Biden abre el juego para el régimen de Cuba

Biden abre el juego para el régimen de Cuba

Confusión y enojo permean en la diáspora cubana en los últimos días luego del anuncio del nuevo paquete de medidas por parte de la administración Biden hacia el régimen cubano. El pasado 16 de mayo el Departamento de Estado anunciaba en su página oficial el menjunje de medidas entre económicas y humanitarias que apuntan a la Isla comunista. Encabezado por el headline que advertía: ’Administración Biden amplía apoyo al pueblo cubano’’.

La lista de nuevas flexibilizaciones llega en un momento de alta sensibilidad para la sociedad cubana. A casi un año de las históricas protestas del 11 de julio de 2021, y con un saldo de miles de presos políticos ofende la demagogia de la administración demócrata, que vuelve a tropezar con la misma piedra que el ex–presidente Barack Obama por allá por 2014. Quien promovió también una cartelera de políticas que pretendían cambiar el histórico conflicto entre ambos países y apostaban por el deshielo entre ambas orillas. No fueron pocos los que entusiasmados por llenar un poco más el plato, o rendidos ante el anhelando rencuentro con los suyos luego de decenios de separación, apoyaron y defendieron rasgando vestiduras la agenda (EE. UU-Cuba) del primer presidente afroamericano de la historia norteamericana. Lejos de beneficiar al pueblo de a pie, dichas iniciativas terminaron contribuyendo al llenado de las arcas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), lideradas en aquel entonces por el dictador Raúl Castro. Como si no bastara este fiasco, insisten una vez más los demócratas sobre una política ya fallida, lanzando una nueva balsa salvavidas a un régimen que desde 2020 viene dando patadas de ahogado, sin divisar más horizonte que el de un pueblo enardecido en las calles clamando por su libertad.

Obama durante su visita a Cuba en 2016.

El muro rojo pudo más.

Ni la degustación de arepas de Kamala Harris en el Dorall, cual venezolana arrecha, ni tentadoras promesas de campaña de la fórmula demócrata que apuntaban a ganar el voto de la comunidad migrante –liderada por los cubanos- en Florida, lograron triunfar en su afán de revertir la decisión de los latinos de cerrar filas tras el polémico Donald Trump en las presidenciales de noviembre 2020. Sabor a cuenta cobrada queda entre los exiliados cubano-americanos, quienes interpretan las políticas económicas anunciadas recientemente por el partido del Asno, como una especie de pase de factura ante la resignación demócrata por la pérdida del voto latino floridano una vez más.

Fuente: France24| Imagen propiedad de: AFP MARCO BELLO

 Medidas anunciadas a través de la página oficial de Departamento de Estado de los Estados Unidos de América: 

-Facilitar la reunificación familiar mediante el restablecimiento del programa Cuban Family Reunification Parole (CFR). -Garantizar que las remesas fluyan más libremente hacia el pueblo cubano sin enriquecer a quienes cometen abusos contra los derechos humanos.

-Fortalecer los lazos familiares y facilitar las conexiones educativas para los estadounidenses y los cubanos mediante la ampliación de los viajes autorizados en apoyo del pueblo cubano. Con estas acciones pretendemos apoyar las aspiraciones de libertad y mayores oportunidades económicas de los cubanos para que puedan llevar una vida exitosa en su hogar.

”Seguimos pidiendo al gobierno cubano que libere de inmediato a los presos políticos, que respete las libertades fundamentales del pueblo cubano y que permita que el pueblo cubano determine su propio futuro“, concluye. 

Separar la paja del trigo.

Imposible practicar una lectura des contextuada y sin previa lobotomía, para ser capaces de emitir un criterio que se suscriba exclusivamente a lo casi inocente de las nuevas propuestas de la administración Biden-Harris. Quienes hábilmente apelan a la sensibilidad de una comunidad desplazada para pasar por desapercibidas mejoras económicas ‘’dirigidas al pueblo cubano’’, a sabiendas, que todo destino de inyección capital extranjero encaminado a la Isla tiene como puerto seguro las cuentas de los militares que filtran todo en Cuba desde hace más de seis décadas. Pagan con creces generaciones enteras el coqueteo entre el Norte y la dictadura más longeva de la historia de la humanidad. Pues no es secreto para nadie que el renglón priorizado por el régimen cubano a la hora de invertir no es precisamente la salud ni la educación, cada día más depauperadas, sino equipamientos para ejercer el control represivo sobre sus ciudadanos hambrientos y desarmados.

