruguayo se caracteriza por tres ejes esenciales: desde la reforma Vareliana en el año 1877, el Estado debe garantizar una educación laica, gratuita y obligatoria. Podríamos que las dos últimas características se cumplen en nuestro país: las escuelas públicas reciben a miles de niños cada año haciendo posible y necesaria su instrucción.

Si analizamos la primera característica, en cambio, nos encontraremos frente a algunos problemas. El primero de ellos es una discusión de base sobre el concepto de la palabra laicidad.

La laicidad se concreta definitivamente en Uruguay con la separación Iglesia-Estado en el año 1918, en el artículo 5 de nuestra Constitución que hoy en día sigue vigente. El concepto de laicidad puede adquirir diversos significados según el contexto, pero es claro que en la actualidad no se refleja únicamente en ausencia de ordenes religiosos en el ámbito educativo, si no que va más allá: se entiende también como el hecho de no condicionar de forma alguna el juicio, sobre todo de los alumnos.

Pero ¿Hasta qué punto la educación se encuentra libre de condicionamientos? La educación es un condicionamiento en sí, es la imposición de determinadas líneas de pensameinto y valores que nos forman como personas, con la finalidad de seguir las normas culturales y ser útil de esta forma para el mantenimiento de la sociedad toda. La clave está en que a nivel social establecemos un determinado parámetro de libertad permitida, que el Estado debe asegurar como tal.  Es por ello que la laicidad se refiere también a la no promoción ni intervención de ningún tipo de culto, fanatismo, o ideología que tenga el afán de adoctrinar a los alumnos: se debe promover una educación que asegure la libertad de pensamiento dentro de los parámetros sociales establecidos.

El segundo problema que tiene la laicidad en el Uruguay es el de las violaciones que se registran a la misma. En las últimas semanas hemos visto como ciertos grupos de personas, respaldados por gremios, sindicatos e incluso partidos políticos, se dedicaron a colgar carteles o pintar las paredes o pisos de las escuelas y liceos con frases como “No a la LUC”, “Falta presupuesto porque sobran milicos”, “Educar no LUCrar”, y más del estilo.

Parece claro que estas pancartas y pintadas, además de ser algunas ofensivas, no son meras expresiones de ideas, sino que son violatorias de la laicidad en cuanto hacen proselitismo y propaganda parcial para una o más causas en concreto que no representan a la totalidad de los estudiantes y funcionarios. Imaginemos por ejemplo, la cantidad de alumnos que no tienen una opinión completamente formada sobre los temas abarcados en dichas frases, y las ven todos los días al llegar a su centro educativo. O la cantidad de profesores y funcionarios que no concuerdan con lo expresado en las pinturas y carteles, y deben de igual forma pasar delante de ellas constantemente, sabiendo que no representan a la totalidad.

Los centros educativos deben permanecer completamente imparciales, y esto no es novedad introducida por esta nueva administración. En marzo del año pasado se dieron hechos similares tras la colocación de pancartas en los liceos en contra de reforma “Vivir sin miedo”. Estos sucesos derivaron en la justicia, donde el Juzgado Letrado de lo Contencioso Administrativo de primer turno ordeno a la Administración Nacional de Educación Pública retirar los carteles. Además, ordenó la prohibición de colocación de carteles similares en centros educativos.

Esto no quiere decir que los temas como la ley de presupuesto, la Ley de Urgente Consideración o la anterior Reforma no puedan ser discutidos en los centros educativos, siempre y cuando se dé una visión completa de los hechos y de las posturas relativas al tema. Tampoco quiere decir que los docentes y otros funcionarios no puedan expresar su opinión.  Pero el límite es claro y se encuentra en nuestro orden jurídico y en nuestra visión de la educación, que debe siempre respetar la laicidad.

Foto de portada: adhocFotos


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2 comentarios

  • Gustave
    Gustave

    Totalmente!! Basta de ideologías en la escuela, hasta cuando seguiran adoctrinando con el batllismo?? A no quejarse de lo que se ha predicado…

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  • Jorge Rodríguez
    Jorge Rodríguez

    La laicidad no admite ninguna injerencia en la enseñanza, Es una palabra con fuertes implicaciones en los ámbitos filosófico, político, social y religioso.
    La enseñanza como FUENTE DE CULTURA debe de ser OBJETIVA, la subjetividad crea “separación social” y atomización de la sociedad

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