“Pegale en otro lado, no en tu casa”

“Pegale en otro lado, no en tu casa”

En un acto político multitudinario, el actual candidato y expresidente brasileño Luiz Inácio “Lula” da Silva lanzó un exabrupto descomunal, de esos que no hay disculpa que los arregle.

Enfervorizado, gritó a sus adherentes: “si querés pegarle a una mujer, pegale en otro lado, no en tu casa”.

Una supone que no habrá querido decir lo que efectivamente dijo. Que fue uno de esos “lapsus” en que la gente declara algo muy distinto a lo que quería expresar.

Lo cierto es que la violencia de género es uno de esos temas en que más deberíamos medir nuestras palabras, porque se trata una gravísima disfunción social que compromete la convivencia en toda América Latina. Y que aparezca en los discursos que declaman los políticos para ganar votos, no significa que esté suficientemente internalizada por ellos mismos.

A lo largo de mi vida política he escuchado todo tipo de opiniones sobre este asunto, algunas francamente infundadas y peregrinas. Están aquellos que creen que nuestras denuncias contra la violencia de género son influidas por un supuesto feminismo radical que agrede ciegamente a los hombres.

Nada más lejos de la realidad.

Los números de femicidios colocan a Uruguay en un vergonzante ránking internacional (como también ocurre con los suicidios), en proporción a la cantidad de habitantes.

Y está claro que la incidencia del femicidio dentro del hogar es aplastantemente mayoritaria, en comparación con los crímenes de hombres cometidos por sus parejas o exparejas mujeres.

Entender el problema y valorarlo en toda su dimensión no significa subirse al carro de radicalismos tontos como lo de “muerte al macho”.

Suponer que la causa de defensa del derecho a la vida de las mujeres es patrimonio del Frente Amplio (como lamentablemente postulan algunos dirigentes -pocos y aislados- que integran nuestra coalición republicana) significa concederle a la oposición una fortaleza de la que carece, porque si ha habido regímenes con violencia machista (y homofobia), estos han sido los colectivistas afines al marxismo.

El embanderamiento de las izquierdas actuales con la causa feminista tiene más que ver con una tendencia de “izquierda woke” que, lejos de estar en las fuentes intelectuales que los alimentan, proviene de determinadas universidades norteamericanas y europeas que han instalado nuevos paradigmas, al advertir que el mito de la lucha de clases está completamente perimido.

Pero somos nosotros, los republicamos y liberales, quienes más hemos levantado las banderas de la igualdad de género y el respeto a las minorías, y también quienes tenemos la responsabilidad de seguir haciéndolo, en procura de un futuro de verdadera inclusión y libertad.

Somos nosotros quienes debemos denunciar las atrocidades que comete no solo el machismo en las sociedades occidentales, sino también los vejámenes a que son sometidas las mujeres en las naciones aún gobernadas por oscurantismos religiosos y fanáticos. Es el caso de Afganistán, donde la actual “revolución” de los talibanes ha llevado más bien a una trágica involución de los derechos de las mujeres, aunque las feministas de izquierda no reparen en ello, por ser los talibanes enemigos de Estados Unidos.

En nuestro país, el actual gobierno ha dado pasos importantes en el combate a la violencia de género. Recordamos que una de las primeras medidas de la ministra Azucena Arbeleche fue la adquisición de tobilleras electrónicas, elemento imprescindible que en gobiernos anteriores había probado su eficacia pero resultaba escaso para la alta demanda generada. También se inició el camino de la incorporación de juzgados especializados en violencia de género, un objetivo que los gobiernos del FA habían aprobado a nivel jurídico, pero nunca concretado en la práctica.

Ha habido desde 2020 una eficaz labor de Inmujeres, el instituto del Mides específicamente destinado a esta tarea.

Pero los logros de la coalición republicana aún son insuficientes.

Los niveles de denuncias por este tipo de violencia todavía son elevados y hace falta una mayor severidad del Estado en políticas de prevención.

Los fondos otorgados para atender este problema siguen siendo menores a los que se reclaman.

