Nuestras Pesadillas (XXX)

Nuestras Pesadillas (XXX)

¿Y si la Revolución Cubana fue una de varias causas de la lucha armada en Uruguay? Para intentar responder a esta pregunta es bueno recordar que en los años cincuenta a la par que el capitalismo se expandía, el mundo colonial – Asia, África y Oriente- se derrumbó y emergieron los nacionalismos populares en los países del llamado Tercer Mundo. Los jóvenes socialistas de aquel tiempo observaron el proceso descolonizador con avidez, así como las nuevas realidades latinoamericanas. En junio de 1954, el presidente de Guatemala, Jacobo Árbenz, se convirtió en el primer líder latinoamericano en ser derrocado por el gobierno de los Estados Unidos. Esto fue impactante para la militancia socialista. Frugoni condenó este hecho pero, también, culpó al comunismo de ser responsable de la tragedia.

La guerra civil de Argelia que enfrentó al Frente Nacional de Liberación con el ejército francés provocó tensiones en la interna socialista. El primer ministro de Francia era el socialista Guy Mollet y no estaba dispuesto a conceder la independencia a los argelinos. La represión fue durísima. El entonces ministro de Justicia Francois Miterrand no sólo justificó la intervención, sino que planteó el otorgamiento de “plenos poderes” a los militares. El Partido Socialista tenía una larga y fraternal relación con el socialismo francés y de acuerdo con el historiador López D’Alessandro la conmoción, ante estas acciones, fue tan grande que provocó su retiro de la Internacional Socialista cuando Mollet fue nombrado vicepresidente de la misma.

Aquel partido de raíz histórica pro occidental, democrática, mitrista y eurocéntrica ya no sintonizaba con los cambios vertiginosos que se producían a nivel mundial.

A su vez, en las elecciones de noviembre de 1954, con una situación económica y social incierta, una amplia mayoría ciudadana apostó por Luis Batlle. Si bien el líder colorado fue muy eficiente en ganar la justa electoral, da la impresión que confió demasiado en sus capacidades – que no eran pocas – para resolver una crisis latente que tenía varias aristas.

Dejando de lado, momentáneamente, los indicadores económicos, en 1955 existía una cuestión política central: el Partido Colorado estaba en un permanente estado de guerra interno entre el batlleberrismo (lista 15) y el batllepachequismo (lista 14). La feroz disputa entre la 14 y la 15 sobre cuál era la solución correcta para paliar el déficit fiscal impidió lograr los votos parlamentarios para aprobar el plan impositivo (pese a que la l5 logró el apoyo de la mayoría de la Convención batllista). Entre agosto – octubre de 1955 el gobierno de Luis Batlle quedó virtualmente paralizado. En mayo de 1956 se produjo el alejamiento definitivo de los ministros catorcistas del gabinete y la 15 quedó gobernando casi en solitario mientras la crisis económica se agravaba.

(Admito que aun no comprendo totalmente porqué EE.UU. le soltó la mano a Luis Batlle pero es indudable que los resultados de su visita a ese país, 5 al 28 de diciembre de 1955, fueron magros. EE.UU. no estaba dispuesto a sustituir a Inglaterra como comprador de nuestras materias primas)

Estos hechos no hicieron más que confirmar a la nueva generación de jóvenes socialistas, la certeza de sus pronósticos. En 1956, el diputado Mario Cassinoni, dejó su banca para asumir como Rector de la Universidad de la República. Fue sustituido por Vivian Trías que tenía una visión nacional, latinoamericana y tercermundista, diferente a la socialdemocracia de Frugoni.

Trías representaba mejor los anhelos de aquellos que jóvenes socialistas- entre los que estaban Raúl Sendic, Raúl Sendic, Julio Marenales, Juan Almiratti, Jorge Manera, Hector Amodio Perez y otros jóvenes más – inconformes “frente a la falta de empuje revolucionario del partido” como dirían textualmente en 1970.

Había llegado su hora.

Nuestras Pesadillas (XXIX)

Nuestras Pesadillas (XXIX)

El historiador Lincoln Maiztegui hacía notar que el análisis de los resultados de las elecciones de 1950, mostraba a un Luis Batlle victorioso pero, de ninguna manera, se había convertido en un líder hegemónico del batllismo. La diferencia de votos entre la lista 15 (diario Acción) y la lista 14 (diario El Día) era de apenas 10.332 votos.

En 1950, pese a la prosperidad económica, la lista 15 no controlaba a todo el batllismo. Existía otro grupo, bastante poderoso, que se consideraba el auténtico intérprete del legado de José Batlle y Ordoñez. Los Batlle Pacheco – César, Lorenzo y Rafael- son, inexplicablemente, los grandes olvidados de la historia uruguaya. No me detendré a explicar su pensamiento filosófico, social y económico, pero era una realidad que no estaban para nada conformes con la actuación de su primo Luis.

Se ha afirmado que la reforma constitucional de 1952, que implantó el Colegiado integral, resultado de un pacto político entre el presidente Andrés Martínez Trueba, la Lista 14 y el caudillo blanco Luis Alberto de Herrera, tuvo por cometido de restarle poder a Luis Batlle. Algo que es bastante cierto, pero los socialistas hicieron otras consideraciones.

Pese a que el Partido Socialista conducido por Emilio Frugoni era colegialista, se opuso al pacto reformista por considerarlo un nuevo reparto de cuotas de poder en el Estado que exacerbaría el clientelismo. Además se consolidaba una alianza entre colorados y blancos para reprimir a los trabajadores.

