Los Ruidos de la Democracia

Los Ruidos de la Democracia

Uno de los acontecimientos políticos de la semana ha sido la comparecencia al Senado del Ministro del Interior, Luis Alberto Heber, esto en régimen de Comisión General y convocado por el Frente Amplio, para tratar temas referidos a su actual gestión. Los resultados y conclusiones de la convocatoria son públicos y diversos. Cada persona, político y partido saca sus cuentas y hace sus críticas, sus reivindicaciones, etc. Como ha sido de forma ininterrumpida desde hace 37 años.

Desde hace un tiempo, después de este tipo de jornadas parlamentarias, se me ha hecho costumbre leer en distintas redes sociales, ciertos ataques de personas e inclusive de políticos al Parlamento. He descubierto también que no es algo que únicamente pasa en el Uruguay, sino que en otros países sucede lo mismo y surge como una reacción ante el ruido de los debates.

En lo que respecta a los Partidos Políticos, tanto oficialismo como oposición y ese afán por adjudicarle al otro ciertas culpas de forma permanentemente, creo que no habla mal del Parlamento como institución y de forma conceptual, sino de sus miembros, que más allá de que son quienes integran el Parlamento, son inquilinos de sus respectivas bancas por cinco años. Es decir, el problema no es de los sistemas de representación e inclusive tampoco de los partidos políticos como instituciones, sino que, en todo caso, será de sus respectivas conducciones. No podemos atacar al Parlamento por no ser ejecutivo, por ejemplo, cuando por naturaleza no es un poder ejecutivo y dentro de sus facultades pocas son ejecutivas. Tampoco se puede atacar a los partidos políticos por tener opiniones distintas entre sí, buscando la supresión de estos. No esbozo que el Parlamento es intocable en lo que respecta a sus métodos parlamentarios, muchas cosas pueden ser modificables, siempre y cuando la modificación sea valedera y no un mero impulso simplista y populista.

La democracia no es perfecta, tampoco -por suerte- dogmática y puede tener defectos. Aun así, es la forma de organización de gobierno que se acerca más a la perfección en lo que respecta a garantías y libertades. Esto último lo hemos escuchado un montón de veces y no es un relato ficticio. Planteándolo de otra forma: exceptuando la democracia, todo lo demás es peor -decía Vaz Ferreira-. De hecho, la mayoría de las críticas que se le hace a la democracia quedan truncas por el argumento anterior. La democracia liberal puede tener defectos y para enmendarlos, se proponen ‘‘otras democracias’’ como la llamada democracia diferente, democracia popular, democracia autoritaria u otros supuestos ‘‘tipos de democracia’’ que en realidad no existen y si de alguna manera llegasen a existir, más bien son formas degradantes de la democracia que poco tienen que ver con la democracia en sí y tienen intenciones maquilladas. Mejor sería si se busca enmendar los defectos de la democracia sin tratar de derribarla.

La democracia que gozamos tiene un ruido, o quizá, mejor expresado, tiene varios ruidos. Es en momentos como este, después de una comparecencia de un Ministro al Parlamento, cuando hay acuerdos, desacuerdos y disidencias, es cuando el ruido de la democracia se puede acrecentar en el debate público y este se puede tornar molesto para algunas personas. Más cuando son temas delicados o de interés general. Estas situaciones originan de forma colateral un suelo fértil para algunos políticos y/o personas, que bien despabilados, lo utilizan llevar agua a su molino. Imaginémoslo con la ayuda de un formato todavía en auge y simple de entender: las tertulias. En la misma habrá varios tertulianos, tanto de profesión como políticos o periodistas y en la mesa un tópico que está en discusión. Estos difieren entre sí, lo cual es válido y comienzan a hablar uno arriba del otro -obviando toda regla de orden y de respeto que los Parlamentos tienen- generando un bullicio, un ruido inentendible, insoportable y para nada placentero. Este ruido se puede asimilar a cuando se prende la televisión y el volumen había quedado muy alto de la última vez que se la utilizó, entonces el ruido puede molestar y darnos, hablando mal y pronto, una especie de ‘‘histeria’’ momentánea que nos incita a apagar el aparato o bajar el volumen.

Como nos dice la escritora estadounidense-polaca Anne Applebaum, ‘‘con frecuencia, las personas se sienten atraídas por las ideas autoritarias porque les molesta la complejidad. Les disgusta la división; prefieren la unidad. Y, por lo tanto, una repentina avalancha de diversidad —diversidad de opiniones, diversidad de experiencias…— les enfada. Entonces buscan soluciones en un nuevo lenguaje político que las haga sentir más seguras y protegidas. (…) ‘‘El ruido de los debates, el constante rumor del desacuerdo, pueden irritar a aquellas personas que prefieren vivir en una sociedad unida por un solo relato’’.

Los ruidos de la democracia son diversos y que existan está bien. Cuando se tratan temas ‘‘polémicos’’ o de gran interés general, el bullicio puede -no necesariamente tiene que pasar- crecer y hacer que nos encontremos en un panorama complicado. De igual manera, bajar la pelota al piso, sin quitarle importancia a los temas, puede servir para seguir adelante en una convivencia democrática. Cuando se tratan otros tipos de temas, quizá los debates no se tornan con tantos estruendos, pero no dejan de ser debates, lo cual es lo importante. Poder fomentar la tolerancia para poder sentirnos orgullosos de ser tolerantes aun en la disidencia. Eso es una de las tantas expresiones de democracia. Por otro lado, si deberíamos de tomar recaudos e inclusive asustarnos cuando no existan más ruidos, cuando todo sea silencio o solo haya una voz, porque allí ya no habría democracia. Negar estos ruidos, cancelándolos y ofreciendo una solución simplista, es peligroso. Es negar el pluralismo.

Si no hay consenso o políticas de Estado referidas a la seguridad, lo que sí es más razonable hacer, es exigirle respuestas al sistema político y sus actores. Eso siempre.

Basta de ensuciar la ciudad

Basta de ensuciar la ciudad

Escribo estas líneas bajo la necesidad de reflexionar sobre un problema que nos atañe a todos, tanto a los que militamos por el No como a los que lo hicieron por el Sí en el pasado reférendum.

En noviembre de 2020, ocupando una banca como edil departamental de Montevideo, por la oposición de gobierno y como Batllista elevé un proyecto de decreto para que se considerara la incorporación a la normativa de una medida que combatiera eficientemente la contaminación visual y el deterioro ambiental y de higiene que representan las cartelerías callejeras y pintadas políticas, características de las campañas electorales.

Mi propuesta consistía en impulsar la colocación de estructuras de carácter transitorio que sirvieran como soporte de publicidades partidarias, impidiendo explícitamente que se pintaran columnas y muros con mensajes de propaganda política, así como que se colgaran plásticos impresos de árboles y columnas de alumbrado.Es una práctica en la que incurren todos los partidos políticos, lo que sin duda pone en cuestión su eficacia publicitaria y, por el contrario, termina atiborrando la ciudad de materiales visuales inconexos y antiestéticos, muchos de los cuales, además, por tratarse de productos plásticos, impactan negativamente en el ambiente.

La matriz conservadora de muchos (más especialmente de aquellos que paradójicamente se definen como “progresistas”) califica a esta iniciativa como inviable, y no es casual que mi proyecto haya quedado encajonado en el pasado período y en este, por una Junta Departamental de mayoría frenteamplista. Sin embargo, la experiencia de este referéndum por la LUC, donde vimos un abuso desquiciado de esa práctica, con columnas que un día estaban pintadas de rosado, al día siguiente de celeste y al otro nuevamente de rosado, pone de manifiesto su absoluta inutilidad, el catastrófico malgasto de dinero en el que incurren los sectores políticos y una aberrante contaminación visual, que afecta tanto a Montevideo como a muchas localidades del interior.