Por eso el 27 de agosto pasado, la Convención Nacional del Partido Colorado votó una declaración en que expresa “su firme aspiración a que en la Rendición de Cuentas a estudio del Parlamento Nacional y en futuras instancias presupuestales se incluyan los recursos que reclaman el Poder Judicial y la Fiscalía General de la Nación, en particular los destinados a mejorar la calidad de la respuesta a las situaciones de violencia contra niños, niñas, adolescentes y mujeres, en línea con la Declaración de Mujeres Coloradas del 23 de setiembre de 2019. Un Poder Judicial fuerte, independiente y con recursos suficientes, constituye una condición ineludible para un funcionamiento institucional republicano y democrático”.

En esto, como pasó con Lula, todos corremos el riesgo de caer en “lapsus” que empeoren la situación en lugar de corregirla.

Deporte: salud y valores

Deporte: salud y valores

Está bien que el fútbol uruguayo acapare los titulares: nadie duda que nos enorgullece y que es, en muchos sentidos, una de nuestras cartas de presentación al mundo.

Pero reconozco que a veces me parece injusto que los logros internacionales alcanzados por compatriotas en otros deportes no tengan la misma notoriedad.

En esta columna quiero referirme a Felipe Klüver, el mercedario que se convirtió en Campeón Mundial de Remo sub23 en Varese (Italia) y que al retornar al país en estos días, tuvo un cálido recibimiento.

Entre Cardona y Mercedes, una extensa caravana de automóviles y muchísima gente acompañó al campeón, que se alzó con la primera medalla de oro obtenida por Uruguay a nivel mundial.

La Intendencia y la Junta Departamental de Soriano, con el intendente Guillermo Besozzi a la cabeza, rindieron homenaje a Klüver y a toda la delegación del gran Club de Remeros Mercedes, que integraron Marcelo Trigo, Cloe Callorda, Paulina Centurión, Yuliana Etchebarne, Zoe Acosta, Ynela Aire y Joaquín Vázquez.

Se sumaron ediles de los partidos Colorado, Nacional y Frente Amplio, en reconocimiento a un deportista y un club que mucho han hecho por el remo, tanto en el país como en las más exigentes competencias internacionales.

Provengo de Soriano y puedo decirlo con propiedad: el río Negro da a la ciudad de Mercedes ese ímpetu tan especial en que la naturaleza y el ansia de superación se conjugan, para un desarrollo del remo que concita el interés y la participación de todas las generaciones.

En momentos en que los uruguayos debatimos con esfuerzo una transformación educativa, de todo punto de vista imprescindible, es importante dar un lugar de destaque a la actividad física.

Incluso en la competitividad inherente al deporte se cultivan positivos valores de trabajo en equipo y valorización del esfuerzo, tan necesarios en sociedades como las nuestras, habitualmente divididas en posturas irreconciliables y empantanadas en rutinas paralizantes.

En ese trabajo, hay que derrotar para siempre el estereotipo que opone el desarrollo intelectual al físico, caricaturizado en la pretensión de que los mejores deportistas desatienden su costado intelectual.

Nada hay más falso que ese prejuicio.

Y podría advertirse que es al revés: que el rendimiento académico se potencia cuando se inculcan desde la niñez la práctica y los valores del deporte.

A eso me gustaría agregar un reconocimiento especial a la Secretaría Nacional del Deporte y la Asociación Uruguaya de Fútbol, por la recientemente lanzada iniciativa de una “Copa AUF sin género”, que se otorgará al club que logre mayor puntaje sumando los de sus equipos masculinos y femeninos.

Vean qué interesante y compartible es la explicación que da el presidente de la AUF, Ignacio Alonso: “el término Sin Género que reluce el nombre de la competición se remite a que el ganador de la Copa es una institución sin distinguir el género masculino o femenino (carácter binario que rige en las categorías de fútbol a nivel mundial).

La institución unificada es quien se consagra campeón y ese es el mensaje que se quiere dar: un fútbol integrado e igualitario”.

Qué buen ejemplo de un cambio cultural que debería permear en tantas otras actividades, por el que muchas mujeres uruguayas hemos luchado y seguiremos luchando.

Febrero Amargo

Febrero Amargo

En estos días se viralizó una entrevista radial que Orlando Pettinatti realizara recientemente a Leonardo Haberkorn. Como se sabe, este último ha investigado en profundidad el período previo al golpe de estado de 1973, habiendo desmitificado acertadamente la “historia oficial” que relata el Frente Amplio.

La explosiva viralización de la entrevista radial se debió a que Haberkorn fue muy claro respecto al apoyo explícito dado por el Partido Comunista y otros sectores del FA al llamado “golpe de febrero”.