Hay un dato de la realidad: en octubre de 1951 hubo una huelga general solidaria con el conflicto de ANCAP, que duró casi tres semanas. En marzo de 1952 se implantaron Medidas de Seguridad contra los trabajadores de Salud Pública. En setiembre de este mismo año, hubo nuevas Medidas Prontas de Seguridad, esta vez contra los trabajadores del transporte, fue la huelga general de los gremios solidarios, donde participaron 34.000 trabajadores y duró 16 días.

Estos conflictos coincidieron con un momento de mucha tensión entre Uruguay y la Argentina gobernada por Juan Domingo Perón. Existió el temor en el gobierno que se estuviera frente a un intento desestabilizador del peronismo que tenía “Agregados Diplomáticos Sindicales” en varias embajadas de América Latina.

Al margen de esto, no hay dudas que los jóvenes socialistas de la generación de Raúl Sendic vivieron muy intensamente aquellas jornadas de lucha en un Uruguay que aún disfrutaba de la bonanza económica y las libertades democráticas. En una entrevista a Raúl Sendic, publicada por El Sol el 7 de octubre de 1952, expresaba que el apoyo a las Medidas Prontas de Seguridad tanto de las cámaras empresariales como de ambos partidos tradicionales corroboraba “la interpretación que hicimos del pacto batlli-herrerista calificándolo de un acuerdo reaccionario”, cuyo objetivo era la defensa “de privilegios en una época de crisis”.

Resulta muy significativo y revelador que Sendic en 1952 ya hablara de “crisis”. ¿Exactamente que crisis había en el Uruguay en 1952? Esta visión no era, por cierto, una posición individual, sino que representaba el sentir de los jóvenes socialistas que ya pensaban en cambiar el rumbo que Emilio Frugoni le había imprimido al socialismo desde su fundación.

En ese momento histórico, 1950-1954, la Revolución Cubana no estaba en el horizonte. Pero…¿ y si existieron otros factores previos que debemos tener en cuenta para comprender mejor el origen de los tupamaros?

Dicho en otras palabras: ¿y si el influjo de la Revolución Cubana fue una de varias causas de la lucha armada en Uruguay?

Nuestras Pesadillas (XXVIII)

Nuestras Pesadillas (XXVIII)

Retornemos al pasado. Existe un documental realizado por los norteamericanos del Uruguay de los años ’40 que muestra un país modelo, con edificios modernos y pulcros, calles limpias y gente feliz. Europa estaba en guerra, pero el paisaje urbano uruguayo mostraba prosperidad. ¿Esa visión era real? Mi opinión es que sí, sin dudas, aunque parcial. Existía un mundo (urbano y culto) subterráneo que Juan Carlos Onetti reflejó en sus obras literarias. Un malestar, un pesimismo cercano al nihilismo. El personaje de “El Pozo” Eladio Linacero dice: “Detrás de nosotros no hay nada. Un gaucho, dos gauchos, treinta y tres gauchos…”

Ahora bien. El 1º de marzo de 1947, en tiempos de la Guerra Fría, el batllismo retornó al poder y si uno observa los primeros meses del gobierno de Tomás Berreta vemos la ausencia del “obrerismo” del primer batllismo. Los convenios salariales firmados durante la administración de Amézaga comenzaron a expirar y la conflictividad sindical aumentó. En el mes de abril estalló una huelga en la construcción, otra en el puerto, seguida por los ferrocarriles. Ante ello Berreta impuso una política de “mano dura”, les aplicó el Código Penal e intentó reglamentar los sindicatos. El batllismo ya no era el mismo.

La muerte de Berreta y el ascenso de Luis Batlle marca un cambio en las relaciones gobierno- clase trabajadora pero, hay un detalle sugestivo: el Partido Socialista, todavía bajo la conducción de Emilio Frugoni, dejó ser el “partido picana” del batllismo y se convierte en crítico contumaz del batlleberrismo. No lo “picanea” para vaya más rápido en sus reformas sino que censura sus acciones gubernativas: industrialización sin planificación, improvisación en la política económica, clientelismo. El 3 de febrero de 1948 el periódico socialista El Sol advertía que Luis Batlle ante el motivo más insignificante, se trasladaba “a los rincones más apartados de la República. Previamente preparado el ambiente y la escena – probablemente por una mano oculta en los despachos del propio Presidente- viaja el primer magistrado acompañado por numeroso y sobre todo, costoso séquito. Paisanadas a caballos, unidades del Ejército, funcionarios, niños de las escuelas, esperan a la caravana presidencial al término de cada viaje”. O sea que el Presidente de la República estaba en una campaña electoral permanente.

Raúl Sendic, Julio Marenales, Juan Almiratti, Jorge Manera, Hector Amodio Perez y otros jóvenes más, ingresan a un Partido Socialista muy crítico con…¿el batllismo? Acaso, ¿no es más atinado decir que las críticas socialistas iban dirigidas a la interpretación del batllismo que hacía Luis Batlle?

Entre fines de los cuarenta y principios de los cincuenta, los futuros tupamaros militaron contra el batlleberrismo, pese a la prosperidad económica y la plena vigencia de las libertades. ¿Estaban imbuidos del espíritu “onettiano”? No se trata que leyeran a Onetti que, de hecho, negaba a la escritura como compromiso y militancia política. Sino que tenían esa mentalidad o sensibilidad de vivir en una sociedad gris y opresiva, sin salida posible.

