Las ollas de la verguenza ajena

Las ollas de la verguenza ajena

Es así: usamos la expresión “vergüenza ajena” cada vez que una inconducta de alguien es tan flagrante, que termina avergonzándonos aun a quienes nada tenemos que ver con él.

Es la sensación que dan las recientes revelaciones sobre la Coordinadora Popular y Solidaria, que se arrogó la potestad de recibir y distribuir insumos alimenticios durante la pandemia y más acá, pero al final se supo que infló números y utilizó los recursos con fines que nada tenían que ver con la solidaridad invocada.

Los detalles informados por el Mides son bochornosos y también lo es la respuesta de la organización denunciada: se extienden en insultos al gobierno y, en un tramo final de su misiva, terminan admitiendo que no documentaban de ningún modo la relación de insumos recibidos y entregados, realizando su tarea con cero trazabilidad.

Alguien podría suponer que esa falta de organización y control se debió al voluntarismo, a una motivación de ayuda que se salteaba formalidades. Pero cuando vemos que esa actitud iba de la mano de una sistemática prédica contra el gobierno, con un discurso alarmista que blandía demandas inexistentes, e incluso utilizando comités de base partidarios y condicionando los apoyos a la adhesión política de los beneficiarios, bueno, allí no hay voluntarismo que valga.

Hay una simple y mera estafa.

Y resulta muy triste que se haya practicado utilizando como excusa y escudo justamente a los sectores más desfavorecidos de la sociedad, aquellos que necesitan de verdad de la contención del Estado para sobrevivir en momentos de extrema vulnerabilidad.

A la vergüenza ajena por la Coordinadora Popular y Solidaria, se suma otra no menor, por el comportamiento de un alcalde comunista de La Floresta, que no solo practicó acoso laboral contra sus subordinados sino que literalmente hizo desaparecer 38 toneladas de alimentos donados por el Mides.

Abrumado por el peso de estas denuncias, el alcalde renunció a fines del mes pasado, y esa sola decisión resultó suficiente para que la mayoría del FA en la Junta Departamental de Canelones entendiera innecesario continuar investigando sus irregularidades.

En paralelo, el intendente Yamandú Orsi, un casi seguro precandidato del Frente Amplio para las próximas elecciones, elogió la “valentía” del hombre por haber renunciado, un exceso de consideración que fue criticado luego hasta por sus propios correligionarios.

Estos episodios tienen un denominador común: ponen de manifiesto la distancia entre los dichos y los hechos, entre la pretendida vocación social de algunos y lo que verdaderamente practican: el uso discrecional de recursos que el Estado otorga no a ellos sino a quienes más los necesitan, la malversación de su gestión y un aprovechamiento político-electoral ni siquiera mínimamente disimulado.

La ocasión resulta propicia para reflexionar sobre las distorsiones que generan determinadas organizaciones sociales supuestamente independientes.

A esta altura parece evidente que el gobierno -cualquiera sea el partido o sector que lo integre en el futuro- debe retomar las riendas de los comedores populares como principal fuente de ayuda a los más desposeídos. Y que aquellas organizaciones populares que quieran colaborar, deberán hacerlo bajo un control estricto de las autoridades competentes.

La opinión pública está tomando nota de estos desbordes.

Por eso, declaraciones como las de Fernando Pereira, saliendo en defensa de la Coordinadora de ollas, lo único que consiguen es distanciar aún más al Frente Amplio del sentido común y los valores solidarios que identifican a nuestra sociedad, desde los orígenes de los partidos fundacionales.

Son momentos en que queda claro que quienes desde la izquierda juegan a disfrazarse de batllistas, no lo son en absoluto.

Hay un verdadero abismo de separación entre un sistema de ideas humanistas como el del Batllismo, y estos penosos traficantes de falsas promesas.

Ollas Populares: El uso del hambre como bandera política

Ollas Populares: El uso del hambre como bandera política

No se puede jugar con las necesidades de la gente. Usar el hambre con fines políticos partidarios.

Muchos son los grupos, organizaciones o individuos que ayudan desinteresadamente y muchas veces desde el anonimato a quienes màs lo necesitan. Empuñando una sola bandera: la de la solidaridad.

Pero también, lamentable y desgraciadamente se ha podido comprobar y que la investigación llevada por el Mides corroboró, que alguna organización en forma oportunista e inescrupulosa vió en los sectores con más carencias un campo fértil para los propósitos más ruines.

Cambiando un plato de comida por una firma, cambiando una vianda de alimentos por la militancia partidaria.

Las ollas populares no deberían existir, porque demuestran carencias asistenciales que hay que intentar cubrir con urgencia. Pero existen. Llegar con un plato de comida a determinados lugares se volvió en algo imprescindible, no como un fin en si mismo, no como algo permanente y estable, sino como una solución temporal y necesaria mientras de instrumentan medidas de fondo.

La difícil situaciòn por la que atravesò el mundo entero con la pandemia aún se siente, incluso hasta en los países màs poderosos económicamente. Las ollas populares, existentes hace varias décadas, aumentaron en forma notoria durante el 2020 y 2021 en Amèrica Latina. Uruguay no fue la excepción.

Donde la caída drástica de la actividad, golpeó con mayor dureza al trabajador cuentapropista, informal o al desocupado, más allá de la acertada estrategia de libertad responsable instrumentada por el gobierno.

