Nuestras Pesadillas (XVII)

Nuestras Pesadillas (XVII)

En junio de 1968 el problema más grave que enfrentaba el gobierno de Pacheco no eran las movilizaciones estudiantiles (de carácter urbano, nunca fueron a nivel nacional). El peligro estaba en otra parte: en Washington, donde trabajosamente se negociaba la refinanciación de la deuda externa. Y había tres aspectos que jugaban en su contra.

Para empezar Washington no tenía casi información de Pacheco. Su trayectoria política había sido muy modesta (aunque para nada mediocre, como se ha creído). No había sido ministro ni tampoco jerarca de algún organismo estatal importante. No era líder de ningún sector grande o pequeño del Partido Colorado. No se conocía su pensamiento sobre los problemas que aquejaban al Uruguay. Sus charlas con los diplomáticos de la embajada de EE.UU. se habían limitado a las reuniones sociales de carácter protocolar. Los norteamericanos no sabían exactamente si poseía o no dotes de estadista.

En segundo término, durante el segundo gobierno nacionalista las obligaciones crediticias contraídas no se habían cumplido. Incluso en el año 1965 partió hacia el exterior una misión con el objetivo de obtener fondos por fuera de los organismos internacionales de crédito. Esto era un mal antecedente.

En tercer término, durante el gobierno de Gestido por cien días hubo una ruptura con el Fondo Monetario Internacional (FMI) – por iniciativa del entonces ministro de Hacienda de Amílcar Vasconcellos – que generó desconcierto. Uruguay estuvo a punto de quedar aislado internacionalmente.

Además de estos aspectos Washington, desde la óptica de la Guerra Fría, observaba con preocupación la agitación social que se desarrollaba. ¿Pacheco era un dubitativo como Gestido o tomaría con firmeza las riendas del gobierno? ¿Podían confiar o no en que cumpliría con las obligaciones contraídas?

Si la refinanciación se frustraba el país quedaba en una situación económico-financiera muy precaria. Los riesgos eran múltiples. De ahí que, contrariamente a lo que ha parecido, las Medidas Prontas de Seguridad del 13 de junio de 1968 fueron producto de la debilidad del gobierno. No de su fuerza. Entre la espada y la pared Pacheco optó por un camino. No fue una decisión exclusivamente pachequista. Todo lo contrario. El Partido Nacional- Wilson Ferreira Aldunate incluido- las apoyó. No era tan sólo un problema del gobierno sino que Uruguay mismo estaba en una situación de extrema vulnerabilidad. El Partido Nacional, tras ocho años de ejercer el gobierno, comprendía muy bien esto.

Estas razones de Pacheco para tomar esa decisión explican por qué Flores Mora votó esas medidas, pero renunció a su cargo y ofreció refugio a los dirigentes de la CNT si eran requeridos. Y esto explica también, por qué Alba Roballo no votó las medidas pero, al renunciar, expresó públicamente: “subrayo que las motivaciones que ha tenido este gobierno que Ud. preside para dictar las Medidas Prontas de Seguridad son orden superior y patriótico y que nunca ha tenido más motivo un gobierno para llegar a ese extremo constitucional. Esta actitud no contradice mi adhesión personal y política a ese Gobierno y su persona, que será manifestada a través de la actuación en el Parlamento y desde mi banca, donde seguiré testimoniando la confianza que tengo en el Gobierno Colorado y el inmenso aprecio personal que tengo al señor Presidente”.

Ahora bien. Si se lee atentamente el decreto que implantó las Medidas Prontas de Seguridad, aquel 13 de junio de 1968, no se menciona, ni sola vez, a los tupamaros. Es que los tupamaros no tenían nada que ver con lo que estaba ocurriendo. Así de simple.

Nuestras Pesadillas (XVI)

Nuestras Pesadillas (XVI)

A mediados de mayo de 1968 hubo serios incidentes en las calles de Montevideo con pedreras de ómnibus, barricadas con quema de neumáticos y enfrentamientos crecientemente violentos con la policía, aunque no necesariamente un reflejo o una mera imitación de lo que ocurría en Francia. En un primer momento las protestas estuvieron protagonizadas por alumnos liceales y de preparatorios agremiados en la Coordinadora de Estudiantes de Secundaria del Uruguay (CESU) por el anuncio del posible aumento del precio del boleto.

