Coraje y valor en el Quebracho

Coraje y valor en el Quebracho

Este sábado, a las 11 de la mañana, frente a la tumba de Teófilo Gil, en Palmares de Soto del Quebracho, recordaremos la gesta inmortal de los jóvenes revolucionarios al cumplirse 135 años de la batalla contra la tiranía.

Llega la noche, oscura, fría, con truenos apagados, lejanos, y una lluvia incesante que azota nuestros cuerpos desnudos.
Muchos que durante el día han marchado con paso seguro, haciendo esfuerzos heroicos, se doblegan, se abandonan en la oscuridad.
Los labios, caídos, secos, agrietados, no tienen fuerza para moverse, ni aire los pulmones para hacer vibrar las cuerdas vocales, por lo que es bien inútil la orden que prohíbe hablar.
Si algunos labios se mueven, lo hacen para dar paso a un gemido sordo, o para articular una blasfemia. He oído varias veces esta frase pronunciada por diversos soldados: ¡Ah Santos, si pagarás todo esto!
Y en tanto, el ejército, semejante a un escuadrón fantástico arrastrando en la noche sus harapos y sus odios; llorando en silencio porque las piernas se doblegan y el cuerpo se encorva mientras la cívica virilidad sostiene el cerebro, marcha perseguido de cerca por un enemigo relativamente formidable, estando impotentes por lo tanto para hacer alto, dar vuelta la cara y disputar la victoria.
Disparos de fusil, lejanos todavía, resuenan en nuestra retaguardia.
Las detonaciones se repetían sin cesar, el humo subía nublando el horizonte, el combate con todo su horror estaba ante nosotros
Las balas silbaban de un modo espantoso, se oía el continuo y monótono pororó de la fusilería, interrumpido en intervalos regulares por las roncas detonaciones del cañón cuyos proyectiles pasaban sobre nuestras cabezas e iban a dar sobre una loma inmediata, levantando una nube de guijarros y de polvo.
Se escuchaba rugir el cañón como yaguareté que se siente ansioso de ultimar la presa.
Un denso humo negro se extendía sobre el llano y ascendía lentamente en pardas espirales hacia el cielo gris, donde también bullía la tormenta, pronta a estallar. Allá en el ocaso oscuro, el sol muriente dibujaba una línea roja, semejante a un relámpago inmóvil, durmiendo sobre las nubes negruzcas. La metralla enemiga tronó furiosa; una terrible descarga de fusilería resonó en el llano; la mitad de aquellos valientes cayeron.
El último heroísmo, ideado por los patricios, ejecutado por la juventud, dirigido por los caudillos y animado por los bardos, debía imponerse, debía triunfar.
Sin embargo, con sus jóvenes 17 años, Javier de Viana supo que la revolución había muerto.
La patria volvía a vestir de luto.
(Fragmentos de “Crónicas de la Revolución del Quebracho”).

La cultura del ahorro: falta de educación financiera.

La cultura del ahorro: falta de educación financiera.

