Criptoarte, un mundo al que también ingresó Messi

Messi se suma al mundo “cripto” mediante el criptoarte

El pasado 21 de agosto Lionel Messi puso a la venta en Ethernity un conjunto de obras digitales diseñadas por el artista BossLogic. Todos podemos verlas en su cuenta de Instagram y en las redes en general, entonces, ¿por qué alguien compraría algo que puede verlo, e incluso descargarlo, de forma gratuita? Para explicar esto primero tengo que comenzar por desarrollar de qué se trata esto del criptoarte y el mundo “cripto” en general.

Así como existen artistas que realizan obras físicas (pinturas, esculturas, etc.), existen artistas que realizan obras electrónicas (videos, imágenes, etc.).
Como todos sabemos, el problema de realizar este mismo trabajo en forma digital, o sea producir una obra artística única, es que ella puede copiarse y reproducirse en forma que sea exactamente igual a la original. Si no hay un objeto único, es entendible que la valuación del bien se encuentre en un rango muy inferior al que puede tener una obra única en el mundo.

Una aparente solución para los artistas digitales está en ligar un documento que certifique la originalidad de la obra electrónica con la propia obra. Eso llevaría a que las copias o reproducciones que se hagan sobre la pieza original puedan identificarse.
El problema de ese documento que tiene por función autenticar la obra u obras originales, es que no cuenta con la seguridad suficiente como para consolidar la imposibilidad de ser copiado. Si bien existen modos de descubrir si un documento electrónico es el original o una copia, ese proceso llevaría costos y tiempo, por lo que al final podemos concluir que este no es un medio eficiente para que el arte electrónico encuentre su medio de ingreso al mercado.

Ahí es donde entra este concepto del criptoarte, y enfatizo el término “cripto”, que es el que en definitiva otorga la seguridad que le faltaba al documento autentificador que antes nombré. Cuando hablamos de criptoarte, estamos hablando de arte que se mueve por el universo del blockchain.

Entiendo que el blockchain y “lo cripto” puede ser algo que no todos conocen, más allá de que sí sea probable que todos en algún momento hayamos escuchado sobre derivaciones de ello. Por ejemplo, el proyecto sobre criptomonedas que presentó el senador Sartori hace muy poco, o cuestiones muy populares como el bitcoin y la variación de su cotización.
A fin de poder explicar mejor lo que viene más adelante, muy básicamente y pecando de minimizar demasiado lo que es, cuando hablamos de blockchain nos estamos refiriendo a un sistema de realización de transacciones (en sentido amplio), mediante una red, que genera un registro utilizando la criptografía como herramienta para otorgar seguridad.

Tal como en un comercio se lleva la contabilidad registrando asientos de movimientos de caja en un libro físico, en blockchain lo que se hace es generar “bloques” concatenados con información de quien recibe y quien envía algo. Esos bloques son registrados por todos los “usuarios” de esa red, por lo que, a priori aunque existen muchas variantes de funcionamiento de este sistema, no estamos ante un sistema centralizado -como puede serlo un banco que controle las transferencias-, sino que existe una “democratización” del control, que a su vez es la clave de la seguridad que otorga el sistema, porque todos tienen una copia del “libro de contabilidad” que irá actualizándose a medida que se realizan y verifican nuevas transferencias, y que se autocontrola por sus propios miembros.
Por supuesto que esta definición puede generar algunas dudas, principalmente porque deja muchos vacíos en la enorme complejidad que tiene el blockchain y lo cripto en general. Quédense con la idea de que estamos ante un sistema que ofrece mucha seguridad en las transferencias, que en sus mejores exponentes es prácticamente imposible de hackear o falsificar en cuanto a sus registros refiere.

Retomando entonces el tema de la columna, el arte electrónico encuentra en esta solución tecnológica el medio ideal, porque goza de total seguridad a la hora de verificar la autenticidad del elemento artístico en cuestión.
Si yo creo una obra, y envío esa pieza de arte electrónico a otra persona, ella puede demostrar que la recibió de mí, y por ende, que tiene la pieza original, por lo que esta obra siempre será trazable hasta mí sin importar la cantidad de transferencias posteriores. No puede duplicarse esa pieza o piezas de arte autenticadas, más allá de que sí puedan existir copias, tal como yo puedo conseguir una copia del Guernica en internet y ponerlo de fondo de pantalla de mi celular, o buscar un artista que realice una reproducción exacta de la obra original que me plazca. Una reproducción de una obra de Picasso, Dalí o Velázquez no vale ni por asomo lo mismo que la propia obra realizada por mano de Picasso, Dalí o Velázquez.