A fines de mes se produjeron ocupaciones en doce liceos capitalinos. Un compromiso de la Intendencia de Montevideo para implementar un mecanismo de subsidio que mantendría inalterado el precio del boleto estudiantil, posibilitó un impase. Sin embargo, una parte importante de los estudiantes no acató la resolución de CESU y continuó las ocupaciones con el objetivo de lograr un “boleto estudiantil y popular subsidiado por la banca y el latifundio”.

Mientras tanto, otros sectores de la enseñanza se plegaron a la movilización. Los estudiantes y docentes de la Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU) y los estudiantes de Magisterio protagonizaron huelgas que se extendieron hasta principios de junio. El día 5 de ese mes se realizó un paro nacional de la enseñanza pública. En el caso de los profesores de Secundaria, la designación como director general de Arturo Rodríguez Zorrilla fue, también, motivo de conflicto. A pesar de que contaba con el apoyo de las gremiales docentes agrupadas en la Federación de Profesores, no contaba con las simpatías de los sectores mayoritarios de los partidos tradicionales. En medio de este panorama, la FEUU se involucró en la contienda social convirtiéndose en el motor principal de las luchas. El día 6 organizó una manifestación por 18 de Julio en demanda del pago de la deuda presupuestal que mantenía el gobierno con la enseñanza que desembocó en pedreas y disparos de la policía.

Al día siguiente, luego de un acto multitudinario realizado frente a la Universidad se produjo, por más de tres horas, una refriega que dejó como saldo numerosos jóvenes lesionados, decenas de detenidos y cuantiosos daños materiales. La FEUU deslindó responsabilidades sobre la quema indiscriminada de vehículos, pero no pudo evitar que circulara la versión de que los estudiantes deliberadamente aumentaban la violencia.

A esa altura de los acontecimientos existía la impresión que se estaba ante una situación de casi anarquía. No es que los estudiantes fueran capaces de hacer caer a Pacheco. Pero, ciertamente, la paz y la tranquilidad pública estaban seriamente afectadas. La CNT, a pesar de integrar la mesa de diálogo de la Comisión Tripartita, no pudo eludir el apoyo a la FEUU, que desde 1958 era sus “aliado estratégico”. Otro foco de conflicto se constituía en la banca oficial, donde comenzaban a realizarse paros parciales. El Partido Comunista – pese a ser partidario de la negociación – brindó un decidido apoyo al acto obrero-estudiantil del día 12 de junio, que buscó unificar las luchas.

Como una tragedia griega los actores no podían eludir su destino, aunque los tupamaros aún no aparecían en escena. Es más: es probable que ni sus dirigentes más capaces pensaran que se iba a dar una situación semejante. ¿O sí…?

Nuestras Pesadillas (XV)

Nuestras Pesadillas (XV)

¿Es correcto que Pacheco, involuntariamente, “creó muchos tupamaros” por su autoritarismo? ¿Es correcto que los tupamaros, involuntariamente, “crearon muchos pachequistas” por sus acciones violentas?

Retornemos al año 1968. El 18 de abril de ese año Pacheco, vestido de frac, subió las escalinatas de la embajada de Italia para asistir a una cena y recepción de gala. Parecía estar distendido, pero era una ilusión. Su gobierno era frágil. Dentro del Partido Colorado hubo en esos días tibios elogios por su discurso del 1° de marzo y por el éxito de la misión refinanciadora que había emprendido el ministro de Hacienda César Charlone. Pero, aunque nadie lo decía en voz alta, el gobierno estaba igual, según se decía entonces “que el carguero chipriota que había encallado frente a las costas uruguayas y en cualquier momento se iba a hundir completamente”. Entonces, los hechos se precipitaron. Se produjo una crisis ministerial y al mismo tiempo, estalló el escándalo de “La Infidencia” (uno de los mitos más dañinos y perdurables en la historia política del Uruguay). Los tupamaros nada tuvieron que ver con esta crisis.

Pacheco reorganizó su gabinete, en parte, con figuras sin ataduras político- partidarias. Mucho se ha hablado y escrito sobre esta suerte de “gabinete empresarial” compuesto por hombres dispuestos a defender sus intereses de clase. Sin embargo, hay un detalle en esta nueva composición ministerial que no debe ser pasado por alto: Pacheco nombró como ministro de Trabajo a Manuel Flores Mora. Apenas asumió inició una negociación con la CNT, se formó una Tripartita y se pacificó, en gran medida, la situación sindical. Y en el Ministerio de Cultura nombró a Alba Roballo.