Efectivamente: meses antes de la disolución de las cámaras que tuvo lugar aquel infausto 27 de junio de 1973, parte de las Fuerzas Armadas de la época se insubordinaron al Poder Ejecutivo e hicieron públicos los famosos “comunicados 4 y 7”, donde desplegaban parrafadas demagógicas con el fin de lograr la simpatía popular. Y decimos “parte de las Fuerzas Armadas” porque la Armada, entonces liderada por un batllista de ley como el Contraalmirante Juan José Zorrilla, se atrincheró en la Ciudad Vieja en resistencia a los oficiales del Ejército y la Fuerza Aérea sublevados y en defensa de la Constitución.

Así lo cuenta Haberkorn en un pasaje de la entrevista en que acierta en la crónica de los hechos: “el golpe arrancó en febrero. Se recuerda poco ese golpe. Porque acá todos la quieren contar como mejor les conviene. Si uno analiza el golpe de febrero, ahí tenemos que una parte de la izquierda, muy especialmente el Partido Comunista, lo apoyaba. El diario El Popular (de ese partido) sacó un editorial que decía que la alternativa era oligarquía o pueblo, no democracia o dictadura. La oligarquía era el parlamento, los políticos, el establishment, y el pueblo eran los militares, el Partido Comunista y la izquierda revolucionaria”.

Hasta aquí, la observación de Haberkorn es exacta, mal que pese a muchos frenteamplistas. No solo fue aquel repugnante editorial de El Popular, que proclamaba la unión de soldados, obreros y estudiantes detrás de una supuesta “liberación”.

Casi todo el FA de la época creyó en el canto de sirenas de los golpistas, al punto que los historiadores admiten que la única voz discrepante dentro de la izquierda fue la del periodista Carlos Quijano, desde el semanario Marcha. No hay que olvidar que estaban muy influidos por la revolución cubana y el imperialismo soviético, y que como tal menospreciaban la democracia uruguaya.

La vigencia plena de los derechos humanos de que había gozado el país durante décadas era menoscabada por ellos como “libertades formales” de una “democracia burguesa”.

Pero hay otra parte de la entrevista en que discrepamos abiertamente con el periodista. Es cuando señala que “los partidos tradicionales también quedan mal parados porque no hicieron nada. En febrero todos miraron para otro lado. Estaban todos en la playa y a nadie le importaba nada”. No fue así en absoluto.

Es cierto que el entonces presidente Juan María Bordaberry carecía de verdadero liderazgo (había sido electo a la sombra de la notoriedad del expresidente Pacheco Areco, quien debió resignar su ambición reeleccionista en un plebiscito fracasado).

Pero nadie puede negar que el Batllismo de la época fue un férreo defensor de la institucionalidad. Desde Jorge Batlle, que denunció la intención golpista en 1972, lo que le valió haber sido detenido por las Fuerzas Armadas y procesado, hasta Amílcar Vasconcellos, que en su recordado libro “Febrero amargo” también alertó sobre el grave daño que se estaba haciendo a la república, pasando por las renuncias indeclinables del vicepresidente Jorge Sapelli y el ministro Julio María Sanguinetti.

Todos ellos fueron implacables adversarios de la dictadura, como lo habían sido también de los tupamaros y de cualquier facción que descreyera de la democracia y apostara al violentismo intolerante.

Ninguno de ellos estaba “en la playa”, o “mirando para otro lado”.

Esa misma caricatura la expresó una vez Fernando Amado (cuando aún se decía colorado). Corría el año 2010 y el parlamento celebraba el 25 aniversario de la restauración democrática. En su alocución, Amado echó sombras sobre los políticos de 1973, por “no haber hecho nada” en aquel aciago febrero. La injusticia de sus palabras hizo saltar con indignación al entonces senador Luis Alberto Lacalle Herrera, mientras legisladores colorados, como Pedro Bordaberry, Tabaré Viera y José Amorín, no dudaron en señalar a su correligionario que había incurrido en un penoso error.

Para tener una visión objetiva de aquellos tiempos, es bueno revisar el libro de Sanguinetti “La agonía de una democracia”.

Es el testimonio de un testigo privilegiado de una etapa compleja de la vida nacional, en la que los verdaderos demócratas se jugaron la vida por la institucionalidad, y no miraron para otro lado.

