La homosexualidad y la iglesia: derribando argumentos.

La homosexualidad y la iglesia: derribando argumentos.

Aunque la Iglesia y el Estado desde la constitución de 1918 están institucionalmente
separados, la primera sigue teniendo una gran fuerza, no como institución sino como sistema de herencia cultural y normativo, siendo precursora de imaginarios sociales y dogmas que tienen poder para determinar moralmente, en muchas ocasiones, nuestra vida tanto privada como pública.
Una amplia cantidad de personas se encuentran, gracias a estos planteos, frente a contradicciones morales que contraponen el seguir sus impulsos y dejarse sentir/ser a reprimirse gracias a la perpetualización de estos dogmas, como es el caso de un margen de la población que se ha de encontrar por fuera de la norma heterosexual. El hecho de que
estos imaginarios no tengan fundamentos sólidos sino que partan de diversas e inicialmente equívocas interpretaciones, traducciones y reproducciones del dogma cristiano, lo torna más grave y no se ajusta a las necesidades de las sociedades del siglo que
transitamos.
Es por las libertades consolidadas en el último cuarto del Siglo XX y estas primeras décadas del Siglo XXI que considero menester analizarlos, profundizarlos y descubrir sus lógicas y dinámicas para visualizar los posibles procedimientos al momento de superarlos.
Entre las múltiples expresiones de la diversidad sexual pretendo hacer foco en la homosexualidad y los “argumentos” que la iglesia judeocristiana ha producido y sigue reproduciendo sobre las distintas elecciones sexuales. Estas ideas conllevan un
abordaje mucho más profundo y una trayectoria ampliamente debatida, cuya última expresión de esta falsa dicotomía dogma cristiano-homosexualidad se expresó en el número de rechazo y discriminación presentado por la sociedad y palpado en las redes
sociales ante aquellos que consideraron imperioso celebrar abiertamente el Día del Orgullo LGBT+,durante el pasado lunes 28 de mayo.

1.NO ES NATURAL/ES ANTI-NATURAL:
¿Cuál es el criterio para definir qué es natural y qué no? Si se acude al diccionario de la RAE, y se toman las definiciones que es posible aplicar a esta interpretación de lo que es natural encontramos:
i- “Dicho de una cosa: Que imita a la naturaleza con propiedad”. En esta definición, y como contraargumento al dogma cristiano, se puede introducir el hecho de que estudios arrojan
que más de 1500 especies animales practican conductas homosexuales. Es decir, si una persona practica la homosexualidad está imitando a parte de la naturaleza: los animales.
Cabe destacar que los animales responden a instintos y su propia naturaleza, no están condicionados ni por la cultura, ni la educación, etc.
ii- “Que se produce por las solas fuerzas de la naturaleza, como contrapuesto a lo sobrenatural y milagroso”. Si aplicamos como válido lo natural, según esta definición no podrían ser válidas imperantes premisas que dan origen a la fe cristiana y con ella a sus dogmas, ya que parten de hechos sobrenaturales y milagrosos.
Es visible que no hay un criterio real para definir qué es natural o no por parte del dogma cristiano, e incluso el hecho de que sea o no natural no es un tema que debería abarcar la Iglesia. Ya que anteriormente a su formación y dogma, hablando más específicamente de la Iglesia Católica, la homosexualidad era una práctica recurrente en las civilizaciones antiguas como Grecia, Roma, etc. Esto demuestra que no corresponde a algo natural o no,
sino que a una construcción social, de algo que se dictamina en base al poder imperante de la Iglesia Católica como norma moral, y lejos está de un estudio científico fundamentado con las lógicas de las ciencias para llegar a determinarlo.