O sea que afirmar que en abril-mayo de 1968 Pacheco pensaba dar palos a diestra y siniestra a obreros y estudiantes, no parece verosímil. Entonces…¿qué pasó?Lo que ocurrió tampoco fue provocado por los tupamaros, aunque sí tuvo que ver con el “clima de la época” en que ellos estaban inmersos. Las ondas expansivas del “Mayo Francés” llegaron a Uruguay. En Francia parecía vivirse “otro 1789”. El general Charles De Gaulle, el “Grand Charles” héroe de la Segunda Guerra Mundial, que había dominado la política francesa durante veintiocho años, con una oposición desorganizada y una economía en recuperación, pareció impotente ante una revuelta estudiantil de proporciones inéditas.

Las luchas en las viejas calles del Barrio Latino adquirieron extrema violencia. En Lyon, Estrasburgo, Marsella y otras ciudades, manifestaciones masivas respaldaban a los estudiantes parisinos. Las “Tres M”, Marx-Mao-Marcuse, eran sus íconos y en las paredes escribían una frase que haría historia: “la imaginación al poder” bajo el liderazgo de Daniel Cohen Bendit. Además, casi diez millones de trabajadores se plegaron a la misma con una huelga que sumió al país en una situación cuasi revolucionaria.

La mentalidad que se comenzó a extender entre los estudiantes uruguayos apuntó al rechazo de la formalidad académica, la vida profesional y las relaciones familiares tradicionales. Lo principal pasó a ser la militancia –austera y desconfiada frente a “las diversiones propiamente juveniles o el ‘divague’ ”– no el estudio y se concibió a la lucha política como una obligación moral. Esta visión crítica apuntó tanto a los partidos tradicionales como a la izquierda moderada. El movimiento estudiantil francés fue visto con simpatía, paralelamente a las movilizaciones que se daban en Uruguay. Esta forma de ver y sentir la militancia fue el motor de las movilizaciones que sacudieron al país y que llevarían al gobierno de Pacheco a considerar que se estaba frente a una conspiración- alentada por “agitadores profesionales”– que buscaba socavar las bases democráticas…

Pero nadie hablaba de los tupamaros.

La Política y la Ética de la Responsabilidad

La Política y la Ética de la Responsabilidad

Luego de que se amplió el derecho al voto los partidos británicos fueron lentos en captar votantes. Hubo un partido que en términos modernos podríamos definir como clientelista, el Partido Conservador, y muchos de sus integrantes eran terratenientes o integrantes del alto comercio por lo tanto influyentes en los sectores populares y conseguir apoyo de los sectores populares que no pertenecían a la élite.

Fue el Partido Laborista británico el que lograría movilizar a la clase obrera y terminaría sustituyendo a los liberales como el segundo partido de la política británica. Este partido se origina en año 1900 como el brazo político de un comité de representación de trabajadores agrupados en el gran congreso sindical de 1899.

Se suele decir que la relación entre los partidos comunistas latinoamericanos y Moscú es un simple lazo de dependencia y, en cierto modo, unilateral. En las relaciones del Kremlin con los partidos comunistas latinoamericanos, existen tres grandes periodos: el de la existencia de la Internacional Comunista (1919-1943), el de las Posguerra y la Guerra Fría y el que se prolonga desde la Revolución Cubana hasta hoy.

En los Estados Unidos la base democrática de su fundación la tensión era entre esa concepción un buen gobierno en el cual el individuo es lo más importante. Toda esta introducción viene por los diferentes conceptos para calificar hechos de por si complejos y de alto costo social por teóricos de diferentes orígenes políticos.

En nuestro país, en los complejos años sesenta la izquierda estaba fragmentada en un conjunto de partidos menores y con escaso poder electoral dentro de los cuales predominaban el Partido Socialista (PS) y el Partido Comunista (PCU). Tenía un peso menor electoral pero muy consistente ideológicamente el partido de tendencia social cristiana denominado Partido Demócrata Cristiano (PDC). Para el común de la gente todos estos partidos eran la «izquierda». Siguiendo los lineamientos de Moscú o la influencia revolucionaria cubana se debería llegar a un frente popular que aglutinara todas las expectativas sociales y revolucionarias de la «izquierda».