De todos modos, aquella militancia socialista anti- batlleberrista, tuvo consecuencias.

Nuestras Pesadillas (XXVII)

Nuestras Pesadillas (XXVII)

Hace poco conversábamos con mi buen amigo Carlos González sobre las razones por las cuales el batllismo no pudo o no supo reaccionar con rapidez para conjurar la crisis económica que se desató a mediados de los años cincuenta. Crisis que fue una de las causas de la violencia política. Al menos eso creíamos hasta ahora…

Esto viene a colación porque en el testimonio de un tupamaro anónimo que está al final del libro “La Guerrilla Tupamara” de María Ester Gilio, sitúa los orígenes del movimiento guerrillero antes que se desatara la crisis y el triunfo de la Revolución Cubana. Y esto cobra una particular importancia porque Amodio Pérez ha revelado que ese “tupamaro anónimo”, en realidad, son varios. “Gilio quiso entrevistar a Marenales en P.Carretas, en 1969, después de Pando. Marenales consultó con el Ejecutivo, formado por Sendic, Mansilla, Martínez Platero y yo y se le dijo que sí, pero que queríamos supervisar las respuestas, porque Marenales llevaba un año preso y la Orga tenía una estructura y posiciones diferentes que Marenales no conocía. La entrevista se hizo y el Ejecutivo decidió que lo revisara yo, cosa que hice con Blixen”, expresa textualmente Amodio Pérez.

O sea que el relato de los orígenes de los tupamaros que está en ese libro, fue una decisión orgánica del nivel más alto. Es aquí donde empiezan las interrogantes: ¿fue la dura respuesta del gobierno a los conflictos sindicales del año 1951 lo que empezó a despertar en un grupo de militantes socialistas la chispa revolucionaria?

En ese tiempo histórico Uruguay aún se vivía una relativa prosperidad económica (gracias a la Guerra de Corea) y las libertades políticas tenían plena vigencia. Éramos, todavía, Campeones del Mundo y ni siquiera teníamos un presidente. Gobernaba el Colegiado. La lucha de los Gremios Solidarios -que no contó con el apoyo del Partido Comunista- fue intensa y la acción del ministro del interior, Gustavo Fusco (hombre del batllismo catorcista) se caracterizó por su dureza, aunque nunca traspasó los límites de la legalidad. Como dato curioso la lista 14 organizó actos políticos de apoyo a las Medidas Prontas de Seguridad y Luis Batlle discrepó con ellas, aunque los consejeros quincistas las votaron..

Por otro lado, el/los tupamaro/s anónimo/s señalan en el libro que fue en ese momento que se dieron cuenta de la inoperancia de los partidos Comunista y Socialista. Sin embargo, la documentación histórica disponible demuestra que tanto en la prensa como en el Parlamento, los socialistas apoyaron decididamente a los huelguistas y denunciaron la actitud represiva del gobierno.

Y surge otra pregunta: si en 1951 ya se desilusionaron con los partidos de izquierda, ¿por qué militaron con ahínco entre 1959-1962 para conformar la Unión Popular que era, obviamente, una vía electoral?

A mi entender hay dos posibilidades:

1) este “relato oficial” de 1970 tiene lagunas, o

2) yo no alcanzo a comprender cómo la “semilla tupamara” podía haberse plantado en 1951.

¿Y si hay que volver al principio? ¿Qué tipo de país era realmente Uruguay, gobernado por el batllismo, entre 1951-1958?

Nuestras Pesadillas (XXV)

Nuestras Pesadillas (XXV)

Pocos saben que soy integrante del grupo de fans de la serie televisiva Star Trek (Viaje a las Estrellas). No podría explicar racionalmente porqué me gusta tanto. Pero, no me canso de ver sus capítulos.

En uno de ellos los habitantes de un planeta enfrentan una catástrofe eminente: un cometa gigantesco se estrellará en su superficie y acabará con toda la vida existente. Como poseen una tecnología muy avanzada encuentran la forma de salvarse. ¿Huyen del planeta buscando mundos nuevos? ¿Destruyen al cometa? Nada de eso. Escapan, en una máquina del tiempo, hacia el pasado.

Cuando miré este episodio no pude de evitar pensar, con cierta ironía, que los habitantes de ese planeta se parecían mucho a una parte considerable de los uruguayos. La idea de la “huida hacia atrás” está muy presente en la cultura uruguaya. El éxito abrumador “La Noche de la Nostalgia” es una de sus manifestaciones. Al margen de esto, hay un hecho histórico – al que alguna vez hice referencia- que es un fascinante ejemplo de esa búsqueda ansiosa de retornar a un “ayer” glorioso..

En junio de 1974, ya implantada la dictadura, Uruguay iba a participar del Mundial de Fútbol a desarrollarse en Alemania Occidental. Fue la primera vez que se usaron jugadores repatriados. Los periodistas comenzaron hablar de la “Superselección” y se inició una intensa campaña por los medios que propagaron la idea que Uruguay sería inexorablemente Campeón del Mundo. Se creó un increíble clima de triunfalismo, al grado que se hizo un programa de televisión en vivo, donde asistieron algunos campeones de 1950, se transmitieron documentales de las hazañas de 1924,1928, 1930 y 1950 y, además, se le entregó al director técnico de la selección, Roberto Porta, una bandera patria firmada por cientos de uruguayos para que fuera izada en el momento de la consagración. Bordaberry envió a dos de sus hijos al programa para que firmaran la bandera, pero la dictadura no tuvo nada que ver. La DINARP no existía aún. No existió ninguna manipulación ni campaña oficial para convencer a la gente. Fue algo espontáneo y los jugadores fueron despedidos como futuros campeones del mundo. Serían los que nos devolverían las glorias pasadas.