2. NO SE PUEDEN REPRODUCIR:
En este apartado hay una gran carga moral que no es adjudicada sólo a los homosexuales,
sino a la sociedad en general y está ligado al apartado anterior, la naturaleza. El hecho de que no se puedan reproducir se asocia a lo no natural, y esto responde a otras culturas, sociedades y épocas, ya que limita las relaciones sexo-afectivas a su función reproductiva, dejando totalmente de lado, y quitándole peso, al placer.
Esto parte de la necesidad en la época medieval de concebir hijos, por la lógica “un nuevo hijo equivale a un nuevo cristiano”. Cada cristiano va a trabajar su tierra, va a pagar diezmo y va a reproducir el cristianismo. Por esto también se condena la masturbación, ya que se desperdicia la “semilla” por placer en vez de para ampliar la descendencia.
El placer, y las relaciones simplemente por placer, tienen hoy un gran peso y están totalmente normalizadas, y previo al dominio moral de la Iglesia Católica, durante el Imperio Romano y la vida en las polis griegas, también; tanto el sexo por placer como el sexo entre personas del mismo sexo.
Y si esto era normal antes, y es normal ahora ¿qué pasó entre medio? Se instauró este aparato de ordenamiento supra estatal que, como todo aparato de ordenamiento, reprime e impone para poner orden a favor de sus dogmas.

3.VA EN CONTRA DEL MODELO DE FAMILIA TRADICIONAL:
Si acudimos al concepto de familia tradicional encontramos que es “… la familia conformada por padre y madre heterosexuales, casados por la iglesia católica, con hijos y en la que los roles están bien definidos” y la realidad es que este concepto de familia ha decaído en los últimos tiempos y nada tiene que ver con la homosexualidad. La caída
(período 1986-2007) en los hogares biparentales (cónyuges con hijos) es de 39,5% a 33,6%, en los extendidos o compuestos de tipo biparental (conformados por cónyuges con hijos más otros parientes y no parientes) de 11,1% a 5,8%. También se registra un aumento en los hogares unipersonales (constituidos por una sola persona) de 11,5% a 20,8% y en los hogares monoparentales con jefatura femenina (madre con hijos) de 6,7% a 10,8%. 1
Esto demuestra que no hay una correlación en la dirección hacia donde se mueve la sociedad/las demandas sociales y los fundamentos que plantea la iglesia. Incluso Jesús, según plantea la Biblia, no siguió este modelo de familia. Su madre, María, no estaba desposada cuando él se formó, e incluso no habían roles definidos. Él no se casó, no tuvo
hijos ni cumplió el rol de hijo u hombre como lo conocemos socialmente, es más, en una ocasión se escapó de su casa, con tan sólo 12 años (Lucas 2:41-50)

