Atar todo con Alambre: Ambiente, Economía y Desarrollo Sostenible

Atar todo con Alambre: Ambiente, Economía y Desarrollo Sostenible

Uruguay ha sido para el mundo pionero de las políticas sociales desde hace mucho tiempo; la sensibilidad con la que los constructores de las políticas públicas se han adelantado a la “cuestión social” ha sido el motor de desarrollo y consolidación del Estado de bienestar que conocemos hoy. No obstante, por la fuerza de los hechos y el desarrollo de las sociedades contemporáneas nos ha puesto una nueva variante a esta compleja ecuación: el ambiente.

El ambiente como tal ha sido parte del desarrollo teórico de diferentes corrientes y escuelas de pensamiento económico a lo largo de la historia; incluso anteriores a estas, podemos ubicar como un primer antecedente las reflexiones de Aristóteles. Con el paso del tiempo, tanto los fisiócratas como los mercantilistas abordaron la problemática en un desarrollo primigenio, pero no fue hasta los postulados de los clásicos y los neoclásicos que el ambiente tuvo un rol más preponderante dentro del análisis económico.

Desde entonces, la academia ha intentado encausar sus esfuerzos en optimizar la actividad económica hacia el concepto -mundialmente aceptado y reconocido- de desarrollo sostenible tratando de materializarlo en una realidad óntica y no en un mero ideal. Sin embargo, se ha insistido en el desarrollo del arte en comprender como el crecimiento económico impacta en el deterioro del medio ambiente. Sobre este punto, naturalmente, se advierte que es un tema controversial pero las mayorías de las investigaciones recientes se realizan bajo la hipótesis de la curva ambiental de Kuznets. 

Distintos autores revindican la figura del Premio Nobel de Economía de 1971, Simón Kuznets, quien formuló una teoría que explica la evolución de la distribución del ingreso en los países. La relación cambiante entre ingreso per cápita y desigualdad del ingreso puede representarse con una curva en forma de «U» invertida, conocida como Curva de Kuznets.

Llevada a la praxis económico-ambiental, esta teoría encuentra sustento en el argumento que a mayores niveles de desarrollo implica -generalmente- un cambio de actividades económicas primarias a favor de actividades económicas secundarias y terciarias, siendo que estos últimos procesos de producción se basan en tecnologías más eficientes de esta manera reducen de manera significativa el deterioro del medio ambiente. Esta lógica sugiere que el crecimiento económico es clave para combatir y solucionar los problemas ambientales, fenómeno que se gesta al rebasar el punto de inflexión e interpretado en la reversión de los indicadores de deterioro ambiental.

Llegado a este punto, resulta inocente afirmar que la división “Norte-Sur” pareciera no ser ajena -tampoco- al fenómeno ambiental; para quienes son fundamentalistas de estos postulados el progreso tecnológico y la consolidación de ciertos sectores de la economía sería la solución -en gran medida- de la crisis climática. No obstante, la seriedad de la temática nos exige actuar y reflexionar con particular diligencia, es por eso que debemos remarcar una serie de importantes precisiones. 

La primera precisión, es que más de un economista se ha cuestionado cuáles indicadores deberían considerarse para estimar el deterioro ambiental, siendo este un punto que aún sigue siendo una controversia dentro de la academia. Siguiendo esta línea, se puede afirmar que con el paso del tiempo la Curva se complejiza al existir nuevos métodos de calificación y cuantificación del deterioro o daño al ambiente; dada por la evolución técnico-científico de la temática. Asimismo, podemos señalar que la consideración de la teoría como solución a los deterioros ambientales no es un marco favorable a los países de la región cuyas economías -como la nuestra- se basan en el desarrollo en gran medida del sector agropecuario.

La segunda precisión, radica en que diversos autores entienden y concuerdan que, a pesar de que se considera que el proceso de transición de una economía agrícola a una industrial es replicable, existe un gran número de economías de ingreso bajo y medio con alto porcentaje de su producción conformada por el sector de servicios -algunos países de Centro América y El Caribe-  lo que implica que puede constituir un indicador de desarrollo económico que no pasa por la industrialización convencional o incluso puede tratarse de un indicador de subdesarrollo. Además, algunas actividades englobadas en los servicios pueden generar tanta o más presión ambiental -directa o indirecta- que otras integradas en el sector industrial, por ejemplo, el transporte aéreo y el turismo masivo. 

En este sentido, los autores sostienen que hay ventajas comparativas que desalientan y dificultan el cambio de la matriz productiva regional hacia otros sectores con menor impacto ambiental como motor de crecimiento económico, ya que, la demanda de bienes primarios tiende a ser inelástica. Pretender que los países de la región usen este marco de forma exclusiva y excluyente para el diseño de políticas públicas en materia económica y ambiental sería en nuestro contexto sumamente inconveniente. Esto se deduce de las características que tiene un cambio en la matriz productiva para la consolidación de actividades económicas secundarias o terciarias tradicionales; en cuanto, supone un proceso lento y que la historia económica regional ha advertido los distintos desafíos que esto ha conllevado para estas economías. No es menor tampoco resaltar que los principales esfuerzos en diversificar la matriz productiva se han hecho en coyunturas internacionales muy beneficiosas muy distintas del contexto actual. En esta línea, no hay que sacar de la ecuación las distintas políticas que debería adoptar el Estado para garantizar la competitividad de estos bienes; los Estados eventualmente deberían subsidiar costos de producción, sumado al hecho de que no exista un mercado común consolidado a nivel regional hace inviable la colocación de tales bienes sin barreras arancelarias, lo que se traduce en una estrategia costosa e ineficiente.

La tercera precisión, subyace en que existe una gran cantidad de empresas que buscan entrar a los países en vías de desarrollo para aprovechar las barreras ambientales inferiores pues normalmente la inversión en estos países es por parte de una empresa transnacional proveniente de un país industrial que trae consigo tecnología ambiental superior; sin embargo, si este desplazamiento trae cambios en la composición de la economía, la situación se vuelve más compleja, y lo único que se está logrando es exportar la contaminación de los países desarrollados hacia los países en vías de desarrollo.

Llegado a este punto podemos inferir que la “cuestión social” es también -y siempre lo fue-una cuestión de ambiente; cuya interrelación con las problemáticas sociales, económicas, culturales y de género no le son ajenas ni le deben ser; cuestiones que en nuestro país, región y continente presentan insoslayables diferencias con el “Norte”. Esta diferenciación nos coloca en un plano diametralmente distinto; obligándonos a tomar decisiones diametralmente distintas. Lo que no significa -llevado al lunfardo- que debamos “atar todo con alambre”, una mirada holística e interdisciplinaria enfocada en la revalorización del capital natural existente no desatendiendo las particularidades de nuestro contexto y ponderando el diálogo social como herramienta de transformación debe ser nuestra brújula en este nuevo panorama cada vez más incierto y apremiante. 

Aterrizando esta idea y a simple modo de ejemplo podemos advertir que el desarrollo y la consolidación en nuestro país de la industria biotecnológica, las tecnologías digitales, la intensificación agropecuaria sostenible, la agricultura sostenible de precisión y biorrefinería son fundamentales para aprovechar esta oportunidad en razón del avance del mercado mundial de bienes y servicios de base biológica, pudiendo también diversificar la estructura productiva e incrementar la agregación de valor de una manera sostenible, atendiéndose así concomitantemente otros indicadores de vital importancia nacional como ser el empleo, la educación y la inserción internacional.