A medida que lo peor de la pandemia iba pasando, los números en materia económica iban mejorando, comenzando poco a poco la reactivación económica.

Lo que comenzaba a llamar la atención que mientras el gobierno daba cuenta de la disminución del número de ollas, de quienes se atendían en ellas y por consiguiente de la caída de platos distribuidos.

Desde el Frente Amplio y desde organizaciones como la Coordinadora Popular Solidaria (CPS), tenían otro discurso, intentando implantar otro relato, que hablaba del aumento de las ollas, de los merenderos y de quienes se atendían en ellos. Se quejaban además que los insumos que les otorgaba el Mides eran totalmente insuficientes, con fuertes críticas en ese sentido.

Hay que señalar que la Coordinadora Popular y Solidaria recibió el apoyo total del Frente Amplio, dato importante para tener en cuenta.

Dado esa tan “extraña” diferencia en el relato, en los números, el Mides le solicitó a esa Coordinadora le hiciera llegar un informe sobre: cantidad de ollas y merenderos, ubicación, días, horarios y porciones servidas.

La respuesta inicial fue tan contundente como soberbia: “por cuestiones políticas no vamos a dar la información, es un tema del ministerio conseguir esa información”. ¡Increíble! Se les entregaban toneladas de alimentos y se negaban a rendir cuentas.

A partir de allí y después de varias idas y vueltas se obtuvieron los resultados finales de la investigación interna con datos tan contundentes como sorprendentes.

Por lo menos 68 ollas de las que la Coordinadora decía atender hace tiempo que no existían o incluso nunca existieron.

Se inflaban los datos.

Se actuaba de forma muy poco transparente, con ollas que recibían mucho menos insumos que los que tenían asignados.

Se hacía participar a los referentes de las ollas de plenarios donde se hablaba más de política que de las propias necesidades y problemáticas concretas.

Se los inducía a firmar contra la ley de urgente consideración.

Se retiraban insumos con un destino al que nunca llegaban.

Se hablaba también del desvío de alimentos hacia comités de base.

Hay denuncias concretas que afirman que los alimentos eran comercializados en forma particular en ferias barriales.

Esos datos no surgen de la nada, se recabaron a través de la investigación con más de 200 visitas y decenas de declaraciones de los involucrados, de referentes de ollas, vecinos de las mismas y los propios usuarios.

Una desgraciada situación.

El ministro de desarrollo social decidió enviar todos estos antecedentes a la fiscalía para que sea la justicia que investigue a fondo y diga si hubo delito. Hay hechos con apariencia delictiva, se habla de apropiación indebida e incluso fraude.

Las diferencias políticas, partidarias o ideológicas no pueden terminar en un vale todo.

Las medidas del Ministerio forman parte lo que debe hacer una buena administración, custodiando celosamente los dineros de los contribuyentes, asegurándose que beneficien a quienes verdaderamente lo necesiten. La CPS frente a esto recurre a la vieja estrategia de denunciar persecución, sobre todo cuando no hay argumentos que sustenten sus dichos.

La justicia tendrá la última palabra, de comprobarse delitos que caiga todo el peso de la ley sobre los responsables y con ellos la sanción moral a quienes siempre salieron desde lo partidario a apoyarlos.

Nuestro deber como estudiantes

Nuestro deber como estudiantes

Cuando hablamos de la historia nacional, es imprescindible hablar del rol que ha tenido el movimiento estudiantil en la vida política de nuestro país, el tema que me motiva a escribir el siguiente artículo no es la historia del movimiento estudiantil, hoy vengo a hacer énfasis en uno de los deberes más grandes que tenemos las nuevas generaciones de jóvenes de convicciones republicanas y reformistas, el foco del texto es nada más y nada menos que la necesidad de una Reforma del Movimiento Estudiantil.

Antes de proceder me gustaría comentar que el movimiento estudiantil no se reduce solamente a la Federación de Estudiantes Universitarios de Uruguay (FEUU), pero para realizar una crítica al movimiento estudiantil es necesario hablar de dicha organización por ser la más grande, por ser la que a lo largo de la historia ha causado más polémica y por ser el ejemplo perfecto para realizar la crítica que me lleva a escribir este artículo.

La FEUU de hoy en día está lejos de aquel espíritu crítico y reformista que profesaba el movimiento estudiantil a comienzos del siglo XX, está lejos del pensamiento de uno de sus fundadores más conocidos –por no decir el más conocido-, el mártir colorado batllista Julio César Grauert.

El Movimiento Estudiantil se caracteriza por tener un espíritu crítico, a priori esa característica no tiene nada de malo, el dilema ocurre cuando se comienza a fomentar una crítica para nada constructiva con el afán de satisfacer intereses políticos ajenos al ámbito académico.

Tanto los gremios que componen la FEUU, como gremios ajenos a dicha organización hacen proselitismo político tanto dentro como en los alrededores de los centros educativos. Por un lado algunos pueden justificar tales actos con la premisa de que como estudiantes y como futuros profesionales debemos tener un pensamiento crítico de la realidad, o tal vez justificarlos con la premisa de que “todo es política”, por un lado ambas premisas tienen algo de verdad, los estudiantes debemos tener un pensamiento crítico y al momento de realizar ciertos reclamos –como por ejemplo presupuestales- se está haciendo de algún modo política, pero la cuestión aquí es cuando se realizan reclamos tan nobles como los presupuestales empapándolos de ideología, no es lo mismo un cartel que diga: “Exigimos presupuesto para la educación”, que uno que diga: “Falta presupuesto para la educación porque sobran milicos”, citando uno de los mensajes pintados en la fachada del Liceo N°3 Dámaso Antonio Larrañaga en octubre del 2020, -en torno a ese hecho algunos estudiantes del centro educativo volvieron a pintar la fachada y se sentaron para evitar que las autoridades del CODICEN vuelvan a borrar los mensajes. Volviendo al tema, el primer mensaje es neutral y no está empapado de ideología política, mientras que el segundo es totalmente lo opuesto, promueve el odio, la división y es lo que no debemos permitir que se promueva en los centros educativos.

