Nuestras Pesadillas (XXXII)

Nuestras Pesadillas (XXXII)

La explicación de porqué los socialistas no estaban conformes en noviembre de 1958 no es compleja. Habían sido críticos férreos del gobierno derrotado pero la votación continuaba siendo baja pese a que lograron mantener la bancada y se registró un leve aumento de los sufragios.

Resultó evidente que las masas ciudadanas golpeadas por la crisis no se habían volcado por el socialismo sino por una opción liberal-conservadora. El partido seguía sin llegar a la mayoría de la gente de a pie. Por tanto, hacia 1959 surgió con fuerza la idea de que debía abrirse a nuevas perspectivas.

Ya conocemos la historia: entre 1959-1961 se gestó la Unión Popular bajo el impacto de la Revolución Cubana y en las elecciones de noviembre de 1962 fracasó estrepitosamente. Admito mi absoluta sorpresa ante la afirmación de Héctor Amodio Perez de que antes de aquella decepción electoral los futuros tupamaros ya no creían en la democracia y por tanto, no les afectó tanto esa frustración

El ex dirigente socialista José Diaz, que fue asesor legal de los cañeros en el libro “La Revolución Imposible” (2004) de Alfonso Lessa y Julio Louis, que militó en el Partido Socialista en ese tiempo, en el libro “La Revolución a la vuelta de la esquina. La izquierda revolucionaria uruguaya 1955-1973” (2006) de Eduardo Rey Tristán, sostienen claramente que el desastre de la Unión Popular generó a los tupamaros.

Más allá de estos testimonios divergentes, es probable – habría que estudiar más el tema- que aún antes de 1962 ya existiera, en una parte de la juventud socialista, un descreimiento sobre la democracia. La Revolución Cubana no hizo más que potenciar este sentimiento. De todas formas el proceso que llevaría a la opción violenta fue sinuoso

También ya conocemos lo que sucedió después de 1962: el artículo del 16 de marzo de 1963 de Raúl Sendic en El Sol titulado “¿Un Revólver o la Constitución?”; la fundación del Coordinador; el robo de armas al Club del Tiro Suizo; la convención en el chalet de Parque del Plata en 1965 que marca el nacimiento de los tupamaros; la debacle en diciembre de 1966; el período oscuro del año 1967 y finalmente, la reaparición en agosto 1968 con el secuestro de Ulyses Pereira Reverbel. A partir de ese momento los tupamaros comenzaron a crecer y su accionar se hizo más continuo e intenso.

Pero.. ¿y si este análisis del período 1959-1968 es tan parcial cómo incompleto? ¿De qué nos estamos olvidando?

Nuestras Pesadillas (XXXI)

Nuestras Pesadillas (XXXI)

Entre 1955-1958 el Partido Socialista sufrió un importante proceso de cambios internos. El punto de partida fue su XXX Congreso celebrado el 21 de octubre de 1955. El viejo partido de corte socialdemócrata de Frugoni comenzó a agonizar. El revisionismo histórico (Vivian Trias se inspiró en el intelectual argentino Jorge Abelardo Ramos), el nacionalismo de izquierda, el tercerismo, una relación más fluida en el campo sindical con los comunistas, fueron señales inequívocas de ello.

Paralelamente se producía otra agonía mucho más dramática y a una escala mayor. Pese a todos sus esfuerzos Luis Batlle no pudo sortear la crisis económica. El brote inflacionario que se produjo entre setiembre y diciembre de 1956 afectó a varios componentes de la canasta familiar (pan, carne, tarifas públicas, boleto), y provocó un fuerte descontento popular. Las largas colas frente a los puestos de Subsistencias fueron una de las pruebas más contundentes del desabastecimiento y como consecuencia inmediata del mismo, el encarecimiento. Un asesor económico de Luis Batlle, el contador Luis Faroppa, advirtió que por lo menos desde 1954 existía una crucial disyuntiva económica: se continuaba con el modelo productivo de “sustitución de importaciones” en cuyo caso el nivel salarial y el empleo no podrían mantenerse o bien, se reestructuraban los fundamentos de la producción.