El descontento entre el exilio cubano hoy es tangible, pero tenemos la tarea de hacerlo pasajero y continuar con el curso de objetivos mayores que traspasan el techo de un ‘’paquete de medidas’’ propuesto por una potencia extranjera. No son tiempos de permitirnos vacilaciones a cuentas de terceros. No después de un 11j, no con un José Daniel Ferrer o un Maikel Osorbo plantados en cárceles cubanas con la convicción absoluta del no claudicar; – ¿y cómo hacerlo? – cuando miles de jóvenes, de los que en reiteradas ocasiones tildamos de dormidos y de generación perdida, alzaron sus voces quebrando el grueso muro del miedo y se lanzaron a las calles sin importar consecuencias a exigir: ¡Patria, Vida y Libertad!

Dependencia tóxica

Una historia llena de mártires, con madres huérfilas de hijos que canjearon su vida por la libertad del terruño, no consiguen exonerar al cubano en su pasar por los cinco continentes de calificativos recurrentes como: ¡yanqui! o el ya clásico ¡gusano pagado por el imperio! Claro está desde donde se reciben tales improperios. Seres en su mayoría tocados por la vara maldita del socio-comunismo del siglo pasado que exportara Fidel Castro desde La Habana a partir de 1959.

Con el reto que supone la batalla dispareja contra una tiranía carente de escrúpulos, son momentos de practicar el desafuero y hacer honor a nuestra historia. La misma que está escrita con sangre de negro lucumí de barracón, de mambises ecuestres al desnudo. Antepongamos a la apatía los miles que sufren cárcel y tortura mientras el debate sobre Cuba se torna casi un show mediático en prensa internacional. Nuestros presos políticos cargan a sus espaldas el peso de una nación entera; que no tiene otro camino a transitar que el de cambiar su propia historia. Un cometido que no precisa la venia de un anglosajón nacido en Pensilvania. Solo necesitamos recordar de dónde venimos y a donde queremos llegar. ¡Viva Cuba Libre!

Cubanos en Uruguay: llegaron para quedarse

Cubanos en Uruguay: llegaron para quedarse

No es poco lo dicho y escrito en los últimos años referente a de la llegada de miles de cubanos al Uruguay. Imposible deambular por cualquier rincón sin tropezarnos con un caribeño cargado de sueños y la convicción de prosperar. El impacto socio-cultural que recibe un país con 3.74 millones de habitantes no es menor, y cada dia que pasa se hace más latente: pues los cubanos en Uruguay llegaron para quedarse.

Corría el año 2019 cuando comenzaban a circular sendos artículos en prensa nacional reseñando los arribos de ciudadanos de origen cubano a través de pasos fronterizos. A fines del mismo año la Dirección Nacional de Migración (DNM) anunciaba en su anuario oficial la desorbitante cifra de 19.925 cubanos ingresados al país solamente en 12 meses. Mismo período en que fueran otorgadas 1.117 residencias definitivas a los que llegaron escasos años más temprano. Develando así a la luz pública un fenómeno migratorio sin precedentes para el país sureño en las últimas décadas.

Fuente: Miami Herald.

Uruguay: El nuevo Miami del Sur.

Si tomamos esta máxima histórica del éxodo cubano teniendo en cuenta la densidad poblacional del gigante norteamericano de (329.5 millones de habitantes de acorde al último censo 2020, USA) estos representan un impacto de tan solo un 0.1% de su población total. En cambio, si tomamos el máximo histórico para Uruguay (2019) cuando recibimos a 19.925 cubanos para una densidad poblacional de tan solo 3.74 millones de orientales, el impacto es mucho más significativo para un 0.53%, lo que nos lleva a la conclusión que Uruguay estaría enfrentando un impacto de migrantes cubanos 5 veces mayor comparado a los Estados Unidos de América.