Por entonces nuestro país atravesaba una crisis profunda en que la economía aparecía como la punta de un iceberg. La
realidad era mucho más compleja y se podría resumir en una crisis profunda de valores democráticos. Eran tiempos de cambio, la sociedad los buscaba a través del voto y vaya que desde 1959 lo conseguía con los Colegiados blancos
y luego con la reforma Constitucional y un Militar como presidente electo. Fue el momento de intereses contrapuestos, por un lado los sectores políticos que trataban de navegar la crisis sin perder caudal electoral, la izquierda manifestando en los medios de difusión apocalípticas presunciones de una debacle inminente de todo el sistema, los técnicos colocados en cargos ministeriales y que sería los responsables de todas las medidas antipopulares y finalmente los fundamentalistas de derecha ubicados en un protagonismo militar creciente y los de izquierda con Sierra Maestra como ejemplo. Y el accionar diluido por la historiografía reciente del movimiento tupamaro para llevar al poder por la vía armada. Hubo, y hay, momentos de responsabilidad mal resueltos pero utilizados en forma muy criticable por las oposiciones políticas del momento.

En materia económica a mediados de los sesenta hubo una gran crisis en el sistema bancario. La multiplicación de las financieras parabancarias (en su mayoría, filiales de los propios bancos) se centraba en la recepción de depósitos y en la realización de colocaciones al margen de las normas que regulaban la actividad bancaria; proporcionaron, al mismo tiempo, más y mejores canales para la evasión de capitales.

La crisis bancaria de 1965 y sus derivaciones pusieron de manifiesto la existencia de ·grandes masas de capital controladas por los bancos, pero operadas a través de esas filiales. Para sostener y aumentar sus niveles de ganancia la banca apeló, además, a las operaciones en moneda extranjera.

Por esta vía se aseguraba el reembolso del capital y el cobro de intereses no deteriorados en su valor real. Toda esta situación originó una andanada de agitación social, reclamos de los trabajadores asalariados, paros y manifestaciones que motivadas por el ideal revolucionario se convirtieron en violenta. La gente voto seguridad, una Constitución con instrumentos importantes para el Poder Ejecutivo y un militar con una imagen de buen administrador y firmeza. Su repentina muerte a fines de su primer año de gobierno va a cambiar el eje político de cómo enfrentar los problemas con un enfoque pragmático y firme frente a la situación que venimos relatando.

Hoy vemos, como si la Historia de nada sirviera, una creciente ola de reclamos y coordinaciones entre grupos sociales para un cambio de modelo. El modelo vigente fue el que resulto electo en comicios libres y en plena democracia como en los sesenta. Los instrumentos legales, la democracia plena y los intereses reales de cada modelo están hoy enfrentando los coletazos de una pandemia, el control de la inflación, el mantenimiento del empleo por un lado. Y por el otro ver las carencias y los problemas que afectan a sectores de nuestra sociedad. La grandeza será manejar los instrumentos democráticos enfrentando a una impaciencia que aparece en algunos conceptos como posicionamiento electoral.

Nuestras Pesadillas (XIV)

Nuestras Pesadillas (XIV)

Haré una afirmación: los tupamaros, entre enero de 1966 y agosto de 1968, no fueron un actor político relevante. Alguien podría preguntar, ¿en qué se basa Ud. para realizar esa afirmación?

Observemos los hechos históricos. El 22 de diciembre de 1966 los tupamaros sufrieron una dura derrota. En un fracasado intento de robo a la oficina de pagos de la fábrica FUNSA, cae muerto Carlos Flores, un integrante de la organización que trabajaba en Época. La policía no tardó mucho en averiguar todos sus datos y comenzar las redadas, las detenciones, pesquisas y allanamientos. Con la información obtenida llegaron hasta la llamada “Base Eduardo Pineda” en La Teja, donde hicieron detenciones.

Las averiguaciones en la zona llevaron a la policías hasta un criadero de aves donde se encontraba el cañero Wilson González y Mario Robaina,el “Tarta”, quien se resistió y fue abatido a balazos Al frente de ese operativo estuvieron los comisarios Silveira Regalado (jefe de Radio Patrulla), Rodríguez Moroy y Alejandro Otero. En ese procedimiento, el comisario Silveira Regalado cayó muerto por una ráfaga de proyectiles en acción confusa.

Los tupamaros quedaron casi al borde de la extinción. Sin embargo, lograron sobrevivir pese las sucesivas razzias y allanamientos policiales. A esa altura, el comisario Alejandro Otero- jefe del Departamento de Inteligencia y Enlace – tenía bien en claro a quiénes estaba enfrentando. Pero…¿era el único entendido en el tema de la guerrilla?

