¡Tiranos, Temblad!

¡Tiranos, Temblad!

A nadie escapa a estas alturas, que nuestro país goza internacionalmente con el reconocimiento de ser una de las democracias más plenas, bandera con la que muchas veces nos vanagloriamos a lo largo y ancho de nuestro continente. Ahora bien, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, es decir, una cosa es el mérito en sí, y otro aparte, es como llegamos a él. Con esto quiero decir que ser los mejores de la cuadra, no nos inmuniza en términos eternos respecto de esa calidad democrática, sino que por el contrario, es una construcción y defensa permanente por parte de todos quienes habitamos en esta república.

Unas de las primeras cosas que aprendemos quienes transitamos el camino de convertirnos en un futuro no muy lejano en politólogos, es que la política en sí, es la articulación del conflicto, lo que lleva a una premisa sostenida por muchos académicos, que hay política porque hay conflicto, y si hay conflicto, hay una necesidad legítima de lograr consensos entre todas las partes involucradas. Y esa articulación del conflicto, ese sistema dialógico entre los actores que componen una sociedad, son los que terminan construyendo a fin de cuentas, la calidad y la permanencia de una democracia.

Dicho esto, y a propósito de la democracia, el diálogo termina asumiendo un rol central y fundamental para esa construcción de consenso entre la diversidad de necesidades y opiniones de los distintos actores. El problema reside cuando ciertos actores no quieren apelar al diálogo y niegan enfáticamente el lugar del otro, porque el otro siempre tendrá algo que decir, un decir tan válido como el nuestro en el marco de un sano intercambio conceptual de ideas, donde se debe empoderar la escucha al otro, el escuchar para comprender y para poder posicionarse en ese lugar del otro por un instante. Escuchar para entender. 

También es cierto que una democracia se cimienta en el no lugar y el rechazo a la violencia o a las actitudes que estén teñidas de esa tónica tan particular, porque la violencia es la herramienta del incopetente, del ignorante, ese sujeto que apela a sus instintos más básicos y mundanos para enfrentar el conflicto o defender una idea. Y estos últimos días, han sido ejemplo de todo lo que le hace mal a nuestra democracia y daña la sana convivencia entre distintos, desde el acto de vandalismo perpetrado en la fachada del hogar del profesor Robert Silva, los cánticos violentos hacia el presidente Luis Lacalle Pou, las ocupaciones ilegítimas de centros de estudios, o el patoterismo desmedido con tintes fascistas de gremios estudiantiles y docentes en el reciente evento “Cara a Cara” llevado adelante por la Anep en el marco de una agenda de diálogo abierto a propósito de la Transformación Educativa.

Por allá decían nuestros abuelos con mucha sabiduría, que un acto vale más que mil palabras, y en referencia a lo último señalado, si mi discurso empoderado hacia afuera habla de un planteo legítimo de diálogo, de intercambio de ideas, de construcción colectiva con todos los actores protagonistas del proceso educativo, pero por el contrario, en los hechos, manifiesto una violencia desmedida en las palabras a través de cánticos que poco pueden contribuir al dialogo, o si intento impedir un evento de manera violenta porque no me gusta lo que dice el otro y la única verdad aceptada es la dicha por mí en una suerte de posicionamiento de palabra santa de índole mesiánica, creo que estamos ante una actitud que poco tiene que ver con el sano intercambio, sino que por el contrario, con una pose corporativista y de status quo de no cambiar lo establecido y a la vez, de una clara intencion no de opinar y sumar propuestas, sino de deseo de sentarme en la mesa chica a dirigir y decir que es lo que hay que hacer, desconociendo a sabiendas, el lugar que debe ocupar en una constante negación del sistema republicano que habitan. 

Convivir en una democracia, significa entre otras cosas, en aceptar los resultados electorales que son la voluntad “del pueblo”, si entendemos a este, como la pronunciación de las mayorías, más aún, cuando ciertas discusiones fueron dirimidas en tres instancias soberanas; en octubre de 2019, en noviembre de 2019 y finalmente, en marzo de 2022.

Es importante señalar, que esos mismos actores que hoy se oponen a la transformación educativa, son los mismos que se opusieron (en contenido y forma) a las escuelas de tiempo completo, a la reforma de Rama, al cambio de elección de horas, incluso a estar en contra de que se dictarán clase en el transcurso de la pandemia augurando escenarios terribles y nefastos. No menos importante, son los clichés que se vienen repitiendo desde hace más de veinte años: “capitalismo”, “neoliberal”, “privatización de la educación”, “mercantilización de la educación”, etc, todos eslóganes vacíos que no se saben explicar.

