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Crónicas de un adolescente en el sistema educativo

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Hace poco me puse a pensar sobre mi trayectoria educativa, sobre lo rápido que tuve que elegir qué quería ser “cuando sea grande”. En 2017 fui parte del 49.6% de egresados de Secundaria, porcentaje que aumentó a 50.4% en 2019. Me inscribí a una carrera y al finalizar el año me di cuenta que me había equivocado, deje la formación en pausa y me inscribí en facultad de ciencias sociales, mi “otra opción”.

Me fue difícil identificar qué quería estudiar, al igual que otros compañeros. Algunos desde pequeños lo saben, otros hasta se reciben de algo que jamás ejercerán. Pensando, me di cuenta que las trayectorias educativas de hoy no están acompañando un proceso tan diverso como lo es la adolescencia, y recordé un libro que quiero traer a colación “Mundos adolescentes y vértigo civilizatorio” de Marcelo Viñar (16 de Setiembre de 1936), Doctor en Medicina y Psicoanalista.

Marcelo Viñar, 2018

¿Qué es la adolescencia?:

Si hacemos una búsqueda rápida en Google sobre el significado de adolescencia nos da como resultado Período de la vida de la persona comprendido entre la aparición de la pubertad, que marca el final de la infancia, y el inicio de la edad adulta, momento en que se ha completado el desarrollo del organismo”. Una definición concreta, pero que no nos dice sobre la cuestión de fondo sobre el adolescente, el proceso.

Podemos decir en base a Viñar que la adolescencia es un tiempo de turbulencia e incertidumbre. La magnitud y el ritmo de los cambios tanto en la percepción del sí mismo como del mundo, tienen una intensidad importante en esta etapa del ciclo vital, equiparable con los tres primeros años de vida. El desarrollo del niño, que comienza en la vida intrauterina, es una etapa donde interactúa lo biológico con las experiencias ofrecidas por el mundo vincular y social donde se desarrolla y, cuando aparecen factores perjudiciales en cualquiera de estas áreas, puede haber una alteración de la evolución que se espera.

La adolescencia es un proceso de desarrollo a tomar en cuenta más como transformación que como crecimiento, porque este último sugiere una linealidad y transformación implica un proceso con logros, fracasos, retrocesos, un devenir problemático sin desenlace certero, y lograrlo implica un arduo trabajo psíquico y cultural; proceso que puede también estancarse y terminar en fracaso.

Debemos concebir a las adolescencias no como una entidad en sí misma, sino inmersa en el vértigo de un mundo que cambia a un ritmo desconocido hasta ahora en la historia de la humanidad.

Sabemos que la distancia entre generaciones es mayor que las de antaño. El contraste entre padres e hijos, abuelos y nietos es cada vez más grande, incluso en los valores y sensibilidades que modifican los parámetros que definen las cualidades del lazo social ente padres e hijos ha aumentado el perpetuo conflicto intergeneracional.

Citando a Viñar, la adolescencia “no es un objeto natural sino una construcción cultural”. Construcción que, además, está siendo modificada permanentemente por los tiempos vertiginosos que se viven. Asimismo, la adolescencia no es considerada solamente como un proceso madurativo, sino que es una etapa de transformación y creación, de duelo, donde también están implicadas las características del sujeto, su historia, y además debe ser pensada en “relación con el contexto donde se desarrolla y transita”.

El autor sostiene que “el cuerpo infantil que era auto percibido como familiar y en armonía, ahora se va a transformar paulatinamente en zona de enigmas e interrogaciones”. Entonces, van apareciendo sensaciones nuevas, temores, tentaciones, sobre las que el adolescente deberá hacerse cargo y, algunas veces, hasta improvisar; sobre todo cuando lo materno o lo paterno no jugó un papel preponderante en la estructura psíquica en la infancia.

Viñar afirma que en la adolescencia se produce un proceso de reapropiación identitaria, donde se traman los proyectos de vida y los dilemas de vocación. Es un proceso largo y con dificultades, donde se mezcla la lucidez con la fantasía propia del proceso adolescente, proceso con idas y vueltas, subidas y bajadas. Puede que este proceso se reitere  lo largo de la vida del ser humano, pero en la adolescencia ocurre por primera vez, en este momento prevalece la anomia, donde nadie es nadie para nadie.

Nuestro mundo:

Referido a los dilemas de vocación y al contexto social donde se desarrolla el adolescente, quiero traer el concepto de modernidad líquida de Zygmunt Bauman. Para el filósofo, la modernidad líquida es un período de constante cambio, en el que se produce una “dessolidificación” de las estructuras sociales, provocando cambios en los vínculos, algo así como ser adolescente.

La modernidad líquida es una caracterización de las sociedades actuales, desarrolladas como continuación de la modernidad en lugar de como pasaje a una nueva era enunciada como posmodernidad. De nuevo, el mundo parece estar transitando una adolescencia.

Para Bauman, la modernidad líquida es como si la posibilidad de una modernidad fructífera y verdadera se nos escapara de las manos como agua entre los dedos, y una de las expresiones más visibles es la de individualización. Se produce una disolución del sentido de pertenencia social del ser humano para dar paso a una marcada individualidad.

Esta individualización generalizada del individuo, acompañada de un descompromiso es el resultado de las nuevas técnicas de poder, que desintegran la trama social y desmoronan las agencias de acción colectiva. Esta generación de individuos tiene la característica de estar cada vez más solos, aun estando más comunicados, pero compartiendo estando solos (a través de la tecnología) y siendo nómades.

Entonces, tenemos por un lado un sistema educativo que en momento donde se producen más cambios en el individuo, la adolescencia, le pide que elija en qué quiere especializarse, imponiéndole asignaturas y programas de estudio sin posibilidad de transitar su propia trayectoria educativa. Además, el individuo transita los cambios en una sociedad que los hiperindividualiza, los bombardea de información, los conecta y aísla al mismo tiempo, y donde el mercado laboral gracias a la automatización de tareas mediante nuevas tecnologías, necesita a individuos más especializados. Pero, las adolescencias y el mundo actual no son dos temas yuxtapuestos, sino distintas ramas de un mismo árbol que se entrecruzan atravesando problemas.

Marcelo Viñar nos habla de tomar conciencia del ingreso a la vida adulta, de un sentimiento propio de futuro como horizonte y proyecto, “de querer cambiar el mundo” y dejar su propia marca en la tierra. Es un momento crucial del individuo, y como mencioné anteriormente, el contexto donde se transita esta etapa de la vida, y los primeros años de vida son claves para un buen desarrollo adolescente.

Finalizando, para el adolescentólogo francés Philippe Jeammet el ser adolescente es el vivo  reflejo de la sociedad, y si en el mundo hay problemas, ser adolescente también es un problema. Como dice el dicho, no podemos poner “la carreta delante de los bueyes”, si buscamos que las personas transiten su adolescencia de la mejor manera, debemos hacer cambios en la sociedad, cambios en la educación, cambios en las formas de relacionamiento, sino todo seguirá igual, y el mundo se llevará por delante a su futuro, los jóvenes de hoy.


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