Ahora, la seguridad no es la única ventaja que tiene para los artistas la utilización de blockchain. Este sistema permite también establecer, por dar un ejemplo, un programa de “regalías” por las que cada vez que se transfiera la pieza de criptoarte de una persona a otra, el artista creador de la obra recibirá un porcentaje. Allí estaremos ante la utilización de “Smart Contracts”, o sea, contratos que se autoejecutan sin la necesidad de intermediarios (de allí que, si soy el artista creador de la obra y realizo una venta con una cláusula que establezca regalías a mi favor, pueda cobrar automáticamente una cuota parte del monto transferido por esa reventa).

Por último, cabe entonces referenciar a la tecnología específica que utiliza el criptoarte dentro del universo del blockchain, esto es, el NFT, o token no fungible.
Así como una criptomoneda es un bien fungible, o sea, que no tiene valor por sobre otro igual, tal como las monedas corrientes (en principio, así como dos billetes de $100 valen lo mismo, dos unidades de bitcoin valen lo mismo). En los casos de tokens no fungibles, estamos ante elementos que son únicos, la distinción está en la autenticidad que tiene por sobre otro “igual”. Tal como la firma de una camiseta por un jugador conocido la hace más valiosa que una camiseta exactamente igual, pero sin esa firma, si yo tengo una imagen realizada por mi artista favorito, valdrá más si tengo esa imagen “tokenizada”, o sea, ligada a un mecanismo de autenticidad mediante la tecnología del blockchain, que me otorga una clave única, produciendo unicidad a la obra/bien/objeto electrónico.
Aunque por supuesto, que exista unicidad no significa que no pueda producirse más de una obra auténtica, como es el caso cuando se lanzan colecciones o series de una misma obra, realizada por el mismo artista, pero con una cantidad determinada. O sea, yo puedo distinguir una de otra porque tendrá un número de serie que la hace única, por más que la obra sea visualmente similar a otra. Pero además, y lo más importante, puedo decir que ella es auténtica.

En definitiva, el valor en este tipo de bienes podríamos decir que está en la firma del jugador conocido, en la autenticidad de que un cuadro fue hecho por Velázquez, o en que contamos con un NFT que nos asegura que una obra la hizo determinada persona, y no tanto en la camiseta, la belleza del cuadro o el archivo que contiene la imagen. El valor está en la autenticidad de haber comprado la pieza específica, y no una copia, duplicado o reproducción posterior.

Así encontramos que a día de hoy se han vendido tweets, videos de YouTube, obras de arte electrónico y muchas cosas más, por valores astronómicos.

Beeple (Mike Winkelmann), un artista digital y diseñador gráfico estadounidense, vendió por 57 millones de euros, mediante la utilización de este sistema, la siguiente obra:

Como se habrán dado cuenta, al compartir esta imagen en esta columna acabo de darles acceso a una obra que vale 57 millones de euros. Pero, tal como expliqué antes, esto es una copia, el comprador tendrá un NFT que otorga autenticidad de que la unidad que él tiene es la creada por Beeple.

La obra única “Lionel Messi: ‘The Golden One’ ” se vendió por U$S 9.735.720, su actual dueño es @t-rex.

Lo interesante es que cada vez más veremos este nuevo tipo de comercialización del arte electrónico, incluso con la creación de museos de arte, como el MALa, primer museo de criptoarte latino del mundo.

Link a la obra en Ethernity: https://ethernity.io/lionel-messi-the-golden-one/0x912BA2984910F9e3576Df76ccBBbA3B8e8b1dD97/1

Link a MALa: https://www.mala.gallery/

Consideraciones jurídicas sobre el proyecto de ley de eutanasia y suicidio asistido

Consideraciones jurídicas sobre el proyecto de ley de eutanasia y suicidio asistido

Artículo escrito por Juan Diego Romero y Gonzalo Méndez

Luego de la presentación del proyecto sobre eutanasia y suicidio médicamente asistido, comenzó en la sociedad la discusión propia de los temas que pueden generar una polarización de ideas. En este caso, regulación o prohibicionismo. El mundo jurídico no es ajeno. Hemos oído variadas opiniones al respecto; opiniones algunas que tienen como única motivación la búsqueda de apoyo a su posición, incluso fundamentando en base a falacias argumentativas. Así se instala la desinformación, cuestión harto problemática en nuestros tiempos, que poco aporta a la construcción de ideas y argumentaciones fundadas.