“Un centavo ahorrado es un centavo ganado” — Benjamin Franklin


INTRODUCCIÓN

Cuando hablamos de la palabra “ahorro”, ¿A qué hacemos referencia? Primero que nada, veamos su origen: La palabra ahorro proviene del árabe “hurr”, que quiere decir libre, en oposición a ser esclavo. En la Edad Media se usaba la palabra “horro”, que quería decir “dar libertad a un esclavo”. Más adelante se transformó en algo más parecido a lo que conocemos hoy en día: “librar a alguien de algo” haciendo referencia a liberarnos del esfuerzo del gasto. Entonces, entendiendo su origen, ¿Qué quiere decir “ahorrar”?, ¿Para qué? ¿Por qué ahorramos? ¿Necesitamos hacerlo? y, lo más importante, ¿Sabemos cómo hacerlo?
Ahora veamos que es el “ahorrar” como fin en sí mismo: hay varias definiciones, pero voy a dar una un tanto personal, y es que, el ahorro, es un consumo diferido, y con esto me refiero a que el ahorro es la parte de mis ingresos que aparto para cumplir mis objetivos financieros. Es de alguna manera, un sacrificio que hacemos hoy para algo mejor el día de mañana.
Ahora bien, dijimos la palabra “objetivo”, y tal vez, esto sea lo más importante, el para qué ahorramos, y definirlo, es la clave para entender el ahorro en sí mismo. Podemos entender los objetivos como, por ejemplo, mi jubilación, una casa, un viaje, pero ¿sabemos cómo definir dichos objetivos? ¿Los uruguayos tenemos objetivos financieros? y, por otro lado, ¿tenemos la capacidad de realizar ese ahorro para dicho objetivo?
Algunos puntos para definir nuestros objetivos financieros es que deben ser puntuales, si quiero comprar “x” cosa, mi objetivo debería ser “necesito tanta cantidad de dinero para comprarme ‘x’ artículo”. Por otro lado, tenemos que definir un tiempo para llegar a dicho objetivo, poner plazos, ya sea a corto, mediano o largo plazo. Otro punto es que tenemos que hacerlo lo más tangible posible, los objetivos no son algo que podamos tocar o sentir, entonces si anotamos dichos objetivos, se nos haría más “motivante” de alcanzarlos.

LOS DETERMINANTES DEL AHORRO SON
MULTICAUSALES

La realidad es que los uruguayos tenemos poca capacidad de ahorro, ya sea por temas puramente económicos, pero también por factores externos, por decir algunos ejemplos, vivimos en un mundo en el que queremos todo ya, ahora, en que si compro un celular nuevo hoy lo quiero para ayer, necesitamos ese estímulo de dopamina constantemente. Por otro lado, hay una falta de hábito, todos tenemos hábitos en nuestro día a día, pero un hábito se construye en base a, entre otras cosas, una necesidad, y si yo no siento esa necesidad de ahorrar, va a ser difícil generar dicho hábito. Y por último la falta de educación financiera: en Uruguay la educación financiera no forma parte de los programas de estudios obligatorios de primaria y de secundaria, por lo tanto, nunca recibimos este tipo de información desde edades tempranas con el fin de que podamos, en el futuro, tener un mejor control sobre nuestro dinero. Es cierto que las finanzas y la economía en general tiene muchas herramientas y lenguaje técnico que a mucha gente se nos dificulta comprender y aplicar a nuestro día a día, pero si logramos transmitir estos conocimientos técnicos en un lenguaje mucho más sencillo, con ejemplos del día a día, sería mucho más interesante para las personas que estamos por fuera del mundo de las finanzas el aplicarlo a nuestra vida cotidiana.

EL AHORRO COMO SINÓNIMO DE LIBERTAD

Durante muchos años decir la palabra ahorro era sinónimo de recortar, de “ir por todo”, de mala palabra. No se habla mucho del tema (tal vez por lo dicho anteriormente), pero lo que sí es seguro es que es algo sumamente importante en nuestro día a día.
Ahora bien, como vimos más arriba, el ahorro tiene raíces en la libertad, pero ¿libertad de qué? ¿Por qué decimos que tener ahorros nos hace más libres? Creo que lo mejor para responder esta pregunta es plantearlo con ejemplos del día a día, uno de ellos podría ser la pérdida de nuestro empleo, planificar nuestra jubilación (pensando en el largo plazo), o mismo pensando en épocas de crisis (actualmente la pandemia). Entonces imaginemos que sucede algún hecho en el cual nuestras fuentes de ingresos se ven afectadas, es ahí donde juega un papel importante el ahorro, donde lo podemos usar como una reserva en momentos en los cuales nos es difícil recibir ingresos y de esa forma no depender de un tercero para poder subsistir. El ahorro puede darnos tranquilidad, ya que con este podemos dejar de preocuparnos tanto por el dinero.
Podemos lograr libertad con nuestras finanzas y en consecuencia en nuestra vida de manera más sencilla, apoyándonos en la educación financiera y sus tecnologías.