En una sociedad desigual donde 8 de cada 10 jóvenes no llegan a los niveles mínimos de conocimientos, donde la educación formal no es atractiva, siendo así que la evidencia nos muestra que el 60% de los alumnos no culmina su trayectoria estudiantil, una transformación con la educación como eje de igualadora de oportunidades, más que necesaria es urgente.

Por último, a modo de reflexión colectiva que nos debemos como sociedad, me pregunto; ¿cómo se vuelve del odio? ¿Cómo se concilia el diálogo con el otro cuando a priori, se decide transitar por el camino del señalamiento y el improperio? ¿Cómo se puede construir cuando el otro decide destruir? ¿Cómo se puede balbucear democracia desde actitudes con tintes fascistas? Las respuestas a estas preguntas y otras, no las tengo, pero sí la imperiosa convicción de que este no es el Uruguay que queremos.

Dato mata Relato

Dato mata Relato

Hablar sobre el pasado reciente en nuestro país, es de las aventuras más interesantes y atrapantes para quienes sentimos esa sana curiosidad del saber, pero a su vez, es frecuente toparse con las adversidades de los relatos que permean por cada una de las interpretaciones por parte de mercaderes de la palabra, traficantes de la verdad y falsos investigadores. Tamaña tarea resulta hacer frente a la montaña historiográfica que abunda sobre el tema, y sacar de ella elementos descontaminados de intereses individuales y colectivos, como una suerte de danza mortal, es menester esquivar cada una de las balas envenenadas que se dirigen hacia nosotros cargadas con una subjetividad propia de quien desea distorsionar los hechos y construir otra realidad, muchas veces más cinematográfica y mística para proyectarla en el imaginario colectivo como una suerte de odisea dantesca. 

En este marco de hechos y de puja por la verdad histórica, decenas de libros se han publicado con santos y pecadores, con teorías de un lado y del otro, con narradores novelescos y formadores de opinión que se han dedicado a interpretar los hechos recientes a partir de una gran imaginación literaria y muy poco rigor científico. Pero no escapa a quien suscribe, el pecado de generalizar al momento de hablar de estos tópicos, porque también es cierto, que no todas las publicaciones realizadas son antojadizas a los intereses de relativismo histórico y moral, los hay también, libros que se sustentan en hechos materializados en pruebas tangibles y documentados, prueba de ello, son los trabajos documentalistas del investigador y sociólogo Esteban Perroni “Amazonas 1440. 50 años después” y “Los audios del ocaso”

Ambos libros son una invitación a estar un poco más cerca de la verdad, alejados de las interpretaciones y las fantasías literarias de arlequines, donde los protagonistas son los documentos, pruebas que desmienten decenas de relatos. Dicho esto, sepa el lector que no es la intención hacer una reseña o un análisis sobre los mencionados trabajos, pero sí en cambio, reflexionar a propósito de la necesidad de la verdad, de llegar a consensos mínimos sobre el pasado reciente, de la mirada objetiva y analítica, de días que tiñeron de sangre nuestra historia. 

Sin ir más lejos, en “Los audios del ocaso”, Perroni presenta un total de 21 audios que nos ayuda a recorrer los días en torno al 14 de abril de 1972, el día más trágico y sangriento de la historia reciente con sus dos protagonistas: el Escuadrón de la Muerte “Comando Caza Tupamaros” y el Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros. El libro es muy minucioso en cuanto a la descripción de los hechos, viviendo el minuto a minuto de esos días con las tensiones a flor de piel. Más interesante aún son las preguntas que plantea el libro, entre ellas ¿hubo una guerra en nuestro país entre 1968 y 1972?

A 50 años del 14 de abril de 1972, “Los audios del ocaso” aporta elementos imprescindibles para la lectura de los hechos ocurridos, desde un lugar dónde lo que importa son las pruebas y no los relatos. Perroni revoluciona con sus trabajos el género de investigación histórica cambiando las reglas de juego establecidas hasta el momento, primando los documentos a las interpretaciones, los datos a los relatos. Son estos, tiempos de memoria, tiempos de verdad y justicia. Tiempos donde dato mata relato, y el aporte de este tipo de trabajos serios y documentados, marcan la diferencia y el camino a seguir transitando, por verdad, memoria y justicia.

Fantoches y Mezquinos

Fantoches y Mezquinos

Algún tiempo atrás, John F. Kennedy, presidente de Estados Unidos entre 1961 y 1963, afirmaba lo siguiente: “Todas las madres quieren que sus hijos crezcan y se hagan presidentes, pero no quieren que mientras tanto se conviertan en políticos”. De estas palabras podemos interpretar un sentir que cada vez se pronuncia con más firmeza en nuestro tiempo presente, que es el del rechazo de la sociedad hacia el político, un rechazo hacia lo que representa ese ser determinado muchas veces, por los malos ejemplos y los peores representantes. 