Foto: Javier Calvelo/ adhocFOTOS

El sistema político debería tener la madurez de asumir que no se puede deteriorar de un modo tan lamentable el paisaje urbano. Es curioso, porque las pintadas de muros públicos, espacios abandonados, árboles y columnas está penada en la ley de faltas, pero nadie la aplica cuando llega el momento de contaminar a la ciudad con mensajes electorales. La mugre descontrolada de columneras y pasacalles mal atados o rotos, que en un mismo emplazamiento pueden contarse por decenas, lejos de ser útil como motivadora de la elección del ciudadano, lo más seguro es que lo aleje de la política, haciéndole desear que la discusión pública se termine de una vez, en lugar de lo contrario, estimular el ánimo de que el debate esté siempre presente para el fortalecimiento de nuestra cultura cívica.

Para colmo, ni siquiera se puede hablar de que la vandalización del paisaje tenga sentido por tratarse de un medio barato al que recurrir para expresar ideas. Hoy ese rol lo ocupan las redes sociales, donde cualquier persona puede llegar a todo el electorado a través de publicaciones que se hacen en un entorno ordenado y reglado, gratuitas o con muy bajas inversiones de dinero, cuando se quiere patrocinarlas.

Para la elección de 1971, el Frente Amplio había incurrido en la práctica de pintar franjas horizontales rojas, azules y blancas, como su bandera, en los troncos de los árboles (los cánticos de los partidos tradicionales recordaban a la coalición de izquierda, paródicamente, que “los árboles no votan”). Hoy a nadie se le ocurriría hacer esa salvajada, que es de un impacto antiecológico evidente. Pero nada decimos de la saturación de plásticos en las calles y del afeamiento general de las ciudades, con pintadas de dudoso gusto que ni siquiera duran mucho.

Llegó la hora de madurar como sociedad y reglar este fenómeno, lo que en última instancia redundará también a favor de los sectores políticos. En aquella minuta de trabajo propusimos que, como en otras ciudades del mundo, los gobiernos departamentales emplacen soportes de publicidad exterior transitorios que puedan ser usados por los militantes en base a criterios igualitarios de asignación, como por ejemplo mecanismos de sorteo público. Asimismo, los sectores partidarios deberían pagar un canon accesible por el derecho a su uso, previendo en contrapartida multas y sanciones para aquellos que incurran en intervenciones no autorizadas sobre el paisaje urbano.

Quienes trabajamos en política aspiramos siempre a generar medidas que promuevan el bien común. Resulta paradójico que en este tema, postulemos un “todo vale” donde se afean las ciudades y se malgastan recursos. Deberíamos ser los primeros en dar el ejemplo.

Una Sindicalista por fuera de los Cohesionadores

Una Sindicalista por fuera de los Cohesionadores

En mis tiempos de edil departamental, tuve un contacto frecuente con la secretaria general de Adeom, Valeria Ripoll. Allí aprendí a respetar su dedicación a las causas gremiales, así como su total independencia de ataduras partidarias e ideológicas.

Le tocaba (y aún le toca) estar en la vereda de enfrente del gobierno departamental frenteamplista, pero eso no la hacía ni la hace caer en vínculos facilistas con quienes creen tener el monopolio de las adhesiones de los trabajadores.

En los últimos tiempos, Valeria ha estado más presente que de costumbre en la agenda pública. No solo porque se integró al panel del programa Esta boca es mía, de canal 12, lo que significa una alta exposición, sino por el cariz de muchas de sus declaraciones.

Hoy más que nunca hace gala de una independencia de criterio que escapa a la lógica binaria de los “Cohesionadores”, que son tan afecto a los extremos de uno y otro signo político. Que lo haga desde un sindicato tan combativo como el de Adeom es doble mérito, porque marca una honestidad intelectual bienvenida y poco frecuente en la mayoría de los dirigentes de la central sindical.

Cuando la invitaron al programa televisivo, muchos quisieron encasillarla rápidamente en el rol de militante frenteamplista, algo que ella aclaró desde el principio: que detesta el conflicto entre “fachos” y “focas” y que no se siente representada por ningunas de esas hinchadas irreflexivas y fanáticas.En cierta forma, con ello Valeria revive el espíritu de la tradicional bancada bicameral femenina que, ininterrumpidamente desde el retorno a la democracia en 1985, ha trabajado en forma conjunta, más allá de partidos, en la búsqueda de soluciones largamente postergadas por el machismo sistémico imperante.

Hace menos de un mes, Valeria Ripoll se levantó con vehemencia contra la decisión apresurada y avasalladora del Pit-Cnt de apropiarse de las movilizaciones del Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo, haciendo coincidir esa fecha con la de un paro general contra el gobierno y la LUC. (Hay que reconocer que connotadas dirigentes de la Intersocial Feminista demostraron una entusiasmante independencia de criterio al enfrentarse a ese dictamen de la cúpula sindical.

La dirigente Soledad González lo declaró en forma más que elocuente al diario El Observador: “La marcha más grande del Uruguay es aplastada por la central sindical. La limitación del derecho a movilizarnos nos la impone la central y no la LUC”.

En esa línea de rigor intelectual e independencia de lazos partidistas, Valeria Ripoll también se ha manifestado francamente contraria al uso y abuso del agravio al gobierno por parte de las murgas “compañeras”.Como toda persona que vibra con la cultura popular, admite que una cosa es la sátira política, siempre bienvenida, y otra muy distinta el insulto destructivo y gratuito, como los de la murga que se ríe de la muerte de Jorge Larrañaga, o la que califica a autoridades de gobierno y periodistas de “soretes” y “basuras”.

Sin duda en esto Valeria se ha convertido en portavoz de una gran cantidad de ciudadanos que adhieren a la cultura popular carnavalera, pero que no se tragan este uso malintencionado y tendencioso de la fiesta.

Otro hecho reciente en que Valeria estuvo en el ojo de la tormenta, fue una polémica a través de las redes sociales que mantuvo con el también dirigente de Adeom Álvaro Soto, quien en plan de insultarla por su protesta por el uso político del 8M, la trató de “reina de los ignorantes” y la acusó de “haber vendido el alma al diablo”.

Con violencia inusitada, muy típica del machismo dominante, el execrable individuo dijo que “el lumpenaje femenino se sube a lo que sea para hacerse de un lugar en el mundo machista del poder”.

No existe reflejo más machista que atribuir la opinión libre y responsable de una mujer a un “lumpenaje”, como si solo fueran dignas de respeto las creencias de quien formula ese insulto. Demostrando además su patética incultura, Soto citó al “Fausto de Ghete” (¡habrá querido escribir Goethe!). Con inteligencia y sin caer tan bajo, Valeria le recomendó a su interlocutor una consulta psicológica: “te recomiendo comprarte una vida, ¡yo amo la mía!”.

Lo hemos dicho en más de una oportunidad: es difícil ser mujer en una actividad, como la política y sindical, donde todavía existen hombres que naturalizan la violencia de género y un falso sentido de superioridad.

La lucha de Valeria Ripoll es también nuestra lucha: derrotar los estereotipos y pelear duramente en la reivindicación de nuestros derechos ciudadanos, con justicia y equidad.