Contrariamente a lo que comúnmente se cree, las Fuerzas Armadas uruguayas ya se preparaban para la lucha antiguerrillera. El Inspector General del Ejército general Hugo Tiribocchi, en una entrevista que le realizó Marcha el 13 de enero de 1967, cuando fue interrogado sobre los cambios en la organización y objetivos de combate, cuyo énfasis ya no era prevenir un ataque del exterior sino preservar el orden interno, Tiribocchi respondió afirmativamente. “(…) Ha cambiado la naturaleza de la amenaza (…) esta amenaza plantea cambios en los problemas del mantenimiento de una guerra clásica. Lo que enfrentan ahora los países son los problemas internos de seguridad y dentro de los planes de instrucción se ha dado preferente atención a una nueva modalidad que se aparta de los fundamentos clásicos. En varios países del continente se han creado organismos dentro de la organización militar especializados en la lucha antisubversiva, desde los problemas de información hasta los de índole social y económica del país. Es un problema integral”.

Al margen de ello, los tupamaros casi no fueron noticia durante 1967, salvo un incidente cuando la Policía allanó un escondite en El Pinar. En esos momentos, Sendic estaba en Cuba y al regresar – tuvo que adelantar su regreso por lo ocurrido- informó que la ayuda que brindaría la isla era escasa. Hasta que no se puedan leer los documentos desclasificados de la inteligencia cubana – y va a pasar, mucho, mucho tiempo – no sabremos exactamente el tipo de relación que hubo entre Cuba y los tupamaros. A título personal conjeturo que el gobierno de Fidel Castro, en ese momento, no estaba dispuesto a apostar muchas fichas a los tupamaros. En 1967 eran un puñado de insurgentes, con escasos apoyos en la población, una débil infraestructura, en un país que no tenía las condiciones subjetivas y objetivas para una revolución armada.

Por otro lado, el gobierno de Oscar Gestido tuvo muchos vaivenes y le costó mucho encauzar el rumbo pero, los tupamaros no estuvieron en su agenda. Conocemos bien la historia: Gestido murió el 6 de diciembre y asumió Jorge Pacheco Areco.

Es cierto que, 12 de diciembre, decretó la ilegalización de la Federación Anarquista Uruguaya (FAU), Grupo de Independientes de Época, Movimiento de Acción Popular Uruguayo (MAPU), Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Movimiento Revolucionario Oriental (MRO) y Partido Socialista y la clausura definitiva del diario Época y el semanario El Sol, por adherir a los postulados de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) que preconizaba la lucha armada para llegar al poder.

Pero aquí hay dos aspectos: ese decreto había sido confeccionado en vida de Gestido (no fue una iniciativa suya) y paradojalmente, los tupamaros no tuvieron arte ni parte en el tema de la OLAS.Hasta abril de 1968 el gobierno de Pacheco estuvo en una situación incierta y los tiempos se estaban agotando.

Nuestras Pesadillas (XIII)

Nuestras Pesadillas (XIII)

En un olvidado pero valioso y polémico trabajo “La crisis del sistema político uruguayo” (1995) el politólogo Luis Costa Bonino afirma que los tupamaros fueron la contracara del Uruguay batllista.

Mientras que el batllismo representaba un débil nacionalismo, anti religiosidad, hedonismo, consumismo y adhesión a valores de seguridad, los tupamaros proclamaban un fuerte nacionalismo, una actitud religiosa, anti hedonismo, ascetismo y una actitud “heroica”. De acuerdo con Costa Bonino, los tupamaros le daban mucha importancia al valor de la austeridad porque existía una voluntad expresa de buscar la “proletarización”. La razón era considerar, en clave marxista, al proletariado como la única clase revolucionaria. Pero… ¿no estaban reconociendo con esto, implícitamente, que ellos no eran proletarios?

Más allá de cuestiones ideológicas, en 1965 los tupamaros entraron en acción. En diciembre de ese año estallaron dos bombas de gran poder en el domicilio del presidente de la gremial de Exportadores Barraqueros y en la sede de la Cámara Mercantil de Montevideo. Unos volantes firmados con una estrella de cinco puntos, con una T en el medio, responsabilizaban a los banqueros y latifundistas por la crisis del Uruguay. El día 15, un grupo de “peludos” planeó ocupar militarmente el caserío de Colonia Palma, sobre la ruta 3. Pero esta acción se suspendió.