Es cierto que la política como tal, es una actividad del hombre por naturaleza, que constituye al ser humano como tal en comunidad y que ésta, sirve como medio para canalizar las inquietudes ciudadanas y para transformar la realidad en la que vivimos, procurando siempre, combatir las desigualdades sociales que nos aquejan. 

Una vez dicho esto, cabe señalar y detenernos en lo que podríamos llamar “el desvío de la naturaleza política” o también quizás, “la profanación de la herramienta social”. Con el primer término me refiero a la uso desmedido de la política que excluye de sobremanera el fin primero y último de esta, el de transformar la realidad y disminuir las desigualdad, siendo utilizada por contraparte, para alimentar egos desmedidos y embriagarse con la sed de poder, un poder que muchas veces por no decir todas, es ilusorio, líquido e intangible. Con el segundo término me refiero a la vulgarización de esa herramienta que me atrevo a llamar como sagrada en el marco del poder de transformación que connota intrínsecamente, es decir, la exposición y el manoseo de esa idea de política por parte de “representantes” sin escrúpulos, sin formación y sin siquiera un manojo de códigos éticos y morales. En resumidas cuentas, el acceso a la política de maquiavelos, mentirosos, ignorantes e inmorales.

“Sé prudente. Lo mejor en todo es escoger la ocasión” decía Hesíodo, uno de los grandes poetas de la antigüedad, donde cada ocasión es una oportunidad, una de acción o inacción, un momento en el tiempo que puede valer en el destino de las demás personas, de la “polis” como se denominaba en la antigua Grecia, pilar de la democracia y las libertades. La prudencia que era vista desde un sentido de excelencia en el desarrollo de la virtud de cada ciudadano implicaba el ser mejores personas, ser mejores ciudadanos, y obviamente, en cada decisión tomada bajo la luz de la prudencia, pensar en lo mejor para la polis, para la comunidad.


Y si de oportunidades hablamos, en el sentido de la expresión de la esencia de la política, el reciente caso del voto del préstamo del BID, es por excelencia un caso fortuito de señalar. Al referirme a fortuito no lo hago en calidad del resultado del mismo, sino desde el lugar de la oportunidad que tuvieron quienes se arrogan el título de “representantes” de pensar en la comunidad, de actuar en consecuencia de esos discursos grandilocuentes por el que se rasgan las vestiduras cada vez que tienen una cámara delante o cada vez que envían un Tweet, pero como bien sabemos, eso no fue lo que sucedido, sino que por el contrario, primaron los deseos egoístas de trapecistas de ocasión, disfrazando de argumentos contradictorios y de falacias, la paupérrima “jugada política”, decidiendo a sabiendas, condenar a 200 mil montevideanos, a la privación del acceso al saneamiento. Es muy fácil desde un lugar de confort y de necesidades resueltas, jugar a la política utilizando como botín electoral el futuro de los ciudadanos, secuestrando de 200 mil montevideanos el acceso a la dignidad humana y a la tan proclamada y manoseada “justicia social”. ¿Acaso fue este hecho lo que se festejó al término de la votación? Definitivamente vivimos en términos políticos, tiempos oscuros e inmorales, con un “desvío de la naturaleza política” y la “profanación de la herramienta social” por parte de fantoches y mezquinos.

¿Caídos en defensa de la democracia?

¿Caídos en defensa de la democracia?

Hablar del pasado reciente supone siempre ser espectadores y víctimas de esa suerte de lucha y disputa por el relato, el relato de víctimas y victimarios que supieron construir los protagonistas de aquel entonces: los unos y los otros, los otros y los unos. Uno de esos terrenos en disputa es la fecha del 14 de abril de 1972, día que marca un punto de inflexión con consecuencias gravísimas para nuestra democracia. 

Nuestra sociedad se ahogaba en un estado de creciente ebullición, considerándose este, el año de mayor violencia política y de represión estatal según la Secretaría de Derechos Humanos para el Pasado Reciente. En febrero de ese año el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-T) secuestra al fotógrafo policial Nelson Bardesio por su presunta relación con el Escuadrón de la Muerte (conformado por grupos parapoliciales y paramilitares de ese entonces). En este marco es que se pone en marcha por parte de la dirección del MLN-T un plan de ejecución de varios miembros de estos escuadrones. Esa mañana, la del 14 de abril, se podía oír el silencio estridente y sentir el olor a pólvora en el ambiente, los engranajes comenzaron a girar, y las vidas, los sueños y el futuro se entrelazaron con un resultado traumático y fatídico para nuestra sociedad, siendo el principio del fin, con un saldo de 12 muertes: ocho integrantes del MLN-T y cuatro integrantes del Comando Caza Tupamaros mejor conocido como “el escuadrón de la muerte”.