Escrutinio Primario

Escrutinio Primario

Escrutinio Primario: NO 49,9%, SÍ 48,8%, votos en blanco 1,3%.

El pasado 27 de febrero se realizó el Referéndum contra los 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración.

Con el 100% de los circuitos escrutados, los resultados del escrutinio primero disponibles en la página de la Corte Electoral nos indican que la cantidad de votantes fue de 2.299.202 de 2.684.131 habilitados.

La cantidad de votos para el “Sí” fue de 1.065.001 votos, mientras que la cantidad de votos para el “NO” fue de 1.087.557 votos.

La cantidad de hojas de votación anuladas fue de 81.817 mientras que los votos en blanco fueron 28.747.

Los votos observados fueron 36.080. Pese a que los resultados son parejos, el “Sí” no llegará al porcentaje necesario para derogar los 135 artículos de la LUC.

Una verdad en “Afiches”. Breve reflexión sobre la campaña.

Una verdad en “Afiches”. Breve reflexión sobre la campaña.

“Cruel en el cartel, / la propaganda manda cruel en el cartel / y en el fetiche de un afiche de papel / se vende la ilusión, / se rifa el corazón…”

Resulta curiosa la relación que podemos establecer entre estos versos, extracto de la letra del tango “Afiches”, de Homero Expósito, y las conclusiones que nos deja el desarrollo de la campaña por el referéndum sobre la Ley de Urgente Consideración en vísperas de dicho acto cívico.

Desde la recolección de firmas encabezada por el PIT-CNT y el Frente Amplio, con el objetivo de derogar los 135 artículos de la LUC cuestionados, se ha mantenido una triste constante en el desarrollo de esta campaña, agravada al acercarse los días finales de esta: el engaño.

El engaño a la población, la información falsa difundida mediante la propaganda con el fin de manipular la voluntad de los votantes, apelando a generar rechazo hacia la gravedad exagerada, en ocasiones inexistente, en los cambios que el oficialismo ha querido legislar en respuesta a los problemas que no fueron resueltos en tres periodos de gobierno frenteamplista. 

Resultaría en una disuasoria e innecesaria hipocresía afirmar que la mentira ha sido un recurso desafortunado que solo ha empleado la oposición, cuando es cierto que desde el gobierno y sus simpatizantes esta también ha sido un usual; aunque también se debe mencionar, y es comprobable, que en menor magnitud que sus detractores. Esto ha provocado que gran parte de la campaña realizada desde el oficialismo se haya tratado de desmentir las falacias de la oposición, y ahí está el problema. La campaña por el referéndum ha tenido al debate de ideas como un actor secundario, al que no se ha apelado cuanto se ha debido, primando sobre él la confrontación de asuntos tales como: la desinformación y su precisa corrección, los ataques personales y la respectiva defensa del aludido, los intereses partidarios y los intereses nacionales, que ante todos, deberían predominar.

También nos deja la campaña una serie de violaciones a la laicidad y episodios de proselitismo en centros educativos y empresas públicas, que no han tenido la repercusión que corresponde a semejantes faltas cometidas contra los principios de nuestras instituciones, faltas que ameritan una mayor indignación en la población.

Lo anteriormente mencionado demuestra una triste realidad: la política y muchos de sus actores han perdido credibilidad y la vocación su prestigio, aún más, dentro del contexto de merma generalizada de valores, crédito y honra en el servicio público, que lleva ocurriendo desde mediados del siglo XX. 

Se falta el respeto al pueblo creyéndolo ignorante, se intenta manipularlo en vez de fomentar en él las virtudes del civismo, la responsabilidad y la moral. Se apela a pasiones partidarias y discursos contradictorios para dirigir la opinión pública hacia el camino deseado, sin detenerse un segundo siquiera, a pensar si la senda elegida es la que nos lleve a la satisfacción y al bienestar de todos.

Una herramienta democrática como el Referéndum, que coloca a la gente en el papel de legislador que otorgaron a sus representantes, que le da al pueblo un importante atril desde el que expresarse en el gobierno del Estado al que pertenecen, ha sido el encargado de exponer la decadencia de nuestra democracia, que tanto sabemos presumir y que tan poco nos esforzamos por cuidar del populismo y la demagogia.

¡La Lista 1 volvió a la cancha!

¡La Lista 1 volvió a la cancha!

No se podría concebir la historia política del Departamento de Salto si no se tiene en cuenta a la Departamental José Batlle y Ordoñez, a la Lista 1, que ha sido y seguirá siendo un actor importante dentro de la política debido a la enorme trayectoria que le precede y los grandes dirigentes que la transcurrieron.

Es que muchas son las razones para catalogar a la Lista 1 como histórica y gloriosa. En primer lugar, tiene una historia de grandes dirigentes con gran peso político e histórico para Salto que catapultaron el desarrollo del Departamento al actual siglo, debido a la significancia de sus obras en lo que respecta a la infraesturctura, impulsando a Salto como una ciudad moderna y organizada. También por los grandes avances educativos que elevaron el valor y la intelectualidad de los salteños y de la región. Todos y cada uno de los dirigentes de la Lista 1 fueron reconocidos y aprobados de manera positiva por la ciudadanía salteña, tanto por sus gestiones como por su personalidad.

Desde el Arq. Armando Inocencio Barbieri a Ramón J. Vinci, posteriormente al Esc. Eduardo Malaquina; a los Diputados Raúl Ferro, Juan Carlos Fa Robaina, Dr. Luis Batlle Bertolini; todos marcados por una excelentísima vocación de servicio a la comunidad y siempre teniendo al Departamento de Salto como prioridad.   

Hoy por hoy la Lista 1 se encuentra en estado de reconstrucción. En los últimos años se vio apartada del espectro político, teniendo varias razones para ello, pero nunca dejando de pertenecer al Partido Colorado, ni negociando sus ideas y principios.

Se han reencontrado nuevamente aquellos dirigentes que supieron integrar la Lista 1, para así buscar que esta histórica lista vuelva a la cancha, empezando por formar un Comité Ejecutivo con intención de retomar la actividad política y además plantearse el camino para lograr que la lista se posicione. En primer término, se busca una renovación generacional acercando a los jóvenes para que tomen la posta de la Lista en un plazo mediano-corto.

Y es gracias a esto es donde comienza mi reciente historia en la Lista 1. Me vi encontrándome con dos dirigentes, siendo uno de ellos Dr. Luis Batlle Bertolini y ex-Edil José Antonio Cardozo, quienes me plantearon comenzar a trabajar para la Lista 1. Ha decir verdad, como joven y como Colorado me sentí muy contento por la oportunidad, dado que no integraba ninguna agrupación activamente y esta era la chance de empezar de cero en la militancia, ni más ni menos que en una agrupación histórica. Así que sin gran meditación previa acepté la oportunidad y a la semana ya estaba reunido por primera vez con el Comité Ejecutivo de la Lista 1, siendo esta una instancia que me marcó mucho principalmente por dos cosas: la Casa de la Departamental Batlle y Ordóñez que con el simple hecho de entrar en ella me generó euforia y respeto, tanto por su arquitectura, sus simbolismos, los muebles, ¡todo! Era verdad lo que me habían contado, allí se respira historia. También quedé encantado por el funcionamiento del Comité Ejecutivo, teniendo las sesiones Presidente, orden del día, secretario de actas, etc. Y es que en verdad nunca había visto funcionar de esa forma a ninguna agrupación. De esa forma era que se manejaban los asuntos de gran importancia en aquellas épocas de auge y gobierno de la Lista 1, con todos los grandes dirigentes sentados en las mismas sillas que hoy estaba yo. Por supuesto que si bien es una manera bastante estructurada de funcionar es verdad que es una forma muy organizada de poner en cuestión los temas de importancia para la Lista 1.

