76 período de sesiones de la Asamblea General de la ONU

76 período de sesiones de la Asamblea General de la ONU

La 76 edición de la Asamblea General de la ONU, aglutinó en paralelo distintas crisis mundiales: la crisis climática, la polémica migratoria entre EE.UU. y México, las tensiones entre Rusia y la Unión Europea, el estado actual de los derechos humanos, la problemática del régimen talibán, etcétera.

China y las energías verdes y bajas en carbono

Según las agencias AFP y EFE, Xi Jinping, presidente de la República Popular China, anunció en la Asamblea General de la ONU que su país dejará de participar en la construcción de centrales de carbón fuera de sus fronteras. Sin duda se trata de una promesa favorable para el mundo entero. La importancia de preservar el medioambiente sano y el equilibrio del ecosistema en todo el orbe, es por demás notorio luego de que es por todos conocido que el planeta sufre embates de la propia naturaleza.

Los derechos humanos deben ser la prioridad en el mundo actual

El profesor André de Carvalho Ramos, enfatiza que los derechos humanos tienen como características principales su superioridad normativa, universalidad, indivisibilidad, interdependencia, autonomía e indisponibilidad, carácter erga omnes, exigibilidad, etcétera. El medioambiente sano, entre otros, es parte fundamental de tratados internacionales en la materia.

Asimismo, tanto las normas jurídicas supranacionales como nacionales de una buena parte del mundo, apuntan a un desarrollo de la libertad, igualdad de oportunidades, y desarrollo de las diferentes generaciones de derechos humanos: derechos civiles y políticos, derechos económicos, culturales y sociales.

La crisis de los refugiados afganos

Luego de la caída de Kabul en manos del régimen Talibán, se ha producido una nueva crisis de refugiados a escala planetaria y es imprescindible que los países de acogida les brinden posibilidades de integración local. Más allá de las políticas internas, Angela Merkel, Canciller de Alemania, dio un ejemplo de humanidad y solidaridad tras la violencia en Siria y su país recibió a un sinnúmero de ciudadanos refugiados. El ejemplo alemán debe replicarse para bien de la sociedad internacional y por el deber asumido en el derecho internacional de los derechos humanos.

Entrevista a Julio María Sanguinetti: Batlle y Ordóñez

Entrevista a Julio María Sanguinetti: Batlle y Ordóñez

La figura del doctor Julio María Sanguinetti es desbordante de ideas y actividad política. Ex Presidente del Uruguay en dos ocasiones, ejerce el periodismo y escribe ensayos políticos, y ahora, a sus 85 años de edad, tiene una vitalidad reconocida como Secretario General del Partido Colorado.

La siguiente es una entrevista exclusiva para El Día, con el personaje histórico e intelectual, que habla con profundidad y elocuencia acerca de las ideas y el legado del expresidente uruguayo, José Batlle y Ordóñez.

En la reforma política de Batlle y Ordóñez se constata la importancia de transformar al Partido Colorado en policlasista, y bajo una estructura partidaria auténticamente democrática. ¿Cuánto debemos en Uruguay, según su criterio, a Batlle y Ordoñez, frente a los caudillismos de antaño?.

Puede decirse que Batlle y Ordóñez es el generador de una refundación institucional del país. Uruguay, desde la etapa colonial, tuvo muy escasa población, acá no hubo grandes civilizaciones precolombinas. Hasta el último tercio del siglo XIX muestra una baja demografía y todavía una lucha por construir y afirmar una institucionalidad. Contrariamente, en el último tercio del siglo hay una refundación de la sociedad uruguaya como producto de inmigración de españoles, italianos, valdenses, suizos, etcétera. Hubo entonces una sociedad distinta, parecida a la Argentina, cuando tuvo un aluvión de inmigración muy fuerte.

En consecuencia, nace lo que llamaríamos la clase media uruguaya, constituida sobre esa base de apertura, y se desarrolla la libertad política, la libertad religiosa y la búsqueda de un Estado solidario que compensara de algún modo las desigualdades sociales, y toda una legislación humanística. En efecto, prueba de ellos son la abolición de la pena de muerte, la ley de divorcio y la de ocho horas de limitación de la jornada obrera.

Y al mismo tiempo, se inicia la construcción de un Estado que comienza a desarrollar sus primeras grandes instituciones de servicios no financieros a través del Banco República.