Las voces del 14 de Abril de 1972

“Primero fue una sensación de aturdimiento. Como si nos costara un siglo comprender lo ocurrido. En una operación que comenzó en la madrugada del 14 de abril los tupamaros ametrallaron a dos policías, un oficial naval y un ex subsecretario del Ministerio del Interior. Cuando logramos sobreponernos del shock inicial supimos que varios legisladores recibieron actas con las declaraciones de Bardesio, su foto y un casete grabado con su voz. Ahí acusaba a los ajusticiados de haber creado al Escuadrón de la Muerte. Ese mismo día las Fuerzas Conjuntas localizaron diversos locales clandestinos del MLN, los allanaron a sangre y fuego, y ultimaron a ocho guerrilleros.” Así relata los sucesos ocurridos ese fatídico día, el sindicalista y político José D´Elia en el libro “Memorias de la Esperanza”.

El ex integrante del MLN-T Amodio Pérez afirma que: “El 14 de abril no debe tomarse como un hecho aislado. Se inscribe dentro de un plan que se llamó Plan del 72, elaborado por Fernández Huidobro a finales de 1970, que contó con los apoyos de Sendic y de sus seguidores de las columnas del interior porque abría las puertas a la instalación del segundo frente, mediante el plan Tatú. El 14 de abril, basándose en las declaraciones de Nelson Bardesio, el MLN puso en marcha el plan Hipólito. Dicho plan consistió en la ejecución de los señalados como responsables de las acciones llevadas adelante por el Comando Caza Tupamaros, conocido vulgarmente como Escuadrón de la Muerte. Se concretaron entonces los operativos contra Guzmán Acosta y Lara, sindicado por Bardesio como el creador de los Comando Caza Tupamaros, contra el subcomisario Delega y contra el capitán de Corbeta Motto, indicados por Bardesio como los torturadores y responsables de la muerte de Castagneto. Fracasaron otros: contra Miguel Sofía, acusado por Bardesio de participar en la muerte de Castagneto y contra Campos Hermida, jefe del Departamento 5. Si bien las declaraciones de Bardesio tuvieron repercusión parlamentaria, el Estado de Guerra fue decretado, y fracasó el intento del Comité Ejecutivo de revertir la situación, tratando de explicar que lo sucedido no era una ofensiva final sino un hecho puntual: una acción de represalia sobre un grupo de asesinos. Para ellos se resolvió enviar un emisario para entrevistarse con Wilson y retomar la fallida entrevista entre él y Fernández Huidobro, y plantear la posibilidad de que Gutiérrez Ruiz entrevistara al mismo Bardesio. El MLN se encontró entonces en medio de un proceso reorganizativo que había roto las estructuras internas sin haber conseguido todavía implantar las nuevas, con un panorama político totalmente negativo y que significó un cambio brusco en el apoyo popular que venía recibiendo y dirigida por quienes creyeron que insistiendo en los errores podrían conseguir resultados positivos. Si el 14 de abril se dio el primer paso para la debacle, el 18 de mayo, con la muerte de los cuatro soldados, señala el punto del no retorno.”

En su libro “Los Fusilados de Abril” la docente e investigadora Virginia Martínez relata lo siguiente: “El día empieza con dos asesinatos a primera hora de la mañana. Los Tupamaros han decidido golpear fuerte al Escuadrón de la Muerte. A las siete de la mañana un Maveríck amarillo circula por las calles Rivera y Soca. En él viajan el subcomisario Oscar Delega del Departamento 5 de la Dirección de Inteligencia de la Policía y el agente Juan Carlos Leites. Una camioneta Chevrolet le cierra el paso y ametralla el auto. Mientras la camioneta avanza, dos hombres bajan del vehículo y rematan a los policías. En el Maveríck quedarán cincuenta balazos. Horas más tarde, dos hombres ametrallan al capitán de corbeta Ernesto Moto en la avenida Roosevelt en la ciudad de Las Piedras. A media mañana Armando Acosta y Lara, ex ministro del Interior y ex interventor de Enseñanza Secundaria sale de su casa en el centro de Montevideo. Dos francotiradores le disparan desde la ventana del primer piso de la Iglesia Evangélica Metodista que está frente a la casa. Hieren también a la esposa y a un custodio. Acosta y Lara muere antes de llegar al Hospital Militar. La respuesta de las Fuerzas Conjuntas no se hace esperar. Salen a la caza de militantes del MLN-Tupamaros. Al mediodía caen dos tupamaros: Nicolás Groop y Norma Pagliano. A las dos de la tarde son asesinados el escribano y periodista Luis Martirena y su esposa Ivette Giménez en un procedimiento policial en una casa de la calle Amazonas en Malvín. Ambos eran integrantes del MLN. En una casa de la calle Pérez Gomar, la Policía mata a los tupamaros Jorge Candán, Armando Blanco, Gabriel Schroeder y Horacio Rovira. Durante todo el día, y en un clima de conmoción, los principales dirigentes blancos y colorados llegan a la Casa de Gobierno. Es la hora de cerrar filas junto al presidente. Al salir de la reunión con Bordaberry el senador blanco Wilson Ferreira Aldunate declara: Si no me hubieran invitado igual habría venido. La colaboración en estos momentos debe ser ofrecida”

