Fantoches y Mezquinos

Fantoches y Mezquinos

Algún tiempo atrás, John F. Kennedy, presidente de Estados Unidos entre 1961 y 1963, afirmaba lo siguiente: “Todas las madres quieren que sus hijos crezcan y se hagan presidentes, pero no quieren que mientras tanto se conviertan en políticos”. De estas palabras podemos interpretar un sentir que cada vez se pronuncia con más firmeza en nuestro tiempo presente, que es el del rechazo de la sociedad hacia el político, un rechazo hacia lo que representa ese ser determinado muchas veces, por los malos ejemplos y los peores representantes. 

Es cierto que la política como tal, es una actividad del hombre por naturaleza, que constituye al ser humano como tal en comunidad y que ésta, sirve como medio para canalizar las inquietudes ciudadanas y para transformar la realidad en la que vivimos, procurando siempre, combatir las desigualdades sociales que nos aquejan. 

Una vez dicho esto, cabe señalar y detenernos en lo que podríamos llamar “el desvío de la naturaleza política” o también quizás, “la profanación de la herramienta social”. Con el primer término me refiero a la uso desmedido de la política que excluye de sobremanera el fin primero y último de esta, el de transformar la realidad y disminuir las desigualdad, siendo utilizada por contraparte, para alimentar egos desmedidos y embriagarse con la sed de poder, un poder que muchas veces por no decir todas, es ilusorio, líquido e intangible. Con el segundo término me refiero a la vulgarización de esa herramienta que me atrevo a llamar como sagrada en el marco del poder de transformación que connota intrínsecamente, es decir, la exposición y el manoseo de esa idea de política por parte de “representantes” sin escrúpulos, sin formación y sin siquiera un manojo de códigos éticos y morales. En resumidas cuentas, el acceso a la política de maquiavelos, mentirosos, ignorantes e inmorales.

“Sé prudente. Lo mejor en todo es escoger la ocasión” decía Hesíodo, uno de los grandes poetas de la antigüedad, donde cada ocasión es una oportunidad, una de acción o inacción, un momento en el tiempo que puede valer en el destino de las demás personas, de la “polis” como se denominaba en la antigua Grecia, pilar de la democracia y las libertades. La prudencia que era vista desde un sentido de excelencia en el desarrollo de la virtud de cada ciudadano implicaba el ser mejores personas, ser mejores ciudadanos, y obviamente, en cada decisión tomada bajo la luz de la prudencia, pensar en lo mejor para la polis, para la comunidad.


Y si de oportunidades hablamos, en el sentido de la expresión de la esencia de la política, el reciente caso del voto del préstamo del BID, es por excelencia un caso fortuito de señalar. Al referirme a fortuito no lo hago en calidad del resultado del mismo, sino desde el lugar de la oportunidad que tuvieron quienes se arrogan el título de “representantes” de pensar en la comunidad, de actuar en consecuencia de esos discursos grandilocuentes por el que se rasgan las vestiduras cada vez que tienen una cámara delante o cada vez que envían un Tweet, pero como bien sabemos, eso no fue lo que sucedido, sino que por el contrario, primaron los deseos egoístas de trapecistas de ocasión, disfrazando de argumentos contradictorios y de falacias, la paupérrima “jugada política”, decidiendo a sabiendas, condenar a 200 mil montevideanos, a la privación del acceso al saneamiento. Es muy fácil desde un lugar de confort y de necesidades resueltas, jugar a la política utilizando como botín electoral el futuro de los ciudadanos, secuestrando de 200 mil montevideanos el acceso a la dignidad humana y a la tan proclamada y manoseada “justicia social”. ¿Acaso fue este hecho lo que se festejó al término de la votación? Definitivamente vivimos en términos políticos, tiempos oscuros e inmorales, con un “desvío de la naturaleza política” y la “profanación de la herramienta social” por parte de fantoches y mezquinos.