Departamental Batlle y Ordóñez – Lista 1

De esas reuniones con el Comité Ejecutivo salieron varias cosas, como la necesidad de que se conforme una nueva agrupación dentro de la misma Lista 1, pero siendo esta vez una agrupación integrada por jóvenes, con la libertad de actuar y de trabajar, acorde a los tiempos modernos. Se podría decir que quienes estábamos en aquel momento era, José Antonio Cardozo, quien me ayudó mucho a entender el funcionar de la lista; Marcelo Malaquina, hijo del tres veces Intendente Eduardo Malaquina; y yo.

No sólo es importante la motivación del grupo, sino también la opinión de los demás, tanto militantes, Colorados de a pie y actuales dirigentes. Es por ello que pudimos reunirnos con personalidades como Tabaré Hackembruch, Gabriel Gúrmendez y el actual Secretario General del Partido Colorado, Presidente Julio María Sanguinetti. Cada uno de ellos nos impulsaron, pudiendo nosotros confirmar nuestra convicción y ganas de salir a la cancha.

Primer acto en defensa de la LUC.

Hoy es tiempo de defensa de la LUC. Es por ello que la primera gran actividad de todo el Departamento de Salto sobre la LUC fue organizado por la Lista 1. Fue el 20 de noviembre del pasado año, en la mismísima Departamental Batlle y Ordoñez de la calle Joaquín Suarez N°37, en la que habló la Dra. Blanca Hackembruch. Teniendo paralelamente el primer acercamiento de varios jóvenes que posteriormente iban a integrar la actual Agrupación Renovación Joven de la Lista 1 y hoy son parte.

Aquel fue el punto de partida, desde allí íbamos a trabajar de forma muy comprometida y en conjunto con el Comité Ejecutivo de la Lista 1, para repensar la campaña por la NO derogación de los 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración puestos en cuestión. Y lo que puedo decir es que entre jóvenes y mayores comulgamos el mismo idioma de entendimiento generacional. Había que realizar una gran campaña por el NO dado que la LUC favorecía a la ciudadanía y perderla es un gran retroceso. Por ello empezamos haciendo la campaña por redes sociales y radio, junto con la campaña más importante que es con la gente.

De la voluntad de los dirigentes con mas experiencia es que nació el apoyo a la juventud que se estaba formando. Marcelo Malaquina como figura importante para los jóvenes, fue quién tomo las riendas de la campaña de la juventud, pero también fueron apareciendo otras figuras jóvenes como Matías Aranguren, Ignacio Falcón y Inés Castro quienes han contribuido de gran manera. Todo esto ha funcionado porque se nos ha brindado libertades e independencia, pudiendo así los jóvenes trabajar libremente tanto en las redes sociales, como en las charlas con los vecinos, la implementación de carteles en la ciudad y demás temas.

Marcelo Malaquina sobre el Derecho a huelga y la Ley de Urgente Consideración.

Gracias a esa libertad e independencia para trabajar, que marcó el rumbo, se empezaron a sumar más jóvenes motivados por la campaña de redes sociales, videos explicando los puntos más importantes de la LUC y principalmente por la visión de que se está formando una juventud trabajadora. Empezamos siendo tres y se fueron sumando más jóvenes, al punto de que en la primera pintada de carteles éramos siete y en la última reunión diecinueve. Esto en menos de dos meses.

Para una lista que está en proceso de reactivación, ha transcendido públicamente el hecho de que la Lista 1 está de vuelta, pero no sola, sino con una estupenda camada de jóvenes trabajadores y comprometidos con el Departamento, con el Partido y con sus propios destinos, que han logrado poner a la Lista 1 de nuevo en el mundo político.

El Revólver de Tarigo

El Revólver de Tarigo

Esta vez será de mi autoría, principalmente, la intención de compartir la siguiente alocución y no el texto predominante: el discurso del Dr. Enrique Tarigo en la 5ª Sesión Ordinaria de la Cámara de Senadores celebrada el 5 de Marzo de 1985. El mismo fue parte de la primera sesión de la CCS que Tarigo presidió y por tanto convirtiéndose de forma efectiva en Presidente del Senado.

Acto del Obelisco – 1983

Por supuesto que para entender mejor el discurso de Tarigo es necesario ponerse en el contexto y en los pormenores que el Uruguay vivía en aquel entonces -por lo menos en líneas muy generales pero teniendo siempre presente que es mejor interiorizarse lo más posible para no caer en burdos simplismos-. 1985. Las elecciones ya habían arrojado sus resultados el pasado año siendo el Dr. Julio María Sanguinetti quien democráticamente se convirtió en Presidente de la República y el Dr. Enrique Ernesto Tarigo en Vicepresidente. Pero no sólo eso: más allá de la alegría por la vuelta de la democracia, el ambiente por momentos se ponía algo candente aún habiéndose celebrado exitosamente elecciones democráticas en la que los ciudadanos tuvieron el derecho de participar -aunque habiendo políticos proscriptos de todos los partidos-. Existían ciertos temas que necesitaban solucionarse lo más rápido posible tanto a nivel ejecutivo como legislativo; la deuda externa, la situación bancaria, entre varios, pero siendo lo principal la vuelta y el afianzamiento de la democracia después de 12 años de dictadura cívico-militar. El Uruguay era un país aislado y sin prestigio internacional, en donde iluminados auto-proclamados gobernantes y embriagados en poder habían sostenido por varios años que ellos debían gobernar, los trabajadores ir a trabajar y los estudiantes ir a estudiar, sin ninguno de estos dos últimos poder emitir opinión alguna sobre la vida política del momento. El Cambio en Paz y la reconciliación de la sociedad uruguaya era el gran desafío y poner todo esto en marcha era complicado, pero no imposible y así quedó demostrado hasta nuestros días.

Tarigo parlamenta institucionalmente sobre la coyuntura que el país vivió tanto en el pasado como en el momento exacto en que expresaba estas palabras y también se anima a mirar a futuro dentro de la legislatura de los dos cuerpos de los cuales él sería responsable por cinco años, sin condicionar su funcionamiento futuro pero si dejando cosas claras: él no iba a claudicar. Quizá inspirado en Baltasar Brum, Tarigo sabe que hay acciones que son no para decirse, sino para hacerse, pero aún así entiende oportuno el momento para demostrar la magnitud e importancia de la prevalencia y valor de la democracia, el estado de Derecho y la institucionalidad. Por allí va su alocución.

Este texto es de mi agrado, de hecho hace unos años lo transcribí completo en mi Olivetti. Espero que a el lector, al conocer el texto -o releerlo-, también se le vuelva de su agrado.

SEÑOR PRESIDENTE. – Habiendo número, está abierta la Sesión.

(Es la hora 17 y 14 minutos).

-Pienso que sin que sea necesario someterlo a votación, tendrán ustedes la amabilidad de permitirme expresar unas breves palabras preliminares en el acto en que me incorporo realmente a la Presidencia del Senado.

La peculiaridad de nuestro sistema constitucional determina que en una misma persona y por decisión de la voluntad soberana de la nación, deban coexistir las validades de Vicepresidente de la República, de Presidente de la Asamblea General y de Presidente del Senado. Esto hace que me incorpore hoy a este alto Cuerpo, cuando éste ya está integrado y en funcionamiento.

