Hipersexualización femenina infantil: un problema invisible

Hipersexualización femenina infantil: un problema invisible

En nuestra sociedad, el estándar de belleza femenino se basa en cuanta atracción física y sexual es capaz de producir la mujer. Anteriormente se tenía una imagen de “mujer perfecta” como ama de casa, madre dedicada a la crianza de los hijos y a servir a su marido. De un tiempo a esta parte esa imagen ha sido desplazada por la idea de una mujer sexualizada y cosificada, bajo la excusa de la liberación femenina. Efectivamente las mujeres nos hemos liberado bastante de esa imagen de «ángel del hogar» tradicional (Puleo, A. como se citó en Verdú, 2018), aunque aún queda mucho por hacer.

El problema es que eso no implica que nos hayamos liberado de los estándares machistas: la imagen de la mujer cosificada y sexualizada también constituye un condicionamiento que se nos impone, y que termina siendo servil al propio sistema patriarcal. Ambos modelos corresponden en un grado considerable a la proyección del deseo y los intereses patriarcales (Puleo, A. como se citó en Verdú, 2018), que conciben a la mujer en si como un mero objeto de consumo. Por ejemplo, vemos propagandas de distintos productos donde las mujeres están desnudas o muestran parte de su cuerpo con el objetivo de que la publicidad llame más la atención y el producto en cuestión sea “más atractivo”. Son estrategias de marketing que terminan poniendo a la mujer en el rol de accesorio por sus atributos físicos, y a su vez, también terminan alimentando estereotipos de belleza que tienen un gran impacto en la sociedad.

En el año 2007 la Asociación Americana de Psicología define el concepto de hipersexualización femenina, comprendiendo que la misma sucede cuando se produce al menos una de las siguientes situaciones:

  1. El valor de una persona se reduce únicamente a su atractivo o comportamiento sexual, excluyendo las demás características que la componen.
  2. El individuo está sujeto a un estándar de belleza definido que equivale a ser “sexy”.
  3. Se representa a la persona como un objeto de forma sexual, no como alguien con capacidad de acción y decisión independiente.
  4. La sexualidad se impone inapropiadamente a un individuo.

La imagen de mujer hipersexualizada se construye en base a características corporales que se consideran necesarias para ser una mujer bella: la delgadez, la altura, el tamaño de los senos o los glúteos, la depilación, etc. Si bien el concepto de belleza es puramente subjetivo, a nivel colectivo se generan estas ideas previas del mismo que se nos imparten desde que somos pequeños. Crecemos pensando que las mujeres son bellas cuando son altas y flacas, tienen una cintura pequeña, senos grandes, cola grande: el famoso “90-60-90”.

Además de provocar efectos como los desordenes alimenticios, estos estereotipos hacen que las niñas crezcan con una idea de “mujer perfecta” a la cual también aspirarán personalmente e intentarán reproducir a medida que crecen. Dicha imagen tiene un impacto fundamental en el desarrollo de las niñas: condiciona su personalidad haciendo que la misma se adecue a lo que el sistema pide de ellas. Entienden que una apariencia física acorde a estos estereotipos las hará atractivas y exitosas, y por lo tanto, serán aceptadas por los demás. A medida que pasa el tiempo vemos que es cada vez mas frecuente que las chicas de generaciones jóvenes empiecen a vestirse, actuar o comportarse como mujeres mas adultas a menor edad. La hipersexualizacion infantil femenina es un problema latente en nuestra sociedad y cada vez se visibiliza en mayor escala.

El Informe Bailey (2011) hecho en Reino Unido, define la hipersexualización de las niñas como “la sexualización de las expresiones, posturas o códigos de la vestimenta considerados como demasiado precoces”. También informa que esto las convierte en objeto sexual muy tempranamente, porque las alienta a adoptar actitudes estereotipadas que no corresponden en proporción a la edad que tienen.

Arteaga-Villamil define el mismo concepto como “la manera en que las niñas y adolescentes, dentro de su contexto social, manifiestan ciertos aspectos que no les son propios, como la desmedida feminidad derivada de la carga sexual” (Arteaga-Villamil, como se citó en Díaz-Bustamante et al., 2017).

En la hipersexualización de tipo infantil “se proyecta una imagen adulta de la infancia, concretamente de las niñas”: se incita a las niñas a parecerse a jóvenes adolescentes o mujeres adultas en cuestiones como la ropa, maquillaje, peinado, etc. La intrusión precoz en la sexualidad acelera la transición de la infancia a la adolescencia, no permitiendo que las chicas disfruten plenamente la etapa infantil. Esto puede derivar en daños psicológicos irreversibles, ya que los niños no están preparados ni física ni mentalmente para dar ese paso (Serrano, 2013).