Del lado del Futuro

Del lado del Futuro

En reiteradas ocasiones, desde estas páginas, he expresado una y otra vez, la necesidad de pensar en políticas públicas a largo plazo, de pensar la política como lo debería ser en su esencia: el diálogo y la construcción colectiva mediante la articulación del disenso en pro de la ciudadanía. Ejemplo claro de esto, es el posicionamiento del sector Ciudadanos del Partido Colorado mediante el pedido del Ministro de Ambiente Adrián Peña a través de una carta dirigida a los ediles de su colectividad, para que tengan en consideración el posicionamiento a favor en el marco de la votación del llamado “Préstamo BID” para la Intendencia de Montevideo, crédito destinado a la financiación del “Programa Saneamiento Urbano VI” .

Peña señala que: “la conveniencia de la aprobación del “Préstamo BID” para que su primer componente, orientado a la mejora de la gestión de los residuos sólidos, contribuya decisivamente a viabilizar el Plan Nacional de Gestión de Residuos cuya concreción es objeto central de este Ministerio siendo el primero de tales características con que cuenta el país, resultado de un intenso trabajo en el que participaron 27 instituciones con un horizonte temporal al año 2032”. 

El préstamo que asciende a la cifra de 70 millones de dólares, necesita para su aprobación de una mayoría especial, por lo tanto, es necesario contar con 3 votos de los 4 que posee el Partido Colorado en la Junta Departamental. Los ediles colorados son: Leonel Aguirre, Matías Barreto, Gustavo Facciola y Tulio Tartaglia. 

El pedido de Peña, se enmarca como una síntesis del trabajo en conjunto entre intendencia y ministerio por 14 meses, sumado a los agregados a pedido del Partido Colorado, permitirá una cobertura casi plena del saneamiento, la que es política de estado en nuestro país. En consonancia con lo dicho, el Plan Nacional de Gestión Integral de Residuos, diseñado por el ministro y trabajado con las distintas intendencias, resulta clave en el impacto en la vida de cada uno de nosotros y su impacto en el largo plazo, beneficiando cerca de 20 mil montevideanos tras alcanzar una cobertura del 96% de la población, conjugando entonces, política ambiental y política de saneamiento. 

Dicho esto cabe preguntarse: ¿De qué lado decidirán estar los ediles colorados? ¿Del lado del interés general o del interés particular? ¿Del lado del futuro de las próximas generaciones o del lado del cálculo electoral? ¿El sector Batllistas acompañará estas políticas de saneamiento y medioambientales en beneficio de todos los montevideanos? Creo que es momento de dejar las dicotomías, las grietas y las posibles diferencias, y trabajar por aquello que les debe ser innato a quienes se dedican a la política, el bien común de la sociedad. Es momento de pensar en el mañana y en las próximas generaciones. Es momento de ser responsables y ser el escudo de los débiles. Menos discursos y más acción.

¿Caídos en defensa de la democracia?

¿Caídos en defensa de la democracia?

Hablar del pasado reciente supone siempre ser espectadores y víctimas de esa suerte de lucha y disputa por el relato, el relato de víctimas y victimarios que supieron construir los protagonistas de aquel entonces: los unos y los otros, los otros y los unos. Uno de esos terrenos en disputa es la fecha del 14 de abril de 1972, día que marca un punto de inflexión con consecuencias gravísimas para nuestra democracia. 

Nuestra sociedad se ahogaba en un estado de creciente ebullición, considerándose este, el año de mayor violencia política y de represión estatal según la Secretaría de Derechos Humanos para el Pasado Reciente. En febrero de ese año el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-T) secuestra al fotógrafo policial Nelson Bardesio por su presunta relación con el Escuadrón de la Muerte (conformado por grupos parapoliciales y paramilitares de ese entonces). En este marco es que se pone en marcha por parte de la dirección del MLN-T un plan de ejecución de varios miembros de estos escuadrones. Esa mañana, la del 14 de abril, se podía oír el silencio estridente y sentir el olor a pólvora en el ambiente, los engranajes comenzaron a girar, y las vidas, los sueños y el futuro se entrelazaron con un resultado traumático y fatídico para nuestra sociedad, siendo el principio del fin, con un saldo de 12 muertes: ocho integrantes del MLN-T y cuatro integrantes del Comando Caza Tupamaros mejor conocido como “el escuadrón de la muerte”.