En el reciente trabajo documentalista de investigación “Amazonas 1440”, el sociólogo, periodista y docente Esteban Perroni narra con lujo de detalles los hechos en torno a los acontecimientos sobre lo ocurrido en la casa ubicada en Amazonas 1440 en el barrio Malvín el 14 de abril de 1972, en el marco de lo que fue un operativo orquestado por el Escuadrón de la Muerte, el mismo que acabaría con las vidas del matrimonio Martirena y con la captura de David Cámpora y Eleuterio Fernández Huidobro del MLN. Sobre este reciente trabajo, la ex integrante del MLN-T María Elia Topolansky afirma que: “Es de lo mejor que yo haya leído sobre el MLN, sobre su época. Y he leído muchos libros, reportajes y artículos. A cincuenta años de los acontecimientos logra transmitir los hechos, el clima, las opiniones, las contradicciones, “la temperatura”. El MLN nunca llegó a hacer una autocrítica profunda y abarcativa en que todos sus militantes se sintieran representados. Si no pudo o no quiso o algunos no quisieron es otro tema. Yo estuve 18 años entre la clandestinidad y las cárceles. En la última estadía de 13 largos años pensamos mucho, hablamos mucho. Todas (y hablo en nombre de las mujeres) esperábamos una autocrítica que nos ayudará a comprender hechos, a corregir errores, que fuera el insumo para seguir adelante. Pero no se hizo. A cambio, cada uno de nosotros (de oficio “sobreviviente”) tuvimos que elaborar en soledad o con intercambios parciales para laudar el pasado y poder seguir. En esa circunstancia, los libros fueron de gran ayuda. Discutimos con los libros. Por eso valoro tanto el libro Amazonas 1440. El reportaje a Laura Martirena te interpela crudamente y debieran leerlo todos los compañeros. Y quisiera agradecerle a Laura la sinceridad total en su dolor. Y también me gustó el enfoque barrial, la mirada del entorno (entorno que no siempre mirábamos). Cuando describe el silencio del barrio asombrado luego de que acribillaran la casa, cuando también lo cuenta Chichí (David Cámpora) en sus recuerdos, me pareció escuchar ese silencio lleno de interrogantes.”

En una entrevista realizada por este medio a Perroni, sostenía que: “Para el mundo político y dentro de determinada generación, Amazonas 1440 representa el primer día o último, no se sabe, del ocaso de la lucha del MLN, porque definitivamente de ahí en adelante, no se manejaron otras alternativas que no fueran movimientos absolutamente desesperados, inorgánicos, tan locos como el atentado del 18 de mayo frente a la casa del General Gravina. Evidentemente el 14 de abril es el punto final, es el comienzo del punto final. Entonces ¿qué representa? Ahí tenes distintas posiciones. Para quienes no lo vivieron representa una fecha clave en la historia reciente, para quienes estuvieron involucrados lo toman como una bandera de lucha, entonces, muchos de ellos, no logran distinguir entre el 8 de octubre del 69 “la toma de Pando” y el 14 de abril del 72. Es más, los relatos que se construyen, posteriores, el relato épico que tiene, podríamos decir, unos monólogos de Eleuterio Fernández Huidobro no llegan a hacer grandes distinciones entre el 8 de octubre y el 14 de abril. Después vienen las valoraciones sobre si eso es preocupante, si eso es fundamentalismo, las valoraciones políticas vienen después.” 