El problema era que Luis Batlle ya no tenía margen de maniobra. Para colmo, además de la feroz disputa interna con la lista 14, se le agregaron dos factores políticos externos: la reunificación del Partido Nacional (el herrerismo y el nacionalismo independiente volverían a votar bajo el mismo lema) y la aparición de la Liga Federal de Acción Ruralista bajo el liderazgo de Benito Nardone “Chicotazo”.

Surgido al margen de los partidos políticos y convocando en cabildos abiertos a blancos y colorados por igual, “Chicotazo” – con el padrinazgo de Domingo Bordaberry- logró formar una fuerza gremial muy cohesionada que pasó al ámbito político. Implacable crítico del batllismo, su audición diaria en Radio Rural tuvo una amplia audiencia. Un detalle importante: “Chicotazo” le pegaba por igual a la 15 y a la 14. La alianza electoral Herrera-Nardone no tardó en producirse

Pero ahí no terminaron las tribulaciones de Luis Batlle, la crisis desató la conflictividad sindical (frigoríficos, textiles y caucho) y a esto se le sumó las movilizaciones de los universitarios por la Ley Orgánica.

La derrota del Partido Colorado en las elecciones de 1958 fue catastrófica (perdió en 18 de los 19 departamentos de la República) y, la nueva generación de socialistas no quedó para nada conforme con el resultado electoral. Todo lo contrario.

¿Por qué…?

Nuestras Pesadillas (XXX)

Nuestras Pesadillas (XXX)

¿Y si la Revolución Cubana fue una de varias causas de la lucha armada en Uruguay? Para intentar responder a esta pregunta es bueno recordar que en los años cincuenta a la par que el capitalismo se expandía, el mundo colonial – Asia, África y Oriente- se derrumbó y emergieron los nacionalismos populares en los países del llamado Tercer Mundo. Los jóvenes socialistas de aquel tiempo observaron el proceso descolonizador con avidez, así como las nuevas realidades latinoamericanas. En junio de 1954, el presidente de Guatemala, Jacobo Árbenz, se convirtió en el primer líder latinoamericano en ser derrocado por el gobierno de los Estados Unidos. Esto fue impactante para la militancia socialista. Frugoni condenó este hecho pero, también, culpó al comunismo de ser responsable de la tragedia.

La guerra civil de Argelia que enfrentó al Frente Nacional de Liberación con el ejército francés provocó tensiones en la interna socialista. El primer ministro de Francia era el socialista Guy Mollet y no estaba dispuesto a conceder la independencia a los argelinos. La represión fue durísima. El entonces ministro de Justicia Francois Miterrand no sólo justificó la intervención, sino que planteó el otorgamiento de “plenos poderes” a los militares. El Partido Socialista tenía una larga y fraternal relación con el socialismo francés y de acuerdo con el historiador López D’Alessandro la conmoción, ante estas acciones, fue tan grande que provocó su retiro de la Internacional Socialista cuando Mollet fue nombrado vicepresidente de la misma.

Aquel partido de raíz histórica pro occidental, democrática, mitrista y eurocéntrica ya no sintonizaba con los cambios vertiginosos que se producían a nivel mundial.

A su vez, en las elecciones de noviembre de 1954, con una situación económica y social incierta, una amplia mayoría ciudadana apostó por Luis Batlle. Si bien el líder colorado fue muy eficiente en ganar la justa electoral, da la impresión que confió demasiado en sus capacidades – que no eran pocas – para resolver una crisis latente que tenía varias aristas.

Dejando de lado, momentáneamente, los indicadores económicos, en 1955 existía una cuestión política central: el Partido Colorado estaba en un permanente estado de guerra interno entre el batlleberrismo (lista 15) y el batllepachequismo (lista 14). La feroz disputa entre la 14 y la 15 sobre cuál era la solución correcta para paliar el déficit fiscal impidió lograr los votos parlamentarios para aprobar el plan impositivo (pese a que la l5 logró el apoyo de la mayoría de la Convención batllista). Entre agosto – octubre de 1955 el gobierno de Luis Batlle quedó virtualmente paralizado. En mayo de 1956 se produjo el alejamiento definitivo de los ministros catorcistas del gabinete y la 15 quedó gobernando casi en solitario mientras la crisis económica se agravaba.