Para poner un ejemplo concreto y reciente, en el mes de septiembre del año 2020 tuvimos la noticia del estreno en la plataforma Netflix de una nueva película: “Cuties”, o “Guapis” en español. El filme trata sobre una niña de 11 años llamada Amy, que desea “pertenecer a un grupo de chicas de su edad que bailan sensualmente, entonces empieza a explorar la feminidad y desafiar a su familia religiosa”. Así lo decía textualmente el resumen anteriormente disponible en la plataforma. Además, el poster de presentación de la película mostraba al grupo de niñas bailarinas con poca ropa y realizando poses “sexys”. Esto genero una importante cantidad de criticas en muchos países: ¿Cómo vamos a sexualizar a niñas de 11 años bajo la excusa del empoderamiento? ¿Qué mensaje le estamos dando a las niñas en general? ¿Qué mensaje queda en la sociedad? En Twitter fue tendencia el hashtag #NetflixPedofilia por varias horas. Finalmente, la plataforma decidió cambiar la descripción y propaganda de la película, que daba un mensaje incorrecto.

Como este existen muchísimos ejemplos de la hipersexualización infantil femenina, que se destaca en varios ambientes: en los medios de comunicación, las redes sociales, la industria de la moda y el modelaje, las productoras de series y películas, las agencias de publicidad, la industria musical. Debemos intentar romper cada vez más con esta cultura y desacelerar el proceso de sexualización, que cada vez se da a una edad menor. Debemos permitir que las chicas disfruten de su etapa infantil como lo que son: niñas, no adolescentes, ni adultas, solamente niñas.

Bibliografía:

Díaz-Bustamante-Ventisca, M., & Llovet-Rodríguez, C. (2017). ¿ Empoderamiento o empobrecimiento de la infancia desde las redes sociales? Percepciones de las imágenes de niñas sexualizadas en Instagram. Profesional de la Información26(1), 77-87. Disponible en https://www.thefamilywatch.org/wp-content/uploads/tfw-report-hipersexualizacion-de-las-ninas.pdf

Serrano, B. (2013). Hipersexualización de la infancia: cuando los niños crecen antes de tiempo. Bebés y más8. https://www.bebesymas.com/educacion-infantil/hipersexualizacion-de-la-infancia-cuando-los-ninos-crecen-antes-de-tiempo

Verdú Delgado, A. D. (2018). El sufrimiento de la mujer objeto. Consecuencias de la cosificación sexual de las mujeres en los medios de comunicación. Disponible en http://rua.ua.es/dspace/handle/10045/76689

Zurbriggen, E., Collins, R, Lamb, S., Roberts, T, Tolman, D., Ward, L. (2007). APA task force on the sexualization of girls. American Psychological Association. Disponible en https://www.observatoriodelainfancia.es/ficherosoia/documentos/4503_d_Sexualization_Girls.pdf

Entrevista a la abogada y Diputada S. Desirée Pagliarini

Entrevista a la abogada y Diputada S. Desirée Pagliarini

Desirée Pagliarini es Doctora en Derecho y Ciencias Sociales, y actualmente estudiante de Antropología. Es Diputada suplente por el Partido Colorado en el departamento de Montevideo. Se define como Batllista y Feminista, tiene una gran dedicación e interés por los temas de género.

¿Cómo definirías el machismo y como definirías el feminismo?

– Considero que el machismo es una forma de ver el mundo y de relacionarse desde la supremacía o la preponderancia de un sexo sobre el otro, en este caso del sexo masculino. Creo también que a esta altura de la sociedad y el siglo en el que vivimos muchas veces no se da ni siquiera de forma intencional: hay una configuración de machismo que se reproduce sola, sin una clara intencionalidad de hacer daño o de minimizar a las demás personas. Esto sucede porque como toda costumbre de relacionamiento humano se volvió una tradición, se volvió una forma paradigmática de proceder: mucha gente lo hace, incluso las mismas mujeres, de forma inconsciente.

El feminismo por el contrario creo que justamente es lo que busca romper o quebrar esa forma machista de entender la realidad. Lo que sucede es que el choque es tan grande que el feminismo ha logrado de cierta manera visibilizarse como una filosofía de impacto, con esto me refiero a que es una filosofía que viene a quebrar esa estructura desde sus cimientos: si no vamos a la raíz de los problemas, vamos a seguir poniendo remedios paliativos a una enfermedad y no usando el antibiótico. La erradicación del machismo además, no va a liberar únicamente a las mujeres si no también a los hombres, que se ven cargados con distintas actitudes que se espera que tengan, pero que no tienen por qué tener. Llevándolo al extremo encontramos los clásicos ejemplos: que los hombres no pueden llorar, que deben mostrarse siempre fuertes, que deben ser el pilar de la familia, etc.

