¿Por qué adoptar una Regla Fiscal?

¿Por qué adoptar una Regla Fiscal?

La política fiscal uruguaya ha sido procíclica durante prolongados períodos y además con un alto componente  de discrecionalidad en las finanzas públicas. Dadas las desventajas que estas características implican, se considera como muy positivo la adopción de una regla fiscal.

La capacidad de la política fiscal para desempeñar un rol estabilizador en la economía en el corto plazo y su grado de efectividad, ha sido objeto de grandes debates entre las principales corrientes económicas. Hoy en día parece bastante zanjado el tema y la adopción de una regla fiscal se aprecia por lo general como una medida muy positiva por los diferentes analistas.

Cuando el gasto público es procíclico ”recalienta” a la economía en los períodos expansivos y se contrae fuertemente en los períodos contractivos del ciclo. Lo que no permite una sostenibilidad de las cuentas públicas en el largo plazo.

La regla fiscal debe ser mantenida con políticas eficientes. Por ejemplo, las reglas deben ser respaldadas por reformas estructurales en áreas claves del sector público, esto es, en aquellos gastos que más inciden en la generación de desequilibrios (el caso de la seguridad social en los países con población “envejecida” como el nuestro), o en la estructura impositiva, o en la eficacia y eficiencia del gasto público. Esta última temática muy bien entendida y llevada a cabo por la actual administración.

El tope de aumento del gasto público que impone la regla fiscal es de 2,3% anual. Lo que está vinculado a una estimación del crecimiento potencial de la economía, o sea cuando la economía se encuentra en plena utilización de sus factores de producción.

En la medida que la aplicación de una regla permite ahorrar en tiempos de bonanza, se debería considerar la creación de un fondo de estabilización o contingencia, lo que implicaría evaluar a su vez en que moneda invertir y que hacer con los recursos disponibles.

El economista Mario Bergara critica la regla fiscal por no tener una consecuencia su no cumplimiento y limitarse a ser una meta indicativa, una señal. Esperamos que dicha carencia sea corregida por futuras administraciones. Pero está claro que el puntapié inicial liderado por la señora ministro Arbeleche es más que contundente y logra algo que era impensado desde las filas de la oposición.

Finalmente, en la actualidad se han logrado ahorros fiscales en los últimos dos ejercicios, lo que ya es un logro en sí mismo. Y dicho ahorro puede ser eventualmente redirigido hacia el Fondo Coronavirus.

Coyuntura económica

Coyuntura económica

Al existir una remisión en los casos de COVID-19, debido al alto porcentaje de vacunación en nuestro país, se está observando en los indicadores de avance de la economía una tan esperada reactivación.

Gracias a esta reactivación el Banco Central del Uruguay (BCU) este miércoles pasado realizo un aumento en la tasa de interés a la que se prestan los Bancos (Call) de 4,5% a 5% anual.

Este aumento en el precio del dinero, se debe a que el BCU observa un aumento en la demanda de bienes y servicios y busca en primer lugar que dicho incremento no se traslade a precios desencadenando presiones inflacionarias y en segundo lugar buscando aumentar el ahorro por encima del consumo. A sabiendas de que a mayor ahorro mayor es la inversión.

El BCU sabe que esta contracción demorará varios períodos en comenzar a sentirse debido a la gran liquidez que disponen los Bancos actualmente. Y que la Política Monetaria por definición tiene un rezago importante. Por lo que la Política Monetaria está pensada para que el BCU encuadre a la inflación dentro del rango meta a fines de 2022.

Actualmente, la inflación se encuentra en 7,3% en el acumulado a 12 meses y el BCU tiene un rango meta de 3% a 7%, el cual bajará de 3% a 6% para fines de 2022.

El objetivo del BCU parece bastante realista, a pesar de que existen presiones inflacionarias de corto plazo como pasó recientemente con los precios del crudo y de la carne. Los cuales ponen en riesgo los resultados de inflación. Por otro lado se calcula que la tasa de interés puede alcanzar hasta el 9 % sin ser una política monetaria netamente contractiva. Lo que le permite un amplio margen de maniobra al BCU para alcanzar su rango meta inflacionario.