Las voces del 14 de Abril de 1972

“Primero fue una sensación de aturdimiento. Como si nos costara un siglo comprender lo ocurrido. En una operación que comenzó en la madrugada del 14 de abril los tupamaros ametrallaron a dos policías, un oficial naval y un ex subsecretario del Ministerio del Interior. Cuando logramos sobreponernos del shock inicial supimos que varios legisladores recibieron actas con las declaraciones de Bardesio, su foto y un casete grabado con su voz. Ahí acusaba a los ajusticiados de haber creado al Escuadrón de la Muerte. Ese mismo día las Fuerzas Conjuntas localizaron diversos locales clandestinos del MLN, los allanaron a sangre y fuego, y ultimaron a ocho guerrilleros.” Así relata los sucesos ocurridos ese fatídico día, el sindicalista y político José D´Elia en el libro “Memorias de la Esperanza”.

El ex integrante del MLN-T Amodio Pérez afirma que: “El 14 de abril no debe tomarse como un hecho aislado. Se inscribe dentro de un plan que se llamó Plan del 72, elaborado por Fernández Huidobro a finales de 1970, que contó con los apoyos de Sendic y de sus seguidores de las columnas del interior porque abría las puertas a la instalación del segundo frente, mediante el plan Tatú. El 14 de abril, basándose en las declaraciones de Nelson Bardesio, el MLN puso en marcha el plan Hipólito. Dicho plan consistió en la ejecución de los señalados como responsables de las acciones llevadas adelante por el Comando Caza Tupamaros, conocido vulgarmente como Escuadrón de la Muerte. Se concretaron entonces los operativos contra Guzmán Acosta y Lara, sindicado por Bardesio como el creador de los Comando Caza Tupamaros, contra el subcomisario Delega y contra el capitán de Corbeta Motto, indicados por Bardesio como los torturadores y responsables de la muerte de Castagneto. Fracasaron otros: contra Miguel Sofía, acusado por Bardesio de participar en la muerte de Castagneto y contra Campos Hermida, jefe del Departamento 5. Si bien las declaraciones de Bardesio tuvieron repercusión parlamentaria, el Estado de Guerra fue decretado, y fracasó el intento del Comité Ejecutivo de revertir la situación, tratando de explicar que lo sucedido no era una ofensiva final sino un hecho puntual: una acción de represalia sobre un grupo de asesinos. Para ellos se resolvió enviar un emisario para entrevistarse con Wilson y retomar la fallida entrevista entre él y Fernández Huidobro, y plantear la posibilidad de que Gutiérrez Ruiz entrevistara al mismo Bardesio. El MLN se encontró entonces en medio de un proceso reorganizativo que había roto las estructuras internas sin haber conseguido todavía implantar las nuevas, con un panorama político totalmente negativo y que significó un cambio brusco en el apoyo popular que venía recibiendo y dirigida por quienes creyeron que insistiendo en los errores podrían conseguir resultados positivos. Si el 14 de abril se dio el primer paso para la debacle, el 18 de mayo, con la muerte de los cuatro soldados, señala el punto del no retorno.”

