Diversidad sexual: Entre los dogmas posmodernos y la reacción

Diversidad sexual: Entre los dogmas posmodernos y la reacción

Las primeras dos décadas del S.XXI significaron una serie de importantes avances a nivel cultural y legal para las personas LGBT, principalmente en los países occidentales. Luego de años de lucha por el reconocimiento, no solo de la existencia, sino también de derechos básicos como la salud o garantías legales, recordemos Stonewall o las protestas durante la epidemia de VIH/SIDA, la sociedad, reflejada en su sistema político, alcanzó un momento en el cual se decidió avanzar y comenzó, en el mundo occidental, una serie de normativas que protegen a las personas gays, lesbianas, bisexuales y trans de la discriminación; se comenzaron a promulgar derechos de igualdad jurídica como el matrimonio igualitario, la identidad de género o la adopción de parejas homosexuales. También es posible señalar una serie de acciones afirmativas en pos no sólo de alcanzar la igualdad jurídica sino también la igualdad material, como es el caso de la Ley Integral para Personas Trans promulgada en 2018 en Uruguay.

Estos cambios también se pueden notar a nivel cultural, donde en el arte hay cada vez una mayor presencia de historias con contenido LGBT, y se va volviendo más naturalizada la existencia de personas y modelos familiares distintos a los esquemas tradicionales. 

Estos reconocimientos tan postergados, ahora incorporados en una parte considerable de la población, también se han traducido en una importante condena social hacia la discriminación y la segregación. Sin embargo, junto a estas reacciones tan necesarias, también han comenzado a darse una serie de cuestiones más polémicas, como el escrache público ante ciertos comentarios, los intentos de censura ante determinado material artístico o humorístico, y la imposición forzada de nuevas formas de entender el lenguaje. Estas acciones también vienen acompañadas también de un marcado “purismo moral”, donde se crean imágenes de buenos y malos, de un conjunto de nuevos “dogmas”, y el que no entra en ciertos estándares es señalado y tachado de discriminador y se busca condenarlo al ostracismo. 

Esto no quiere decir que las reclamaciones y reivindicaciones de las personas LGBT hayan terminado y deban detenerse, pero las formas y el señalamiento, el no comprender determinadas realidades sociales y contextos que llevan a sectores de la sociedad a procesar más lentamente los cambios y más difícilmente comprenderlos, en lugar de ayudar a una mayor aceptación, aleja y genera rechazo por parte de los mismos. La “cultura de la cancelación”, que tal vez podríamos definir como la acción generalizada de censurar y segregar a aquel que no cumple determinados estándares sociales y morales, ha generado más enemigos que aliados a la causa. 

La reacción se ve expresada y aprovechada por grupos tradicionalmente conservadores, y abiertamente discriminatorios, que, a través de falsas premisas y eslóganes sensacionalistas, demonizan las conquistas sociales y buscan volver hacia atrás en las mismas. Atraen no solo a gente que comparte con claridad sus ideas, sino también personas desideologizadas que se ven abrumadas ante los ataques e imposiciones de cuestiones que no han logrado comprender del todo. Estos movimientos de reacción son apoyados y promovidos por ciertos sectores sociales e instituciones que buscan aumentar su influencia, como algunas iglesias evangélicas y grupos políticos de extrema derecha. A su vez, poseen el apoyo de intelectuales, que ayudan a darle difusión y legitimidad.

Todos los procesos sociales tienen idas y venidas, avances y retrocesos. A pesar de que los derechos que se han conseguido parecen consolidados, la defensa de los mismos debe continuar, pero comprendiendo y escuchando las distintas realidades, no quedarnos en una burbuja de superioridad moral y deshacernos de los dogmas. La reacción perderá su peso, cuando los reclamos sean comprendidos y aceptados por el grueso de la sociedad.

La libertad de expresión en la era de la globalización: el caso de Francia

La libertad de expresión en la era de la globalización: el caso de Francia

El pasado octubre de 2020 se vio sacudido por un hecho que trascendió fronteras, y nos ha hecho cuestionarnos nuestros valores e ideas más arraigadas cuando acaeció el asesinato de un profesor francés en manos de un extremista islámico luego de exhibir una caricatura del profeta Mahoma como ejemplo de libertad de expresión en una clase. Ya en el año 2015 Francia había sido profundamente conmocionada luego del atentado terrorista a la editorial del semanario Charlie Hebdo, que también había mostrado caricaturas de Mahoma en forma de sátira.