Esta iniciativa legislativa debe afrontarse con la seriedad que merece, con una visión humanista y liberalista, reafirmando el ideal reformista que caracteriza y marca la Historia de nuestro Estado de Derecho.

Luego de realizar algunas lecturas del tema analizando esta iniciativa legislativa, encontramos lo que creemos pueden ser algunos puntos sobre los que nos gustaría poner el foco.Así como entendemos que el proyecto cuenta con una base sólida, encontrando y proponiendo una solución primaria a un problema hoy latente, en consonancia con la normativa supralegal, creemos que deben contemplarse la mayor cantidad de aristas posibles para alcanzar una regulación que otorgue las garantías y la seguridad necesaria para los actores intervinientes por tocar derechos sensibles. Esbozaremos puntos a profundizar y/o agregar.

1. Colisión con Código de Ética

En primera instancia, si bien quienes impulsan el proyecto explicaron públicamente las razones éticas por las cuales no se contempla, debería derogarse o modificarse el artículo 46 del Código de Ética Médica (establece: “La eutanasia activa entendida como la acción u omisión que acelera o causa la muerte de un paciente, es contraria a la ética de la profesión”). Lo mismo, en cuanto al artículo 17 Literal D de la ley 18.335, ya que expresamente se opone a la posibilidad de recurrirse a la eutanasia para el adelantamiento de la muerte. Si el proyecto de eutanasia se aprobara, subsistiendo tales disposiciones, posicionaría a todos los médicos en un limbo jurídico indeseable frente a la contradicción de las normas; y no solo al médico, sino que también arremete contra las garantías y derechos de los pacientes, ya que estos (teniendo la posibilidad de recurrir a la eutanasia) podrían encontrar graves restricciones a su derecho de seguir ese camino.

Podría, sin embargo, ensayarse una armonización de las disposiciones del proyecto y -específicamente- el artículo 46 del Código de Ética, señalándose que, en realidad, la eutanasia sigue siendo una falta ética -regla general- a menos que se practique en la forma y bajo las estipulaciones que se establecen en el proyecto de ley -excepción-. Somos conscientes que esta interpretación no se condice con el espíritu del artículo 46, pero ciertamente es una de las alternativas posibles para respaldar los derechos y garantías del paciente y, además, a los profesionales que la practiquen a pedido de aquellos.

2. Salud mental

Frente a la relevancia y las consecuencias de la decisión, entendemos acertada la intervención de dos médicos en el examen del paciente. Estos médicos serán quienes determinen si, en el caso, resulta procedente y se dan los requisitos necesarios para recurrirse a la eutanasia. Sin embargo, y frente a la indeterminación o amplitud del término “médico” en el proyecto de ley, entendemos pertinente que se establezca expresamente la necesaria participación de un profesional de la salud mental.

Como señala Aller (aunque el autor no está de acuerdo con la eutanasia) “hemos logrado controlar el dolor superficial (…) pero no tenemos panacea para el dolor profundo que proviene del miedo, el abandono, la soledad, la angustia, lo desconocido, la falta de esperanza y de ilusión” (1); y se podría agregar la profunda depresión frente a la agonía y frente a la destrucción del proyecto vital.

Estos, constituyen la sintomatología más o menos regular de los pacientes terminales o incurables; agregado al padecimiento físico o superficial que, aunque puede ser controlado, tiene graves consecuencias.

En este sentido, y también como respuesta a quienes postulan que los cuidados paliativos son suficientes -excluyendo, de tal manera, la eutanasia- veamos lo siguiente. La llamada sedación paliativa (género), tiene diferentes modalidades. La moderada, donde el individuo tiene un umbral de conciencia disminuido, pero responde todavía a estímulos auditivos y táctiles, donde se le administran bajas dosis de opiáceos; la sedación leve, suave o ligera, donde se le administran sólo ansiolíticos, por lo que el paciente mantiene su conciencia, es decir, queda despierto. Y, por último, la sedación en la agonía (o profunda), se trata del mayor grado de sedación; cuando el enfermo no responde a ningún tipo de estímulo, administrándole -en consecuencia-, opiáceos a grandes dosis, etc. Esta sedación hace perder completamente la conciencia al paciente.