Ante la muerte en combate de Saravia, Batlle y Ordóñez dijo a Pedro Figari: “¡Pobre hombre!. Lo han llevado al sacrificio las pasiones políticas, y era un gaucho bueno”. Esta frase hace reflexionar la importancia capital de la tolerancia recíproca en una democracia, y sobre todo, entender que esas pasiones políticas llevan siempre al desastre social y humano. ¿Cómo interpreta usted este perfil de Batlle y Ordóñez a la luz de los acontecimientos contemporáneos en Uruguay y en el mundo?.

En 1904, cuando se produce esa que fue la última gran rebelión armada, en el fondo había dos tiempos históricos: Aparicio Saravia respondía a uno que terminaba el de los caudillos rurales que levantaban sus protestas y sus resistencias contra el gobierno. Por el contrario, Batlle y Ordóñez representaba ya el nuevo Uruguay moderno, el de un Estado organizado. Entonces, más allá de la situación personal, representaban dos mundos en pugna: uno que terminaba y otro que nacía.

Batlle y Ordóñez y Saravia no se conocieron personalmente. A partir de ahí, el país ya no tuvo esa situación histórica y pasó a predominar el Estado.

Recién sesenta años después aparece otro tipo de resistencia armada en el Uruguay, y es la que emana de la influencia de la Revolución Cubana en 1959. Y ahí, bajo la palabra mágica de la “Revolución de América Latina”, ésta se llena de guerrillas, y por el otro lado emergen golpes de Estado para combatirlas. Ciertamente, nuestra sólida democracia no fue ajena a esta realidad. Y es que esa confrontación se inscribía en medio de la Guerra Fría.

El país sufrió esa etapa y felizmente a partir de 1985 hemos vivido en paz. Tenemos discusiones fuertes, sin duda, pero no una grieta, porque en definitiva todos nos sentimos obligados dentro de la misma ley y todos sabemos que más allá de ese enfrentamiento inevitable en la vida política, estamos sometidos a la misma jurisdicción y a las mismas instituciones. En cualquier caso, es menester cuidar la democracia.

Batlle y Ordóñez, fue un reformista liberal que a principios del siglo XX, estableció la ley de divorcio, la separación del Estado y la Iglesia Católica, el Estado laico, y la abolición de la pena de muerte. ¿Cree que fue demasiado avanzado para la época que le tocó vivir en América Latina?. ¿Cuál fue el germen de ideas de este estadista y constructor del Estado moderno junto al Partido Colorado?. Hago estas preguntas porque Don Pepe, instituyó sendas reformas en un Continente heredero del pensamiento ibero-católico conservador.

Para la época fue casi revolucionario. Algunos historiadores, como por ejemplo Gerardo Caetano, que es frentista y no colorado, señala que para su tiempo representaba un gobierno de izquierda. En Uruguay se llega también a lo que llamaríamos un estado social y democrático. Pero desde el liberalismo, o sea, todo el desarrollo de Batlle y Ordóñez es a partir del concepto de libertad; y consiguientemente el concepto de dignidad humana y el ingrediente social, no vienen de una idea corporativa. Es decir, se trata de exaltar la persona. Por eso su asiento no solo está en la protección obrera sino en la educación popular, que ha sido muy importante.

Por otro lado, se estaba viviendo las consecuencias sociales de la revolución industrial. Entonces había en Inglaterra, en Francia, en Bélgica, en Alemania un conjunto de ideas que a veces eran utopías políticas. Unos soñaban con sociedades ideales, a partir de las clases como el marxismo; mientras otros, como los socialistas utópicos de Inglaterra o de Francia, soñaban con entidades colectivas y de vida en común. Igualmente había toda una efervescencia a partir de una corriente espiritualista importante, y alguna mucho más fuerte positivista. Y claro está, el presentado por Augusto Comte, Durkheim, y otros.

Si había un vínculo de ideas que evidentemente trataban de ser respuestas a un mundo que había cambiado; en los hechos, los modos y la vida eran distintos. Entonces había ideas, y Batlle y Ordóñez asume una actitud de liberal y del liberalismo de desarrollar una conciencia social. Y consiguientemente, toma elementos de un lado y del otro: de Suiza, la idea del gobierno colegiado para salir de los caudillismos personales, y de Bélgica, los sistemas electorales.