David Cámpora, capturado ese 14 de abril, en “Amazonas 1440” relata que: “Durante varios años, todos los 14 de abril, varios compañeros, así como mis hijos, me llamaban para felicitarme por mi cumpleaños. Esas felicitaciones se fueron acumulando, hasta que empezaron a generar cierta sensación de rechazo. Antes de que encontraran el berretín en la casa de Amazonas, ya se había acabado el despelote, la ruptura de las paredes y los diálogos obscenos de los milicos. La policía tuvo que llamar al juez porque había muertos. La presencia del juez por la muerte de Luis e Ivette, sumado a que ya no había a quien asesinar, porque no habían encontrado el berretín, es lo que nos salva la vida al Ñato y a mí. Yo no lo vi con claridad, ni en ese momento, ni durante los años siguientes, recién empecé a valorarlo a raíz de las felicitaciones de cumpleaños los sucesivos 14 de abril. Sentía que me caían mal. Yo compré mi vida por la muerte de los Martirena”

Día de los Caídos en en la Lucha por la Defensa de las Instituciones Democráticas

A raíz de los hechos sucedidos aquel 14 de abril, una vez en democracia, el entonces presidente Julio María Sanguinetti, decretó este día en conmemoración de los caídos en defensa de las instituciones democráticas, recordando a quienes fueron asesinados por el MLN. Ese mismo día, en 1975 había sido declarado como el “Día de los caídos en la lucha contra la sedición” por el presidente de facto Julio María Bordaberry. Años más tarde, en el gobierno del Frente Amplio, el presidente Tabaré Vázquez derogó el decreto de Sanguinetti el 20 de marzo de 2006. Armando Costa y Lara (subsecretario del Interior), Ernesto Motto (capitán de la Armada), Oscar Delega (subcomisario) y Carlos Leites (agente de policía) fueron las víctimas de los tupamaros aquel nefasto día. 

Preguntas en las luces y sombras

Habiendo hecho un breve relato de lo ocurrido el 14 de abril de 1972 a través de distintas voces, día marcado en sangre y fuego, considerado por muchos, como el principio del fin, resulta anecdótico y alarmante a la vez, la celebración de un acto ¿homenaje? a “los caídos en defensa de las instituciones democráticas” 50 años después. Peor aún, resulta la presencia del dos veces presidente Julio María Sanguinetti en dicho acto, sobre todo si tenemos en cuenta que los supuestos caídos de ese fatídico día, pertenecían y algunos de ellos lideraban el Comando Caza Tupamaros “Escuadrón de la Muerte”, y no es un relato inventado por quien suscribe, sino que abunda información documentada al respecto de ello, es decir, no estamos hablando de ciudadanos ilustres que perdieron la vida a causa de un ideario republicano de defensa de las instituciones democráticas… ¡No señor! Ni héroes caídos ni bebes de pecho… ¡Eran asesinos y torturadores! Vale decir, que estos escuadrones conformados por policías y militares, en una suerte de llamada patriótica, se organizaron para de forma clandestina y muchas veces, a sabiendas de las autoridades del gobierno de turno, de secuestrar y torturar a sospechosos de formar parte del MLN e incluso, a quienes eran considerados como “subversivos”, desde militantes sociales, estudiantes, comunistas, maestros, etc.

Dicho esto, cabe preguntarse: ¿Desconocen estos hechos quienes participaron y reivindicaron a los integrantes del “Escuadrón de la Muerte”? ¿Es acaso una reivindicación del terrorrismo de Estado a manos de grupos parapoliciales y paramilitares? ¿Desconoce el dos veces presidente Julio María Sanguinetti la existencia de estos escuadrones?

Ni subversivos, ni héroes, ni patriotas. El 14 de abril de 1972 debe ser un llamado nacional a la reflexión colectiva, al sinceramiento político de los protagonistas y espectadores de aquel día, de las víctimas y victimarios, de los oportunistas y los chivos expiatorios. El 14 de abril debe ser recordado como el día en que en democracia (con las irregularidades de esos tiempos) fueron asesinados y acribillados en la casa de Amazonas 1440 la pareja Martirena. 50 años después, contamos con muchos documentos que tiran abajo los relatos oficiales de cada uno de los bandos, que desmantelan los castillos de naipes sobre los que fueron construidos los cuentos cinematográficos para justificar las heridas de sangre y la sed oportunista del poder que se esconde en las sombras.

De Disidentes y Traidores

De Disidentes y Traidores

Hay cuestiones que son propias a los partidos políticos, como una suerte de marca identitaria que los define desde las bases estructurantes de ciertos principios intrínsecos que son punto de partida y llegada en ese periplo de construcción histórica de los mismos. Uno de estos principios es el de la libertad, sobre el que los partidos fundantes de nuestra democracia republicana construyeron sus valores y mística. 