(Admito que aun no comprendo totalmente porqué EE.UU. le soltó la mano a Luis Batlle pero es indudable que los resultados de su visita a ese país, 5 al 28 de diciembre de 1955, fueron magros. EE.UU. no estaba dispuesto a sustituir a Inglaterra como comprador de nuestras materias primas)

Estos hechos no hicieron más que confirmar a la nueva generación de jóvenes socialistas, la certeza de sus pronósticos. En 1956, el diputado Mario Cassinoni, dejó su banca para asumir como Rector de la Universidad de la República. Fue sustituido por Vivian Trías que tenía una visión nacional, latinoamericana y tercermundista, diferente a la socialdemocracia de Frugoni.

Trías representaba mejor los anhelos de aquellos que jóvenes socialistas- entre los que estaban Raúl Sendic, Raúl Sendic, Julio Marenales, Juan Almiratti, Jorge Manera, Hector Amodio Perez y otros jóvenes más – inconformes “frente a la falta de empuje revolucionario del partido” como dirían textualmente en 1970.

Había llegado su hora.

Nuestras Pesadillas (XXIX)

Nuestras Pesadillas (XXIX)

El historiador Lincoln Maiztegui hacía notar que el análisis de los resultados de las elecciones de 1950, mostraba a un Luis Batlle victorioso pero, de ninguna manera, se había convertido en un líder hegemónico del batllismo. La diferencia de votos entre la lista 15 (diario Acción) y la lista 14 (diario El Día) era de apenas 10.332 votos.

En 1950, pese a la prosperidad económica, la lista 15 no controlaba a todo el batllismo. Existía otro grupo, bastante poderoso, que se consideraba el auténtico intérprete del legado de José Batlle y Ordoñez. Los Batlle Pacheco – César, Lorenzo y Rafael- son, inexplicablemente, los grandes olvidados de la historia uruguaya. No me detendré a explicar su pensamiento filosófico, social y económico, pero era una realidad que no estaban para nada conformes con la actuación de su primo Luis.

Se ha afirmado que la reforma constitucional de 1952, que implantó el Colegiado integral, resultado de un pacto político entre el presidente Andrés Martínez Trueba, la Lista 14 y el caudillo blanco Luis Alberto de Herrera, tuvo por cometido de restarle poder a Luis Batlle. Algo que es bastante cierto, pero los socialistas hicieron otras consideraciones.

Pese a que el Partido Socialista conducido por Emilio Frugoni era colegialista, se opuso al pacto reformista por considerarlo un nuevo reparto de cuotas de poder en el Estado que exacerbaría el clientelismo. Además se consolidaba una alianza entre colorados y blancos para reprimir a los trabajadores.

Hay un dato de la realidad: en octubre de 1951 hubo una huelga general solidaria con el conflicto de ANCAP, que duró casi tres semanas. En marzo de 1952 se implantaron Medidas de Seguridad contra los trabajadores de Salud Pública. En setiembre de este mismo año, hubo nuevas Medidas Prontas de Seguridad, esta vez contra los trabajadores del transporte, fue la huelga general de los gremios solidarios, donde participaron 34.000 trabajadores y duró 16 días.

Estos conflictos coincidieron con un momento de mucha tensión entre Uruguay y la Argentina gobernada por Juan Domingo Perón. Existió el temor en el gobierno que se estuviera frente a un intento desestabilizador del peronismo que tenía “Agregados Diplomáticos Sindicales” en varias embajadas de América Latina.

Al margen de esto, no hay dudas que los jóvenes socialistas de la generación de Raúl Sendic vivieron muy intensamente aquellas jornadas de lucha en un Uruguay que aún disfrutaba de la bonanza económica y las libertades democráticas. En una entrevista a Raúl Sendic, publicada por El Sol el 7 de octubre de 1952, expresaba que el apoyo a las Medidas Prontas de Seguridad tanto de las cámaras empresariales como de ambos partidos tradicionales corroboraba “la interpretación que hicimos del pacto batlli-herrerista calificándolo de un acuerdo reaccionario”, cuyo objetivo era la defensa “de privilegios en una época de crisis”.