Bueno…Uruguay no sólo hizo un tremendo papelón futbolístico en aquel Mundial. Hubo otro elemento del que poco se ha hablado: los uruguayos descubrieron en Alemania Occidental un mundo desarrollado, muy avanzado, con alto nivel tecnológico y una sociedad dinámica libre de represiones morales de cualquier tipo. Tomaron conciencia – de una forma a veces cruel – del tremendo atraso que estaba sumergido el Uruguay no sólo de carácter material, sino en cuanto a la mentalidad dominante.

En junio de 1974 los uruguayos, como los habitantes del planeta a punto de extinguirse, quisieron huir hacia atrás. Pero no pudieron, porque la ficción es la ficción y la realidad es la realidad.

Alguien podría preguntar: ¿Qué diablos tiene que ver todo esto con los tupamaros? Me temo que mucho más de lo que parece a primera vista. Estoy convencido que una generación de jóvenes en los años de fines de los ’50 y principios de los ’60 sintió un vacío existencial frente a esta mentalidad conservadora que prevalecía.

La violencia, con el influjo de la Revolución Cubana, fue uno de los modos de “salirse” de aquel mundo que se negaba a encarar el futuro.

Nuestras Pesadillas (XXIV)

Nuestras Pesadillas (XXIV)

La idea que los tupamaros fueron los “hijos rebeldes” del Uruguay del Luis Batlle no es, en lo absoluto, novedosa. El politólogo Francisco Panizza en su obra “Uruguay: Batllismo y después” (1990) lo esboza en cierta medida.

El problema de fondo no es que fueron “hijos rebeldes” que dieron un portazo y buscaron su propio camino. Sino que se abocaron con ahínco a demoler la casa paterna por medio de la violencia.

El profesor Carlos Demasi en su libro “El Uruguay en transición” (2022) advierte que a principios de los ochenta hubo una reivindicación de la figura y del tiempo de Luis Batlle. Algo llamativo, porque en las décadas anteriores se le había hecho responsable de la derrota histórica del Partido Colorado en 1958 por su incapacidad para resolver la crisis.

Este es un tema muy interesante: en el año 1982- tiempo de dictadura -apareció el clásico libro del profesor Germán D’Elía “El Uruguay Neobatllista”. El prefijo “neo” ya lo usaban los colorados independientes en la década del cuarenta y más tarde, en los años cincuenta, los socialistas también hicieron varias menciones al neobatllismo. En ambos casos la palabra “neobatllismo” tenía connotaciones muy negativas. Pero D’ Elía le dio un giro positivo – más allá de las críticas que formula a la acción de Luis Batlle Berres- reivindicando el auge de las libertades en ese tiempo. D’Elia había sido miembro del Partido Socialista en esa época y obviamente, su mala opinión de entonces estaba matizada. Luis Batlle Berres ya no era un demagogo irresponsable que improvisaba en cuestiones económicas sin respaldo de los técnicos. En su libro surge como un líder democrático genuinamente popular que, acaso, no comprendió los orígenes de la crisis que se abatió sobre el país.

En uno de sus muchos escritos Eleuterio Fernández Huidobro comienza en el instante del partido Uruguay- Hungría, el 30 de junio de 1954, que la pelota de Juan Alberto Schiaffino queda detenida en el barro. Estaban empatando dos a dos y faltaba un minuto para terminar el partido que finalmente – en el alargue- Uruguay terminó perdiendo. Esto tiene un valor simbólico formidable. Acaso, inconscientemente, Fernández Huidobro, observara ese momento futbolístico como el fin inexorable de una época. Uruguay perdía el título de Campeón del Mundo, terminaba la Guerra Corea y comenzaba la crisis.

Hay otro aspecto importante a tener en cuenta. Un tema recurrente en los discursos de Luis Batlle fue su convicción que Uruguay era un país de excepción. Una suerte de “isla” de paz, democracia y bienestar en un mundo convulsionado. Este discurso tenía una base real: los años inmediatos de la posguerra 1946-1950 el grado devastación fue tal que hacía inimaginable una rápida recuperación de Europa. Podían pasar décadas antes de que se lograse. Durante mucho tiempo íbamos a seguir vendiendo carne, cueros y lanas. La prosperidad estaba asegurada.

Los uruguayos de aquellos años podían sentir sincero orgullo de vivir en el país. La gesta de Maracaná simboliza ese optimismo. Pero, ¿esta forma de pensar no refleja, al mismo tiempo, un conservadurismo, un inmovilismo que no permitió una reacción a tiempo ante los cambios que se avecinaron? ¿No estamos ante un espíritu aldeano que se negó a modificar el rumbo?

La narrativa tupamara de la época – no me refiero al “relato oficial” que se elaboró después- buscó desmontar la idea batlleberrista del Uruguay como país de excepción. Para los tupamaros lo que existía era un régimen de dominación de clase con una máscara democrática. La violencia crearía conciencia de esta realidad.

Pero, ¿qué diablos es en definitiva “la realidad”?