Algo muy importante es que creo que el feminismo no debería ser nunca una excusa para reprimir o para exigirle a la mujer, o también al hombre, determinadas conductas. Creo que el feminismo de verdad tiene que venir a liberar. Me refiero por ejemplo a cuando vemos que una mujer siendo consciente y por decisión propia quiere tomar una actitud un poco más pasiva en la vida, como de ser ama de casa, y se le dice que “no es feminista”. ¿Por qué no? ¿Por qué tenemos que balancear el péndulo y llevarlo hacia el otro extremo? Si la mujer logra salir, romper el esquema de machismo que probablemente creyó correcto durante tantos años, entonces puede ser consciente de sus decisiones y debe poder ser libre de hacer lo que quiera. No intentemos llevarla por determinado camino pensando que es lo mejor, porque quizá desde nuestra perspectiva lo es, pero la persona tiene que poder elegir.

¿Se puede hablar de un solo feminismo?

– A priori, considero que no se puede hablar de un solo feminismo. Cuando decimos “el feminismo” entiendo que hablamos del movimiento como filosofía primaria de la equidad de género, me parece que ahí no hay ningún tipo de discordancia. Ahora, después el cómo, cuándo, y en qué manera hacerlo, es decir todas las preguntas que vienen posteriormente para implementar el feminismo, son las que generan más discrepancias. El movimiento feminista se ve atravesado por las concepciones previas en el mundo de cada uno. Por ende, si tenemos una persona que concibe la vida desde una perspectiva más orientada hacia la libertad individual, probablemente entienda la lucha por la equidad social desde un feminismo liberal, porque no se desdobla. Si tenemos a otra persona que por el contrario cree que el mejor método en la vida para implementar ideas es hacerlo desde una tónica más intervencionista, más de control, probablemente conciba un tipo de feminismo más marxista. Luego hay toda una tendencia new age, que está más orientada a lo que vivimos hoy en día, a las problemáticas de la actualidad. De ahí surge por ejemplo el feminismo antiespecista, el feminismo ecologista-naturista, etc. Es así como se van creando derivaciones del feminismo, se lo relaciona con otros puntos que conforman una integralidad. Cuando uno logra romper con el machismo y deconstruirse, se comienza a ver todo con otro foco. Nos damos cuenta de que a nosotras se nos somete o no se nos tiene en cuenta en muchos ámbitos, incluso inconscientemente. Por ejemplo, pensemos en el ambiente del futbol. ¿Por qué nos llama la atención ver mujeres haciendo comentarios o relatando futbol? ¿Qué pasa si vemos que una mujer llega a ser director técnico de una selección masculina? Entonces nos empezamos a dar cuenta de que eso también está relacionado con cómo se concibe al futbol como un deporte únicamente masculino. Y ese fue solo un ejemplo, pero así es como nos empezamos a dar cuenta que el feminismo se relaciona con casi todas las cosas que vivimos día a día.

En la actualidad muchas veces se tiende a creer que el feminismo solo puede identificarse con ciertos movimientos políticos. A tu entender, ¿Se puede ser feminista y a la vez ser colorada, o ser Batllista?

– Como primer punto considero que vincular al movimiento feminista solo con determinados partidos o movimientos políticos es el error más grande que podemos cometer y hacerle al feminismo, por ende hacérselo a las mujeres, porque encasillamos la lucha en una sola vereda y nos olvidamos de las mujeres que no están dentro de esa vereda. Le hacemos daño a nuestros propios ideales si reproducimos la idea de que el feminismo tiene que ver únicamente con causas de izquierda y más aun si decimos que se encuentra en el Frente Amplio en particular (entiendo que la izquierda no se encuentra solo en el Frente Amplio, que no se agota). Cuando se propagan este tipo de discursos estamos aceptando o avalando que ellos son los que capitalizan esos movimientos de reivindicación social, que tienen el capital social, lo cual claramente no es así. La propia historia del Uruguay nos informa que la lucha por la emancipación de la mujer ha pasado por otros partidos; y nos ilustra de que si hay alguien que tuvo la vanguardia en esta materia fue el partido Colorado, claramente. Son años de historia que no podemos invisibilizar.

Claramente esto no quiere decir que la causa feminista dentro del Frente Amplio sea menos valiosa, para nada. Yo creo que todas las causas son valiosas de las distintas veredas y las distintas trincheras, porque todos complementan y todos ayudan a que las mujeres se identifiquen. Si hay más puertas abiertas, significa que hay más centros de lucha para para llegar a nuestro objetivo.