Múltiples factores propiciaron este escenario, pues si bien Uruguay es un país pequeño en extensión tiene mucho que ofrecer en materia de derechos y libertades; siendo poseedor de los primeros peldaños en índice de democracia en la región, sumado a una política de puertas abiertas respaldada en su constitución no se necesitaron más incentivos que la cruel realidad que acarrean los millones de cubanos en la Isla para fijar un nuevo curso en busca de la libertad.

Así lo que a inicios de siglo se presentaba como población emergente y casi desconocida, se convirtió en la comunidad migrante más grande del país sudamericano; donde el día a día se fusionó en una mezcla de culturas y acentos. Desde los deliverys que llegan exhaustos a nuestras puertas luego de extensas horas de pedaleadas por las empinadas lomas que anuncia la rambla montevideana, hasta un doctor con túnica habitual que nos recibe con una cadencia desconocida para el argot oriental que levanta la curiosidad de más de uno.

Aves de paso: mito impuesto.

La sutil intención de minimizar la trascendencia de la comunidad cubana en el Uruguay ha sido una constante desde ONGs, medios y simpatizantes de partidos políticos aliados a la dictadura cubana. La colectividad migrante se ha visto damnificada en reiteradas ocasiones a merced de malintencionados artículos de opinión carentes de todo tipo de evidencias empíricas, donde periodistas sesgados se proponen instalar el falso relato de que solo son ‘’4 gatos de paso por estas tierras con destino final: Miami’’.

Sin embargo, la realidad pega en sus rostros a diario cuando vemos a una comunidad establecida que prospera con el paso de los años. Una colectividad para nada pasajera que cuenta hoy con casi 6000 mil residentes permanentes perfilados para la obtención de la Carta de Ciudadanía y en consecuencia a la obtención de Credencia Cívica; que les permitirá no solamente participar, sino incidir fuertemente en el destino político de la nación. No son pocas las ansias por saciar al encuentro con la suiza de América, pero sin lugar a dudas, ejercer el derecho al voto es la tierra prometida para el isleño. Al que la edad le recuerda como cuentagotas la cantidad de años que ya pasaron sin experimentar el sublime acto que supone deslizar un sobre por la hendija de una urna electoral.

Comuniad cubana muestra apoyo al Presidente Luis Lacalle Pou frente a Presidencia de la República / Fuente: ONG Cubanos Libres en Uruguay.

Llegaron para quedarse:

Basta con emprender un breve viaje por la urbe montevideana para hallar emprendimientos de todo tipo y tamaño llevados por cubanos: desde barberías, clínicas dentales, asociaciones civiles, instituciones para fraternales, etc. Donde los que supieron adoptar al Uruguay como segunda patria nos reciben con máxima disposición y una sonrisa que casi consigue esconder el sufrimiento vivido en aquel régimen que les arrebato los años de vida que hoy luchan por recuperar desde estas latitudes.

La falta de empatía hacia la desgracia del pueblo cubano sin embargo se hace presente en el acontecer nacional, cuando desde diversas tribunas se ha intentado pasar por debajo del tapete la verdadera génesis del crecimiento continuo de la comunidad cubana en el país. Y es que el trasfondo sociopolítico de Cuba es cada vez más insostenible por más que algunos lo intentan encubrir en discursos ambiguos que generan nebulosas entorno a la verdad absoluta que da paso a este fenómeno: la total falta de libertades propiciada por una dictadura sexagenaria. Calan así en las llagas de una comunidad desplazada las declaraciones de jerarcas políticos que maquillan al móvil real del éxodo refiriéndose a Cuba ‘’como una democracia diferente’’, nada más disparatado cuando en los cajones de Organizaciones nacionales se apilan de a miles las solicitudes de asilo político de cubanos forzados a abandonar su Patria.

Así se desarrolla la vida de una comunidad a más de 9000 km de sus costumbres y tradiciones. Entre rosas y espinas, con el eterno agradecimiento a los que les abrieron las puertas y les ofrecieron cobijo bajo el manto de la libertad. A esos que confiaron y confían en nosotros les decimos: ¡Sabremos cumplir!