Tuit de Robert Silva, Presidente del CODICEN, rechazando los mensajes de las pintadas en la fachada del Liceo N°3 Dámaso Antonio Larrañaga

Se podría nombrar varios ejemplos que se pueden encontrar con tan solo buscarlos en internet, como los mensajes plasmados en carteles de protestas de la FEUU que dicen lo siguiente: “Educar, No LUCrar”; “Basta de exonerar de impuestos a las impresas, plata para la educación”.

Varios gremios estudiantiles, principalmente los que componen a la FEUU dicen alzar las banderas de la Democracia mientras denigran las Instituciones, pilares que sostienen a la Democracia Liberal que hace posible protestar, tener un pensamiento crítico y propio, y poder expresarlo libremente. Cabe destacar que nuestra querida Democracia Liberal es contraria a la democracia cubana que propone el Che Guevara, personaje cuyo rostro se puede ver plasmado en un afiche dentro de la sede de la FEUU en la calle Arenal Grande 1422.

Desde mi punto de vista, los estudiantes que se sientan identificados con los valores Republicanos y Reformistas, no debemos permitir que los mandaderos de ciertas élites políticas sigan promoviendo el odio, la división, sigan ensuciando causas tan nobles con mensajes ideológicos, y mucho menos le sigan faltando el respeto a los valores republicanos necesarios para asegurar la Democracia y la convivencia pacífica. 

Como Reformistas y Republicanos que somos debemos organizarnos de a poco y defender nuestros valores sin miedo al qué dirán, apostando al cambio desde una vía reformista, promoviendo un pensamiento crítico pero constructivo, proponiendo soluciones detalladamente estudiadas, viables, objetivas, realizables y poco utópicas.

No será fácil, pero con algo se empieza, como dice el famoso refrán: “Roma no se construyó en un día”. ¡Es momento de movilizarnos!

Adversarios, no Enemigos

Adversarios, no Enemigos

El destino quiso que Julio María Sanguinetti y José Mujica, dos expresidentes que fueron enconados adversarios a lo largo de todas sus trayectorias políticas, renunciaran al senado de la República una misma jornada, en una sesión cargada de emociones.

Y en estos días, una nueva coincidencia de ambos ha llegado en forma de libro.

Los periodistas Gabriel Pereyra y Alejandro Ferreiro tuvieron la audaz idea de juntarlos para que desarrollaran un diálogo extenso e intenso, recogido en “El horizonte. Conversaciones sin ruido entre Sanguinetti y Mujica”.

Durante la presentación del volumen, en el marco de la Feria Internacional del Libro que tuvo lugar en la sede departamental de Montevideo, uno de los autores confesó que la idea partió de una respuesta del presidente Sanguinetti a la oferta de organizar un debate entre él y su habitual contrincante: “Con Mujica tendríamos que sentarnos a hablar de la vida, ya estamos grandes”.

Y así lo hicieron. Evocaron sus historias personales, hablaron del país y del mundo, de la historia y del futuro, en un estilo que no buscó coincidencias y marcó discrepancias pero, al mismo tiempo, reivindicó la capacidad de diálogo aun en el disenso.

“Cultivar un nosotros”, propuso Mujica, y Sanguinetti se refirió a la iniciativa como “una expresión de republicanismo de gente que en su tiempo estuvo muy enfrentada, luego menos y ahora son colegas amistosos”.

Cuando me enteré de este encuentro, sentí el orgullo de su honda significación.

Imaginen que alguien propusiera esto en Brasil, un encuentro amigable entre el presidente actual y el mandatario electo. Sería imposible. Lo mismo entre Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri, entre Obama y Trump y tantos otros ejemplos que ponen de relieve el alto sentido republicano que diferencia a nuestro país de la mayoría de las naciones.

En el mundo agresivo y deshumanizado de las redes sociales, algunos dirán que con esta acción, Sanguinetti prestigia a Mujica. Otros se lamentarán de que este último se siente a conversar con un supuesto “enemigo”.

Ni lo uno ni lo otro.

La iniciativa, además de su valor histórico y político intrínseco, constituye un ejemplo a seguir para una sociedad que lamentablemente ha sustituido el debate fermental por la pelea enceguecida.

El gran problema de la sociedad actual se encuentra allí: si no piensas como yo, te insulto. No te escucho. No trato de colocarme en tu punto de vista para que me ayudes a reflexionar. Es una constatación de la realidad que se ve en todos los planos, no solo en Twitter.

Observen si no el tránsito: la bocina es muchas veces un instrumento de amedrentamiento y el insulto es la reacción casi natural a ser testigo de una maniobra equivocada de otro automovilista o de una conducta imprudente de un peatón.