Sobre si se puede ser batllista y feminista, yo considero que sí. El Batllismo se trastoca mucho con el feminismo, porque el Batllismo tiene una conciencia social, una conciencia de clase que no implica ser clasistas. Una cosa es entender que existen diferencias en las clases sociales, comprenderlo y trabajarlo desde la cooperación de las clases sociales, es decir que las personas que tienen más privilegios puedan ayudar a aquellos que no tienen para intentar igualar desde la base. Otra cosa muy distinta es la lucha de clases en clave marxista, que reconoce la existencia de varias clases sociales pero para enfrentarlas con el fin de que una domine a la otra, intentando erradicar las desigualdades pero con lucha, creando una igualdad ficticia. El Batllismo presenta un elevadísimo nivel de humanismo, en el sentido más puro de ayuda, de solidaridad, de intentar equiparar desde la raíz.

El Batllismo nunca coarta la libertad de nadie, por ende un feminismo batllista debe partir de la base de que la mujer es libre y tiene las mismas capacidades que los hombres para discernir sobre su vida, sobre sus acciones y sobre lo que quiere, sin imponerle un tipo de pensamiento o un tipo de acción. Porque si no, al final lo que hacemos es sacar al sistema patriarcal machista y reemplazarlo por el Estado paternalista. Necesitamos que la mujer logre llegar a tener una libertad plena y desarrollo para lograr ser quien quiera ser, despojándose de los estándares que la oprimen.

¿El ámbito político uruguayo es hostil con la mujer?

– Si, creo que si es hostil, pero no me animaría a decir que solamente el ámbito uruguayo. Es un fenómeno que sucede a nivel mundial, porque la política nació y se siguió formando principalmente con la participación de hombres: pensada desde los hombres para los hombres. Lo que yo creo que sucedió en Uruguay es que costó reconocer que había un problema: reconocer que la mujer no llega al ámbito político no porque no quiera o no tenga capacidades, sino porque hay grandes obstáculos en el camino, algunos visibles y otros invisibles. El no reconocimiento de estos obstáculos hace que el machismo en este entorno se siga manteniendo en el tiempo, a pesar de que actualmente tenemos muchas leyes de vanguardia y a pesar de la gran conciencia social que se ha ido generando.

Cuando se ve que la mujer tiene algunas herramientas para surgir, se tiende a pensar que ya está, que ya llegó, y que si no llega es porque no tiene capacidad o no tiene suficiente voluntad personal, lo cual no es así. Y mientras este discurso siga impregnado en la sociedad vamos a estar estancados en la hostilidad de que realmente pocas mujeres llegan a lugares de poder o de decisión política. Y además, esas mujeres que llegan tienen que verse envueltas en situaciones de comentarios o actitudes que hacen que no se sientan cómodas en ese lugar.

A lo largo de tu experiencia como militante política ¿Has tenido que enfrentar muchas situaciones machistas, situaciones donde te hayas sentido despreciada o dejada de lado por el hecho de ser mujer?

– Si, me ha sucedido a nivel personal, siento que me están evaluando doblemente todo el tiempo. Es como una doble marca: yo primero demuestro que siendo mujer soy capaz, y después demuestro que soy capaz de lo que tengo que ser capaz. A veces no se entiende que siendo mujeres estamos a la par, tenemos las mismas capacidades, no tienen porque salir a cuidarme o velar por mi como si fuese una persona débil o inferior. El varón en cambio ya corre con el consenso social de que él está en la política porque está bien que esté ahí. No tiene que pasar por todos los comentarios, formas de actuar y formas sutiles de humillación por las que pasamos, por todos los requisitos que se esperan de nosotras. Que no son requisitos conscientes, no, no lo son, sería muy injusto decir que mis compañeros varones o que las personas con las que he militado lo hacen de forma maligna o con esa intención, no. La mayoría piensan esas cosas machistas porque lo aprendieron así, y no se dan cuenta que no son buenas hasta que una se las dice o las remarca.

Lo que he visto que sí está muy bien y lo destaco de mi partido, es que con este despertar social que nosotras tenemos que nos hace animarnos a plantear las cosas y decir por ejemplo “esto que siempre hacías, este comentario que siempre decías no está bueno, no lo hagas más”, hay una gran receptividad desde la parte masculina. Ante esas situaciones yo me he encontrado que ellos realmente no repiten más esas actitudes, reflexionan y tratan de pasar la página y aprender.

Por ejemplo, te pongo una anécdota bastante reciente. Me pasó hace poco charlando con correligionarios sobre las personas integrantes de tal o cual lista, que varios varones comenzaron a hacer comentarios sobre las mujeres jóvenes que estaban en esas listas de distintos partidos. Comentarios del estilo “¿Con quién se habrá encamado para estar ahí?”. Lamentablemente cuando se ve a una mujer en un lugar de poder, de importancia, muchas veces lo primero que se piensa es eso. No se piensa que la mujer pudo haber llegado por su propio mérito y sus capacidades, y es mucho peor si se trata de mujeres jóvenes. Y no fue hace 15 años, fue hace 6 meses. La diferencia es que esta vez las mujeres que estábamos ahí nos paramos firme y les dijimos que no hiciesen más ese tipo de comentarios. Y lo entendieron. Creo que esta es la única manera de que ellos también entiendan, cooperando entre nosotras para lograr una cooperación y una reflexión entre todos. No es irlos a matar como si fuesen el enemigo, si no enseñarles para que ellos aprendan con nosotras y así avanzar en conjunto.