En su libro “Los Fusilados de Abril” la docente e investigadora Virginia Martínez relata lo siguiente: “El día empieza con dos asesinatos a primera hora de la mañana. Los Tupamaros han decidido golpear fuerte al Escuadrón de la Muerte. A las siete de la mañana un Maveríck amarillo circula por las calles Rivera y Soca. En él viajan el subcomisario Oscar Delega del Departamento 5 de la Dirección de Inteligencia de la Policía y el agente Juan Carlos Leites. Una camioneta Chevrolet le cierra el paso y ametralla el auto. Mientras la camioneta avanza, dos hombres bajan del vehículo y rematan a los policías. En el Maveríck quedarán cincuenta balazos. Horas más tarde, dos hombres ametrallan al capitán de corbeta Ernesto Moto en la avenida Roosevelt en la ciudad de Las Piedras. A media mañana Armando Acosta y Lara, ex ministro del Interior y ex interventor de Enseñanza Secundaria sale de su casa en el centro de Montevideo. Dos francotiradores le disparan desde la ventana del primer piso de la Iglesia Evangélica Metodista que está frente a la casa. Hieren también a la esposa y a un custodio. Acosta y Lara muere antes de llegar al Hospital Militar. La respuesta de las Fuerzas Conjuntas no se hace esperar. Salen a la caza de militantes del MLN-Tupamaros. Al mediodía caen dos tupamaros: Nicolás Groop y Norma Pagliano. A las dos de la tarde son asesinados el escribano y periodista Luis Martirena y su esposa Ivette Giménez en un procedimiento policial en una casa de la calle Amazonas en Malvín. Ambos eran integrantes del MLN. En una casa de la calle Pérez Gomar, la Policía mata a los tupamaros Jorge Candán, Armando Blanco, Gabriel Schroeder y Horacio Rovira. Durante todo el día, y en un clima de conmoción, los principales dirigentes blancos y colorados llegan a la Casa de Gobierno. Es la hora de cerrar filas junto al presidente. Al salir de la reunión con Bordaberry el senador blanco Wilson Ferreira Aldunate declara: Si no me hubieran invitado igual habría venido. La colaboración en estos momentos debe ser ofrecida”

En el reciente trabajo documentalista de investigación “Amazonas 1440”, el sociólogo, periodista y docente Esteban Perroni narra con lujo de detalles los hechos en torno a los acontecimientos sobre lo ocurrido en la casa ubicada en Amazonas 1440 en el barrio Malvín el 14 de abril de 1972, en el marco de lo que fue un operativo orquestado por el Escuadrón de la Muerte, el mismo que acabaría con las vidas del matrimonio Martirena y con la captura de David Cámpora y Eleuterio Fernández Huidobro del MLN. Sobre este reciente trabajo, la ex integrante del MLN-T María Elia Topolansky afirma que: “Es de lo mejor que yo haya leído sobre el MLN, sobre su época. Y he leído muchos libros, reportajes y artículos. A cincuenta años de los acontecimientos logra transmitir los hechos, el clima, las opiniones, las contradicciones, “la temperatura”. El MLN nunca llegó a hacer una autocrítica profunda y abarcativa en que todos sus militantes se sintieran representados. Si no pudo o no quiso o algunos no quisieron es otro tema. Yo estuve 18 años entre la clandestinidad y las cárceles. En la última estadía de 13 largos años pensamos mucho, hablamos mucho. Todas (y hablo en nombre de las mujeres) esperábamos una autocrítica que nos ayudará a comprender hechos, a corregir errores, que fuera el insumo para seguir adelante. Pero no se hizo. A cambio, cada uno de nosotros (de oficio “sobreviviente”) tuvimos que elaborar en soledad o con intercambios parciales para laudar el pasado y poder seguir. En esa circunstancia, los libros fueron de gran ayuda. Discutimos con los libros. Por eso valoro tanto el libro Amazonas 1440. El reportaje a Laura Martirena te interpela crudamente y debieran leerlo todos los compañeros. Y quisiera agradecerle a Laura la sinceridad total en su dolor. Y también me gustó el enfoque barrial, la mirada del entorno (entorno que no siempre mirábamos). Cuando describe el silencio del barrio asombrado luego de que acribillaran la casa, cuando también lo cuenta Chichí (David Cámpora) en sus recuerdos, me pareció escuchar ese silencio lleno de interrogantes.”

