El Día

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Batllismo ambiental

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Tomamos prestado este concepto al semiólogo compatriota Fernando Andacht, para darle un sentido distinto al que él le asignara originalmente.

Lo que Andacht escribió hace algunos años es que la idiosincracia uruguaya está indisolublemente unida a las ideas del batllismo, al punto que la vocación republicana y solidaria de Don Pepe Batlle se respira en el aire y explica nuestra trayectoria como nación, desde los albores del siglo XX hasta el presente.

Este batllismo ambiental que nos define amplía su significación si pensamos en una de las grandes responsabilidades políticas de la época actual: ¿por qué no embeber en nuestro espíritu liberal y democrático, también la defensa del ambiente?

Es un desafío inédito que tengo el honor de emprender, porque acabo de ser designada por el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Colorado, como Prosecretaría Nacional de Ambiente de nuestra colectividad política. Agradezco al secretario general, nuestro querido Presidente Sanguinetti, por una decisión que me confiere tan alto honor y responsabilidad.

Es la primera vez que esta materia, fundamental en los tiempos que corren, es jerarquizada por nuestro Partido con la designación de una Prosecretaría.

A ello se suma otro honor, el de que nuestro correligionario Adrián Peña sea ministro de Ambiente. Y que sea el primero del país, teniendo en cuenta que hasta el año pasado, una misma secretaría de Estado incluía tan importante destino junto a los de Vivienda y Ordenamiento Territorial.

Cuando le presentamos al Comité Ejecutivo Nacional nuestro proyecto Creación de la Prosecretaría Nacional de Ambiente, evocamos la Declaración de Estocolmo, ratificada por nuestro país en 1972, y la Cumbre de Río de 1992 donde se establecía sabiamente que “el hombre tiene el derecho fundamental a la libertad, la igualdad y el disfrute de condiciones de vida adecuadas, en un medio de calidad tal que le permita llevar una vida digna y gozar de bienestar, y tiene la solemne obligación de proteger y mejorar el medio para las generaciones presentes y futuras”.

Es muy significativo el adjetivo “solemne” usado en esa declaración: verdaderamente, la protección del ambiente debe emprenderse con solemnidad, con plena conciencia de que lo que cuidamos hoy, garantiza la supervivencia futura de nuestros descendientes.
Para lograrlo cabalmente, la otra palabra clave es sostenibilidad.

El único límite al avance tecnológico y la industrialización, es el que pone una consecuencia indeseable de su expansión: la contaminación y el empeoramiento de los recursos naturales. Un crecimiento económico sostenible es aquel que armoniza ambos factores. Se necesita la aplicación de tecnologías limpias y procesos de producción que no dañen el agua, el suelo y el aire, nuestro hábitat y el de nuestros hijos.

La ley número 17.283 de Protección del medio ambiente es muy clara al respecto. Postula que “los habitantes de la República tienen el derecho a ser protegidos en el goce de un ambiente sano y equilibrado”. Y además, define el desarrollo sostenible como aquel “que satisface las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”. No hace falta subrayar el espíritu batllista de esa aseveración.

Los países en vías de desarrollo tenemos el desafío manifiesto de promover acciones para la preservación ambiental: métodos de recogida selectiva, tecnologías limpias, limitaciones en el uso de la tierra, educación para la sostenibilidad, economía circular…

Los uruguayos tenemos mucho que aprender en esta temática y el Estado tiene la obligación de promoverla. Solo una adecuada conciencia ambiental liberará a las futuras generaciones de esos automatismos atávicos que, aún hoy, empobrecen nuestra convivencia.

Por esto, entre otros motivos, durante la actual legislatura presentamos un proyecto de ley en defensa de la calidad del aire. Debemos bregar por el desarrollo sostenible, la gobernanza y el acceso libre a la información ambiental. Ese espíritu alienta nuestro trabajo en la Prosecretaría Nacional de Ambiente del Partido Colorado.

Somos la colectividad política que se cimienta en la ética de la responsabilidad.

Desde esa convicción, lucharemos con nuestro mayor esfuerzo por promover una ética ambiental, pensando los recursos naturales como un bien público intergeneracional.

El camino está trazado.

En estos días iniciamos su marcha, con razón y corazón batllistas.


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