La Idea Social del Primer Batllismo

La Idea Social del Primer Batllismo

Brum y Palacios y la defensa del pueblo trabajador

En época de coalición, creo, es pertinente tener en cuenta los principios que forjaron la corriente de pensamiento batllista. Claro, mirando al porvenir y con el avancismo imprescindible para definirnos como batllistas hoy. En ambas márgenes del Río de la Plata la preocupación reformista estaba en función de los más desposeídos y el rol del Estado en la búsqueda de soluciones para esos sectores sociales. Hace un siglo ya de estos debates. Vale la pena, pienso, reflexionar sobre ellos.

Alfredo L. Palacios nació en Buenos Aires el 10 de agosto de 1878. Fue uno de los 19 hijos que tuvo su padre, Aurelio José Florencio Palacios Bustamante, un político uruguayo de renombre. Sin embargo es a su madre, Ana Ramón Beltrán, a quién Alfredo reconoce como mentora de las ideas socialistas que madurarían en él años después.

«En el socialismo me inició mi madre a los 11 años. Ella puso en mis manos el Nuevo Testamento, con el sermón de la montaña, y llegó a apasionarme la figura de Jesús. Luego hice mías las palabras del doctor Juan B. Justo, fundador del Partido Socialista que decía: ‘Socialismo es la lucha en defensa y por la elevación del pueblo trabajador que, guiado por la ciencia, tiende a realizar una libre e inteligente sociedad humana basada sobre la propiedad colectiva de los medios de producción, o sea la tierra, las máquinas, los medios de transporte”

A medida que iba creciendo probó sus dotes como periodista, como orador elocuente y se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires (UBA). El 11 de marzo de 1904, con 24 años, Alfredo fue elegido por la cuarta circunscripción electoral como diputado por Buenos Aires. Los obreros de La Boca parieron al primer diputado socialista de la Argentina y del continente americano.

Su especialidad fue reconocida internacionalmente. La Oficina Internacional del Trabajo le encarga un estudio sobre “la fatiga y sus proyecciones sociales” y para ello, Palacios recurre a expertos e instala el laboratorio en los Talleres del Estado, situados en el Riachuelo, y durante el mes de julio de 1921 estudia a los trabajadores in situ. Sus conclusiones son terminantes y asestan un duro golpe al taylorismo: concluye diciendo que a medida que avanza la extensa jornada laboral, el rendimiento de los obreros decae y la fatiga llega a la extenuación si no se realizan medidas tendientes a fomentar los descansos.

En 1922 es elegido por profesores y alumnos decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de La Plata.

Durante 1923 realiza una gira por América Latina: viaja a Uruguay, Brasil, México, Panamá, Perú y Bolivia; y es designado miembro honorario de las universidades de Mérida, Lima, Arequipa, Cuzco, y La Paz.

Es en estos acontecimientos que Palacios toma nota del debate sobre las políticas impositivas que lleva adelante en nuestro país el Dr. Baltasar Brum, en especial la vinculación entre los impuestos directos y la familia. Ya había citado a Brum en un artículo publicado en “El nuevo Derecho”. Lo invita a dar una conferencia en la Facultad de La Plata, el 18 de abril de 1924 donde Brum expone sobre los monopolios de seguros y energía eléctrica en nuestro país. El resultado de esta ponencia de Brum fue la solicitud de Alfredo Palacios un artículo para ser publicado en los “Anales de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de La Plata” titulado “La familia y los impuestos directos” en el mes de agosto de 1929. En dicho artículo sostenía Brum:

“Sea cual fuera la escuela económica a que se pertenezca es forzoso reconocer que los egresos públicos crecen conjuntamente con los habitantes y con la afirmación del concepto de solidaridad social, que se traduce por el mejoramiento moral y por el mayor bienestar de las clases proletarias. Para evitar que el crecimiento de los gastos – tan inevitables como los que se producen en la familia a consecuencia del aumento de sus miembros- arruine al país, hay que recurrir, entre otras a estas soluciones: aumentar por un eficaz proteccionismo la capacidad económica para que soporte sin perturbaciones nuevas cargas; nacionalizar o estatizar todos los servicios públicos, único medio de que sean atendidos por la comunidad en su propio beneficio y crear gravámenes directos o indirectos que contemplen los intereses económicos”(…)” La tasa inmobiliaria es proporcional y si bien, en algunos casos, se ha pretendido corregir las injusticias de la proporcionalidad, aplicable al pequeño propietario lo mismo que al riquísimo, por medio de la tasa progresiva, es evidente que ni la proporcionalidad, ni la progresividad son justas, porque para determinar el impuesto solo toman como elemento decisivo el valor del bien, prescindiendo de la mayor o menor contribución que a la riqueza general presta el factor población”

El pensamiento social del batllismo lo podemos ver con claridad en el fundamento del proyecto de “Vivienda para pobres” llevado adelante por el Dr Brum: “ (…) Es la naturaleza humana y no la calidad de funcionario la que con la necesidad de disponer de un pedazo de tierra y una casa donde vivir, trae aparejado el derecho social de contribuir a que todos puedan lograr esa finalidad(…) Desde la Presidencia del Banco Hipotecario me he convencido de que esta institución, mediante la contribución del Estado podría cumplir, sin perjudica sus funciones esenciales la alta misión de proporcionar a todos los habitantes pobres del país el modo de adquirir la propiedad de su hogar.