Y ni que hablar de los espectáculos deportivos. Desagradables cánticos de hinchadas que se mofan de la muerte de parciales del cuadro contrario. Agresiones de toda índole que han llegado no pocas veces hasta el homicidio…

Nuestra vida cotidiana está llena de estos puños crispados, de la actitud simplificadora de agredir en lugar de escuchar, de atacar en lugar de tender puentes.

Sanguinetti y Mujica fueron adversarios irreconciliables, al punto que hace pocas décadas, uno ejercía cargos públicos y el otro atentaba contra las instituciones, promoviendo una revolución armada.

Sin embargo, los años pasaron y el guerrillero de ayer tuvo que asumir la responsabilidad de un gobierno democrático.

Entender y valorar las reglas de juego de la libertad conduce inevitablemente a encontrarse con el prójimo, en lugar de abominar de él.

Así es el republicanismo batllista que tanto nos enorgullece y tenemos la obligación de preservar.

Octubre Colorado

Octubre Colorado

Quienes sentimos la filiación partidaria en la sangre, una sangre que no podía ser de otro tono que colorado, vivimos todos los meses de octubre con especial intensidad.

Porque un 27 del pasado mes, del año 1784, nació el fundador de nuestra divisa, el inolvidable Fructuoso Rivera, un caudillo excepcional que forjó la nacionalidad y dejó una marca indeleble en la historia de la nación.

El 20 de octubre de 1929 fue la fecha de la partida de don José Batlle y Ordóñez, el hombre que pensó y construyó el Uruguay moderno, ese pequeño país modelo que nos distingue y enorgullece en el contexto regional y mundial.

Apenas cuatro años después, el 26 de octubre de 1933, muere otro batllista de excepción: Julio César Grauert. Enfrentado al golpe de estado de Gabriel Terra, que había motivado en marzo la inmolación de Baltasar Brum, Grauert es baleado por la policía del dictador y muere sin atención médica en un calabozo, con apenas 30 años de edad.

Pero la libertad nunca se marchita y siempre vuelve a brotar: el 25 de octubre de 1927, dos años antes del fallecimiento de Don Pepe y seis antes de la partida de Grauert, nacía Jorge Batlle: la cuarta generación presidencial de una familia que delineó la historia del partido y del país.

Como Frutos lideró un país naciente, como Batlle y Ordóñez lo pacificó y convirtió en paradigma de democracia y justicia social, y como Grauert legó un ejemplo perdurable de defensa de la libertad, Jorge Batlle entró a la posteridad habiendo librado al país de la mayor crisis económica exógena de su historia.

Tal vez parezca arbitrario que evoquemos tantas efemérides, pero hay que entender que no son importantes como mera acumulación de datos históricos.

Lo son por lo que representan, por los contenidos racionales y afectivos que traen consigo.

La historia colorada, forjada en tantos octubres memorables, es un continuo de lucha por la libertad y la construcción republicana.

Es la consolidación del civismo por el camino de la persuasión y la tolerancia.

Es la aceptación de que los pueblos eligen su destino a través de liderazgos contundentes, de dirigentes que saben señalar caminos, pero que al mismo tiempo son sensibles a la motivación de sus votantes.

Cada conductor del Partido Colorado respondió a la realidad de su época con una combinación óptima de pragmatismo e idealismo.

Con el primero, superaron crisis y problemas.

Con el segundo, soñaron un futuro mejor que tuvieron la fuerza de concretar.

Hasta el más escéptico admite que Uruguay es una de las mejores democracias del mundo y eso no nació por generación espontánea: fue la construcción de un partido político que puso razón y corazón en forjarlo.

Cuando hoy el presidente Sanguinetti evoca a nuestros grandes líderes, restablece un orden y una ética que la superficialidad de estos tiempos no debería saltear.

En épocas de redes sociales que privilegian la información chatarra y escamotean los grandes temas políticos y filosóficos, hace falta más que nunca mirarnos en el espejo de quienes nos han heredado grandes ideales y convicciones.

No es refugiarse en la nostalgia, al contrario.

Es volver a las fuentes para encontrar la inspiración que nos permita seguir avanzando en dignidad y republicanismo liberal.

Porque como dice nuestro himno partidario, “Si alcanzamos una cumbre siempre hay otras más allá. Siempre claras, luminosas y más altas cumbres hay”.

¡A votar, muchachos!

¡A votar, muchachos!

Es un gran día para el Batllismo y para el Partido.

El 5 de noviembre los jóvenes colorados de entre 14 y 30 años están votando en todo el país.

Tal vez la mejor síntesis del entusiasmo cívico que nos une la hizo el presidente Sanguinetti, en un mensaje filmado que circula en estos días: “A votar muchachos, y los veteranos, a acompañar”.

No es una instancia electoral más en la definición de equilibrios internos. Es mucho más que eso. Es la puerta de entrada de los jóvenes colorados y batllistas, los que aportarán su savia nueva para continuar y profundizar el legado de sus mayores.

Es la continuidad de un pensamiento identitario que ha convertido al Uruguay en ejemplo de consolidación democrática a nivel mundial. Y hoy más que nunca, esa continuidad debe ser defendida y estimulada. Porque vemos en países vecinos procesos crecientes de radicalización ideológica: más allá de la vergonzante situación de tres dictaduras execrables (Cuba, Venezuela y Nicaragua), las urnas han determinado experimentos de izquierda en Chile, Argentina, Perú y Colombia, que en mayor o menor medida, vienen haciendo agua y generando descontento popular. Volantazos electorales de extremo a extremo en Brasil. Y ni qué hablar del ascenso de las ultraderechas en Italia y Suecia, por poner dos ejemplos recientes, que parecen poner en duda el camino socialdemócrata que en otros tiempos Europa supo cultivar y promover a escala mundial, con figuras de la talla de Francois Miterrand y Felipe González.