EDUCACIÓN FINANCIERA, UN PLAN A FUTURO


Por último, me gustaría hablar un poco de qué es la educación financiera.

Una buena definición es: “el proceso por el cual los consumidores/inversionistas financieros mejoran su comprensión de los productos financieros, los conceptos y los riesgos, y a través de la información, instrucción y/o asesoramiento objetivo, desarrollan las habilidades y confianza para ser más conscientes de los riesgos y oportunidades financieras, tomar decisiones informadas, saber a donde ir para obtener ayuda y ejercer cualquier acción eficaz para mejorar su bienestar económico” – OECD, 2005.

Como vemos, la educación es la pieza fundamental para entender nuestras
finanzas. Los beneficios que ofrece la educación financiera son varios, tanto para la economía de cada persona como para la economía de un país. En el plano individual, la educación financiera contribuye a mejorar las condiciones de vida de las personas, ya que proporciona herramientas para la toma de decisiones relativas a la planeación para nuestro futuro y a la administración de los recursos. Así, los usuarios con mayores niveles de educación financiera tienden a ahorrar más, lo que luego se traduce en mayores niveles de inversión y crecimiento de la economía.
La educación financiera puede verse hasta desde el punto de vista de una responsabilidad, siempre hablamos de derechos y más derechos (lo cual me parece perfecto), pero nunca hablamos de las responsabilidades de los individuos, y la educación financiera puede verse como una responsabilidad de los individuos. Cuando hablamos de educación financiera hablamos de hacernos responsables de nuestro futuro, creo que es hora de comenzar a hacernos responsables, pensar más en el largo plazo, no digo que únicamente sea eso, pero si creo que seria bueno empezar a usar un poco menos el plan para el finde y más para nuestro futuro, o
mejor dicho, para ambas cosas, y así, en la medida que podamos, depender lo menos posible de terceros.

Educación gratuita y obligatoria… ¿Pero laica?

Educación gratuita y obligatoria… ¿Pero laica?

                Si bien la acepción de laico remite al desprendimiento de los credos religiosos, podría también tomarse como separada de las prácticas políticas.

                Es necesario recordar el artículo 25 de la ley 14.101 en el cual se expresa:


“La educación será impartida sin imposiciones o restricciones que atenten contra la libertad de acceso a todas las fuentes de la cultura. Los funcionarios no podrán realizar ninguna clase de proselitismo, en el ejercicio de sus funciones o en ocasión de las mismas, ni permitir que el prestigio o los bienes del Ente sean usados con tales propósitos”.

                En los últimos quince años, quienes estamos vinculados de alguna u otra forma a la educación, hemos padecido una suerte de intento de adoctrinamiento llevado a cabo por quienes se creyeron amos y señores de la cultura y todo lo que la circunda.

                Hoy es un tema candente, docentes arengando fuerzas políticas desde los centros educativos que alardean creyéndose impunes mientras suben fotos en las redes sociales, otros, desde su rol educativo, criticando al gobierno o colocando sus estandartes como imagen de fondo en las clases virtuales, y los menos, en una actitud del mismo modo repudiable, criticando a la oposición. La frutilla en la torta la puso una ¿docente? en el día de ayer ante la trágica noticia de la desaparición física de nuestro ministro, Jorge Larrañaga, con una publicación tan despreciable como desafortunada.

                La docencia debería ser una de las profesiones más nobles engrandecida por valores que escapan de lo subjetivo, no obstante, de un tiempo a esta parte, lamentablemente se ha convertido en una fuente laboral inmediata para quienes tienen algún saber en determinada materia. Nuestras autoridades educativas están ampliamente capacitadas para cambiar esta realidad que desde hace mucho tiempo viene en detrimento de los más indefensos, los que no tienen ni voz ni voto, y que muchas veces deben tolerar en silencio la imposición de determinados puntos de vista para poder aprobar las materias.

                Es hora de recuperar el lugar de privilegio que supimos tener con un sistema educativo digno del primer mundo. Impulsemos a nuestros estudiantes a denunciar irregularidades y abusos docentes, ¡podemos tener la educación que merecemos!