¿No parece razonable respetar que algunas personas no deseen estar de esta manera? Nosotros entendemos que es totalmente válido que una persona no desee quedar totalmente sedada para “soportar” sus padecimientos. Y, más allá de que se pueda controlar el dolor físico, no se puede combatir los otros sufrimientos. Las personas sufren, y sufren mucho. Y, a esta altura, realmente no parece comprensible por qué muchos se obstinan en impedir que el paciente tenga la libertad de elegir cómo afrontar su sufrimiento.

Nos preguntamos… ¿Es legítima esa restricción del campo de decisión por otros? Pero es peor, porque esa restricción, no es solo una restricción, es la imposición de la decisión contraria, imponiendo al individuo el camino de los cuidados paliativos (que perfectamente el paciente podría no desear para sí, porque tampoco es obligatorio) o el sufrimiento puro. Además, sostener que la “moral pública” se ve atacada para defender convicciones personales no es aceptable, y mucho menos si ello lleva a limitar libertades personales. En tal sentido, compartimos plenamente la posición del Fundador y Presidente del Comité Científico de la Sociedad Internacional de Bioética (SIBI) y miembro del Comité de Bioética de España, Marcelo Palacios, quien dijo que: “El Estado, la sociedad, el gobernante o el legislador no tienen derecho a incautar el modo de morir de algunos enfermos para sostener a ultranza unos valores o derechos relativos o abstractos, máxime cuando no causa quebranto social ni obliga a su cumplimiento a quienes no lo comparten” (2).

3. Objeción de conciencia del médico y consecuencias

Como destaca Blengio, el proyecto tampoco deja demasiado claro el derecho a la objeción de conciencia del médico o personal sanitario (3). Entendemos que debe estar expresamente establecido ya que, así como entendemos que no puede limitarse (e imponerse) la elección a los pacientes, negándoles elegir sin restricciones de ese abanico de alternativas (incluida la eutanasia); creemos que el médico no debe ser obligado a practicar la eutanasia si así no lo desea. Deben respetarse todas las decisiones en juego y las convicciones íntimas y personales de cada uno de los de actores.

Esto, sin embargo, no puede traer aparejado una vulneración de los derechos de los pacientes. En este sentido, debería estar también expresamente previsto cómo debe procederse en tal caso. Es decir, establecerse que, si el médico decide apartarse, otro médico deberá hacerse cargo de la situación o, en caso de que la institución médica en conjunto decida no practicarla, derivar al paciente a otra institución. Asimismo, como agrega Blengio, “no se releva esta intervención médica dentro de la atención de la institución ni como prestación sanitaria dentro y eventualmente considerada como parte del Sistema Nacional Integrado de Salud” (4).

Una realidad innegable

En 2017, la escritora francesa Anne Bert publicó, post mortem, su libro “El último verano”. En él cuenta cómo afronta ese escabroso pasaje por lo que serían los últimos momentos de su vida. Anne, luego de luchar incansablemente por la legalización de la eutanasia en Francia, no encontró otra solución que viajar a Bélgica para dar fin a su vida según sus propias convicciones.

En uno de los pasajes de su obra cuenta:

Morir no es mi proyecto de vida, no quiero morir, es la ELA mi adversario, que me está matando, me niego a pasar un pacto con el enemigo, a colaborar, a observarla mientras está construyendo mi cárcel. Rechazo una agonía que sería solo una inútil lucha llena de angustias. No renuncio a asumir la responsabilidad del final de mi vida porque es parte de mi vida. No la entrego en contra de mi voluntad al cuerpo médico, me queda una última libertad, la de elegir cómo voy a morir”.

Luchemos por reforzar la libertad de todos nosotros, para elegir el sendero de nuestra historia y busquemos los consensos necesarios para reconocer una realidad que está presente ante nuestros ojos.

Referencias

  1. ALLER, G. (2005). “Eutanasia, Eugenesia y Vida”. Criminología y Derecho Penal T.I.
  1. PALACIOS, M. (2011). Asistencia a la muerte con dignidad y Convención sobre los Derechos Humanos y la Biomedicina. Autonomía personal, cuidados paliativos y derecho a la vida (N°1).
  1. BLENGIO, M. (2020). ¿Por qué hablar de eutanasia? Revista de Derecho Público (N° 57).