La última década ha significado un tiempo de cambios, donde la tecnología y el flujo de información entre lugares muy remotos se vuelve cada vez más común e instantánea. A su vez, la inmigración se ha disparado a niveles pocas veces vistos antes, ya no solo entre países de un mismo hemisferio, sino de todo el mundo. La diáspora árabe y musulmana ha afectado a todos los continentes, especialmente a Europa donde diariamente llegan cientos de exiliados y refugiados escapando de la crisis, la guerra y la persecución política. El choque cultural resulta especialmente fuerte.

Occidente se ha caracterizado en los últimos dos siglos por la difusión y universalización de los valores liberales, que toman especial fuerza luego de la independencia norteamericana con la Revolución Trece Colonias y la Revolución Francesa. La secularización va ganando terreno y el énfasis en las libertades individuales es cada vez mayor. Las sociedades conservadoras fueron acostumbrándose a la ampliación de libertades, entre ellas, la libertad de expresión en su sentido más amplio, la blasfemia, la sátira y el ataque a las religiones debieron ser respetados, entendiéndose como parte de la expresión irrestricta y legítima que posee el individuo.

Con el proceso acelerado de globalización, estos valores entran en cuestionamiento y choque con la cultura profundamente religiosa que posee la población musulmana, que va más allá del ámbito personal y adquiere un carácter público y político. Esto hace que se reabra el debate de los límites de la libertad de expresión y comienzan a interpelarse las ideas tan arraigadas a la idiosincrasia occidental.

Luego del asesinato del profesor, Macron decidió aparecer públicamente con un efusivo discurso en defensa de los valores liberales que siempre han formado parte de Francia y Europa, protegiendo así el derecho a ofender y blasfemar a una religión, entendiéndolo como parte de la libertad de expresión. La reacción no se hizo esperar y los principales líderes del mundo musulmán exigieron que el Presidente francés se retractase, y pidieron respeto por la figura de su profeta; a esto se le sumaron cientos de manifestaciones multitudinarias entre la población musulmana contra el líder europeo.

La tensión no parece que vaya a disminuir pronto, sino que tenderá a aumentar a medida que la globalización siga haciendo sus efectos y continúe tomando cada vez más lugar en la vida de los ciudadanos de todo el mundo. La discusión creará futuros conflictos y se deberá dar el espacio al debate y la reflexión sobre temas que alcanzan cuestiones tan sensibles como la cultura en la que una persona se forma desde el nacimiento, y los valores más profundos de la idiosincrasia de las sociedades. De aquí en adelante se abren una serie de cuestionamientos ante un mundo y una sociedad global que aparenta ser cada día más conflictiva y más violenta, donde todo lo que creíamos como establecido, también será llevado a juicio.

¿Cuáles son los límites a la libertad de expresión en un mundo donde conviven culturas tan disímiles? ¿Qué cultura deberá ceder en favor de la otra? ¿Existe la posibilidad de coexistencia manteniendo cada sociedad sus valores tradicionales incambiados?

Elecciones en Estados Unidos: retrato de una polarización histórica

Elecciones en Estados Unidos: retrato de una polarización histórica

Las nuevas elecciones presidenciales del país norteamericano, con una participación histórica, y unos resultados muy reñidos, nos dejaron un panorama en el que vemos una sociedad muy dividida y con perfiles muy marcados, determinando una polarización que desde la Guerra Civil no se había mostrado con tanta nitidez. Las zonas rurales y las grandes ciudades; la población blanca y la afroamericana; las personas con estudios universitarios o sin ellos; todas estos y muchas más categorías dividieron los mapas de todo el país en un contrastado azul y rojo. 

Joe Biden ganó las elecciones siendo el candidato más votado de la historia, con más de 78 millones de votos, sin embargo, Trump también logra superar los récord de presidentes pasados quedándose con casi 73 millones de sufragios en su favor. No podemos decir que el “trumpismo” haya quedado sepultado, está muy vivo y será determinante tanto para el Partido Republicano como para el gobierno demócrata, en el cual sus mayorías legislativas no están aseguradas, y deberá gobernar teniendo en cuenta esa otra considerable mitad del país que no lo apoyó. 

Repasemos los principales elementos a destacar que nos dejó este proceso electoral. 

El “Rust Belt” vuelve a ser determinante 

En el sistema electoral de Estados Unidos, en el que el voto se ejerce de manera indirecta a través de los colegios electorales de cada Estado, es de suma importancia para las campañas estar pendientes de aquellos donde la competencia es más reñida, y la cantidad de votos electorales con los que cuentan pueden definir una elección. Recordemos la elección del año 2001, en la que todas las miradas estaban puestas en el Estado de Florida, que a último momento definió la elección en favor de Bush. 