Retorna de Bélgica y de Francia, y añade otras ideas. Es decir, en ese caldero hirviente de ideas que había en la época, Batlle y Ordóñez define una línea dentro de lo que es un contexto histórico de un país, un partido, y una cultura. No cae de un árbol; sino que es el fruto de un viejo tronco. Ya su padre había sido presidente de la República, y por otro lado, el partido representaba esa filosofía liberal, y además era un partido abierto al extranjero.

En otro sentido, un partido que ve a los inmigrantes, un partido abierto a las libertades, heredero de una corriente liberal abierta, enciclopedista, universalista.

Por otro lado, siempre acá hubo una idea de libertad de cultos. Muy tempranamente, incluso las propias invasiones inglesas dejaron una impronta de otras religiones las cuales podían convivir aún con corrientes cristiana distintas. Quiere decir que si bien Artigas, Rivera, Lavalleja, eran católicos, sin embargo, no sentían el catolicismo como una actividad excluyente e intolerante.

No olvidemos que antes de Batlle y Ordóñez ya las ideas de Varela (escuela laica, gratuita y obligatoria) se imponen. Entonces quiere decir que tampoco la separación de la Iglesia y el Estado fue una arbitrariedad; sino también un paso más dentro de un proceso de secularización que se venía produciendo un poco. Ya la escuela pública era laica, aunque tenían opción religiosa porque la Constitución todavía establecía la religión católica.

¿En qué medida sigue y seguirá vigente la figura de Batlle y Ordóñez en el siglo XXI, según su opinión?.

La figura de hoy es ya fundacional y hay. No discutible, en lo que a su gravitación histórica se refiere. Naturalmente, hay sectores conservadores.

La propia izquierda que en su tiempo la combatía o lo consideraba parte de un gobierno liberal y burgués, reconoce lo que significó su cambio. Y la verdad es que hoy el pensamiento sigue presente y se sigue desarrollando para hablar de nuestra época contemporánea.

Nosotros, por ejemplo, en materia de educación, desde el año 1985 y especialmente de 1995 en adelante, hicimos grandes transformaciones educativas desarrollando el pensamiento de las escuelas de tiempo completo. Nuestra reformulaciones y centro de formación docente, los Centros CAIF para asistencia a la primera infancia que ahora estamos planteando también son fruto del desarrollo, consolidación y ampliación de estos ideales batllistas, y son las expresiones de un Estado solidario, en cuyo seno, el laicismo se sigue concibiendo como esencial para la vida democrática.

De modo que este el laicismo, sentimos que está tan vigente como siempre. Empero, con la izquierda hay una gran diferencia esencial: ellos creen en la lucha de clases y nosotros vivimos al revés, en la República, donde el ciudadano vale por su voto y no por la lucha de clases. Y en segundo lugar, porque en la concepción socialista la democracia no es un valor esencial. La prueba está que la mayoría de los países socialistas han sido o bien totalitarismos, como Cuba, o dictaduras, como Nicaragua o Venezuela, o en todo caso, la democracia y la libertad no son lo esencial.

Pánico y conflicto en Afganistán

Pánico y conflicto en Afganistán

“Es el momento de que las tropas estadounidenses vuelvan a casa”, dijo el presidente Joe Biden el mes de abril de 2021. Así, tras casi 20 años de guerra después de los atentados del 11 de septiembre en las Torres Gemelas, la OTAN anunció el retiro de cerca de 10.000 soldados en territorio afgano.

El recuerdo de la dictadura Talibán entre 1996 y 2001, trajo consecuencias crueles. Tal como reporta Ángeles Espinosa del diario El País de España, las mujeres estuvieron esos años confinadas al hogar y obligadas a esconder su cuerpo bajo el burka las escasas veces que podían salir de él y las minorías. Y hoy, a pesar del intento de sus dirigentes por proyectar ahora una imagen más moderada, las noticias que se filtran de las primeras ciudades que claudicaron ante ellos, como Herat o Kandahar, son desalentadoras: mujeres a las que se impide acudir a sus trabajos o asistir a las clases de la Universidad.