4.LA BIBLIA LO CONDENA:
En este segmento hay varios puntos a considerar, por lo tanto intentaré en un principio responder a algunas, según considero, incoherencias dogmáticas y, finalmente, profundizar en cuestiones meramente teológicas.
En primer lugar: es necesario destacar el doble criterio para condenar “pecados”, ya que parece ser, la homosexualidad es más pecado que juzgar al prójimo, premisa que se contrapone a lo que “la biblia dice”: ”No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y se os perdonará” (Lucas 6,37)
En segunda instancia: la literalidad con la que leen la biblia, libro que responde a otra época y cultura totalmente distinta, y que, aunque sea un libro dogmático que está pensado para atravesar culturas y ser reproducido por la eternidad, está limitado por cuestiones sociales del momento en el que fue redactado, abundan metáforas y referencias culturales. Esto se profundizará más adelante.
Olvidando por un momento lo planteado, en caso de tomar la biblia literal y siendo coherentes a lo que predica: las mujeres no podríamos opinar (“Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice” 1 Corintios 14:34), los hombres no podrían afeitarse (“No harán tonsura en su cabeza, ni raerán la punta de su barba, ni en su carne harán rasguños” Levíticos 21:5”) y en caso de que alguien no comparta la religión o costumbre de su familia/amigos, cuidado, porque (“Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente” Éxodo 32:27).
Es importante destacar que lo que dice la Biblia y lo que se interpreta de la Biblia, son cosas distintas. También que su lenguaje original fue el hebreo, arameo y griego antiguo, y que fue escrita entre 750 a. C. y 110 d. C, cuando la mayor parte de las poblaciones no sabían leer y se utilizaba el relato oral para reproducir sus historias. Esto es importante porque en las traducciones al inglés y el español sucedió que hay términos que no se pueden traducir de forma perfecta, ya que es posible que no existan en un idioma o el otro, también que hubo variación en sus interpretaciones y por lo tanto en sus reproducciones; el tiempo en el que fue redactada también afecta en la interpretación del libro sagrado, ya que durante las traducciones se adecuaron términos a pautas culturales. Por ejemplo, en el versículo que dice “¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni
los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales”
(1 Corintios 6:9). La palabra que usó San Pablo y se traduce a “homosexuales” es “MALAKOI” en griego, e incluso en un griego antiguo que ya no existe, el griego Koiné. La traducción más próxima a MALAKOI es “inmorales”, que en las traducciones se asumió hacía referencia a la homosexualidad, ya que era lo que en la época se consideraba más inmoral.
Había otros términos ya consagrados (palakós, kinaidos, etc) para designar en griego a los
homosexuales, si Pablo hubiera querido ser tajante con respecto a esto, hubiera utilizado esas palabras.
Por último, se asocia la condena de Sodoma y Gomorra a las prácticas homosexuales, ¿fue
realmente así? Los estudios del prestigioso investigador D. Sherwin Bailey, postulan que el severo juicio condenatorio de la conducta homosexual, que es constante en la tradición cristiana, se funda sobre todo en una interpretación errónea de la historia. Él muestra que el pecado de Sodoma no fue la práctica homosexual entre varones, sino que consistió precisamente en su orgullosa impiedad, que los llevó a despreciar las sagradas leyes de la hospitalidad para con los extranjeros. En contraste con la hospitalidad de Abraham y de Lot, los habitantes de Sodoma quisieron “conocer” a los huéspedes de este último. Pero acá hay que aclarar que el término hebreo yadha (conocer) no significa la mayoría de las veces conocimiento carnal, sin más precisiones. Por eso aquí podría significar simplemente la intención de saber quiénes eran los recién llegados, con actitud desconfiada y hostil hacia ellos.
La afirmación de Bailey se ve reforzada y corroborada al estudiar los demás pasajes bíblicos que hablan de Sodoma:
a) Se alude a Sodoma como ejemplo de impiedad, orgullo y falta de hospitalidad, que mereció por esto el castigo divino, pero nunca en relación con la depravación sexual: Ez 16, 49-50; Sab 19, 13; Eclo 16, 8; etc.
b) El mismo Jesús se refiere al castigo de Sodoma en relación con la falta de hospitalidad que pueden encontrar sus discípulos: Lc 10, 10-13.
c) El Nuevo Testamento nunca alude a Sodoma cuando reprueba las prácticas homosexuales.
Resumiendo, el pecado de Sodoma se cifra más en la falta de hospitalidad que en las prácticas homosexuales.


Para culminar, me parece pertinente destacar que hay quienes hoy están luchando desde distintas iglesias para terminar con estos estigmas, también el aporte de teólogos y cristianos que escaparon de su comodidad y luchan por los derechos LGBT+, como es el caso de Jhon J.
McNeill, quien fue un gran activista y además sacerdote, y expresó en su “Carta de la Congregación
para la Doctrina de la Fe sobre la atención pastoral a las personas homosexuales” (1986), fragmento con el que me parece pertinente concluir: “…una nueva exégesis de la Sagrada Escritura según la cual la Biblia o no tendría cosa alguna que decir sobre la
homosexualidad, o incluso le daría en algún modo una tácita aprobación, o, en fin,ofrecería unas prescripciones morales tan condicionadas cultural e históricamente que ya no podrían ser aplicadas a la vida contemporánea”.

1 Análisis de las trayectorias familiares y laborales desde una perspectiva de género y
generaciones, INE, 2009.

Salsipuedes: ¿Barbarie o progreso?

Salsipuedes: ¿Barbarie o progreso?