Un tema que se ha discutido bastante estos días, sobre todo en las distintas redes sociales, es el tema de la marcha que se realiza año a año por el 8 de marzo. A tu entender, en el contexto actual ¿Debería realizarse de todos modos?

– No, definitivamente no. Yo siempre voy a las marchas, creo que son una gran herramienta y siempre trato de ir dentro de lo posible. Pero este ya no es un tema de discrepancias, es un tema de que rige un decreto legal de no reunión extendido por 30 días más. Sería ilegal realizar una marcha como la del 8 de marzo, así como es ilegal ir a concentrarse o aglomerarse en cualquier lado. Hablar de represión o de “silenciarnos” me parece una ingenuidad. No nos están prohibiendo concentrarnos a nosotras en particular por ser mujeres y por luchar, se entiende que no se pueden hacer concentraciones de ningún tipo. Se nos quita una libertad, si, pero de forma transitoria y justificada por la protección de un interés general que es la salud de todos, estamos en medio de una pandemia. Yo haría un llamado a pensar de manera creativa en distintas actividades o movidas que no impliquen concentrar gente. Se me ocurre por ejemplo lo realizado con la marcha del silencio: sabiendo la magnitud de la movilización, los organizadores se ingeniaron para velar por la salud de todos y realizar de forma muy creativa y audaz otro tipo de marcha que también generara un impacto. Debemos concentrar nuestras energías en buscar la forma de expresar igualmente nuestras ideas sin aglomerarnos.

¿Cuáles son las principales debilidades de movimiento feminista en la época actual?

– Creo que lo primero es que está habiendo un choque muy intenso de discursos, que desde lo humano no lo desacredito y lo comprendo. Entiendo perfectamente que la mujer salga a expresar todo ese rencor que tiene o ese malestar, porque toda su vida tuvo que lidiar con situaciones terribles y justo las personas que realizaron esas malas acciones son hombres. En el feminismo hay una frase muy resonada que es “salir a quemar todo”. No juzgo a las personas que piensan así, porque es en parte lógico. Pero no lo comparto, porque creo que la violencia genera únicamente más violencia.

Mientras no se busquen consensos dentro de esos choques que se dan a nivel discursivo y a nivel de impacto emocional, no se va a logar que el feminismo termine de deconstruir la sociedad patriarcal. Porque el sistema patriarcal, como todo sistema que a nivel social se ve amenazado, va a buscar defenderse. Entonces si tenemos una lucha que lo que hace es caer como un tsunami constantemente, el sistema lo que va a hacer es reforzar la defensa y buscar constantemente aplastar este movimiento. Tenemos que buscar formas inteligentes de ir debilitando ese sistema patriarcal: buscar las grietas del mismo, identificarlas e ir rompiendo desde abajo los cimientos. Ir debilitando poco a poco, con dialogo, con leyes, porque si no, si vamos siempre de frente al choque y a la lucha, nos debilitamos y agotamos nosotras mismas. Debemos ir rompiendo el sistema de la manera más eficiente posible.

Para finalizar me gustaría charlar un poco sobre Acción Feminista,el colectivo feminista en el que tengo entendido participas activamente. ¿Cómo se identifican, de qué forma trabajan?

– Acción Feminista es un movimiento de activismo social que decidimos fundar entre varias mujeres. Nos unimos porque sentíamos que estábamos necesitando hacer grandes cambios, y no nos sentíamos identificadas en otros sectores del movimiento feminista por sentirlos muy vinculados a determinados patrones o ideologías. Acción Feminista es un grupo apartidario: si bien en nuestro manifiesto nos declaramos afines a la perspectiva batllista, lo hacemos desde el enfoque ideológico, lo cual no implica una vinculación al Partido Colorado. Cuando nosotras decimos que somos liberales y somos batllistas, nos referimos a que tenemos una consciencia de clase y concebimos la filosofía del Batllismo como promotor para un mejor feminismo, pero no es un espacio de militancia partidaria. Por ahora lo que hemos venido haciendo es intentar trabajar desde la información, es decir desde los llamados a la reflexión. Hacemos posteos en Instagram y en Twitter, en los que se invita a que el lector reflexione internamente sobre muchos temas que están vinculados a la equidad de género, que quizá generalmente se hacen desde un tono más confrontativo, entonces nosotras queremos hacerlo desde un tono más informativo. Esto no implica no pararnos firmes y dar la lucha cuando hay que darla, pero si nos interesa que todos nos puedan leer, porque para lograr que todos nos escuchen tenemos que sentarnos a dialogar. Nuestro pilar es instar al cambio cultural y entendemos que se hace a través de la educación: educar, empatizar, informar, hacer talleres e instancias de dialogo. Todas las personas que tienen ganas de participar pueden hacerlo, sin dudas, queremos que sea un movimiento muy abierto.