Esa libertad de la que hablaba el filósofo británico John Stuart Mill, es la que le permite al ser humano realizarse como persona y constituye la piedra angular para la vida en sociedad. Dicho esto, nunca está de más señalar lo obvio aunque a veces no lo sea: en democracia, la voz disonante tiene un valor en sí mismo, uno que debe ser protegido en demasía. Proteger al que piensa distinto resulta fundamental en la medida de que, una voz divergente al orden predominante o mayoritario, construye pensamiento crítico y la intersección de miradas distintas, mediante el feedback de ambas partes, asienta los cimientos democráticos de nuestra sociedad.

A ningún lector escapa que desde hace días, es noticia el hecho protagonizado por un edil del Partido Nacional que aportó el voto decisivo para la aprobación de un fideicomiso para el departamento de Canelones, poniendo en cuestión a partir de esto, su permanencia en la banca como su futuro dentro del partido. Señalado como traidor por algunos, y por oportunista por otros, distintos analistas han abordado el tema en cuestión desde una mirada maquiavélica si se quiere, donde rigen los principios de la “Realpolitik” al mejor estilo de la serie de Netflix “House of Cards”.

Más allá de las intenciones que se intentan adjudicar desde ambos lados del mostrador, como si de ellas dependiera la subsistencia política de cada colectivo, cabe preguntarse y reivindicar el tema de fondo en cuestión: las presuntas mejoras a sectores de la población inversión mediante. Pero lejos de tomar posición en función de declarar inocente o culpable al protagonista de este suceso, es menester poner paño frío al tema y llamarnos a la reflexión. ¿Hasta dónde existe realmente ese valor sagrado de la libertad dentro de las estructuras partidarias? ¿Es más importante la libertad como valor en sí o lo son los intereses creados en función de los réditos electorales? ¿Será que estamos en un estado de campaña electoral permanente?

Las preguntas en cuestión, no son más que pertinentes señalamientos en tiempos de saturación del debate público, un debate que no es tal, y que es reemplazado por las tragicómicas intervenciones de los demagogos de turno de cada colectividad. ¿Por qué el índice de aprobación hacia los partidos políticos en nuestro país, cada vez es menor? ¿Están los partidos políticos alejados de las bases? ¿Se han convertido los partidos políticos en cúpulas aristocráticas donde la disidencia es callada y obligada a votar mediante disciplina partidaria? ¿Es la lógica de transformación de partidos políticos en dos grandes bloques lo que marca la agenda política a partir de discursos dicotómicos? ¿Acaso importa más ser oposición y obstaculizar al otro, que construir desde los intereses legítimos del ciudadano a pie? Son más las preguntas que las respuestas.

¡Milicos Fuera!

¡Milicos Fuera!

“Cada guerra es una destrucción del espíritu humano” dijo una vez el novelista estadounidense Henry Miller con su pluma irónica y cruda. Si bien el autor se refiere a los conflictos bélicos del que fue testigo el siglo XX, me tomaré la libertad de utilizarla en un sentido mucho más metafórico si se quiere, dónde podemos señalar a esa guerra como el constante ensañamiento por parte de la izquierda más radical de nuestro país contra la fuerza policial, víctimas una y otra vez, de campañas de señalamiento, difamación y desprestigio. 

La reciente campaña para derogar los 135 artículos de la LUC encabezada por el PIT-CNT y luego respaldada por la fuerza política del Frente Amplio, en reiteradas ocasiones salió a gritar y romperse las vestiduras, denunciando una y otra vez, lo que ellos entendían como casos de abusos policial, los que en hechos, distaron mucho de serlo. Ni hablar de la paupérrima conferencia de prensa dónde con platillo y redoblante, se presentaron una batería de denuncias gravísimas de una fuerza represora desmedida, sólo para ser desmentidas al día siguiente y puestas en ridículo por el caudal de las mismas, no habiéndose comprobado nada de lo denunciado. 

Pero esta suerte de desconfianza hacia la Policía por parte de la izquierda no es nueva, ha existido siempre una suerte de rechazo y hostilidad para aquellos ciudadanos que han hecho de la carrera policial, un oficio y una forma digna de ganarse el pan de cada día, sacrificando su propia integridad física y psicológica para procurar mantener el orden y salvaguardar la vida de cada uno de nosotros cada nuevo día. 

Sin ir más lejos, en el día de ayer, se dió a conocer el fallo de la jueza Patricia Hornes en el marco de los dos efectivos policiales que se encontraban imputados por el caso de Santiago Cor, joven duraznense que falleció durante una persecución policial, siendo favorable el fallo para los policías involucrados en el incidente, los que, desde el primer momento, fueron señalados y condenados socialmente como culpables mediante el dedo inquisidor de activistas sociales, referentes políticos y algunos periodistas, que vieron en ello, la oportunidad perfecta de agregar leños a la hoguera de desprestigio y demonización sufrida por quiénes trabajan como policías.