En una entrevista realizada por este medio a Perroni, sostenía que: “Para el mundo político y dentro de determinada generación, Amazonas 1440 representa el primer día o último, no se sabe, del ocaso de la lucha del MLN, porque definitivamente de ahí en adelante, no se manejaron otras alternativas que no fueran movimientos absolutamente desesperados, inorgánicos, tan locos como el atentado del 18 de mayo frente a la casa del General Gravina. Evidentemente el 14 de abril es el punto final, es el comienzo del punto final. Entonces ¿qué representa? Ahí tenes distintas posiciones. Para quienes no lo vivieron representa una fecha clave en la historia reciente, para quienes estuvieron involucrados lo toman como una bandera de lucha, entonces, muchos de ellos, no logran distinguir entre el 8 de octubre del 69 “la toma de Pando” y el 14 de abril del 72. Es más, los relatos que se construyen, posteriores, el relato épico que tiene, podríamos decir, unos monólogos de Eleuterio Fernández Huidobro no llegan a hacer grandes distinciones entre el 8 de octubre y el 14 de abril. Después vienen las valoraciones sobre si eso es preocupante, si eso es fundamentalismo, las valoraciones políticas vienen después.” 

David Cámpora, capturado ese 14 de abril, en “Amazonas 1440” relata que: “Durante varios años, todos los 14 de abril, varios compañeros, así como mis hijos, me llamaban para felicitarme por mi cumpleaños. Esas felicitaciones se fueron acumulando, hasta que empezaron a generar cierta sensación de rechazo. Antes de que encontraran el berretín en la casa de Amazonas, ya se había acabado el despelote, la ruptura de las paredes y los diálogos obscenos de los milicos. La policía tuvo que llamar al juez porque había muertos. La presencia del juez por la muerte de Luis e Ivette, sumado a que ya no había a quien asesinar, porque no habían encontrado el berretín, es lo que nos salva la vida al Ñato y a mí. Yo no lo vi con claridad, ni en ese momento, ni durante los años siguientes, recién empecé a valorarlo a raíz de las felicitaciones de cumpleaños los sucesivos 14 de abril. Sentía que me caían mal. Yo compré mi vida por la muerte de los Martirena”

Día de los Caídos en en la Lucha por la Defensa de las Instituciones Democráticas

A raíz de los hechos sucedidos aquel 14 de abril, una vez en democracia, el entonces presidente Julio María Sanguinetti, decretó este día en conmemoración de los caídos en defensa de las instituciones democráticas, recordando a quienes fueron asesinados por el MLN. Ese mismo día, en 1975 había sido declarado como el “Día de los caídos en la lucha contra la sedición” por el presidente de facto Julio María Bordaberry. Años más tarde, en el gobierno del Frente Amplio, el presidente Tabaré Vázquez derogó el decreto de Sanguinetti el 20 de marzo de 2006. Armando Costa y Lara (subsecretario del Interior), Ernesto Motto (capitán de la Armada), Oscar Delega (subcomisario) y Carlos Leites (agente de policía) fueron las víctimas de los tupamaros aquel nefasto día. 

Preguntas en las luces y sombras

Habiendo hecho un breve relato de lo ocurrido el 14 de abril de 1972 a través de distintas voces, día marcado en sangre y fuego, considerado por muchos, como el principio del fin, resulta anecdótico y alarmante a la vez, la celebración de un acto ¿homenaje? a “los caídos en defensa de las instituciones democráticas” 50 años después. Peor aún, resulta la presencia del dos veces presidente Julio María Sanguinetti en dicho acto, sobre todo si tenemos en cuenta que los supuestos caídos de ese fatídico día, pertenecían y algunos de ellos lideraban el Comando Caza Tupamaros “Escuadrón de la Muerte”, y no es un relato inventado por quien suscribe, sino que abunda información documentada al respecto de ello, es decir, no estamos hablando de ciudadanos ilustres que perdieron la vida a causa de un ideario republicano de defensa de las instituciones democráticas… ¡No señor! Ni héroes caídos ni bebes de pecho… ¡Eran asesinos y torturadores! Vale decir, que estos escuadrones conformados por policías y militares, en una suerte de llamada patriótica, se organizaron para de forma clandestina y muchas veces, a sabiendas de las autoridades del gobierno de turno, de secuestrar y torturar a sospechosos de formar parte del MLN e incluso, a quienes eran considerados como “subversivos”, desde militantes sociales, estudiantes, comunistas, maestros, etc.