La de hoy es, entonces, una sesión de trabajo y no una sesión inaugural, rodeada de la correspondiente solemnidad. De cualquier modo, siento que es mi deber -y le ruego a ustedes me permitan cumplirlo- pronunciar unas breves palabras para apuntar tres o cuatro ideas sin cuya expresión siento que no podría realmente integrarme a esta Cámara y ocupar en ella tan alto sitial.

Esa peculiaridad institucional determina que ya sea, de aquí en adelante y por un quinquenio, un parlamentario. Y en medio de todo este ajetreo post-electoral durante el cual me integré en las oficinas del Gobierno electo y durante el cual colaboré estrechamente en el examen de algunas de las diversas cuestiones que el Presidente electo y sus colaboradores debían resolver antes del 1º de marzo, he podido meditar más de una vez, en ésta mi entonces futura y ya actual condición principal de Parlamentario.

Expresé el viernes pasado, ante la Asamblea General, que me comprometía por mi honor a desempeñar lealmente el cargo que se me había confiado y a guardar y defender la Constitución de la República.

Quiero agregar hoy, fuera ya de la fórmula constitucional estricta, pero confirmándola y ante esta rama del Parlamento, de este Parlamento que ha sido el primero en instalarse legítimamente luego del que fuera disuelto por la prepotencia de la fuerza, que ese empeño por el que he comprometido mi honor, habré de cumplirlo hasta sus últimas consecuencias.

No deseo hacer grandes frases ante una hipótesis que durante tanto tiempo pareció inimaginable en el país pero que, desgraciadamente, hace dos años fue una realidad dolorosa.

Quiero decir, simplemente, en mi calidad de Presidente de estos dos cuerpos legislativos, que si un día -Dios no lo quiera así-, la prepotencia de la fuerza se alzara nuevamente contra ellos habré de defender su dignidad y con ella la Constitución de la República con un arma en la mano y no habré de salir de este recinto sino muerto.

En el día de hoy he guardado, en un cajón del escritorio de la Presidencia del Senado, un revólver y una pequeña caja de balas; un revólver que debí adquirir hace ya muchos años, catorce o quince años, cuando las autoridades policiales de la época -antes del golpe de estado- me informaron del hallazgo, en uno de aquellos escondites, que en su época se denominaban “Berretines”, de una serie de datos sobre mi persona, mi domicilio, mi cargo de abogado de una institución a la que he tenido el honor de prestar mi asesoramiento durante muchos años, antes y después de aquel episodio, y que hacían temer la posibilidad de la preparación de un atentado contra mi persona; un revólver y una pequeña caja de balas que, felizmente, jamás tuve necesidad de utilizar.

Naturalmente, no se me escapa que esos instrumentos habrán de ser absolutamente ineficaces contra el malón, si éste se desatara, alguna vez en este quinquenio, contra las instituciones.

Pero quiero afirmar, sí, que ese revólver y esas pocas balas, la última de las cuales dispararé contra mi mismo, estarán destinados a ser la última defensa, si no de la integridad, si de la dignidad republicana, democrática y representativa el Parlamento Nacional.

Comprendo perfectamente que estas son cosas no para decirse, sino para hacerse.

Pero creo que en la especial coyuntura que vive el país no está mal que se digan también. Y tengan ustedes la certidumbre absoluta de que, si el caso se diera, habré de ajustar mis actos a mis dichos.

James Goldschmidt -un procesalista eminente que debió emigrar de su Alemania natal en la década del 30, ante la prepotencia de la fuerza, y que incluso residió un tiempo en nuestro país y enseñó en nuestra Universidad de la República antes de radicarse definitivamente en la Argentina- definía el juramento, el juramento como medio de prueba, el juramento de decir la verdad que presta el testigo antes de declarar, como “una maldición condicional de sí mismo”. Yo me he juramentado, me he maldecido a mí mismo, me maldigo a morir por mi propia mano, para la eventualidad de que este Parlamento, dos de cuyos tres cuerpos tendré el inmenso honor de presidir, fuera nuevamente disuelto por la fuerza en estos cinco años.

Esta peculiaridad institucional a la que ya me he referido, determina que quien desempeñe estos dos altos cargos legislativos, tenga, a la vez, una vocación supletoria o sustitutiva del Presidente de la República. Y estoy seguro de que habré de ocupar, interinamente, en repetidas oportunidades y por espacio de algunos días cada vez, la más alta de las magistraturas republicanas emanadas del voto popular.

El Uruguay ha permanecido aislado en estos trágicos doce años, de la comunidad internacional democrática y el nuevo Presidente de la República habrá de romper seguramente con ese aislamiento. Habrá de viajar, con frecuencia, no sólo para retribuir, cuando corresponda hacerlo, esta estupenda demostración de solidaridad con la renaciente democracia uruguaya que hemos presenciado en estos días en los que el país se ha honrado siendo huésped de tantos y tan calificados Jefes de Estado y de Gobierno, sino, también, para hace oír la voz de este pequeño país en los foros internacionales recuperado ya el respeto tradicional con que esa voz fuera escuchada en otras épocas, para defender la causa de nuestro país, que es a la vez la causa de todos los países latinoamericanos tan maltratados por el proteccionismo, que practican los países altamente industrializados y para abrir los mercados que el país requiere imprescindiblemente para poder hacer frente a sus obligaciones.

Pero, además, esta peculiar condición que aúna constitucionalmente en una sola persona tan altas dignidades, permite que, y sin que así lo exprese la letra misma de la Constitución, esté en su espíritu, esté en la necesaria interrelación de los dos Poderes políticos del Estado y sin mengua alguna de su separación, que el Vicepresidente de la República y Presiente de la Asamblea General y del Senado pueda constituirse en un nexo natural entre esos dos Poderes. Prometo hacerlo así, también.

Y sé que esta función habré de cumplirla con facilidad y con gusto, dada la absoluta identidad de ideales políticos, la honda amistad personal y la admiración intelectual que mantengo y que siento, respectivamente, para con el Presidente de la República, doctor Sanguinetti.

Señores Senadores: Permítanme ustedes que en el momento mismo en que asumo en los hechos la Presidencia del Senado y en el que experimento, en lo más profundo de mi espíritu el inmenso honor y la responsabilidad inmensa que me ha conferido la ciudadanía, me permita algunas reflexiones sobre la labor que a todos nosotros, al igual que a los señores Representantes, nos aguardan de aquí en adelante.

No sostengo ninguna proposición original si digo aquí que, en medio de ese fenómeno que en las últimas décadas ha dado en llamarse la “crisis del Derecho”, el Parlamento ha sido y sigue siéndolo una de las instituciones republicanas que más embates teóricos o doctrinarios ha sufrido como también los ha sufrido en los textos constitucionales de muchas naciones democráticas. No quiero detenerme en este tema, al que los constitucionalistas contemporáneos han dedicado páginas esclarecedoras.