Transitaba el 11 de abril del año 1831 cuando el primer presidente electo de nuestro país, Fructuoso Rivera, luego del pedido de Lavalleja, citó, con la excusa de que los necesitaban para cuidar la frontera, a los caciques e indígenas charrúas a orillas del Arroyo Salsipuedes, un lugar donde no podían escapar. Estos ya habían peleado junto a Rivera en épocas de Artigas y, por lo tanto, los que concurrieron decidieron que no tenían motivos para desconfiar (otros caciques sospecharon y no asistieron). Cuando llegaron allí los recibieron amigablemente, los invitaron a tomar chicha y a dejar sus armas; luego de que llegaran a un estado de ebriedad Rivera le pidió al cacique Venado su cuchillo para picar tabaco, cuando este se lo extendió amablemente, Don Frutos desenfundó su revolver y le disparó, siendo esta la señal para que sus tropas, que estaban escondidas, comenzaran a abatir a los indígenas allí reunidos. Algunos historiadores y el relato oral dicen que fueron muchos más, pero oficialmente testificaron que hubo 40 muertos, 300 fueron aprisionados, y otros lograron escapar, aunque, al igual que los que decidieron no asistir, fueron asesinados en ocasiones posteriores; unos pocos, fueron enviados a Europa como algo exótico ya que eran las últimas muestras de esta especie.

Esta matanza fue casi el final de la lucha contra los charrúas, estos ya eran pocos, unos trescientos, pero se habían mezclado con unos seiscientos criollos, conformando una banda armada que cometía frecuentemente robos y asesinatos. Digo que es casi el fin porque tanto el abuelo Artigas, como el héroe, había hecho anteriormente campañas de seguridad, por lo que ya existía una especie de política de Estado al respecto. También, antes de la presidencia de Rivera, Lavalleja al mando del gobierno provisorio, dictó en febrero de 1830 una de las reglas más duras contra los malhechores de la campaña.

La realidad es que luego de consolidado el Uruguay, la sociedad casi toda consideraba que los indígenas eran la barbarie, salvajes que estorbaban en el modelo de país que buscaban construir. Principalmente los charrúas, que eran principalmente quienes conformaban la banda malhechora anteriormente mencionada; el resto de la población indígena, que eran numéricamente muchos más y en casi su totalidad de origen minuán y guaraní, se venían integrando con normalidad a la sociedad criolla[1]. Seguramente si la decisión de asesinarlos se hubiera sometido a sufragio, la sociedad lo avalaba. Sacar a los charrúas de “sus” tierras era considerado una necesidad para la seguridad social y para el impulso de la ganadería o el modelo de desarrollo nacional que ellos querían instaurar, lo que llamaban progreso. Desde el descubrimiento de América la domesticación o la inserción en la sociedad de los indígenas fue fervientemente ambicionada, las misiones jesuitas o hasta la inquisición en América fueron intentos fallidos de esto. Es por esto que Pablo Fabre[2] explica que el fracaso de un siglo y medio de intentos de pacificación indicaba que “el camino ideal estaba cerrado”.

La Historia con mayúscula, es decir, como disciplina, nos enseña a comprender el presente a través del pasado, y a no juzgar con ojos de este siglo a hechos de siglos anteriores. La idea de este artículo no es la búsqueda de culpables, ya que fue casi toda la sociedad, como tampoco de justificaciones con el argumento del mal actuar de los indios.

Con el afán de no caer en anacronismos solemos justificar la matanza, pero condenar a los indios, cosa que en mi opinión no tiene sentido ya que los charrúas también respondían a un contexto que puede ser “entendible más no justificado”.

Creo profundamente que nos debemos una gran reflexión y honesta autocrítica con respecto a los hechos. ¿Pueden los fines justificar tan retorcidos medios? ¿En nombre del progreso es defendible la matanza de Salsipuedes? ¿Es intelectualmente honesto tratar con tanta liviandad al tema? Con la excusa del contexto político-social o el fundamento de quienes lo hicieron… ¿“entendemos” y, por lo tanto, tratamos tan livianamente otros hechos que involucraban acatar un modo de vida o morir, como, por ejemplo, la inquisición?

Personalmente, creo que crucificar al fundador de nuestro partido no ayudaría en nada, porque como mencioné, no fue el único responsable, pero tanto reflexionar al respecto nosotros, como llevar a nuestras futuras generaciones a que lo hagan lograría, quizás, que la historia, increíblemente cíclica, nos agradezca.

Salsipuedes fue traición y asesinatos, también el pedido de paz de una sociedad que hace décadas no la conseguía.