Fruto de tal convicción es la iniciativa que, con la inteligente cooperación del gerente, ingeniero Raul Bonino, adjunto y que justifico con esta exposición. Al formularla, tuve presente la necesidad de no confundir la acción económica que debe satisfacer el Banco-y que no puede afectarse sin ocasionar grandes perjuicios generales- con el otorgamiento del crédito que permitiera construir la vivienda mínima (…) Para evitar evitar la confusión independizo la emisión de los títulos que facilitaría la adquisición de la vivienda mínima, propongo una sección especial que se denominaría » Sección Constructora del Banco Hipotecario del Uruguay»

La mujer mayor de edad y el hombre uruguayo o extranjero que este inscripto en el Registro Cívico aunque careciera de ahorros tendrán derecho a un crédito de $ 1500 pagaderos a treinta años para adquirir una vivienda con inclusión del valor del terreno y abonaría dicha suma el 3% de interés y el 2% de amortización.. Se extienden los efectos de la Ley Serrato a toda la población de la República. Así se prestaría hasta el 95% para construir viviendas de $1500 a $ 2500. 90% para las que oscilen entre $ 2500 y $ 3500 y 85% para los que excedan esta última suma (…) Como se ve con un pequeño sacrificio de los terratenientes se resolvería el magno y grave problema de la vivienda de las clase pobres de la sociedad, sacrificio facilmente soportable y que dado su destino redundaría en notables beneficios generales.(…) Ganaría la salud pública, se beneficiaría el orden social, prosperaría la República, se embellecerían las ciudades y la campaña y podríamos proclamar que en el Uruguay (…) ya no existen parias a los cuales les falte un pedazo de tierra donde detenerse y un techo  propio para instalar su familia. Baltasar Brum Presidente, E. Rodríguez Castro, Secretario General.»

Ver:

García Bouzas, R. La Justicia de los doctores 1900-1930. Facultad de Derecho-FCU. Mvd. 2001

Nuestras Pesadillas (XXIII)

Nuestras Pesadillas (XXIII)

A raíz de mi frase “el crecimiento de los tupamaros en 1968-1969 se debe, fundamentalmente, a la incorporación de grupos juveniles universitarios de clase media y media alta”, provocó un comentario irónico de Javier E. Bonilla que si bien no comparto la forma, el fondo del asunto es incuestionable.

Porque si en 1963 los habitantes de los cantegriles, de los pueblos de ratas del interior o bien, los asalariados explotados del interior profundo hubiesen sido los que tomaron los fierros, la explicación – acaso- sería más simple. Pero no fue así.

Un colega historiador de otro país latinoamericano me comentó una vez: “Uruguay es un país raro. Los hijos de los ricos se alzaron en armas contra un gobierno legítimo apoyado por los pobres…” Recuerdo que lancé una carcajada. Hoy no me causa tanta gracia. ¿Podemos dar una explicación a esta realidad?

Alguien me podría decir: “Compañero, la pólvora ya fue inventada. Los sectores más lúcidos de la sociedad uruguaya con su acción armada intentaron arrastrar a los sectores explotados menos concientizados”.

Pero…¿es solamente un tema ideológico?

En lo personal me arriesgaría a una explicación más compleja. A mi entender debemos regresar a las sombras del Uruguay Neobatllista. (No comparto la utilización del prefijo “neo” para ese tiempo histórico, pero es un tema aparte). Entre 1947-1955 el modelo de “sustitución de importaciones” vivió su apogeo. Es un país ciertamente igualitario, con libertades civiles y políticas muy extendidas, diferenciado del resto de América Latina.

Sin embargo, el dirigismo económico impedía el riesgo y la innovación empresarial, abundaba el clientelismo y el Estado era onmipresente. El Uruguay de la 15 aún preservaba sus principales características de principios de siglo: la contención y castigo de los impulsos sexuales, junto con otros apetitos primarios, la mesura en la mesa, la circunspección en el porte, el control de la palabra (el tuteo como algo excepcional, aún entre las amistades). Los valores patriarcales continuaban prevaleciendo en las familias. Existía un talante conservador, casi pacato, donde la mujer ocupaba el papel de la reina del hogar –frágil y dependiente – hacendosa, buena esposa y madre, formada por los valores de la disciplina y el ahorro, como los indicaban los textos escolares y se enseñaba en el aula. Que una mujer fumara o se sentara sola en la mesa de un bar resultaba escandaloso. Recordemos que Luis Batlle Berres, a diferencia de su tío, no desafió moralmente a la sociedad de su época.

Ahora bien. La crisis económica del Uruguay implicó también una crisis de valores. Muy en especial, porque tras la recuperación de Europa (gracias al Plan Marshall) el capitalismo mundial sufrió una expansión sin precedentes. Hay varias generaciones de uruguayos que en los años 60-70 emigraron a EE.UU., Australia y Canadá. No sólo porque podían ascender más rápido socialmente usando sus talentos y habilidades, sino también pasaban a ser parte de mercados con bienes y servicios más variados y con mayor calidad técnica.

Además en esas sociedades se sentían más libres. No me refiero a las libertades políticas. Eran más libres de vestirse como quisieran, de vivir su sexualidad más plenamente sin culpa alguna y no estar pendientes del “qué dirán” o el temor al ridículo.

El Uruguay de la crisis, de la permanente inflación, el atraso endémico y moralmente conservador, ¿es el “País de la cola de paja” que describió Benedetti o el “País del miedo” que analizó Santicaten?