Dicho esto, cabe preguntarse: ¿Desconocen estos hechos quienes participaron y reivindicaron a los integrantes del “Escuadrón de la Muerte”? ¿Es acaso una reivindicación del terrorrismo de Estado a manos de grupos parapoliciales y paramilitares? ¿Desconoce el dos veces presidente Julio María Sanguinetti la existencia de estos escuadrones?

Ni subversivos, ni héroes, ni patriotas. El 14 de abril de 1972 debe ser un llamado nacional a la reflexión colectiva, al sinceramiento político de los protagonistas y espectadores de aquel día, de las víctimas y victimarios, de los oportunistas y los chivos expiatorios. El 14 de abril debe ser recordado como el día en que en democracia (con las irregularidades de esos tiempos) fueron asesinados y acribillados en la casa de Amazonas 1440 la pareja Martirena. 50 años después, contamos con muchos documentos que tiran abajo los relatos oficiales de cada uno de los bandos, que desmantelan los castillos de naipes sobre los que fueron construidos los cuentos cinematográficos para justificar las heridas de sangre y la sed oportunista del poder que se esconde en las sombras.

De Disidentes y Traidores

De Disidentes y Traidores

Hay cuestiones que son propias a los partidos políticos, como una suerte de marca identitaria que los define desde las bases estructurantes de ciertos principios intrínsecos que son punto de partida y llegada en ese periplo de construcción histórica de los mismos. Uno de estos principios es el de la libertad, sobre el que los partidos fundantes de nuestra democracia republicana construyeron sus valores y mística. 

Esa libertad de la que hablaba el filósofo británico John Stuart Mill, es la que le permite al ser humano realizarse como persona y constituye la piedra angular para la vida en sociedad. Dicho esto, nunca está de más señalar lo obvio aunque a veces no lo sea: en democracia, la voz disonante tiene un valor en sí mismo, uno que debe ser protegido en demasía. Proteger al que piensa distinto resulta fundamental en la medida de que, una voz divergente al orden predominante o mayoritario, construye pensamiento crítico y la intersección de miradas distintas, mediante el feedback de ambas partes, asienta los cimientos democráticos de nuestra sociedad.

A ningún lector escapa que desde hace días, es noticia el hecho protagonizado por un edil del Partido Nacional que aportó el voto decisivo para la aprobación de un fideicomiso para el departamento de Canelones, poniendo en cuestión a partir de esto, su permanencia en la banca como su futuro dentro del partido. Señalado como traidor por algunos, y por oportunista por otros, distintos analistas han abordado el tema en cuestión desde una mirada maquiavélica si se quiere, donde rigen los principios de la “Realpolitik” al mejor estilo de la serie de Netflix “House of Cards”.

Más allá de las intenciones que se intentan adjudicar desde ambos lados del mostrador, como si de ellas dependiera la subsistencia política de cada colectivo, cabe preguntarse y reivindicar el tema de fondo en cuestión: las presuntas mejoras a sectores de la población inversión mediante. Pero lejos de tomar posición en función de declarar inocente o culpable al protagonista de este suceso, es menester poner paño frío al tema y llamarnos a la reflexión. ¿Hasta dónde existe realmente ese valor sagrado de la libertad dentro de las estructuras partidarias? ¿Es más importante la libertad como valor en sí o lo son los intereses creados en función de los réditos electorales? ¿Será que estamos en un estado de campaña electoral permanente?