En ese inquietante contexto internacional, Uruguay debe cuidar su republicanismo liberal, esa combinación virtuosa de respeto por las libertades e inclaudicable vocación de justicia social. Y esto no se logrará formando ejércitos de trolls en las redes sociales, que dediquen tiempo y energía a estigmatizar al adversario.

Lo que se necesita es una nueva generación de dirigentes políticos que asuma el compromiso socialdemócrata y republicano del Batllismo, aggiornándolo y convirtiéndolo así en el mejor antídoto contra cualquier totalitarismo, sea de izquierda o de derecha. Que den la cara en cada barrio, mostrando en los hechos su vocación de servicio al prójimo.

Por eso la elección juvenil de hoy es tan importante.

En 2004, el hoy diputado Ope Pasquet escribía un texto inaugural de esta gran movida cívica que hoy volvemos a celebrar:

“¿Qué espacio le ofrecemos al joven que quiere acercarse al Parido Colorado?

Si pertenece ese joven a una familia que tenga alguna vinculación social, va a poder acercarse a un senador, a un diputado a algún ministro, y de esa manera, oblicuamente, va a poder enterarse de algunas cosas. Pero si no tiene ese privilegio, y más aún, si vive por ejemplo en el interior del país, ¿cómo se vincula a nuestra colectividad? ¿Cómo aprende lo que ha sido el Batllismo, lo que es hoy, lo que quiere y lo que se propone? ¿Cómo muestra sus talentos y su aptitud para la política si los tiene? ¿Dónde puede mostrarse?

¿Qué espacio le ofrecemos?”.

Con esa aguda reflexión de Ope nació esta iniciativa de elecciones juveniles. Y hoy, como en 2007, 2010, 2012 y 2017, la respuesta a sus preguntas está en las urnas.

Entre los jóvenes colorados se vive una saludable efervescencia electoral, con representaciones de diversos sectores, en un entorno que no es simplemente competitivo: es la reafirmación colectiva de un sentimiento colorado que rebrota en todo el país, para marcar a la ciudadanía un camino de concordia y progreso.

Al respecto es muy claro el presidente Sanguinetti en su mensaje de estos días: pide a los muchachos que voten por la lista de su preferencia, aquella que tal vez integra su amigo…

Lo importante es que participen.

Que comprendan su responsabilidad histórica en la continuidad de un republicanismo que tanto bien ha hecho al país, sacándolo de dictaduras y crisis económicas, y poniendo freno a quienes, desde la izquierda, sueñan con fantasías colectivistas ajenas al sentir de las mayorías ciudadanas.

El Batllismo sigue de pie, como un bastión de libertad y justicia, en una región y un mundo convulsionados, donde el relativismo cultural e ideológico hace estragos en la calidad de las democracias.

Defendámoslo juntos y hagámoslo crecer.

¡A votar, muchachos, y los veteranos, a acompañar!

Una distinción que nos honra

Una distinción que nos honra

Días atrás, el ingeniero Lucio Cáceres, de más que destacada trayectoria al servicio del Partido Colorado y el país, fue entrevistado en el programa Desayunos Informales de canal 12.

En un momento hizo referencia a la conveniencia de una “prima donna” dentro de nuestra colectividad política, lo que fue recogido por los periodistas Nicolás Batalla y Paula Scorza. Al ser consultado sobre posibles candidaturas de mujeres coloradas, mencionó a la querida correligionaria Virginia Cáceres, de excelente gestión actual como secretaria del Codicen, y a mi persona.

Viniendo esas palabras nada menos que de Lucio, (“le veo un futuro político muy interesante”, dijo de mí) no puedo menos que agradecerle, independientemente de que se tratara de una respuesta informal y a modo de ejemplo, dentro del vasto y acreditado elenco femenino colorado que tengo el honor de integrar.

Lo que importa aquí no es el reconocimiento hacia las personas de Virginia y la mía, sino la convicción demostrada por el apreciado dirigente de la necesidad de un protagonismo femenino que estará destinado a revivificar y fortalecer al Partido Colorado.

Ese es uno de los principales ejes de lucha que hemos emprendido todas nosotras, herederas de la memorable actuación de Martha Montaner y de la vasta saga de personalidades del coloradismo que otorgaron a nuestro género el rol que siempre debió tener: empezando por el primer presidente de la historia en ejercer con conciencia feminista, nuestro inolvidable José Batlle y Ordóñez.

En estos días he estado pensando cuánto camino recorrimos las mujeres en esta colectividad que tanto amamos. Pensé en los dirigentes varones que aún no han aquilatado la importancia de la participación paritaria en listas y cargos y en aquellos que, como el ingeniero Cáceres, comprenden hacia dónde debe ir la política y no miden costos políticos en promoverlo.

Lucio no fue solamente uno de los mejores ministros de Transporte y Obras Públicas que tuvo el país desde la restauración democrática. Fue también el candidato colorado a la Intendencia de Montevideo en las elecciones de 1989, año en que fue electo por primera vez Tabaré Vázquez para ese rol.