Desgraciadamente, por motivos que no abundaré, el batllismo no pudo o no supo conjurar la crisis y su derrota en 1958, fue un revulsivo político.

Es probable que muchos jóvenes de clase media y alta, con buena formación intelectual, sintieran una intensa frustración. Una frustración casi existencial. No pasaban hambre, tenían amplias comodidades y acceso a niveles de educación terciaria, pero en la sociedad uruguaya inmóvil, decadente y gris, no podían cumplir sus expectativas.

En un reportaje Ricardo Zabalza se refiere a la hipocresía que observaba en el mundo adulto de ese entonces. Curiosamente, o no tanto, Benedetti y Santicaten hacen referencia a ese rasgo de los uruguayos, al igual que la pusilanimidad y la falta de coraje.

Obviamente, la Revolución Cubana fue el faro de aquellos jóvenes.. Después el “Che” Guevara e incluso, el Mayo francés. Pero el caldo de cultivo estaba dentro del propio país. Como las pesadillas que nos atormentan.

Los tupamaros pintarían aquel Uruguay gris, con el rojo de la sangre.

El Batllismo a prueba

El Batllismo a prueba

La crisis del 2002 tiene varios puntos de análisis. Para algunos economistas se remonta a la cesación de pagos de Rusia en 1998. Esto afectó a Brasil que tuvo que devaluar la moneda el 13 de octubre de 1999. En Argentina el problema estaba en la existencia de problemas en su sistema cambiario, tenía una paridad U$S -$ quedando expuesta su política fiscal derivada de su dependencia del mercado brasilero. En el 2001 Argentina tenía problemas con su deuda pública, y la confianza de los ahorristas se complicaba sacando ahorros. La respuesta fue congelar los retiros llamados comúnmente “corralito”. El drama se extendió a la política obligando a la renuncia del Presidente Fernando De la Rúa el 20 de diciembre del 2001. Se sucedieron dos presidentes en el plazo de 10 días. En nuestro país la percepción era, como históricamente lo había sido, de algo transitorio que aumentaba el proceso inflacionario.

La realidad era mucho más profunda: la devaluación inmediata presenta con crudeza problemas estructurales y fragilidades endémicas. El PBI tuvo un descenso del 11%. El cierre fiscal aumentó el endeudamiento bruto que estaba dolarizado en su mayoría. Esto agregaba otra debilidad hacia el sistema cambiario. Por otro lado hubo una serie de problemas coyunturales como una gran sequía que afectó al agro y a la generación de energía. Todo esto culmina con un brote de fiebre aftosa en el marco de negociaciones de venta de carne a los Estados Unidos. La realidad era que se trataba de una crisis regional con circunstancias locales que en conjunto generaron una tormenta perfecta.

La administración liderada por el Dr. Jorge Batlle se había iniciado en marzo del 2000 actuó inicialmente con cautela. El problema mayor no percibido al comienzo de este proceso era la gran cantidad de depósitos en U$S en manos de ahorristas argentinos que oscilaba en unos 6500 millones de U$S más o menos el triple de las reservas del Banco Central del Uruguay (BCU). Por otro lado existía una vinculación de esos depósitos con empresas y por extensión con la deuda soberana argentina. Los Bancos Públicos y en especial el Banco Hipotecario del Uruguay prestaban dinero a muy largo plazo en unidades que se ajustaban a salarios por esta razón cualquier efecto que despertara desconfianza sobre la viabilidad del sistema bancario podría desencadenar una corrida bancaria. Es lo que ocurrió. Los factores estructurales, entonces, fueron:

1) Recesión económica que afectaba las carteras de crédito de los bancos.

2) Gran dolarización de la economía y en particular del sistema financiero que afectaba la percepción de solvencia de los deudores.

3) Las crisis anteriores y en especial la de 1982 traían malos recuerdos, cuando el Estado compró carteras pesadas de los bancos y se sucedieron refinanciaciones para solucionar el endeudamiento de los sectores productivos.

4) El sistema bancario tuvo una muy baja contribución al desarrollo productivo cuando suspenden los financiamientos a largo plazo.

5) La gran exposición del sistema financiero uruguayo al riesgo argentino por tres vías, la gran concentración de créditos de bancos locales en Argentina, sobretodo el caso del Banco de Galicia-Uruguay, Banco Comercial y Banco de Montevideo. Lo que originaba una gran cantidad de depósitos de argentinos en el sistema financiero uruguayo. Finalmente la vinculación patrimonial entre Banco Galicia-Uruguay con Banco Galicia de Argentina, Banco Comercial con Banco General de Negocios y Banco de Montevideo con Banco Velox.

6) Un gran crecimiento del déficit fiscal complicaron la asistencia del Estado al sistema financiero.

7) El establecimiento del “corralito” a principios de diciembre de 2001 en Argentina determinó el retiro de los depósitos de los bancos uruguayos por parte de los argentinos buscando liquidez y previendo medidas similares en nuestro país.

8) La devaluación realizada en junio del 2002 trajo inmediatas consecuencias de solvencia y creciente morosidad en el sistema bancario local

9) La pérdida del grado inverso en febrero de 2002 elevó el índice de riesgo país lo que debilitó al Estado para hacer frente al déficit fiscal.