A mediados de enero de 1966, en un rancho de El Pinar se realizó la I Convención tupamara. Más allá de los debates según la biografía de Sendic escrita por Samuel Blixen todo casi se va al diablo porque éste se oponía a la creación de una nueva organización política. Sendic argumentó que por ese camino, otras organizaciones se iban a poner en contra. Dividía en vez de sumar. De ahí que poniendo el ejemplo de la represión contra los cañeros en el norte y la aplicación de Medidas Prontas de Seguridad por dos veces en el mismo año, había que desplegar una política armada. En esta I Convención tupamara se aprobaron las tesis de la reunión de Parque del Plata y se aceptó la estrategia de una guerrilla urbana, aunque este punto – aparentemente- no fue debatido. A fines de 1966 en un local de la calle José L.Terra lograron montar un laboratorio de explosivos en el altillo, un depósito de dinamita en el sótano y un embrión de hospital de campaña en el baño. En la calle Agraciada, con la fachada de una agencia de publicidad, estaba la imprenta.

Además estaba la Base Eduardo Pineda en La Teja, un apartamento en el Buceo, un sótano en la calle Gonzalo Ramírez, una chacra en Canelones, un criadero de aves, un rancho en Solymar, entre otros lugares, incluyendo el interior del país. El montaje de esta estructura clandestina exigió esfuerzos humanos y la obtención de recursos financieros por medio de robos.

Al margen de esto, el gobierno del Partido Nacional logró estabilizar la situación económica gracias al desempeño del escribano Dardo Ortiz en la cartera de Hacienda. Este hombre de talante conservador y muy estudioso, tenía dos características: era un decidido partidario de que el Estado no podía gastar más dinero del que tenía y no vacilaba en decir “no” ante los continuos reclamos sociales.

Lo cierto es que el año electoral de 1966 fue mucho más pacífico que el “Año Terrible” y la ciudadanía se concentró en la reforma constitucional. En noviembre de 1966 las urnas dieron su veredicto: el Partido Colorado retornó al poder aunado al triunfo de la “Reforma Naranja”. Tras más de medio siglo el Colegiado desapareció definitivamente de la agenda política y se reimplantó un sistema presidencialista.En este contexto los tupamaros recibieron un golpe casi demoledor.

Nuestras Pesadillas (XII)

Nuestras Pesadillas (XII)

La reunión de Parque del Plata de 1965 dejó al Partido Socialista en una difícil situación: a partir de ahí un grupo importante de sus militantes – Sendic, Marenales, Manera, Hector Amodio Perez y otros más – formaban parte de “otra organización”. Esto originó el fenómeno de la “doble militancia”. En la legalidad socialistas, en la clandestinidad, tupamaros.

¿Es suficiente con analizar el origen de los tupamaros y el pensamiento que inspiró su opción por la lucha armada, para comprender cabalmente los hechos del pasado reciente? Mi respuesta es no. En 1965 – el llamado “Año Terrible” – ocurrieron otros episodios significativos.

Para empezar la logia militar los “Tenientes de Artigas” se fundó ese año. La cuestión de la guerrilla, obviamente, no estuvo en las causas de su constitución. Sí existió un sólido rechazo al “marxismo internacional” y un resentimiento pronunciado hacia la clase política. Desde el ocaso del período terrista, la estructura vertical estaba muy distorsionada por el reingreso de los militares (legalistas) destituidos en el período 1933-1938. A su vez, las prácticas clientelísticas del batlleberrismo en el tema de los ascensos a generales provocaron un extendido descontento en el cuerpo de oficiales. Para colmo de males, la clase política, a principios de los ’60, parecía no estar a la altura de la circunstancias.

En la creación de los “Tenientes de Artigas” – al igual que en el caso de los tupamaros – hay una dimensión moral: en situaciones de extrema emergencia, los soldados son el último baluarte de la Patria. La Patria es una como una madre que hay que defender a cualquier precio y está, incluso, por encima de la democracia. El golpismo no tenía inspiración en la toma de poder por el poder mismo, sino en la idea de la salvación de la Patria.