Este año, si bien Estados importantes como el Florida, Nevada, Arizona o Georgia podían terminar en manos de uno u otro candidato, todas las fichas estaban puestas en los Estados del “Rust Belt”, o cinturón oxidado. Indiana, Illinois, Iowa, Pennsylvania, Wisconsin, Ohio y Michigan, componen este conjunto de Estados, que en su momento de auge, contaban con una de las mayores industrias pesadas del mundo, y que proveían de bienes a todo Occidente. A partir de los años 80, con la influencia de una serie de factores como, la apreciación del dólar, encareciendo los productos; la liberalización del comercio con la reducción de aranceles y la firma de tratados de libre comercio como el NAFTA; la competencia de otros países con ventajas comparativas; y los procesos de deslocalización, que trasladan la producción hacia lugares donde los costos son menores; fueron paulatinamente, desmembrando la tan próspera industria del “Cinturón Industrial” estadounidense, pasando a denominarse “Cinturón Oxidado” o “Rust Belt”. 

La pérdida de puestos de trabajo y empleo de calidad, ha tenido devastadoras consecuencias sociales para los ciudadanos de estos Estados. Una sangría poblacional que no parece parar, en los últimos 20 años la ciudad de Detroit, Michigan, vio reducida su población en 300 mil personas; con la misma suerte corrieron las ciudades de Cleveland, Ohio y Pittsburgh, Pennsylvania, con pérdidas de 100 mil y 30 mil personas

respectivamente. El crimen ha aumentado a niveles dramáticos, convirtiéndose Detroit en una de las ciudades más peligrosas del país. A esto se le suma la grave “Crisis de los Opioides”, siendo los Estados del Rust Belt los que cuentan con más casos de sobredosis, por uso indebido de medicamentos derivados del opio. 

El grueso de la población afectada, se trata de familias blancas de clase obrera, un estrato medio, empobrecido por la retracción industrial, y especialmente afectada por la crisis del 2008. Los Estados de Michigan, Ohio, Pennsylvania y Wisconsin han sido tradicionalmente demócratas, lo que se llamaba el “Blue Wall”, lugares donde el Partido Demócrata tenía una victoria asegurada. Votaron azul en 2008 y 2012, sin embargo, a pesar de que el desempleo durante la era Obama disminuyó considerablemente, esto no se tradujo en empleos de calidad, que permitieran a estos trabajadores recuperar su nivel de vida y solucionar sus problemas de fondo. 

En el año 2016, pasó lo imposible, y en Estados donde los republicanos no obtenían triunfos desde hacía más de dos décadas, Donald Trump se impuso por algunos miles de votos, con su discurso proteccionista, “bring back the jobs to America”, traer de regreso los empleos a América, con una intención claramente enfocada hacia el Rust Belt. La suma de los cuatro Estados anteriormente mencionados, permitió a Trump hacerse con 64 votos electorales, y superar cómodo la barrera de los 270. Si los demócratas hubieran logrado mantenerlos, hoy Hillary Clinton sería la presidenta. 

Ni bien comenzó su presidencia,Trump se estrenó con una serie de medidas que prometían cambios drásticos en política comercial y fiscal. La renegociación de tratados como el NAFTA, un aumento de los gravámenes a metales pesados y sus derivados, sumado a una disminución de los impuestos a las empresas, prometían ser el punto de partida para una regeneración del decadente Rust Belt. Sin embargo, a pesar de que el desempleo continuó su tendencia a la baja hasta el año 2019, al igual que durante las presidencias de Obama, estos nuevos puestos no se tradujeron en empleo de calidad. 

La “United States Steel Corp”, o Corporación del acero, constató en 2019 la continuación de la tendencia a la baja y reducción de las industrias intensivas en metales pesados. Podemos nombrar el ejemplo del cierre de la gran planta de General Motors en Ohio. 

La pandemia de COVID-19 fue otro duro golpe para la economía nacional, que dejó a los Estados del Rust Belt, en niveles de desempleo superior a los dos dígitos. De todos modos, estos últimos meses se ha presenciado una rápida recuperación de puestos de trabajo, pasando en Wisconsin de un desempleo de 13.6% en Marzo, a 6.3% en Agosto. (Fuente: US BLS) 

Biden terminó re-conquistando los Estados de Michigan, Wisconsin y Pennsylvania, sin embargo, su victoria no fue tan holgada como pronosticaban las encuestas, de 10% aproximadamente que le daban de ventaja al demócrata en Wisconsin, la misma terminó siendo de menos de un punto. Esto nos demuestra que Trump tiene un electorado muy fiel, principalmente en zonas rurales y de pequeños pueblos, que participó masivamente y las encuestas no supieron captar. Estos suelen ser personas blancas sin estudios universitarios, que Biden ha logrado contrarrestar con el electorado de las grandes ciudades, las minorías raciales y étnicas, y los blancos con estudios universitarios de los