Resulta muy significativo y revelador que Sendic en 1952 ya hablara de “crisis”. ¿Exactamente que crisis había en el Uruguay en 1952? Esta visión no era, por cierto, una posición individual, sino que representaba el sentir de los jóvenes socialistas que ya pensaban en cambiar el rumbo que Emilio Frugoni le había imprimido al socialismo desde su fundación.

En ese momento histórico, 1950-1954, la Revolución Cubana no estaba en el horizonte. Pero…¿ y si existieron otros factores previos que debemos tener en cuenta para comprender mejor el origen de los tupamaros?

Dicho en otras palabras: ¿y si el influjo de la Revolución Cubana fue una de varias causas de la lucha armada en Uruguay?

Nuestras Pesadillas (XXVIII)

Nuestras Pesadillas (XXVIII)

Retornemos al pasado. Existe un documental realizado por los norteamericanos del Uruguay de los años ’40 que muestra un país modelo, con edificios modernos y pulcros, calles limpias y gente feliz. Europa estaba en guerra, pero el paisaje urbano uruguayo mostraba prosperidad. ¿Esa visión era real? Mi opinión es que sí, sin dudas, aunque parcial. Existía un mundo (urbano y culto) subterráneo que Juan Carlos Onetti reflejó en sus obras literarias. Un malestar, un pesimismo cercano al nihilismo. El personaje de “El Pozo” Eladio Linacero dice: “Detrás de nosotros no hay nada. Un gaucho, dos gauchos, treinta y tres gauchos…”

Ahora bien. El 1º de marzo de 1947, en tiempos de la Guerra Fría, el batllismo retornó al poder y si uno observa los primeros meses del gobierno de Tomás Berreta vemos la ausencia del “obrerismo” del primer batllismo. Los convenios salariales firmados durante la administración de Amézaga comenzaron a expirar y la conflictividad sindical aumentó. En el mes de abril estalló una huelga en la construcción, otra en el puerto, seguida por los ferrocarriles. Ante ello Berreta impuso una política de “mano dura”, les aplicó el Código Penal e intentó reglamentar los sindicatos. El batllismo ya no era el mismo.

La muerte de Berreta y el ascenso de Luis Batlle marca un cambio en las relaciones gobierno- clase trabajadora pero, hay un detalle sugestivo: el Partido Socialista, todavía bajo la conducción de Emilio Frugoni, dejó ser el “partido picana” del batllismo y se convierte en crítico contumaz del batlleberrismo. No lo “picanea” para vaya más rápido en sus reformas sino que censura sus acciones gubernativas: industrialización sin planificación, improvisación en la política económica, clientelismo. El 3 de febrero de 1948 el periódico socialista El Sol advertía que Luis Batlle ante el motivo más insignificante, se trasladaba “a los rincones más apartados de la República. Previamente preparado el ambiente y la escena – probablemente por una mano oculta en los despachos del propio Presidente- viaja el primer magistrado acompañado por numeroso y sobre todo, costoso séquito. Paisanadas a caballos, unidades del Ejército, funcionarios, niños de las escuelas, esperan a la caravana presidencial al término de cada viaje”. O sea que el Presidente de la República estaba en una campaña electoral permanente.

Raúl Sendic, Julio Marenales, Juan Almiratti, Jorge Manera, Hector Amodio Perez y otros jóvenes más, ingresan a un Partido Socialista muy crítico con…¿el batllismo? Acaso, ¿no es más atinado decir que las críticas socialistas iban dirigidas a la interpretación del batllismo que hacía Luis Batlle?

Entre fines de los cuarenta y principios de los cincuenta, los futuros tupamaros militaron contra el batlleberrismo, pese a la prosperidad económica y la plena vigencia de las libertades. ¿Estaban imbuidos del espíritu “onettiano”? No se trata que leyeran a Onetti que, de hecho, negaba a la escritura como compromiso y militancia política. Sino que tenían esa mentalidad o sensibilidad de vivir en una sociedad gris y opresiva, sin salida posible.

De todos modos, aquella militancia socialista anti- batlleberrista, tuvo consecuencias.