Finalmente, ¡Es Ley!

Finalmente, ¡Es Ley!

El pasado miércoles 30 de diciembre del 2020 hemos amanecido con una noticia significativa tanto a nivel regional como mundial: el Senado argentino aprobó el proyecto que legaliza el aborto en el vecino país.

La lucha por la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) fue siempre un tema presente en la sociedad argentina. El primer proyecto de ley fue presentado en 2007 por el movimiento Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Desde ese año se presentaron seis proyectos más, pero todos quedaron estancados al no ser tratados en el Senado.

En el año 2018, el tema se viralizó a través de la red social Twitter, siendo tendencia por varios días seguidos el hashtag “#AbortoLegalYa”. Algunos días después se convocaron movilizaciones frente al Congreso argentino que tuvieron una concurrencia masiva de mujeres y hombres de todas las edades.

Ante la presión social de los colectivos, el entonces presidente Mauricio Macri decide animar al tratamiento del tema. Muy significativo fue su discurso del primero de marzo en el Senado, donde afirmaba: “Estoy a favor de la vida, pero también estoy a favor de los debates maduros y responsables, que como argentinos tenemos que darnos. Por eso, vemos con agrado que el Congreso incluya este tema en su agenda de este año”.

El 14 de junio la Cámara de Diputados da media sanción al proyecto, con un resultado de 129 votos a favor, 125 en contra y 1 abstención. Pero luego, el 9 de agosto el Senado argentino rechaza el proyecto, con 38 votos en contra, 31 a favor, 2 abstenciones y 1 ausencia.

La ley prohibía la interrupción voluntaria del embarazo desde la sanción del primer Código penal de la Nación Argentina el año 1887, donde se encontraba penalizada en todos los casos. En el año 1921 el Código es reformado y se prevén excepciones, entre ellas las situaciones de aborto en las que corre peligro la vida de la madre y las violaciones a mujeres con patologías a nivel mental.

En el año 2012 la Corte Suprema de la Nación Argentina, en un fallo histórico, dicta sentencia sobre el caso de una niña de 15 años violada por su padrastro considerando que el aborto era practicable tanto en ese como en todos los casos de violación, independientemente de si la mujer posee algún tipo de discapacidad mental. De esta forma, realiza una interpretación expansiva del articulo 86 del Código Penal, interpretando el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo por violación como compatible con la Constitución y con los tratados internacionales a los que suscribe la Nación Argentina.

El reclamo de miles de mujeres por el aborto legal se vio reflejado en el nuevo proyecto de ley ya presentado y aprobado, que contempla la posibilidad de acceder a la interrupción del embarazo únicamente por voluntad o requerimiento de la mujer hasta las 14 semanas de gestación. Fuera de este plazo, se garantiza el derecho al aborto en los casos de violación, de riesgo de la vida de la mujer, o si la vida extrauterina del feto fuese diagnosticada como inviable. También se manifiesta el derecho a recibir información completa y adecuada previo a la realización del aborto, así como atención médica, psicológica y social previa y posterior. Por otro lado, los profesionales de la salud también tienen derecho a ampararse en la objeción de consciencia si no desean practicar un aborto, procediendo entonces a la derivación de la paciente con otro profesional o centro de salud que sea capaz de proporcionarle la atención adecuada.

La interrupción voluntaria del embarazo constituye un derecho esencial, que asegura a las mujeres y personas gestantes el derecho a decidir sobre su propio cuerpo y su sexualidad. Si ya de por si un embarazo puede provocar efectos psicológicos y físicos adversos, imaginemos el trauma de ser obligada a llevar a cabo un embarazo no deseado. En Argentina, cada año alrededor de 38.000 mujeres son hospitalizadas por abortos mal practicados. Ilegalizar y criminalizar el aborto no significa que esta práctica pueda dejar de existir, al contrario, se seguirá produciendo, pero en la clandestinidad. Miles de mujeres seguirán muriendo sin recibir la atención medica adecuada.

Un punto clave para la prevención de los embarazos no deseados es la educación. Es fundamental el acceso a una correcta educación sexual, que contemple tanto información sobre los métodos anticonceptivos como el abordaje de distintos conocimientos sobre el sexo en sí, despojando al mismo de los valores subjetivos que tantas veces lo han puesto como “tema tabú”. Solo de esta forma se pueden lograr brindar las herramientas necesarias para que cada persona pueda tomar por si misma las decisiones que considere adecuadas respecto a su vida sexual.