Las preguntas en cuestión, no son más que pertinentes señalamientos en tiempos de saturación del debate público, un debate que no es tal, y que es reemplazado por las tragicómicas intervenciones de los demagogos de turno de cada colectividad. ¿Por qué el índice de aprobación hacia los partidos políticos en nuestro país, cada vez es menor? ¿Están los partidos políticos alejados de las bases? ¿Se han convertido los partidos políticos en cúpulas aristocráticas donde la disidencia es callada y obligada a votar mediante disciplina partidaria? ¿Es la lógica de transformación de partidos políticos en dos grandes bloques lo que marca la agenda política a partir de discursos dicotómicos? ¿Acaso importa más ser oposición y obstaculizar al otro, que construir desde los intereses legítimos del ciudadano a pie? Son más las preguntas que las respuestas.

¡Milicos Fuera!

¡Milicos Fuera!

“Cada guerra es una destrucción del espíritu humano” dijo una vez el novelista estadounidense Henry Miller con su pluma irónica y cruda. Si bien el autor se refiere a los conflictos bélicos del que fue testigo el siglo XX, me tomaré la libertad de utilizarla en un sentido mucho más metafórico si se quiere, dónde podemos señalar a esa guerra como el constante ensañamiento por parte de la izquierda más radical de nuestro país contra la fuerza policial, víctimas una y otra vez, de campañas de señalamiento, difamación y desprestigio. 

La reciente campaña para derogar los 135 artículos de la LUC encabezada por el PIT-CNT y luego respaldada por la fuerza política del Frente Amplio, en reiteradas ocasiones salió a gritar y romperse las vestiduras, denunciando una y otra vez, lo que ellos entendían como casos de abusos policial, los que en hechos, distaron mucho de serlo. Ni hablar de la paupérrima conferencia de prensa dónde con platillo y redoblante, se presentaron una batería de denuncias gravísimas de una fuerza represora desmedida, sólo para ser desmentidas al día siguiente y puestas en ridículo por el caudal de las mismas, no habiéndose comprobado nada de lo denunciado. 

Pero esta suerte de desconfianza hacia la Policía por parte de la izquierda no es nueva, ha existido siempre una suerte de rechazo y hostilidad para aquellos ciudadanos que han hecho de la carrera policial, un oficio y una forma digna de ganarse el pan de cada día, sacrificando su propia integridad física y psicológica para procurar mantener el orden y salvaguardar la vida de cada uno de nosotros cada nuevo día. 

Sin ir más lejos, en el día de ayer, se dió a conocer el fallo de la jueza Patricia Hornes en el marco de los dos efectivos policiales que se encontraban imputados por el caso de Santiago Cor, joven duraznense que falleció durante una persecución policial, siendo favorable el fallo para los policías involucrados en el incidente, los que, desde el primer momento, fueron señalados y condenados socialmente como culpables mediante el dedo inquisidor de activistas sociales, referentes políticos y algunos periodistas, que vieron en ello, la oportunidad perfecta de agregar leños a la hoguera de desprestigio y demonización sufrida por quiénes trabajan como policías.

Otro punto aparte, que merece un análisis más a fondo, es la titánica odisea de SIFPOM, el sindicato de funcionarios policiales, que en más de una ocasión, han sido víctimas de campañas políticas, que tienen como intención final, el expulsarlos del PIT-CNT al considerarlos como enemigos de los trabajadores por su rol de ser encargados de reprimir ante situación de infringimientos de la ley. Ni hablar de los casos de mujeres policías, tristemente asesinadas o víctimas de violencia, donde la sororidad y empatía de los grupos feministas brilló por su ausencia, lo que da a entender por parte de quienes se rasgan las entrañas por la causa tan en auge, que hay mujeres “Clase A” y “Clase B”: por un lado las compañeras y por otro lado las enemigas.

 ¿Hasta cuándo debemos ser espectadores de ese ensañamiento? ¿hasta cuándo la manija innecesaria? ¿hasta cuando la mirada sospechosa para quienes día a día  salen a ejercer su profesión dignamente?¿hasta cuando el grito de “Milicos fuera”?