Predilección por la miel

Predilección por la miel

Pareciera de naturaleza ineludible el escapar del idiotismo al tropezón con la misma piedra. ‘’La historia se repite’’ es más que un cliché desgastado. Así lo atestigua el paso del Homo sapiens por la misma. Rosando las cuatro décadas de democracia ininterrumpida y una política añorada por el resto de mundo; vuelven aires de radicalismo en ciertos sectores políticos del Uruguay. Donde las ideologías importadas nos han costado decenios de años de reconstrucción moral al país.

Basta con retroceder un poco en la historia contemporánea para elucubrar sobre el peligro que supone el crecimiento de sectores políticos que se fundaron sobre bases marxistas, y que se fueron radicalizando a partir de los años 1960 cuando triunfó la Revolución de Fidel Castro. No solo al Uruguay llegaron los aires nefastos de lucha armada y falsos relatos, Latinoamérica entera vivió una agudización de sus conflictos durante la Guerra Fría producto de la mano peluda del comunismo.

La izquierda uruguaya fue presa fácil de la expansión castrista intercontinental. A penas corrían los primeros años de la dictadura en Cuba y se comenzaba a percibir la radicalización de la izquierda en el contexto nacional. La minoría que democráticamente sufría la alternancia bipartidaria entre colorados y nacionalistas, comenzaba a verse erosionada por la idea tóxica de la lucha armada como forma de llegar al poder. En un mundo poco globalizado, la injerencia comunista cubana fue casi obligatoria para sembrar métodos terroristas entre los orientales. Lo que llevó al Poder Ejecutivo en abril de 1972 a declarar ‘’estado de guerra interno’’ además de quedar suspendidas temporalmente ciertas garantías ciudadanas.

Desde entonces el país ha dado una batalla campal por la reconciliación de una nación visiblemente herida luego de secuestros, fusilamientos y bombas cortesía del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T); que remató con la instauración por más de una década de la sombría dictadura militar hasta la restauración de la democracia en 1985.  

Predilección por la miel

Al sector político del país le cuesta acercar los bordes de la grieta que nos dejaron los conflictos del pasado. Miradas hemipléjicas a la historia condicionadas por subjetivismos partidarios estacan a toda una sociedad entre la impunidad, y el sobre castigo. Es casi imposible no seguir dinamitando la brecha cuando la oposición mantiene su liderazgo negativo a toda costa. Una organización hoy más democrática y efectiva, pero que no ha parado de beber de la fuente que propició el inicio de la ruptura: la dictadura en Cuba y sus aliados.

Basta recordar episodios tormentosos como la entrega de las llaves de la Ciudad en 2013 por la entonces Intendenta de Montevideo Ana Olivera, al dictador de Venezuela Nicolás Maduro. Como olvidar el viaje que realizara el senador Mario Bergara al epicentro del cáncer del hemisferio, donde se le vio posar orgulloso junto al dictador de turno en Cuba, Miguel Díaz Canel, quien mantiene a más de 3000 mil presos de conciencia (incluyendo setenta menores de edad) en las cárceles cubanas. Podemos mencionar también la reciente aparición desde Europa del presidente del Frente Amplio Fernando Pereira, junto al ex presentador de televisión y ex político Pablo Iglesias, acusado por sospechas de financiación ilegal a las cuentas de Podemos desde el régimen de Venezuela e Irán.

Peligrosa antesala cuando a este coctel se suman los últimos datos de la interna frenteamplista que arrojan al sector más radical y proclive a sustituir la democracia por vías alternas como mayoría, con un 22.98% para el Partido Comunista en Uruguay (PCU). Se teje así una nueva realidad para el Uruguay, en presencia de dos mitades: los que sostienen las columnas democráticas de la nación, y los que mantienen su avanzada al coste de compromisos internacionales con dictaduras sanguinarias. Dormitar en brazos de la democracia es un ejercicio irresponsable cuando la apabullante realidad nos arrastra a los mismos errores del pasado. Es responsabilidad compartida el no condenarnos a repetir la historia.

¿Y ahora, Diálogo?

¿Y ahora, Diálogo?

Cuatro elecciones, dos años y una pandemia no fueron suficiente para calmar las aguas del contexto político del Uruguay. La sensación de vivir en una interminable campaña electoral desde el 2019 es innegable. Y por si fuera poco, la oposición se asoma con un viejo sonsonete: el Diálogo.