Este año 2020, el actual presidente Alberto Fernández envió al Congreso el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo para su tratamiento. La cámara de Diputados aprobó el proyecto el 11 de diciembre, con 131 votos a favor y 117 en contra. Posteriormente, el pasado 30 de diciembre el Senado argentino sancionó la ley, con 38 votos a favor, 29 en contra, y 1 abstención.

De esta forma, Argentina se convierte en el cuarto país de Latinoamérica en garantizar el derecho al aborto. Tras años y años de lucha, esta constituye sin dudas una conquista para las mujeres y personas gestantes del vecino país, que gracias a la constancia de sus reclamos hoy son un poco más libres y dueñas de su cuerpo.

La diferencia entre las legislaturas de los distintos países es la historia de los mismos, así como su visión sobre los derechos y la interpretación del tema por parte de los gobiernos de turno. Es esperable que esta conquista por los derechos femeninos se contagie a los demás países de la región, así como del mundo.

Todavía queda mucho por hacer, pero lo importante es que estamos avanzando. Hoy, gracias a las compañeras argentinas, el mundo es un poco mas justo y equitativo con nosotras.   

Violencia simbólica en las intervenciones estéticas

Violencia simbólica en las intervenciones estéticas

Continuamente hemos oído y leído que las mujeres para ser bellas debíamos ser flacas, de cintura pequeña, con curvas, altas pero no tanto, sin celulitis, sin estrías, sin vellos, sin flacidez, sin arrugas.  Desde pequeñas hemos escuchado a las mujeres de nuestro círculo cercano quejarse porque están envejeciendo, o porque tienen que depilarse constantemente, o por poseer alguno de los tantos otros elementos presentes en la lista de defectos del cuerpo femenino. Dichas exigencias tienen su propia raíz machista que se fue consolidando con el pasar de los años, aceptándose y considerándose como normales e incluso indispensables para ser una persona triunfante en la sociedad.

Estas presiones sociales no se dan de la misma forma para la parte masculina. Si bien existen estándares de belleza que también perjudican e incomodan a los hombres y que de igual forma deben ser combatidos, resulta diferente. Las mujeres somos bombardeadas constantemente, tanto en conversaciones cotidianas como en la diversidad de medios de comunicación presentes hoy en día. Basta navegar en las redes sociales o mirar la televisión para encontrar comerciales de cremas antiarrugas promocionadas por mujeres jóvenes que no tienen arrugas, propagandas de afeitadoras o cremas depilatorias donde las mujeres se “depilan” frente a la cámara sin tener vello, anuncios de millones de ideas o tratamientos para reducir la tan odiada celulitis, y mucho más.

En la misma línea, otra prueba de esta violencia que se ejerce sobre nuestros cuerpos son las diversas practicas estéticas que se llevan a cabo día a día en nuestro país y en el mundo. Desde liposucciones y depilaciones definitivas, hasta la aplicación de mallas cosidas dolorosamente en la lengua para evitar la ingesta de alimentos sólidos y así perder peso rápidamente. Estas intervenciones han aumentado drásticamente con el avance de la tecnología de las últimas décadas. Según el informe global de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS, por sus siglas en inglés) solo en el año 2018 se realizaron 20.330.465 de procedimientos estéticos a mujeres, quienes representan el 87,4% del total anual. Además, la franja etaria de personas que se realizan este tipo de cirugías es cada vez más amplia, por lo que la demanda aumenta, los precios bajan, y se sigue comercializando.

De esta forma no se favorece únicamente a la cultura machista que se identifica en el pensamiento social, sino también al consumismo que se manifiesta en el plano económico: las inseguridades sobre el cuerpo que imponen los estándares de belleza se tornan oportunidades de negocio. Cada vez hay más empresas de cirugía plástica que cobran determinados montos de dinero para realizar operaciones que cambien la naturaleza o la forma de cuerpo femenino, con la excusa de beneficiar a las mujeres, que representan la gran mayoría de pacientes, y hacerlas más “hermosas”.

Dicha forma de violencia suele ser invisible y tan constante que las propias mujeres sin percibirla como tal la hemos aceptado e incorporado a nuestro sistema de pensamiento, considerando estas exigencias y estándares machistas como normales.  Se trata entonces de una forma de violencia simbólica, en palabras del sociólogo Pierre Bourdieu:

“violencia amortiguada, invisible para sus propias víctimas, que se ejerce esencialmente a través de los caminos simbólicos de la comunicación y del conocimiento o, más exactamente, del desconocimiento, del reconocimiento o del sentimiento”

(Bourdieu, 1996, “La dominación masculina”).