En noviembre de 1965 existió otro hecho importantísimo: el triunfo de Jorge Batlle en las elecciones internas de la lista 15. Fue el fin del quincismo estatista, dirigista económicamente y colegialista. Se ha sostenido que Jorge Batlle fue una suerte de “parricida”. En realidad lo que ocurrió es que entendió perfectamente la vetustez del sistema de sustitución de importaciones. De ahí que pareciera que ya no era el mismo “batllismo de antes”. Había “algo” en la 15 liderada por Jorge Batlle que la tornaba, a veces, irreconocible con su pasado inmediato. Esto alteró el panorama político y de alguna forma, acaso inconsciente, no pocos ciudadanos batllistas comenzaron a buscar esa matriz perdida en otros lados.

Y en 1965 sucedió otro hecho más: el diputado Jorge Pacheco Areco, renunció a su cargo de director de El Día. ¿Los motivos? Había apoyado al general Oscar Gestido en su intención de reformar la Constitución y volver al presidencialismo. Pacheco pensó que era el fin de su carrera política y consideró irse a radicar a la Argentina para trabajar como periodista. Pero la historia, que suele dar sorpresas, tenía otro destino para él. ¡Qué año 1965…!

Nuestras Pesadillas (XI)

Nuestras Pesadillas (XI)

Si aceptamos que la reunión de Parque Plata de 1965 fue un punto de inflexión en la izquierda uruguaya, porque ahí surgieron los tupamaros, estamos reconociendo un aspecto interesante: no se originaron en un Uruguay próspero, con una democracia perfecta y armonía social.

El Uruguay de 1965 estaba sobresaturado de problemas sociales, económicos y político-institucionales. La quiebra del Banco Transatlántico, provocó una crisis financiera de gran magnitud que socavó a la economía. El gobierno decretó por dos veces consecutivas Medidas Prontas de Seguridad ante la conflictividad sindical, hubo un breve pero perturbador momento institucional en que se produjo un vacío de poder y corrieron rumores de amenazas golpistas y de invasión desde Brasil. Pero… ¿se estaba ante una situación pre-revolucionaria?, ¿la opción armada era la correcta en esas circunstancias? Admito que se debe hacer un esfuerzo considerable para comprender la lógica y motivaciones de aquellos hombres y mujeres que tomaron los “fierros”. Comprender, no juzgar.

No se puede creer que comparaban el segundo Colegiado blanco con la tiranía de Fulgencio Batista. En realidad, conocían muy bien las características de la democracia uruguaya. Y las despreciaban. Desde la óptica tupamara era un tinglado que ocultaba un sistema de opresión. Los uruguayos creían que disfrutaban de libertades, garantías y derechos, los rituales se cumplían religiosamente (elecciones no fraudulentas), pero estaban anestesiados por el sopor democrático. El Documento 1 es muy claro en este sentido: “El ocultamiento de la explotación, la violencia y la dictadura de clases detrás de las formas legales constitucionales, etc., táctica que a la oligarquía le rendido y le ha operado casi un siglo en nuestro país, es uno de los factores que más contribuye a impedir la toma de conciencia revolucionaria a grandes sectores del pueblo…”

Afirmaban que el hecho “de un gobierno surgido de elección popular es un inconveniente para justificar a escalas de las grandes masas la necesidad de la lucha armada, pero ni esta situación es permanente porque el Uruguay ha estado varias veces en los últimos años al borde del golpe de Estado militar, ni siempre un gobierno electo goza de autoridad”.

Obsérvese que, desde los mismos inicios, los tupamaros sabían bien que terreno estaban pisando. Hector Amodio Perez ha sostenido que luego de oír la charla de Mario Benedetti en Casa del Pueblo (diciembre de 1962) los jóvenes socialistas, a contrario sensu de sus palabras, salieron convencidos que estaban destinados a cambiar el destino de Uruguay.

Pero…Benedetti había explicado que el “hombre disponible” uruguayo, en ese momento histórico, no tenía un espíritu revolucionario. Todo lo contrario. El mismo Documento 1 de la organización lo admitía. ¿Entonces…?

Si mi análisis del pensamiento tupamaro es correcto, esos hombres y mujeres consideraron en 1965 que el ejercicio de la violencia sería el gran despertador de los uruguayos. La acción tupamara- en la modalidad de guerrilla urbana – haría caer el tinglado montado por la oligarquía y el sistema de opresión quedaría al desnudo.Hay una dimensión moral: en un país de timoratos y pusilánimes -esto no sólo lo dijo Benedetti en “El País de la cola de paja” sino también, Joaquín Martínez Arboleya (Santicaten) en “El país del miedo”– los tupamaros serían un ejemplo de coraje y entrega, aún para las otras fuerzas de izquierda. No tendrían miedo a matar y morir, para imponer un régimen socialista.

