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El acuerdo FA – Cabildo Abierto: talando el futuro

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Producto de un acuerdo para nada sorprendente entre Cabildo Abierto y el Frente Amplio, se ha votado en los últimos días, en la Cámara de Diputados, un proyecto de ley sumamente peligroso para el futuro económico del país relacionado a la actividad forestal.

Dicha norma busca limitar por ley la superficie de campo que se puede plantar con objeto forestal en el territorio nacional. Así reza el artículo dos del proyecto: “La superficie total de bosques de Rendimiento y Generales en todo el país, no podrá superar el 10% de la superficie Nacional bajo explotación agropecuaria definida en el Censo General Agropecuario”.

La aprobación de esta iniciativa implicaría un gravísimo retroceso económico para el Uruguay. En efecto, ¿Quién es el legislador o el Estado para limitar de manera absolutamente arbitraria lo que se puede y no se puede plantar en establecimientos rurales privados? ¿A qué responde un dirigismo económico tan vetusto, antiguo y perimido en el tiempo?

Un análisis poco profundo basta para concluir que este proyecto no tiene sustento científico alguno; sino una mera concepción ideológica ya desestimada por el tiempo y los resultados acaecidos en todo el planeta que han aplicado esta clase de intervencionismo absurdo. De manera similar a mi pensamiento se ha expedido el Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Uriarte, quien ha afirmado en Twitter: “No estamos de acuerdo en limitar arbitrariamente una actividad, cambiando reglas de juego y creando así un peligroso antecedente.”

Debemos entender que los productores cultivan en base a la oferta y la demanda, a los precios. Si se plantan árboles y no otros cultivos es porque dicha actividad les es más rentable –al contrario de lo que plantea erróneamente Manini, que entiende que el proyecto daría un mejor uso de las tierras-. Limitar esta posibilidad de manera arbitraria implica una irrupción injustificable en el libre mercado y las cientos de voluntades individuales que lo conforman. Miles de productores podrían verse obligados a dedicarse a actividades menos rentables por la limitación de esta ley, lo cual terminaría derivando en consecuencias negativas para toda la sociedad: menor desarrollo empresarial, mayor desempleo y especialmente una reducción de la recaudación tributaria que va a afectar directamente a los más pobres. No menos preocupante es la señal negativa que se le estaría enviando a los inversores.

¿De dónde nacen estas iniciativas?

La respuesta me parece clara: del nacionalismo, del nacionalismo más burdo que se pueda imaginar. Aquél que mira con desconfianza al extranjero, al inversor, al productor rural y que piensa erróneamente que puede dictar desde un escritorio el desarrollo de las fuerzas productivas del país porque tiene la verdad revelada en su cabeza. Lo que no entienden estas personas es que el mercado y el sistema de precios es una fuerza viva, orgánica, formada por millones de personas que no se puede controlar sin caer en un detrimento a la población toda y la economía.

Lamentablemente, Cabildo Abierto y el Frente Amplio, combinados, cuentan con mayorías en ambas cámaras. No obstante, aún mantengo la esperanza de que el proyecto naufrague en la Cámara de Senadores, y que llegado el caso, de ser necesario, el Presidente Lacalle Pou lo vetará -tal como ya lo anunciara- por ser este un proyecto que va totalmente en contra de los intereses del país y de una política forestal exitosa; política que lleva décadas funcionando y que hoy constituye una de las principales actividades económicas de la República.


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3 comentarios

  • Agustín Suarez
    Agustín Suarez

    Me resultó un análisis burdo y simplista. No se cae un solo dato que sostenga las ideas expresadas y obvia los argumentos de quienes impulsaron el proyecto. Dada la importancia que tiene la industria forestal valdría la pena que el autor estudie el tema antes de publicar estas cosas.

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  • Justino Menendez
    Justino Menendez

    Viendo el título de su artículo me refleja la brevedad de su visión y su desconocimiento del tema . El futuro económico de un país no está en juego limitando un monocultivo subsidiado por todo el pueblo uruguayo para ganancia de multinacionales. Todo lo contrario, el mundo debe respetar los ecosistemas y la biodiversidad.Me llama la atención que hoy salgan muchos operadores en defensa de los pequeños productores que van a ver limitada su explotación por esta ley … esta pastilla no se la come un preescolar del centro de la capital .

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  • Raúl E. Viñas

    Un análisis superficial y un enfoque limitado el de esta nota, que no tiene en cuenta que son un puñado de empresas las dueñas del 90% de las plantaciones de árboles.
    Esas de las que casi la tercera parte se ha implantado fuera de las áreas de prioridad forestal.
    Casi hace gracia la referencia al “mercado”, al referirse a un sector como el forestal que ha crecido a base de subsidios, exoneraciones y reintegros que pagamos todos los uruguayos, solo para que cuando se generó una masa de madera industrializable esa producción se haga con todos los beneficios de las zonas francas sin pagarle un peso al Uruguay.
    Sí ese fue el objetivo buscado de la llamada “política forestal”, alguien se equivocó mucho en esa política.

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