“suburbs” (zonas residenciales cercanas a las ciudades, tradicionalmente republicanas, ahora demócratas). En esto Estados se nos presenta un claro ejemplo de la marcada polarización, en la ciudad de Philadelphia los demócratas obtuvieron el 81,3% de los votos, mientras que en los condados rurales de Pennsylvania, como Bedford, Trump obtuvo números igual de impresionantes, quedándose en este último con el 83,5% (Fuente: New York Times) 

Las minorías que inclinaron la balanza 

Así como los blancos sin estudios universitarios y la población rural son el electorado base de Trump, para los demócratas, además de los ciudadanos de las grandes urbes, las minorías como los latinos o afroamericanos se han inclinado históricamente muy fuertemente hacia el Partido Demócrata. Sin embargo, en esta elección podemos notar algunas particularidades. En el Estado de Wisconsin, principalmente en el condado de Milwaukee vemos como la alta votación en esta zona de mayoría afroamericana ha beneficiado sustancialmente a Biden, y le permitió quedarse con esos 10 votos electorales clave. Por otro lado y al mismo tiempo, podemos notar una considerable mejora en la performance de Trump entre todas las minorías, especialmente los latinos. La comunidad cubano-americana, históricamente más conservadora, permitió a Trump ganar cómodamente el Estado de Florida, acortando mucho la distancia en favor de los demócratas en comparación con el año 2016 en el condado de Miami Dade; lo mismo sucedió en los condados fronterizos del sur de Texas, los latinos ayudaron a que los republicanos mantuvieron el dominio del Estado, en el condado de Zapata, de gran mayoría latina, donde los demócratas conseguían grandes números, esta vez quedó en manos de Trump, obteniendo un 52,5% de los votos. 

Estos datos nos muestran que ningún partido puede dejar de lado a las minorías y requiere de su apoyo para hacerse con la victoria. En un país cada vez más diverso, y donde la inmigración se profundiza cada día más y nacen nuevas generaciones de estadounidenses hijos de inmigrantes, entender la heterogeneidad étnica y social será de las principales prioridades que las campañas deberán tener. 

El futuro de los protagonistas del bipartidismo 

Los resultados dejan una gran cantidad de desafíos y aspectos a tomar en cuenta para ambos de los históricos partidos de la democracia más antigua del mundo. 

El Partido Republicano ha logrado junto con Trump, una conexión y fidelidad de las masas “populares¨ que hacía muchísimos años no conseguía, los republicanos se despegaban cada día más de las realidades del ciudadano promedio, a la vez que se alejaban de las posibilidades de volver al poder, Trump creó una revolución en la estructura partidaria, utilizando el populismo, las redes sociales y el lenguaje coloquial como método para ampliar sus bases de apoyo. Su gran desafío es fidelizar a ese voto “trumpista” y convertirlo en republicano, debiendo reconfigurar muchas de las estrategias tomadas en la era pre-Trump 

El Partido Demócrata debe conciliar una interna muy compleja, donde los moderados demócratas tradicionales pelean por el poder con la nueva izquierda, representada en figuras como el ex-precandidato presidencial Bernie Sanders o la congresista Alexandria

Ocasio-Cortez. En este nuevo gobierno de color azul veremos una constante puja por la profundiad de las reformas y que tan radicales serán los cambios a llevar a cabo. Por otro lado, los demócratas deben volver a conectar con las clases populares, que últimamente los han ido abandonando al ver como estos se enquistan en los problemas de las grandes ciudades, y responden a los intereses de las élites urbanas, ignorando los problemas que los aquejan día a día. Reconectar con el ciudadano “olvidado” deberá ser prioridad para lograr mantener al Partido Demócrata en la presidencia. 

Este histórico proceso electoral no deja claros derrotados, ni ganadores que puedan quedarse tranquilos, ambos partidos se encuentran de cara ante grandes desafíos e importantes conflictos que deberán sortear, el que mejor lo haga será quien se quede con las llaves de Casa Blanca en 2024. 

Fuentes: 

https://www.nytimes.com/interactive/2020/11/03/us/elections/results-president.html#click=htt ps://t.co/a8BwujviYp 

US Bureau of Labor Statistics: https://www.bls.gov/ 

https://www.ft.com/content/2b54296a-1073-11ea-a7e6-62bf4f9e548a
https://apnews.com/article/d9da6a34207a4da3ad272044a2fd8b53
https://www.cdc.gov/nchs/data/health_policy/monthly-drug-overdose-death-estimates.pdf

https://www.abc.es/internacional/elecciones-eeuu/abci-patinazo-biden-atacar-industria-petrol era-202010240148_noticia.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.com Encuestas: https://projects.fivethirtyeight.com/polls/