A comienzos del 2002 el Banco General de Negocios de Argentina tenía acusaciones de prácticas ilícitas que van a llevar al cierre de esa institución y una serie de procesos judiciales en contra de sus directores los hermanos Rohm. Ante esta situación, en febrero de 2002 se llegó a un acuerdo para capitalizar al Banco Comercial. El Banco emitiría U$S133 millones de acciones que se dividieron entre el Estado uruguayo U$S 33 millones y los bancos accionistas del grupo BGN: JPMorgan, Dresdner Bank y Credit Suisse. Por otro lado el Banco Galicia-Uruguay comenzó a tener problemas por el retiro de depósitos como consecuencia del corralito en Argentina. El BCU decide intervenirlo y suspender su actividad por 90 días. En diciembre de 2002 se homologó un concordato que consistía en la devolución a 9 años del 100% de los depósitos en U$S con los intereses correspondientes. Durante el transcurso de estos episodios se produce la renuncia del Ministro de Economía Cr. Alberto Bensión y del Presidente del BCU Cr. César Rodríguez Batlle. En su lugar asume el Senador Alejandro Atchugarry como Ministro de Economía y el Economista Julio de Brum en el BCU. El 30 de julio de 2002 el gobierno decretó un feriado bancario que se extendió hasta el 5 de agosto. A fines de julio se envía una misión de urgencia a Estados Unidos integrada por Ariel Davrieux, Isaac Alfie, Humberto Della Mesa y Enrique Guerra para pedir el apoyo de organismos internacionales. El chileno Eduardo Aninat, número tres del FMI y Marcelo Figuerola responsable del FMI para América Latina informaron la negativa de prestar asistencia a Uruguay.

Frente a esta situación el Presidente Batlle le pide al embajador en Estados Unidos, Hugo Fernández Faingold y al representante uruguayo frente a los organismos internacionales Carlos Steneri que gestionaras una asistencia directa de Estados Unidos frente a la negativa del FMI. La amistad del Presidente Batlle con el presidente Bush facilitaron la negociación y John Taylor subsecretario del Tesoro para asuntos internacionales confirmó oficialmente la ayuda a nuestro país. Uruguay contaría con los fondos necesarios que alcanzaban la cifra de U$S 1500 millones para reprogramar los depósitos a plazos en el BROU y el BHU, se suspenderían las actividades de los cuatro bancos con dificultades, Comercial, Caja Obrera, Montevideo y Crédito se creó un fondo de estabilidad del sistema bancario. Este crédito puente debía ser aprobado por el FMI que tuvo que ceder ante la presión del gobierno de Estados Unidos. El país inició un camino de recuperación económica que fue más rápido que el gran costo político que todavía, injustamente,  se mantiene en el caudal electoral del Partido Colorado.

Nuestras Pesadillas (XXII)

Nuestras Pesadillas (XXII)

¿Cuánto apoyo tuvieron los tupamaros de la población uruguaya? Esta pregunta ha sido formulada muchas veces en el ámbito académico y creo – repito, creo – que aún no existe consenso.

Una afirmación bastante difundida es que mientras actuaron como los “Robin Hood” contaron con una amplía simpatía, que se esfumó cuando asesinan a Dan Mitrione el 10 de agosto de 1970.

No he compartido esta opinión porque, a esa fecha, los tupamaros ya habían abatido a diez policías, al coleccionista de armas Rafael Guidet y los sucesos de Pando, el 8 de octubre de 1969, cobraron una víctima inocente, Carlos Burgueño. O sea que no me resulta claro que entre 1963-1970 los tupamaros hubiesen desplegado una suerte de “violencia simpática”, casi sin sangre y con costos mínimos.

Después de todo se trató de una organización armada que intentó, mediante el arrojo y el heroísmo, despertar la conciencia revolucionaria del pueblo y así derrocar al régimen de explotación capitalista que se escondía tras la fachada democrática. Incluso tengo la impresión que primero fue la práctica y después vino la formulación teórica. Si algo deseaban los tupamaros era desvincularse de las bizantinas polémicas ideológicas de la izquierda.

Al margen de ello, ¿qué respaldo tuvieron? En su discurso público siempre están presentes los uruguayos que soportaban situaciones de injusticia extrema, los marginados y olvidados. Pero, aquellos sectores más golpeados por la larga situación de estancamiento económico que sufría el país, ¿estaban dispuestos a embarcarse en una insurrección armada? Observemos este problema desde otro ángulo: ¿la lucha armada era la única opción viable en aquel Uruguay? Y este no es un tema menor, porque la historia de las revoluciones exitosas demuestra que previamente se habían cerrado todos los caminos de una salida legal y pacífica para los cambios.

Es interesante observar que el crecimiento de los tupamaros en 1968-1969 se debe, fundamentalmente, a la incorporación de grupos juveniles universitarios de clase media y media alta. No eran precisamente los marginados del sistema. Tampoco parece muy profunda su inserción en la clase obrera organizada y mucho menos que sus acciones estuvieran coordinadas con la CNT. Por ejemplo, cuando secuestraron a Gaetano Pellegrini Giampietro el 10 de setiembre de 1969, en apoyo a la huelga banca privada, un fuerte nerviosismo se apoderó de los dirigentes de AEBU. Estaban soportando una militarización y temieron que el gobierno pensara que había sido idea suya, con las consecuencias que eso aparejería.

No quiero dar una respuesta definitiva a la pregunta que formulé. Me parece mucho más importante plantear el problema porque estamos obligados a comprender el alcance real del fenómeno tupamaro.

Porque, como las pesadillas, son criaturas nuestras.