Quiero simplemente mencionarlo para señalar, a partir de él, mi opinión personal sobre la absoluta necesidad, yo diría sobre el deber ineludible que contraemos todos los parlamentarios uruguayos electos por primera vez después de tantos años sin parlamentarios electos, de robustecer y prestigiar esta institución fundamentalísima de la democracia; de robustecerla y de prestigiarla haciéndola funcionar con el máximo de eficacia compatible con la esencia misma de sus órganos: la deliberación, la discusión, el debate, frente a los cuales no debe perderse jamás de vista que ellos son los instrumentos, los medios, los mecanismos, pero que la finalidad es la legislación y el control parlamentario. A este Parlamento Nacional es mucho, muchísimo el trabajo que le aguarda para desfacer tantos estuertos perpetrados desde estas mismas bancas por quienes las usurparan durante largos años y para construir, desde el plano de generalidad de la Ley, tantas cosas útiles que hay que construir en el país.

La República vivió, antes del golpe de estado de 1973, años de duro enfrentamiento político, en los que, frente a una situación de deterioro generalizado y frente a amenazas que comenzaban a avizorarse en el horizonte, no se percibió el riesgo que la agudización de ese enfrentamiento sumaba.

Si hemos aprendido la dura lección de los hechos, debemos tener hoy plena conciencia de que el Parlamento debe rescatar una funcionalidad y un prestigio que había ido perdiendo, mal que nos pese a todos, en los últimos años de la vida democrática de la República.

Y debemos saber también que la opinión pública nacional está expectante y que este Parlamento, su labor, su tarea de todos los días, habrán de ser rigurosamente observadas y juzgadas de aquí en más.

Yo no pretendo, naturalmente, formular aquí ninguna clase de admonición, que no me competería hacer. Recuerdo simplemente que no hace muchos días un muy destacado dirigente político uruguayo, admitió, con hidalguía y con verdad, la comisión, antes de junio de 1973, de errores y de pecados graves de la dirigencia política del país.

Quiero sí formular una exhortación al trabajo serio y ahincado de todos nosotros, todos los días. Quiero decir aquí que deberemos tener presente, todos, todos los días, que el límite de nuestras discrepancias y de nuestras disensiones, que son absolutamente legítimas en la medida en que representamos distintas tesituras de la ciudadanía, deben reconocer como límite la eficacia del trabajo parlamentario, porque de esa eficacia dependerá en gran medida el prestigio del Parlamento y, con él, la consolidación de las instituciones cuya vigencia el país ha recuperado.

Yo provengo, ustedes lo saben, no del medio político -este alto cargo no es la culminación de una carrera política que yo no he tenido-, sino del foro. Y la actividad del foro es también una actividad dialéctica, profundamente dialéctica. Es un enfrentamiento que frecuentemente también es debatido en términos muy duros. Pero todos nuestros procesalistas han afirmado, y lo vienen afirmando desde Couture hasta Véscovi y a Gelsi Bidart, la necesidad de la vigencia de la regla moral en el proceso. Pienso que la regla moral debe funcionar también estrictamente en este proceso dialéctico que es el ejercicio parlamentario. Pienso, entonces, que en este Parlamento como cualquier Parlamento democrático deberemos trabajar, como deben trabajar los abogados en sus juicios, tal como decían las viejas Partidas de Don Alfonso “El Sabio”, “a estilo llano, verdad sabida y buena fe guardada”.

Permítanme ustedes que finalice estas palabras con una cita de Giácomo Delitala que utilicé hace más de diez años, a mediados de 1974, en mi clase de la Facultad de Derecho, cuando ésta se reabriera, cuando se reabriera la Universidad de la República, intervenida y cerrada por el gobierno de facto en octubre de 1973. Decía Delitala: “No obstante los errores que hemos cometido en el pasado y los que inevitablemente cometeremos en el porvenir mantengamos todavía la certeza de conseguir superar la crisis en el seno del Derecho. Sólo si esta fe se mantiene inquebrantable, podrá sobrevivir el Estado, si vacila una vez más será seguro el triunfo de la violencia”.

Mantengamos esa fe -me permito agregar- y obremos en consecuencia en todos y en cada uno de los trabajos y los días que estamos comenzando en este tiempo.

Es cuanto quería expresarles.

(Aplausos)


El Revólver de Tarigo, en caso de haberlo utilizado contra sí mismo, no iba buscar la sociedad unánime ni tampoco buscar una igualdad forzada (de forma estricta y en distintos aspectos) como pretexto de libertad tal cómo se puede interpretar en la esencia de la Constitución del 80’ y en ciertas corrientes ideológicas. El gatillo de Tarigo iba a defender la sociedad compuesta, plural y democrática. No iba a buscar una democracia ‘‘diferente’’,  ni una ‘‘democracia popular’’, ni la contradictoria y supuesta ‘‘democracia autoritaria’’, iba a proteger y defender a la democracia liberal. La concepción del mundo y de la vida que dignifica al hombre y garantiza la libertad. Tampoco iba a ser un ataque personalista al mejor estilo <<l’etat c’est moi>>, como varios Presidentes y ExPresidentes contemporáneos lo han hecho –algunos, lamentablemente, con éxito y otros, alegremente, sin éxito-. Simplemente iba a defender la democracia que hoy gozamos todos de cualquier prepotente que creyese ser gobernante, lo cual creo que es muy valiente. La iba a defender así como tantos y como pocos.

Tal como argumentó en aquel debate del Plebiscito del 80’ por el NO: ‘‘…yo soy profundamente demócrata, soy anti-comunista porque soy demócrata, no me digo demócrata porque soy anti-comunista…’’. No comulgaba con los totalitarismos, sea cual sea el signo, ni tampoco era macartista, como por sus anteriores dichos le querrán acusar. Tarigo era liberal y en su entendimiento liberal, demócrata. Como liberal entendía las diferencias naturales que existían -y van a seguir existiendo- entre animales políticos, en las que se puede discrepar pero nunca prohibir, oprimir y minimizar autoritariamente las disidencias. En un discurso totalmente distinto a ciertas personas -”políticos”, ”twitteros”, etcétera- que hoy se dicen ”liberales” pero únicamente creen que hay una sola verdad y es justamente la de ellos, llegando a catalogar y agrupar peyorativamente a quien piensa distinto, polarizando todas las cuestiones y todo el tiempo entre ”buenos y malos”, midiendo todo con un supuesto ”tibiómetro”, pidiendo el escarnio público y el apuntar con el dedo al otro de ser necesario, y así, haciéndose lugar en política con principios más iliberales que liberales. Terminando siendo -irónicamente- lo que acusan a los demás de ser. Como si en el Siglo XXI no se pudiera hacer política de verdad. Pero Tarigo no era así, era plural. Sentía la responsabilidad de defender la democracia y la libertad, y así lo hizo en el transcurso de su vida, tanto antes, durante y después de la dictadura.