En este caso, a la hora de realizar una intervención estética, ¿Realmente podemos decir que estamos frente a un acto de pura libertad, o se trata más bien de otra forma de sometimiento inconsciente a los estándares machistas? A mi entender, es una mezcla de ambas. No podemos hablar de libertad plena si estamos siendo condicionados por los estándares normativos sociales a la hora de pensar en el “cuerpo perfecto” y desearlo como tal. Pero a la vez, es innegable que cada ser humano debe tener la capacidad de autodeterminarse en sus decisiones, ya sea que entienda este panorama como tal, o no.

Por ende, este análisis claramente no implica que se deban prohibir las operaciones estéticas o las intervenciones como la depilación, pues como mencioné anteriormente también es parte de la libertad de cada uno decidir si realizarse una intervención o no. Pero de vez en cuando, es interesante cuestionarnos las razones detrás de las acciones que llevamos a cabo en un momento preciso o en nuestro día a día.

Educación y Laicidad

Educación y Laicidad

La educación es el sustento fundamental de una sociedad. De ella parten los valores sociales que se enseñan a los individuos en distintas etapas de su vida. El sistema educativo uruguayo se caracteriza por tres ejes esenciales: desde la reforma Vareliana en el año 1877, el Estado debe garantizar una educación laica, gratuita y obligatoria. Podríamos que las dos últimas características se cumplen en nuestro país: las escuelas públicas reciben a miles de niños cada año haciendo posible y necesaria su instrucción.

Si analizamos la primera característica, en cambio, nos encontraremos frente a algunos problemas. El primero de ellos es una discusión de base sobre el concepto de la palabra laicidad.

La laicidad se concreta definitivamente en Uruguay con la separación Iglesia-Estado en el año 1918, en el artículo 5 de nuestra Constitución que hoy en día sigue vigente. El concepto de laicidad puede adquirir diversos significados según el contexto, pero es claro que en la actualidad no se refleja únicamente en ausencia de ordenes religiosos en el ámbito educativo, si no que va más allá: se entiende también como el hecho de no condicionar de forma alguna el juicio, sobre todo de los alumnos.

Pero ¿Hasta qué punto la educación se encuentra libre de condicionamientos? La educación es un condicionamiento en sí, es la imposición de determinadas líneas de pensameinto y valores que nos forman como personas, con la finalidad de seguir las normas culturales y ser útil de esta forma para el mantenimiento de la sociedad toda. La clave está en que a nivel social establecemos un determinado parámetro de libertad permitida, que el Estado debe asegurar como tal.  Es por ello que la laicidad se refiere también a la no promoción ni intervención de ningún tipo de culto, fanatismo, o ideología que tenga el afán de adoctrinar a los alumnos: se debe promover una educación que asegure la libertad de pensamiento dentro de los parámetros sociales establecidos.

El segundo problema que tiene la laicidad en el Uruguay es el de las violaciones que se registran a la misma. En las últimas semanas hemos visto como ciertos grupos de personas, respaldados por gremios, sindicatos e incluso partidos políticos, se dedicaron a colgar carteles o pintar las paredes o pisos de las escuelas y liceos con frases como “No a la LUC”, “Falta presupuesto porque sobran milicos”, “Educar no LUCrar”, y más del estilo.

Parece claro que estas pancartas y pintadas, además de ser algunas ofensivas, no son meras expresiones de ideas, sino que son violatorias de la laicidad en cuanto hacen proselitismo y propaganda parcial para una o más causas en concreto que no representan a la totalidad de los estudiantes y funcionarios. Imaginemos por ejemplo, la cantidad de alumnos que no tienen una opinión completamente formada sobre los temas abarcados en dichas frases, y las ven todos los días al llegar a su centro educativo. O la cantidad de profesores y funcionarios que no concuerdan con lo expresado en las pinturas y carteles, y deben de igual forma pasar delante de ellas constantemente, sabiendo que no representan a la totalidad.

Los centros educativos deben permanecer completamente imparciales, y esto no es novedad introducida por esta nueva administración. En marzo del año pasado se dieron hechos similares tras la colocación de pancartas en los liceos en contra de reforma “Vivir sin miedo”. Estos sucesos derivaron en la justicia, donde el Juzgado Letrado de lo Contencioso Administrativo de primer turno ordeno a la Administración Nacional de Educación Pública retirar los carteles. Además, ordenó la prohibición de colocación de carteles similares en centros educativos.

Esto no quiere decir que los temas como la ley de presupuesto, la Ley de Urgente Consideración o la anterior Reforma no puedan ser discutidos en los centros educativos, siempre y cuando se dé una visión completa de los hechos y de las posturas relativas al tema. Tampoco quiere decir que los docentes y otros funcionarios no puedan expresar su opinión.  Pero el límite es claro y se encuentra en nuestro orden jurídico y en nuestra visión de la educación, que debe siempre respetar la laicidad.

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