Todo ello explica que tras su llegada a la capital Kabul, el pánico se ha desatado al punto que cientos de personas intentan llegar al aeropuerto, otros muchos se encuentran en los techos de los aviones a la espera de una evacuación del país, y según agencias internacionales de noticias habrían hasta cinco civiles muertos en el aeródromo local.

Por su parte, el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, ha hecho un llamado a la unidad frente a la amenaza terrorista global en Afganistán. “No podemos ni debemos abandonar al pueblo de Afganistán “, ha dicho ante el Consejo de Seguridad de la ONU, reunido para abordar la situación creada por la reconquista del país por los talibanes.

Tanto el Consejo de Seguridad de la ONU, como los ministros de la Unión Europea, se reunirán para tratar la situación afgana.

El papel de ambas organizaciones internacionales es primordial para asegurar la paz en la región. La “unidad” a la que refiere Antonio Guterres, debe ser entorno justamente a este principio rector por el que se fundó la Organización de las Naciones Unidas, luego de la Segunda Guerra Mundial.

Preocupa sí, sobremanera, la extensión del fundamentalismo islámico en Medio Oriente y el hecho de que como cualquier dictadura en el mundo, ante una total toma de poder, podría verse seriamente vulnerado el derecho internacional de los derechos humanos. Esperemos, entonces, que tanto la paz, como el bienestar del pueblo afgano, sean el fin último de cualquier debate, negociación o acuerdo dentro del Consejo de Seguridad de la ONU, la Unión Europea, y las demás potencias mundiales.

De la filosofía política a la realpolitik

De la filosofía política a la realpolitik

Con bastante frecuencia en un mundo cada vez más globalizado – y por qué no decir desinformado por la hiperinflación discursiva – se tiende muchas veces, y creo de manera errónea, a etiquetar en parámetros estancos la política contemporánea mundial. Nociones como izquierda o derecha y hasta centrismo político, se diluyen cuando se observa a fondo que los valores republicanos y liberales (me refiero al liberalismo político), son considerados cada vez en mayor o menor medida, menospreciados y hasta denostados por la posmodernidad.

Las pasadas elecciones en el Perú, son un caso paradigmático para contrastar lo antes enunciado. Dos rivales, presumiblemente uno de derecha y otro de izquierda, pero que en realidad son profundamente conservadores. A este conservadurismo, no sólo peruano, sino andino y latinoamericano en general, ha dedicado buena parte de su obra el argentino-boliviano H.C.F. Mansilla. Y toda esta historia viene de mucho tiempo atrás.

Ya con mucha razón decían en otras palabras Mansilla y el propio Octavio Paz, que como herederos de la tradición ibero-católica, muchos países de América Latina transmitieron en buena medida una atmósfera altamente reaccionaria y contraria al progresismo, y los valores de la libertad, fraternidad e igualdad. Quizás los casos más paradigmáticos de democracia altamente sostenible en el tiempo, y una verdadera excepción, sean Uruguay, y en menor medida, Costa Rica.

Por las razones antes anotadas, ciertamente aprecio una diferencia abismal entre la filosofía política enseñada en las aulas universitarias y grupos de tertulianos de algún espectro político, y la política real.

Sería mejor, por ello, pienso esta vez en voz alta, que las universidades formadoras de futuros líderes, intelectuales, artistas, librepensadores, deberían al menos escalar en no repetir de memoria conceptos tales como “Foucault lo dijo para la sociedad internacional”. En realidad, la vida y obra de un hombre gigantesco como Voltaire, para poner otro ejemplo, no puede como erróneamente se pretende alguna vez equiparar a algún intelectual revolucionario latinoamericano. Y en el terreno práctico, hay una brecha gigantesca ya no sólo entre los países europeos y Latinoamérica en lo que respecta a la forma de hacer política. Todo ello se observa con meridiana claridad, cuando constatamos que la Internacional Socialista ha decidido expulsar de sus filas al FSLN de Nicaragua, por una abierta e irrefutable inobservancia de su carta fundacional.

Ni qué hablar del liberalismo económico: lo que en Europa o Asia Oriental representa una tendencia marcada hacia el consumismo inherente a una sociedad capitalista “deshumanizada”; en América Latina, el mismo concepto tiene sus variantes, por el mismo hecho que la historia misma no es ni mucho menos lineal: pedir estatizaciones ortodoxas en muchos países de Latinoamérica ha supuesto la debacle en términos reales, porque hay una fuerte ligazón de intereses comerciales a nivel global.