Otro punto aparte, que merece un análisis más a fondo, es la titánica odisea de SIFPOM, el sindicato de funcionarios policiales, que en más de una ocasión, han sido víctimas de campañas políticas, que tienen como intención final, el expulsarlos del PIT-CNT al considerarlos como enemigos de los trabajadores por su rol de ser encargados de reprimir ante situación de infringimientos de la ley. Ni hablar de los casos de mujeres policías, tristemente asesinadas o víctimas de violencia, donde la sororidad y empatía de los grupos feministas brilló por su ausencia, lo que da a entender por parte de quienes se rasgan las entrañas por la causa tan en auge, que hay mujeres “Clase A” y “Clase B”: por un lado las compañeras y por otro lado las enemigas.

 ¿Hasta cuándo debemos ser espectadores de ese ensañamiento? ¿hasta cuándo la manija innecesaria? ¿hasta cuando la mirada sospechosa para quienes día a día  salen a ejercer su profesión dignamente?¿hasta cuando el grito de “Milicos fuera”?

En el Barro

En el Barro

La cuenta regresiva terminó, se hizo eco en la voluntad del soberano que se expresó mediante las urnas. También se terminó la campaña electoral, esa modalidad activada en el inconsciente de dirigentes y militantes que de un lado y del otro, convirtieron una instancia ciudadana en una eterna agonía. Agonía que se fue retroalimentando de egos desmedidos, medias verdades, mentiras y muchas veces, manija. Sí, simple y llanamente manija. Pero no cualquier tipo de manija, sino esa mal intencionada actitud de sumergirse en el barro y ensuciar por que si, porque puedo, porque quiero.

La campaña sobre la LUC no hizo más que potenciar esa dicotomía de los unos con los otros, esa que nuestros representantes se niegan a decirle “grieta”, quizás, por esa superioridad moral e intelectual que se cree tener en comparación con nuestros vecinos de la orilla de al lado. Pero una vez hechas las cuentas, nos queda el diario del lunes, ese que nos indica que durante meses se alimentó la idea de una batalla a morir de los unos contra los otros, de un lado demócratas y del otro lado antidemócratas, de un lado una cúpula de personas sin sensibilidad social, y del otro lado el grupo de elegidos, de un lado el monstruo neoliberal, y del otro lado el leninismo-comunismo. Sólo gritos por doquier…

¿Hay algo peor que el grito estridente de los caudillismos mesiánicos? Sí, el día después, es decir, hoy 28 de marzo. Porque luego de sembrar y destilar el veneno selecto de los elegidos, hay un país que debe seguir adelante construyendo un futuro para todos, construyendo bienestar para los que están y los que vendrán. Y en medio de ese proceso, nos debemos volver a mirar a la cara y dirigir la palabra al vecino de al lado, al compañero de trabajo, al compañero de la facultad; los mismos con lo que por meses mantuvimos una tensión constante mediante el señalamiento, el descalificativo y las miradas punzantes de quién batalla cual vida por salvar.

Y si bien, en esta suerte de elección de medio término en la que se intentó por doquier arraigar la idea de que se jugaban dos modelos distintos de país, en realidad, se jugó con la libertad de todos nosotros. Se nos obligó a ser espectadores de un circo abominable de muy mala calidad y lo peor aún, se nos obligó a pagar por ello. Mientras de un lado y del otro desfilaban representantes al mejor estilo rockstar por los distintos medios audiovisuales de nuestro país, el pueblo fue rehén de forzadas actuaciones merecedoras de un premio de la academia, de constantes mentiras y lo peor aún, de la manipulación emocional de las masas a partir de temas de gran sensibilidad. Todo en función del resultado de la sagrada calculadora, la de los que no son marginados por la sociedad, la de los que tienen cada día un plato caliente, la de los que tienen acceso a educación y atención médica de primer nivel, la de los que tienen locomoción propia e incluso chofer privado.

Creo que es momento de sincerarnos, de preguntarnos ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo seguir jugando a House of Cards? ¿Hasta cuándo hipotecar el futuro de todos nosotros en función de un rédito electoral? ¿Hasta cuándo promover la dicotomía de las divisas y las familias ideológicas? ¿Hasta cuándo seguir creyendo el cuento de ser los elegidos? Es momento de colgar las banderas, de mirar al de al lado y tenderle una mano, entender que ese otro es alguien como nosotros, que quiere lo mejor para todos por medio de otras ideas, que no son las nuestras, pero tampoco mejores ni peores, distintas nada más. Es momento de salirse del barro.