Y la verdad es que no he podido dejar de pensar cuánto hubiera cambiado la historia de nuestra capital (y tal vez también la del país) si Cáceres hubiera sido el más votado en esa oportunidad. Porque con su idoneidad y capacidad de gestión hubiera impreso a la ciudad una modernidad de la que hoy, más de 30 años después, aún carece. Porque hubiera consolidado la eficiencia y sensibilidad social del batllismo, valores que tanta falta hacen todavía hoy en nuestro suelo.

La vida política es una sucesión de desafíos, victorias y derrotas que jalonan nuestra existencia y que, más allá de resultados puntuales, nos definen como seres humanos que luchan por un ideal siempre renovado de servicio al prójimo.

Hoy el Partido cogobierna responsablemente en el seno de la Coalición Republicana, pero sigue sin perfilarse como opción mayoritaria de la misma para las próximas elecciones. Esto se debe a múltiples razones.

Por un lado, no apelamos a la errónea vía de buscar perfilismos contra el resto de los integrantes de la coalición, como hace un día sí y otro también Cabildo Abierto. Con ello tiran algunos fuegos de artificio para diferenciarse, sin advertir que al mismo tiempo lesionan la imagen del gobierno y dan pie al Frente Amplio para que sobredimensione nuestros naturales disensos. Al final del día, la ciudadanía sabrá reconocer el rol articulador y constructivo del Partido Colorado en esta coalición.

Tal vez la razón principal que explique nuestros índices de preferencia en las encuestas, sea la carencia -todavía hoy- de un liderazgo claro, no solo por la razonable advertencia del presidente Sanguinetti de que no relanzará una candidatura, sino también por la reiterada renuencia de Pedro Bordaberry a reeditar la suya.

Figuras emergentes de gran potencial se ven hoy impedidos éticamente de lanzar explícitamente sus postulaciones y esa indefinición demora en forma comprensible la aparición colorada en el radar del ciudadano.

Pero si algo nos enseña la observación del ingeniero Cáceres, es que el camino de la integración paritaria es ya imperativo, para refrescar al partido de sus rutinas del pasado, modernizar enfoques y renovar militancia.

Son estos, y no las decisiones cupulares, los caminos que deben transitarse para crecer en política y, con ello, en la capacidad de servir a la comunidad.

Derecho a estudiar

Derecho a estudiar

Las protestas de los aspirantes a profesores agremiados en el Centro de Estudiantes del IPA (CEIPA) se pueden analizar desde distintos puntos de vista.

No voy a opinar sobre la Transformación Educativa que ellos impugnan: esa es una discusión que amerita argumentos más amplios y profundos que los que cabrían en esta nota, y sobre todo un clima de respeto al disenso, que es lo que más está faltando en estos días de parte de los manifestantes.

Ha pasado de todo: patotearon en la puerta del IPA a los compañeros y docentes que salían de dar clase a pesar del paro, convirtieron en batallas campales los Cara a Cara propuestos por Robert Silva para dar explicaciones a la ciudadanía sobre la reforma, irrumpieron a insultos y empujones en la sede del Ministerio de Educación y Cultura, maltrataron a la viceministra Ana Ribeiro, volvieron a ocupar la sede del Codicen y se burlaron de las autoridades del Ministerio del Interior que fueron a desalojarlos en forma pacífica, y ayer mismo, en la Sala Experimental de Malvín, intentaron arruinar otro acto público insultando en forma soez a las autoridades educativas presentes.

Mientras tanto, estas mismas autoridades intentan restablecer las clases en forma remota y desde el gremio tienen el tupé de oponerse, por las desventajas de la virtualidad en comparación con la presencialidad.

Pero si ellos mismos están boicoteando la presencialidad, ¿cómo pueden caer en tan indignante doble discurso?

Quiero dedicar estas líneas a aquellos profesores y estudiantes que no participan de ese comportamiento patotero y que, coincidentes o no con la Transformación Educativa, lo único que quieren es estudiar.

Existen ámbitos donde oponerse al nuevo proyecto, sin perder clases ni atrasar carreras.

Hay estudiantes que realizan enormes esfuerzos económicos, incluso para pagarse el boleto de ómnibus que los lleve al IPA, y los huelguistas están siendo realmente injustos con ellos.

Es muy fácil jugar a la revolución mientras hay compañeros que trabajan ocho horas en un empleo que no es su vocación, porque necesitan estudiar para recibirse y poder generar su sustento con aquello que verdaderamente aman, que es dar clases.

Hay un inmenso egoísmo en quienes, desde la comodidad de sus orejeras ideológicas y fantasías de notoriedad política, se divierten rebelándose contra las autoridades ante las cámaras de televisión y son convertidos por algunos periodistas en inesperados personajes mediáticos.

La realidad es muy distinta a ese mundo de fantasía.

A Robert Silva le gritaron hace unos días “mentiroso” y “parásito” por decir verdades dolorosas, que a todos los uruguayos nos deberían avergonzar, como los elevados índices de deserción liceal que se dan sobre todo en los sectores más vulnerables de la población.

Pienso en los rebeldes franceses de Mayo del 68, que postulaban “la imaginación al poder”.

Pienso en los hippies de EE.UU., que por esa misma época realizaban manifestaciones contra la cruenta guerra de Vietnam y reclamaban una libertad para vivir y sentir, que el conservadurismo de la época demonizaba tontamente.