Salsipuedes forma parte de una época oscura de nuestra historia, dejemos que, aunque las conclusiones incomoden, ésta nos enseñe.


[1] Óscar Padrón Fabre, Los charrúas-minuanes en su etapa final. México. Tierra Adentro ediciones, 2004. Página 79

[2] Óscar Padrón Fabre, Los Charrúas-minuanes en su etapa final. México. Tierra Adentro ediciones, 2004. Página 61.

¿Iglesia y feminismo?

¿Iglesia y feminismo?

Hace casi ya un año de la anterior marcha por el Día Internacional de la Mujer vienen a mi memoria carteles que compañeras levantaban proclamando cosas tales como “no existe el feminismo de derecha”, “Argimón traidora del feminismo” (entre otros) y considero oportuno y necesario que nos tomemos un tiempo para cuestionarnos estas ideas erróneas que tan mal le hacen al movimiento; partiendo de la base de que excluyen a compañeras, niegan la influencia de personajes que tanto han aportado a la lucha e ignoran que el feminismo, la lucha por la libertad de la mujer, trasciende colores o inclinaciones políticas.

Nuestra actual vicepresidenta, Beatriz Argimón, ha abogado desde hace muchos años por, entre otras causas feministas, una mayor participación de la mujer en el sistema político, pero no es en ella o su carrera en quien nos centraremos hoy. A lo largo del artículo se irán postulando brevemente ideas de dos pensadoras católicas que han aportado las premisas de emancipación, derecho al trabajo y educación de la mujer a finales del siglo XIX y principios del XX. Evidenciando así que también el ala más conservadora ha aportado a las críticas hacia el sistema patriarcal y que es posible una militancia feminista desde dentro de ellas.

Concepción Arenal, la mujer que se vistió “de hombre” para estudiar Derecho, tuvo una gran trascendencia en sus formulaciones tal que todo el debate feminista que se realizó durante el primer tercio del siglo XX poseyó la obra de esta. En su libro “La mujer del porvenir”, respondió a los argumentos que sostenían la inferioridad mental de la mujer, afirmando que las desiguales capacidades de los sexos eran consecuencia de las distintas realidades a las que estos se enfrentaban y, sobre todo, al déficit educacional que las mujeres arrastraban. Dejando expuesto que en profundidad del asunto el problema era la desigualdad de oportunidades.

Gimeno de Flaquer rechazó profundamente el artículo 213 del Código Civil Francés que decía: “el marido debe protección a la esposa y la esposa debe obediencia al marido”, argumentaba que era una frase humillante para la mujer tratándola de esclava. También tildó de inadmisible el debate de la inferioridad mental de la mujer, argumentando desde la teoría creacionista que “a los dos sexos los ha dotado de inteligencia” y desde la razón decía que “La supuesta inferioridad del sexo femenino no tiene base científica; su debilidad orgánica origínala el encierro en que ha vivido durante tantos siglos, su estrecha limitación a la vida del hogar, la falta de actividad, la carencia de educación física…”

De estos dos ejemplos lo que nos interesa es destacar el potencial igualitario de ciertos sectores conservadores. No intento argumentar que estos fueron los mayores defensores de las mujeres, pero sí que su discurso tenía y tiene la capacidad virtual de ser interpretado desde distintas sensibilidades y con distintos resultados. Es necesario tener en cuenta la evolución del pensamiento dentro del catolicismo, y a los individuos que respondieron con ideas revolucionarias para su entorno. Así, fue que feministas como Gimeno de Flaquer afirmó, por ejemplo, que “la evolución feminista es la continuación del cristianismo” o que “Jesucristo fue su precursor (del feminismo), predicando la igualdad de los sexos”. Estas reflexiones nos permiten calibrar la vitalidad de las ideas feministas tanto como la capacidad del discurso católico o más conservador de adaptarse a ellas.

La lucha por la libertad de la mujer es algo que nos debería comprometer a todos y todas, necesitamos ser conscientes de que señalarnos como más o menos capaces o categorizarnos entre nosotras por pertenecer a un sector u otro es nada más ni nada menos que consecuencia del mismo sistema patriarcal, no lo sigamos eternizando.