A sabiendas de uniformizar la política internacional, se constata por otra parte, que los bloques geopolíticos tienen ciertamente satélites a nivel planetario. Trátese de China y Rusia, por un lado; y por el otro la OTAN, por poner solamente algunos ejemplos.

En consecuencia, lo más saludable creo de manera comprometida, sería que Iberoamérica tienda a una reflexión puntual, serena y libre de dogmatismos o recetas filosóficas, y bajar a la realpolitik para constatar en qué medida hay avances, retrocesos, o simplemente “oquedad de pensamiento”.

El siglo XXI, se enfrenta a retos como el capitalismo deshumanizado, pero también el autoritarismo, el totalitarismo, la falta de respeto de los derechos humanos; y en definitiva, es preciso que los intelectuales comprendamos nuestro nivel de acción desde la comparación plural de la filosofía política, y por supuesto, la evidencia ya fáctica y no elucubrada de la vida.

Meritoria gestión frente a la pandemia

Meritoria gestión frente a la pandemia

En diversos lugares del mundo el confinamiento obligatorio por la crisis sanitaria del Covid19, ha sido declarada inconstitucional. Sin embargo, todavía existen voces dentro del Frente Amplio – como la del exministro Fernández Galeano, y ni qué decir, del propio expresidente José Mujica – que declaran raudamente y sin la debida contemplación legal, política, social y económica, la necesidad de tomar medidas estrictas como el lockdown.

La fiebre de muchos medios de comunicación empantanados en una sañuda campaña de rating a causa de la crisis sanitaria interpela al conjunto de la ciudadanía si una medida de tal naturaleza contribuiría o no a mejorar la situación actual. El presidente Luis Lacalle Pou, y la coalición multicolor, sin embargo, hacen bien en no someter a la población uruguaya a esa nefasta restricción de libertades, que causaría con bastante certeza más problemas de toda índole, incluida la ya deteriorada salud mental de los ciudadanos de la que poco o nada se dice.

Resulta casi inverosímil que una izquierda que dice ser defensora de los derechos humanos y las libertades individuales, y que en menor o mayor medida padeció persecución y encierro durante los regímenes dictatoriales, se sumerja ahora en un contrasentido histórico. Pero quiénes quizás por delante elucubran y dan tiros sin freno, son precisamente gobiernos de cuño autoritario en diferentes latitudes del mundo, que parecen no comprender que la salida a la crisis sanitaria no es el encierro voluntario, el confinamiento estricto, o el nombre que se le quiera acuñar.

No solamente es un asunto que incumbe al derecho constitucional y más propiamente a los derechos fundamentales. La situación de aquellos países que han optado por la dureza y es por todos conocida, está muy lejos de amainar. ¿Qué hace pensar entonces a sectores del Frente Amplio que nuestra realidad sea mejor con medidas cuasi – dictatoriales?.

Imagino que ni siquiera en la peor de las pesadillas como una guerra nuclear, se restringiría el derecho de circular y de usar la propiedad. Por lo tanto, debemos ser cautelosos a la hora de hacer un balance favorable o no a la meritoria gestión multicolor frente a la crisis sanitaria.

La administración de Lacalle Pou, en efecto, ha hecho muy bien. El momento que las libertades individuales y los derechos fundamentales sean puestos en jaque, será el instante en el que dejemos a un lado nuestros valores republicanos, democráticos y liberales.

Un editorial del diario El País del 3 de mayo de 2021, concluyó: “… podrá decirse que incluso viejas democracias europeas asentadas, como Italia, Francia o España, tomaron caminos más drásticos y autoritarios para enfrentar la pandemia. Eso es verdad, y la comparación internacional debiera en realidad llenarnos de satisfacción: en momentos de crisis, surgió el ADN más profundo de la concepción de la libertad uruguaya, sostenida sobre todo por los partidos tradicionales, pero en general por toda la coalición republicana, para marcar el rumbo. Y en esa misma comparación, al final de la jornada, nos daremos cuenta de que salimos muy bien parados de la fiera circunstancia que nos tocó vivir. Cuando las nubes pasen, quedará claro que el cielo azul está hecho de libertad responsable, para orgullo de la mejor tradición del Uruguay”.