Pienso en la valentía de las mujeres que se alzaron contra el acoso sexual en la industria del cine, organizando el movimiento “Me too”.

Pienso en los afroamericanos que sacudieron al país del norte bajo la consigna “Black lives matter”.

Y sin ir tan lejos, pienso también en los jóvenes uruguayos que militaron contra el proyecto constitucional de la dictadura en 1980, sufriendo censura, persecución, cárcel y hasta torturas y muerte, en defensa de un ideal de justicia y libertad vilmente atacado por el totalitarismo.

Qué lejos están estos rebelditos con iPhone de aquellos verdaderos rebeldes.

Protestan desde el conservadurismo.

Insultan y bardean a quienes quieren hacer el cambio, para ser funcionales a un sistema que segrega a los más débiles, para que nada cambie, para que todo quede como está, en la inequidad educativa, que es siempre la peor de las injusticias.

Tensan la cuerda, arrojando termos para romper vidrios de autos oficiales, empujando y patoteando, con la secreta esperanza, tal vez, de ser reprimidos en forma violenta, como lo eran en otras épocas, para así victimizarse como mártires.

Pero el tiempo de la violencia desde el poder se terminó.

Hoy la opinión pública ve con total claridad de qué lado está quienes quieren construir y de qué lado los que pregonan el inmovilismo para frustrar los avances.

Con quienes discrepen con la reforma y quieran mejorarla, todo.

Con quienes lo único que quieren, es impedir el derecho a estudiar y posar de Intransigentes, nada.

Rampla: de triunfos, derrotas y una rica historia

Rampla: de triunfos, derrotas y una rica historia

Rampla perdió en dos finales la posibilidad de ascender a la divisional “A”, de regresar al lugar al que pertenece. Uno de los equipos con mayor cantidad de simpatizantes e hinchas.

Asentado en la popular Villa del Cerro, pero con gente que lo sigue que se encuentra dispersa por todos los barrios montevideanos y en la mayoría de los departamentos del interior del país. Hay un Rampla en los más diversos rincones del Uruguay.

Pasaron algunos días de ese momento y seguramente si esta nota la hubiera escrito con otro resultado final el contenido sería casi el mismo. La única diferencia iba a ser las emociones personales: de alegría inmensa ante el triunfo y de tristeza en la derrota. Se dio esto último, la derrota, pero nada más que eso.

Es verdad, hay que reconocerlo, no fue cualquier derrota, ante el tradicional adversario siempre adquiere una trascendencia mayor y porque no decirlo…duele más. Pero reitero, no pasa de eso, no puede pasar de eso.

Hablamos de fútbol, que forma parte importante en la vida de la mayor parte de los uruguayos, pero que no es la vida misma. La vida seguramente nos deparará, si ya no lo hizo, momentos más difíciles que seguramente empequeñecerán esta u otra derrota deportiva.

Estas cosas que tiene el fútbol, un triunfo o una derrota puede cambiar todo, te lleva del paraíso al infierno, del aplauso a la silbatina, de la aprobación al rechazo, de levantar en andas al titán vencedor a exigir que alguien sea quemado en la hoguera. No debería ser así, no es justo que sea así. Rampla es mucho más que eso.

Tuvo que atravesar en lo deportivo una primera parte del año muy mala, para el olvido, que se pudo revertir en la segunda parte, pero que nos llevó, unido al magro puntaje del año anterior a estar peleando hasta el último partido del campeonato, en los dos extremos: por lograr un lugar por el tercer ascenso y luchando por zafar del descenso a la vieja divisional “C”.

El esfuerzo estuvo dentro y fuera de la cancha. Se dejó todo. Jugadores, cuerpo técnico, colaboradores, dirigentes y la sufrida y siempre fiel gran parcialidad que llegó a agotar localidades, cosa no muy común en el fútbol uruguayo y menos en la divisional de ascenso.

¿Errores? Si, claro, errores se cometen siempre. Sobre todo, lo cometen los que hacen.

¿Discrepancias? Si, siempre van a existir, es sano que existan, es difícil que estén de acuerdo todos en todo. Pero la experiencia enseña que si tanto queremos a una institución hay lugares donde exponer esas diferencias, las redes sociales no es el lugar indicado. Menos aún utilizar el oportunismo de la derrota.

La dirigencia encabezada por su presidente Daniel Bianchi ha realizado una buena gestión, con aciertos, errores, con claroscuros, pero con un balance positivo. Un hierro caliente que nadie se animaba a agarrar.

Una sede que se caía a pedazos. Un salón de asambleas en los que había que andar saltando los charcos los días de lluvia. Un pozo que era el reflejo fiel de una piscina que hace 60 años esperaba ser concretada.

En poco tiempo, la situación cambió. Se logró un proyecto muy esperado, una gran obra social que beneficiaba a la institución y a toda la barriada.

La remoción de la sede en todos sus salones, sala de aparatos, entrenamiento y la piscina a punto de terminarse.

Con un grupo inversor privado y con un especialista en infraestructura deportiva a la cabeza, el sueño fue posible.

Las dificultades económicas están siempre a la orden en la mayor parte de las instituciones del fútbol uruguayo, Rampla, que arrastra deudas, no es la excepción. Pero el esfuerzo y trabajo logró, como no sucedía últimamente, que los jugadores y funcionarios del club estuvieron al día, incluso en los peores momentos deportivos.