Nuestras Pesadillas (X)

Nuestras Pesadillas (X)

A riesgo de equivocarme, me animo a sostener que el robo del Tiro Suizo no fue obra de los tupamaros. Imagino que más de una persona, con todo el derecho del mundo, me podría preguntar: ¿en qué basa Ud. semejante afirmación? Mi respuesta es: en la documentación histórica disponible.

En 1963 no existía ninguna organización que se denominara Tupamaros. Existió una primera fase entre julio de 1963 y principios de 1965, donde los integrantes del Coordinador hicieron un aprendizaje básico sobre el uso de armas y las tareas clandestinas. Hicieron acciones: asalto a bancos, apoyo a protestas y movilizaciones obreras, atentados contra empresas o miembros de la denominada “oligarquía”. Pero no eran tupamaros.

De acuerdo al historiador Fernando López D Alessandro su principal referente era la UTAA “que marcaba el tiempo y ritmo”. La marcha cañera de 1964 generó tensiones dentro del Coordinador porque sus integrantes Julio Vique, Nelson Santana y Ataliva Castillo, con el apoyo del MAC, cometieron un asalto sin autorización del organismo y terminaron en prisión. Esta situación incierta se agravó en octubre de 1964 cuando Manera y Marenales fracasaron en asaltar un banco y cayeron en presos.

La forma de reafirmar la unidad, ante esa crisis interna, fue ir a la acción y se logró un asalto exitoso a una armería. Pero el botín (las armas) desaparecieron y esto provocó el fin del Coordinador pero la vocación de lucha armada no extinguió. En 1965, el llamado “Año Terrible” (crisis bancaria, vacío de poder, rumores golpistas, dos veces Medidas Prontas de Seguridad, presiones de la dictadura brasileña …) la UTAA organizó una marcha cañera que fue duramente reprimida. Como consecuencia de esta situación se convocó a una reunión en Parque del Plata.Los tupamaros estaban por nacer.

Nuestras Pesadillas (IX)

Nuestras Pesadillas (IX)

¿Si la Unión Popular hubiese tenido éxito, habrían existido los tupamaros? Hay quienes consideran que hacer estos ejercicios contra-fácticos o ucrónicos, son una verdadera masturbación mental (para no usar un término más vulgar) sin ninguna utilidad analítica. Sin embargo, estos ejercicios le permiten al historiador observar aspectos de los hechos ocurridos que, tal vez, le pasarían desapercibidos.

El artículo de Sendic publicado por El Sol el 16 de marzo de 1963, donde prácticamente reniega de la legalidad y apuesta a la acción directa, no puede ser visto como un impulsivo acto individual. El Partido Socialista no rechazó este planteo. La posición de Sendic representaba la radicalización de una parte considerable de la militancia frustrada por el fracaso de la Unión Popular..

Admito haber estado tentado, hace un tiempo atrás, de sostener que los tupamaros fueron la expresión armada del socialismo nacional pregonado por Vivian Trías. Pero, el estudio riguroso de la documentación conocida, demuestra que el proceso fue muchísimo más complejo. En el momento que Sendic escribe este artículo ya venía funcionando el llamado Coordinador y ahí estaban un grupo de autodefensa del Partido Socialista (Jorge Manera, Tabaré Rivero, Héctor Amodio Pérez, Julio Marenales y Heraclio Rodríguez Recalde), la Federación Anarquista Uruguaya(FAU), el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), el Movimiento de Apoyo al Campesino (MAC), otros grupos menores y personalidades independientes.El objetivo del Coordinador era, en un principio, enfrentar la represión de los grupos de derecha. Al margen que la dirección del Partido Socialista avaló estas actividades, el planteo de acción directa iba más allá del socialismo nacional. La convicción de que se debía emplear la violencia política traspasaba las fronteras del Partido Socialista.

No está del todo claro si hubo desde el inicio una discusión más o menos intensa sobre el método de llegar al poder, la organización para hacerlo y la forma concreta de lucha. A estos grupos de izquierda no comunista los que los unía en el año 1963 era la convicción que se debía dejar atrás la retórica y pasar a la acción. “Las palabras nos dividen, los hechos nos unen”

El robo de armas al Tiro Suizo, en la noche del 31 de julio de 1963, es considerado un principal mojón de la lucha armada en el Uruguay.Pero… ¿se puede afirmar que aquel robo fue la primera acción de los tupamaros?