Mentes Brillantes

Mentes Brillantes

Vivimos un tiempo en que parece importar solamente lo más inmediato. Tal vez sea por los avances vertiginosos de la tecnología; lo cierto es que la agenda de los medios de comunicación se nutre fundamentalmente de primicias.

Frente a esa realidad, quienes cada tanto miramos al pasado y nos ponemos a evocar efemérides, podemos quedar como anticuados o pasados de moda.

Me rebelo a ese prejuicio.

Siendo estudiante, leí una vez una frase que me quedó grabada: “¡qué vigente está hoy Homero y qué viejo el diario de ayer!” Porque aprendemos del pasado, encontramos muchas claves que explican el presente y permiten augurar el porvenir.

Por eso hoy quiero evocar con ustedes dos efemérides: el 2 de agosto se cumplieron 75 años del fallecimiento de don Tomás Berreta. Y el 5 de agosto, el gran Carlos Maggi cumpliría 100 años.

Son dos batllistas excepcionales cuyas obras siguen vigentes: el primero por haber sido presidente de la República durante un breve pero fecundo lapso (lo halló la muerte en 1947, a escasos meses de haber asumido) y el segundo por ser un intelectual clave en la historia del país.

Tomás Berreta

Fiel a las ideas de Batlle y Ordóñez, don Tomás avanzó en un modelo de desarrollo nacional: gestionó la importación de maquinaria agrícola que aumentó la producción agropecuaria y en su mandato se firmó el convenio con Inglaterra del pago de la inmensa deuda contraída por ese país, debido a la guerra mundial que había finalizado dos años antes.

Al fallecer, es sucedido por Luis Batlle Berres, tercera generación de una verdadera “dinastía democrática”, que desde Lorenzo Batlle, pasando por don Pepe, por Luis y culminando en nuestro querido Jorge, sintetizó en un mismo apellido la calidad democrática y republicana que distingue al país en el contexto regional.

Tomás Berreta y Luis Batlle Berres son exponentes de ese “Uruguay optimista” que con tanta precisión ha descripto el presidente Sanguinetti.

Un país atípico por la solidez de sus instituciones y sus elevados parámetros de equidad social, que además vio nacer, con la generación del 45, a un numeroso grupo de intelectuales brillantes, tal vez la camada de talentos más importante que dio el país en toda su historia.

Allí abrevaron Carlos Maggi y Manuel Flores Mora, como lo hizo también la querida poeta Ida Vitale, cuya inteligencia y ternura aún hoy podemos disfrutar, en sus jóvenes 98 años…

Carlos Maggi

Ese Uruguay del batllismo generó un movimiento de intelectuales que, lejos de ser complacientes con la realidad, la desafiaron con fuerte espíritu crítico y firme concepción republicana. Importa comparar este fenómeno con el de otros países.

Hay que recordar que los años 50 fueron los del origen y crecimiento de la revolución cubana, y los 60, la década en que ese ideal de libertad se convirtió en un espejismo, fagocitado por el imperialismo soviético, totalitario y represor que aún proyecta sus dolorosas sombras sobre esa isla.

Hubo en Uruguay un positivo fogoneo político e intelectual inspirado en la concepción batllista, que impidió hasta 1973 que los extremismos totalitarios de uno y otro signo (acá también se expresaron) se llevaran puesta a la democracia. Y fue esa misma concepción batllista, liberal y republicana, la que torció el brazo a la dictadura ya desde 1980 y nos devolvió la libertad, desde 1985 y para siempre.

Son activos que tiene nuestro país que no se explicarían si no hubiera habido un Batlle Berres, dando ejemplo desde arriba de tolerancia y austeridad. Serían imposibles si no hubiera estado Carlos Maggi aportando su conocimiento y valores a un proceso intelectual que lo tuvo como pensador, historiador, ensayista, periodista de opinión y dramaturgo.

La identidad de los países se construye precisamente por la calidad de su conductores y por la influencia que tienen sus mejores intelectuales en el devenir político y social.

Celebrando hoy a Berreta, Batlle Berres y Maggi, estamos rindiendo homenaje a lo mejor de nuestro país. Aquello que nos distingue y nos enorgullece, en el difícil contexto internacional que vivimos.