Es que a la democracia y a la libertad no se las defiende únicamente en tiempos de vacas flacas, se las defiende siempre. No se puede desearse salud a uno mismo únicamente en el momento en que se enfermó. El primer día de este mes se cumplieron 37 años ininterrumpidos de Democracia en el Uruguay y no ha sido por suerte alguna sino por convicción. De hecho, en unos días tendremos un referéndum del cual estamos expectantes pero tranquilos por la fiabilidad característica de la Corte Electoral. Por momentos se nos hace increíble, justamente, creer que en nuestro país se vuelva a instaurar un régimen dictatorial, aunque mirando el mapa de todo el continente americano, podemos darnos cuenta que las dictaduras todavía siguen siendo -lamentablemente- la forma autoritaria de gobierno de algunos paises. Por supuesto que es innegable la calidad democrática de nuestro país, pero esta no es únicamente un número porcentual fijo o un alto puesto en un ranking que sale cada tanto en una noticia internacional destacándonos como País, sino que es la actitud del sistema político y de los ciudadanos y mantenerla es deber de ambos. Quiero decir, no nos acostumbremos de forma ciega y engreída a vernos con grandes porcentajes y en altos puestos porque esos números pueden bajar de un plumazo sin siquiera darnos cuenta. Es mejor estar con los pies en la tierra, con buenos porcentajes y rankings, si, pero pendientes de lo que pasa, sin embriagarnos y pudiendo perder el control. Puede sonar básico pero siempre hay que estar alerta de las acciones, hechos y dichos de los gobiernos y de los partidos políticos con sus integrantes, no auto-persiguiéndonos y creando fantasmas, pero si observando detenidamente, porque al final es eso lo que nos da los primeros indicios de los ánimos de los mismos. Cuidadito también con lo que se importa y entra -principalmente- por el Puerto de Montevideo: nada peor que esa especie de guerra civil intelectual y del pensamiento que Argentina atraviesa desde hace años, donde las convicciones se engoblan en dogmas y quien apenas se sale por un pelo de ellos automáticamente son catalogados como el enemigo, el traidor, el vende patria, el gorila, Voldemort, etc. Donde ya no buscan intercambiar o debatir con el adversario sino aplastarlo, callarlo, censurarlo e imponerse. Es parte del ”…los argentinos se pasan diciendo haber quien es el culpable de no ayudarnos y no se dan cuenta que tienen que ayudarse a sí mismos…” que dijo Jorge Batlle mientras Bloomberg lo filmaba cobardemente. No se escuchan entre ellos y muchos sueñan con la unanimidad que Tarigo tanto rechazaba.

Ese es uno de los tantos legados. El ”Dr. NO”, entre líneas, en acaloradas alocuciones, debates, en acciones y gestos, lidiando con los paladines de la unanimidad que clausuraban los medios en defensa de su única verdad y aún teniendo que visitar cada tanto -y de forma injusta- la Jefatura Policial, aún así, nunca claudicó y siguió buscando el camino de la libertad -que es prácticamente el de la felicidad-. Como el arriba firmante, me tomo el atrevimiento de sostener y decir que se puede asegurar, tranquilamente, que Enrique Ernesto Tarigo cumplió con lo que prometió. Y mejor aún, lo transmitió.


Nota: El tiempo debe ser uno de los más grandes aliados de cada nomenclador departamental. Siendo creyente de que el tiempo es quién inmortaliza a las personas y las pone en su debido lugar, me sumo al pedido del Ex-Diputado Leonardo Vinci y de tantos salteños y compatriotas, para que el nombre de Enrique Ernesto Tarigo Vázquez tenga su lugar en el nomenclátor de la ciudad de Salto. No por casualidad ni de rebote, sino por su actuación en el 1980 que tanto influyó en el Departamento de Salto junto con los dirigentes locales así como también por los valores que he tratado de ilustrar en este artículo.

Las discusiones después de la LUC

Las discusiones después de la LUC

El referéndum para decidir sobre la derogación de la Ley de Urgente Consideración ha acaparado todos los esfuerzos y energías de los dirigentes y militantes políticos a nivel nacional. Se ve a la LUC como la madre de todas las batallas y casi una elección de medio término para el gobierno de coalición que quebró con 15 años del Frente Amplio en el poder. Los medios de comunicación desbordan de información y discusiones sobre la LUC, sucede lo mismo en las redes.

Sin embargo, después del 27 de marzo, sea cual sea el resultado, el país deberá retomar otras importantes discusiones, que una vez más dividirán a la opinión pública y son trascendentales para el porvenir del Uruguay.

Reforma de la Seguridad Social

Sin importar las trincheras políticas, existe un consenso de que la Seguridad Social está en crisis, luego de la profunda reforma del segundo gobierno de Julio María Sanguinetti, urgen importantes cambios para equilibrar el sistema previsional uruguayo.

En la LUC se votó una Comisión de Expertos para realizar un diagnóstico y evaluar cambios en la Seguridad Social, con participación de todos los partidos políticos y una diversidad de actores sociales.

En su diagnóstico, los expertos presentaron como una fortaleza la alta tasa de cobertura, siendo casi del 100% en mayores de 65 años, y del 80% en el ámbito laboral. Sin embargo, expresaron preocupaciones por la dinámica demográfica, cada vez hay más jubilados y menos población activa. Los expertos también señalaron que se debe poner atención a las transformaciones en el mercado laboral, especialmente relacionados a la incorporación de nuevas tecnologías.

A la hora de presentar propuestas no hubo acuerdo entre los representantes del gobierno y los representantes del Frente Amplio y PIT CNT. El documento establece como principales puntos que los nuevos trabajadores sean incorporados a un régimen único y el aumento de la edad de retiro, entre otras varias propuestas.

El diagnóstico y las recomendaciones vertidas convergerán en un proyecto de ley que deberá ser discutido en profundidad por el parlamento. Es probable que veamos como en otras discusiones pasadas una división entre los parlamentarios de la coalición y los de la oposición.

Para informarse en profundidad sobre la Reforma de la Seguridad Social: https://cess.gub.uy/

Eutanasia

A diferencia de la discusión anterior, en este caso no veremos una división entre la coalición y el Frente Amplio al ser un tema transversal que trata de valores y convicciones muy personales. El eje del debate será entre aquellos que creen que la muerte digna se da cuando la persona es atendida con cuidados paliativos integrales y que consideran la eutanasia un atentado a la vida, y aquellos que a pesar de también querer cuidados paliativos universales, entienden que estos no se contraponen con la decisión del individuo a recurrir a la eutanasia en caso de que esta lo desee.

En marzo de 2020 el diputado colorado Ope Pasquet puso la discusión sobre la mesa al presentar un proyecto que despenaliza la eutanasia. Sin embargo, debido a la pandemia y otras prioridades del país, el proyecto quedó en segundo plano hasta la mitad del año 2021 cuando la Comisión de Salud de la Cámara de Representantes comenzó a dar de nuevo la discusión. En diciembre de de 2021 el Frente Amplio presentó un proyecto para legalizar la eutanasia, con algunas diferencias con el de Pasquet. Es muy probable que se alcance un proyecto común y en el primer semestre de 2022 se vote en el pleno.

Las principales resistencias a legislar sobre este tema se encuentran en Cabildo Abierto y algunos representantes del Partido Nacional. 

Para leer más sobre los proyectos de ley de Eutanasia:

​​https://parlamento.gub.uy/documentosyleyes/ficha-asunto/145735/ficha_completa

https://parlamento.gub.uy/documentosyleyes/ficha-asunto/153461

Otras discusiones a tener en cuenta

El proyecto de ley de “Tenencia Compartida” ha generado algunos roces en el seno de la coalición, debido al rechazo del sector Ciudadanos del Partido Colorado a votarlo con su redacción actual. Con la negativa del Frente Amplio, los votos colorados son decisivos. Probablemente veremos a sus principales exponentes tratando de llegar a fórmulas de consenso para su votación.

Hay otros proyectos recientemente ingresados al parlamento que seguramente generen acaloradas discusiones, como el de la bancada bicameral femenina del Frente Amplio para modificar la Ley 17.515 de Trabajo Sexual, o el proyecto de ley del Poder Ejecutivo para la internación compulsiva de adictos en situación de calle.

Para leer más sobre estos proyectos en discusión:

https://parlamento.gub.uy/documentosyleyes/ficha-asunto/148097/ficha_completa

https://parlamento.gub.uy/documentosyleyes/ficha-asunto/153380

¿Y la LUC?