Es cierto no ascendimos, el dolor es grande, pero la rica historia de Rampla obliga a seguir, 108 años de historia nos manda, con una parcialidad que empuja, que nos hace grandes.

Picapiedras a seguir! ¡Rampla necesita el esfuerzo de todos!

Es necesario mucho más que un triunfo o una derrota para ser grande como Rampla.

Vasconcellos y el látigo de la historia

Vasconcellos y el látigo de la historia

El 22 de setiembre, Día del Maestro, se cumplieron 107 años del nacimiento de quien inició su vida activa como maestro de escuela en el departamento de Artigas, y que luego se recibiría de abogado y desarrollaría una larga y fecunda carrera política al servicio de la nación: el Dr. Amílcar Vasconcellos.

Desde muy joven militó en el batllismo, llegando a ser diputado, consejero nacional de gobierno, ministro y senador. Fue un demócrata cabal que proyecta su legado ético hasta el presente, dejando para la posteridad un libro fundamental en la historia de la política uruguaya: “Febrero amargo” (1973).

Allí denuncia con coraje la grave situación en que se adentraba el país por la rebelión de los militares a la designación de Antonio Francese como ministro de Defensa Nacional.

El libro de Vasconcellos es una crónica de la evolución de esos acontecimientos, en que la subversión estaba derrotada pero los militares se apoyaron en las sospechas de corrupción con que aquella cuestionaba al sistema político, para justificar su execrable avance sobre la institucionalidad.

En esos días de febrero, en que los mandos militares publicitan sus tristemente célebres “comunicados 4 y 7” (que son apoyados por casi todo el Frente Amplio), la lucidez de Vasconcellos ve allí una escalada hacia la dictadura y lo denuncia en forma contundente:

“La prensa hace referencia a declaraciones de jerarcas militares que en esencia intentan justificar la subversión, señalando que ella es la consecuencia de la corrupción y, para hacerlo, al señalar que en tales o cuales sectores de la administración la corrupción existe, no vacilan en incurrir en actos que son de por sí básicamente corruptores porque son subversivos, al llevarse por delante sus mandos naturales y al entrar en valoraciones y declaraciones políticas que les está vedado. La corrupción existe no solo cuando se usan mal los dineros del pueblo -y esta es y debe ser sancionada por los órganos administrativos y judiciales pertinentes-; existe también cuando se busca sustituir a los organismos normales de la administración por quienes, no teniendo facultades ni autoridad para ello, la asumen por el solo hecho de tener la fuerza en sus manos”.

Hay que situarse en esa época para aquilatar la valentía de Vasconcellos en enfrentar con similar dureza a la izquierda violentista y a la derecha golpista, extremos aparentemente contradictorios, pero que coincidían en un mismo desprecio por el ordenamiento constitucional.

Eran tiempos en que el recién nacido Frente Amplio miraba con simpatía la revolución cubana, que había desvelado su inspiración marxista y promovía la censura y el paredón contra la libertad de pensamiento.

Eran tiempos en que los dirigentes uruguayos de izquierda hablaban en sus discursos de “la oligarquía blanca y colorada contra el pueblo del Frente Amplio”, aun cuando el FA había alcanzado apenas un 18% de los votos en la elección de 1971.

Ese fracaso fue, sin lugar a dudas, un estímulo para que la mayoría de los frenteamplistas se aliara estratégicamente con los militares en febrero de 1973, incapaces de comprender que una vez que estos se hicieran con el poder, la perseguirían de la forma más cruenta.

Lejos de esos cálculos políticos antidemocráticos e ingenuos, Vasconcellos se alzó como una voz lúcida en la denuncia de lo que se estaba gestando: “Que nadie se haga ilusiones: Latorre llegó y nadie ha olvidado cómo se tuvo que ir; los ‘latorritos’ que tratan de llegar -aunque puedan lograrlo mediante la ayuda de cobardes y traidores- que no olviden la lección histórica”.

Pocos meses después, el 27 de junio, se perpetró la disolución de las cámaras.

El golpe de estado, sembrado en aquel febrero amargo, ya era un hecho.

Y en la última sesión del parlamento, Vasconcellos pronunció un discurso tan breve como encendido: “Hay triunfadores efímeros que las hojas del viento desparraman y se olvidan hasta del odio de los pueblos. Ellos se sentirán vencedores y muchos serviles y miserables se acercarán para decorar una situación momentánea, pero ya sentirán también el látigo de la historia sobre sus hombros, como una mancha indeleble por la inmensa traición que están cometiendo contra el Uruguay”.

Qué ejemplo de dignidad y heroísmo, en un momento en que no se sabía qué podía esperar a los dirigentes políticos fieles a la Constitución y las leyes.

Con toda justicia, el 22 de setiembre de 2014, la Junta Departamental de la época homenajeó a este prohombre del batllismo, inaugurando una “marca de la resistencia” frente a la puerta de la que fue su casa, en 18 de Julio y Cuareim. “Ex casa del senador Amílcar Vasconcellos“ -dice la losa allí emplazada- “Dirigente de Partido Colorado, activo opositor a los militares golpistas y a la dictadura”.

Porque hay paradigmas de heroísmo que no se desparraman con el viento.

Porque donde haya un batllista, los latorritos serán desenmascarados y, tarde o temprano, recibirán el latigazo de la historia.