Gobernando para las próximas generaciones

Gobernando para las próximas generaciones

Si el ciudadano quiere conocer los temas verdaderamente importantes que hacen al presente y futuro del país, hay una manera muy directa de lograrlo: alcanza con no prestar atención a los temas que desvelan al Frente Amplio.

Porque mientras la oposición se rasga las vestiduras por un supuesto plagio (que en realidad es una mera omisión en el borrador de un documento de la Anep que estaba para ser discutido, no publicado), el Uruguay se enfrenta a una reforma histórica, que impactará positivamente en la macroeconomía y, con ello, en el bienestar de todos los ciudadanos.

Hablamos, claro está, de la reforma del sistema previsional, que está llamada a ser un verdadero paradigma de progreso. Las características del proyecto son bien reveladoras de un cambio cuantitativo y cualitativo que saneará al sistema, descargando la mochila de las nuevas generaciones de activos y transparentando los recursos que el Estado destinará a la protección de quienes se acojan a un merecido retiro.

Lo decimos nosotros, los colorados, que hemos sido los artífices del sistema previsional desde tempranas épocas de nuestra independencia como nación.

La reforma que propone la coalición republicana es paradigmática porque nace de un consejo multipartidario de expertos en el tema, al que incluso fueron invitados representantes del Frente Amplio (que nada aportaron, pero allí estuvieron).

Es la manera de hacer política por la que tanto bregamos: no sacar ideas diletantes de la galera, sino escuchar a los que saben y tomar decisiones contundentes, sin importar que sean audaces, en la medida en que sean racionales y justas.

El nuevo proyecto mantiene el régimen mixto, que es una inteligente incorporación de la reforma impulsada por nuestro partido en el segundo gobierno del Dr. Julio María Sanguinetti. Ni la ineficiencia de un sistema de reparto, ni la inequidad de uno totalmente privado. El hecho de que sea mixto, permite un adecuado equilibrio entre la solidaridad que compete al Estado y la pertinencia del ahorro individual.

Al mismo tiempo, se propone aumentar la edad de retiro a los 65 años, una medida lógica que será criticada desde la demagogia imperante en la oposición, pero que se justifica plenamente, dada la prolongación de nuestra expectativa de vida, que está generando un peligroso desbalance entre cantidad de activos y pasivos, a favor de estos últimos.

Por supuesto que esto no será de un día para el otro: el aumento de la edad se irá dando de a un año, para no perjudicar a quienes están a punto de acceder al beneficio.

Además, se consagrará por fin una realidad que se viene dando en la práctica desde siempre: los jubilados estarán habilitados a seguir trabajando, si así lo desean. Pero ya no tendrán que hacerlo en negro, sino que el nuevo sistema les permitirá seguir aportando, con lo cual mejorarán sus ingresos y ampliarán los recursos a distribuir por el sistema de reparto.

Se logrará la convergencia entre todas las cajas, para superar las profundas inequidades que se generan entre distintos sectores.

Se mantendrán los derechos adquiridos y se realizarán cómputos múltiples para trabajadores que ejercen la docencia y también para mujeres con hijos, restando un año para la jubilación por cada hijo que tengan.

Se trata de una reforma gradualista, que se desarrollará a lo largo de las próximas dos décadas, aunque sus positivos efectos sobre la economía nacional empezarán a hacerse muy visibles dentro de cinco años.

Realmente hay que felicitar al gobierno por haber tomado este toro por las astas.

El exministro Astori declaró en 2019 que la reforma jubilatoria era inevitable pero que “la debía encarar el próximo gobierno”, asumiendo explícitamente que no tenía ganas de que el FA pagara un eventual costo político por tomar medidas que ya entonces eran imprescindibles.

La coalición republicana no gobierna para las próximas elecciones sino para las próximas generaciones, como dice la vieja máxima atribuida a Winston Churchill.

Al sistema hay que cambiarlo y acá estamos nosotros para hacerlo.

Será muy triste ver, tal vez pronto, a los mismos que reconocieron el problema pero nada hicieron, utilizar demagógicamente el aumento de la edad de retiro para hacer política barata, suponiendo que el ciudadano es ignorante y desconoce la dimensión actual del problema.

De eso se trata: de volver a dignificar la política, tan bastardeada en otras épocas. Gobernar para mejorar la vida de las personas y no para simplemente hacer la plancha.