¿Y la LUC?

 A menos de dos semanas del referéndum que determinará sí se mantienen los 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración, la campaña entró en su momento más intenso con los militantes trabajando para captar a los votantes indecisos necesarios para ganar la elección. Con las últimas encuestas dando una moderada mayoría al “No” por encima del “Sí”, todo parecería indicar que no se llegaría a los votos necesarios para anular los artículos en disputa. Este hecho parece haber resonado en la dirigencia de la campaña por el “Sí”, que ha redoblado sus esfuerzos de militancia para aumentar su porcentaje de voto. Tristemente, esto ha implicado el aumento de las mentiras empleadas en una campaña donde han abundado las medias verdades y las falsedades por parte de los dirigentes que promueven la derogación. Estas han incluido la amenaza de una privatización de las empresas públicas y el sistema de educación,  el aumento de la cantidad de muertes a causa de los efectivos policiales (el llamado “gatillo fácil”) o el “desalojo express” en el cual un sinnúmero de personas serían echadas de su hogar por incumplimiento de pagos gracias a la modificación en la normativa que genera la LUC. Esto contrasta directamente con los hechos de la realidad, ya que, posterior a un año y medio de vigencia de la los artículos en disputa, no ha habido un aumento de muertes debido a causas policiales ni la cantidad de desalojos realizados (en la actualidad, de los 1.400 contratos firmados bajo la nueva reglamentación solamente se desalojaron a 30 inquilinos). A su vez, este discurso choca con los hechos ocurridos en el parlamento ya que la ley de fijación de precio del petróleo mediante la paridad de importación (artículo sujeto a derogación) fue aprobada con votos de todos los partidos políticos. 

     El problema de fondo es que el centro de la discusión nunca fue la LUC como normativa legal, sino que fue la LUC como excusa de generar un hecho política. En este caso, el hecho político sería el de generarle una derrota a un gobierno que, hasta el momento ha consecutivamente tenido números altos de aprobación. Tal es así que los referentes por el “Sí” están llamando a votar anulado para bajar el porcentaje de votos válidos y necesarios para obtener la victoria. A medida que fue pasando el tiempo la campaña fue desviando su foco de los artículos a conceptualizaciones generales que poco tienen que ver con las normativas vigentes, potenciado en una campaña de marketing que únicamente ha aportado mentiras, exageraciones y victimizaciones. A esto se le ha sumado unos expertos que, utilizando su conocimiento profesional, buscaron generar errores conceptuales sobre el significado de los artículos para fomentar el desconocimiento general de las leyes (el ejemplo más claro siendo la supuesta subyugación del derecho a la vida por debajo del de la propiedad). Uno de los últimos episodios fue cuando durante una manifestación convocada por los partidos a favor del “no” una señora se puso en el medio de 18 de Julio para insultar y agredir a los autos pasantes y, al ser retirada por la policía, se buscó aprovechar la situación para martirizar a la señora como forma de comprobar las consecuencias negativas de las acciones del gobierno. La jugada salió mal dado que los hechos fueron filmados y divulgados quedando descubierta la mentira. Esto, más allá de las fallas éticas que implican y la pérdida total de credibilidad que le genera a los autores, tampoco sirven para convencer a los indecisos que ven la mentira por lo que es. 

     Volviendo al último llamado de anular el voto, queda claro que hay poco argumento real para derogar cada uno de los artículos y que lo que se busca es generar una victoria política. Frente a este escenario yo pregunto, sí para convencer a las masas para derogar una norma se debe mentir y manipular sobre las implicancias sus implicancias, realmente conviene derogar, y peor, premiar las malas prácticas empleadas brindando el voto o conviene dar un mensaje claro de rechazo hacia estas prácticas que dañan a nuestro sistema político?

Terminar con la violencia digital

Terminar con la violencia digital

El hecho bochornoso ocurrido en Paysandú, en que una edil de Soriano fue filmada por un colega con un celular, mientras se duchaba, fue más que “solo una broma”, como dijo el curul en cuestión. Y también fue más que una de esas anécdotas graciosas que publican los diarios con título escandaloso, para generar clics.

Porque si esto se toma como una extravagancia de la que se habla por unos días y después se olvida, estamos ante un grave problema cívico: el de la naturalización de la violencia machista.

Si todo queda en la charla humorística de boliche, será la demostración fehaciente de que hemos retrocedido como sociedad.

No faltará quien me acuse de tremendista por hablar de violencia, pero es así como debe catalogarse una semejante invasión a la privacidad.
Hay que tomarla en serio, más allá de lo anecdótico, extrayendo de la experiencia una nueva evidencia del deterioro cultural que nos aqueja.

¡Justo a nosotros, el país de Varela, Rodó, las hermanas Luisi y Adela Reta!

Seguimos descendiendo peldaños éticos y de convivencia, tal vez al influjo de una cultura popular porteña que nos invade por los medios masivos, donde la mujer es un objeto y la privacidad un valor en desuso.

En este país, la ley número 19.580, denominada “Violencia hacia las Mujeres Basada en Género”, rige desde fines de 2017. A pesar de la completa descripción de los distintos tipos de violencia a que se las somete desde un machismo sistémico, la misma evolución de las tecnologías de comunicación hizo que quedara renga.

En respuesta a múltiples casos en que distintas mujeres fueron filmadas o fotografiadas en la intimidad, sin su consentimiento, y luego compartidas esas imágenes en el hervidero pueril de las redes sociales, en marzo de este año presenté al Parlamento el proyecto de un nuevo literal para el artículo sexto (Formas de violencia) de la citada ley.
Refiere a la “Violencia Digital”, entendida esta como “toda acción dolosa realizada mediante el uso de tecnologías de la información, la comunicación y las redes sociales, por la que se exponga, distribuya, difunda, exhiba, transmite, comercialice, oferte, intercambie o comparta imágenes, audios o videos reales o simulados de contenido íntimo sexual de una persona sin su consentimiento, sin su aprobación o sin su autorización, y que le cause daño psicológico, emocional, en cualquier ámbito de su vida privada o en su imagen propia”.

Obsérvese la actualidad que asume ese agregado en estos días, en que nos enteramos que un miembro de una Junta Departamental incurrió en una violencia de similares características.

Avanzar en igualdad de género es también dar los pasos jurídicos necesarios para amparar a las personas injuriadas y así ayudar a interrumpir la inercia machista que tanto daño viene haciendo a nuestra sociedad, desde las expresiones de barbarie del siglo XIX hasta este presente de “bromas” que no pueden soslayar su componente de desprecio discriminatorio.

Paralelamente, la bancada de ediles del Partido Colorado en la Junta Departamental de Montevideo propuso emitir una declaración, la que posteriormente fue aceptada y elaborada por todos los Partidos, manifestándose fuerte y claro contra estas prácticas machistas y advirtiendo que “estos hechos se ven agravados por provenir de un legislador electo por el pueblo como representante departamental”, lo que “desprestigia a la institucionalidad que representa”.

Tras expresar su solidaridad con la edil que ha sido víctima de estos hechos, la declaración exhorta que se tomen medidas severas, que “no son solo ejemplarizantes para nuestro sistema político, sino para la sociedad en general”.

Entiendo que esta última frase sintetiza acertadamente la importancia del hecho y su dilucidación urgente: no se trata de un fenómeno aislado.

Es una práctica sistemática y violenta que debe cesar, para que nuestra sociedad transite una senda verdaderamente democrática, republicana y plural.