Varios han sido los portavoces del reclamo al gobierno actual, incluso desde antes de la asunción del presidente Dr. Luis Lacalle Pou, en marzo del 2020. Recordemos la misiva presentada por el partido colorado recién estrenando coalición, donde se instaba al presidente a crear ‘’un ámbito político de diálogo’’ para la interna multicolor. Es válido destacar que el documento firmado por su Secretario General, el expresidente Julio María Sanguinetti, marcaba salvedades pro-gobierno y pro-coalición de forma premonitoria, aunque de manera inconsciente anunciaban también el comienzo de lo que sería un ciclo de reclamos al oficialismo sobre la misma línea.

A pocos días de ratificada por la mayoría de los uruguayos la Ley de Urgente Consideración (LUC), la prensa interceptaba al Senador cabildante Manini Ríos, donde emitió su lectura política post-referéndum: ‘’El espacio de dialogo tiene que estar siempre abierto, no puede ser que medio país tranque a otro medio país y estemos siempre empantanados’’. Sentenció. –No pasaron más que horas para comenzar a escuchar a líderes de la oposición y algún que otro politólogo simpatizante incorporar a su discurso el nombre del Senador cabildante, inclusive algunos le citaban en aras de fortalecer el nuevo planteo que se comenzaba a erigir desde varios sectores del frente opositor: La necesidad inminente de propiciar un espacio de dialogo desde el gobierno para con la oposición, organizaciones sociales y otros entes.

Indicios antidemocráticos:

No fuimos pocos los que recibimos con preocupación los argumentos suscitados por líderes de los diferentes sectores de la interna frenteamplista, haciendo referencia a la necesidad de crear esta instancia paralela al Parlamento uruguayo, donde hoy son minoría. Se plantea así un nuevo tablero político desde la oposición, donde de manera sutil se juega una carta peligrosa para la democracia, presentando este “Dialogo” como sustitución al diálogo real que a diario tiene lugar en la casa de la Democracia uruguaya.

Comienzan así a saltar las alarmas de más de uno, tras lo que se interpretó como un intento de ilegitimar la democracia representativa y de dañar a la autoridad popular que le fue conferida al gobierno por el soberano en las urnas. Lo inquietante de este nuevo caballo de Troya, parte del propósito de socavar al poder que ostenta hoy la mayoría coalicionista que intenta regir los destinos de la nación desde el 2019. La historia latinoamericana nos ha dejado en claro dónde y cómo terminan las naciones cuando partidos o líderes comienzan deliberadamente a cuestionar a las mayorías elegidas democráticamente, además del alto costo a pagar por transitar este oscuro camino.

Foto: Jorge Valdes. // Fuente: Democracy Index 2020 / The Economist Intelligence Unit.

A este panorama se suman figuras de peso como el Presidente del Frente Amplio Fernando Pereira, quien se presenta hoy como líder de una cuasi mitad ignorada por el gobierno y se une a los cánticos del dialoguemos. También mellan de a poco en la democracia oriental vaticinios fatalistas por parte de dirigentes frenteamplistas que anuncian una desconocida, pero ya fallida reforma a la Ley de Seguridad Social. Amparados en la simple excusa relativista de que las condiciones para el diálogo no están dadas, y en consecuencia, dicha reforma estaría naciendo condenada de antemano.

Difícil hasta para el más democrático de los gobiernos competir con una oposición de bola de cristal, que solo augura fracaso y trabaja para asegurarse de no fallar en su presagio. Como olvidar los inicios del año 2020 cuando el mundo vivía un momento histórico, sumido en la incertidumbre de una pandemia. Las naciones daban muestras de unidad mientras sus ciudadanos supieron separar los intereses políticos de lo humano. No sucedió así para el Uruguay, dónde líderes sindicalistas y una oposición férrea llamaron a cacerolear al gobierno, exigiendo desde la ignorancia una cuarentena obligatoria siguiendo el modelo de la Argentina. Cuando más unidad necesitábamos así nos encontró el mundo, separados y divididos. Y ahora, pedimos ¿Diálogo?