El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

Batllismo al día

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Un grupo de jóvenes colorados ha tenido la buena idea de crear un periódico digital que se llame “El Día”. Aplaudo la iniciativa, felicito a los que la impulsan y agradezco la invitación a escribir en ese nuevo medio de comunicación, cuyo nombre es sinónimo de batllismo.

Al batllismo habré de referirme, y no sólo porque esta nota habrá de publicarse en El Día. Lo hago también porque creo necesario que, cuando faltan todavía cuatro años para las próximas elecciones, los colorados abordemos temas que trasciendan la coyuntura política, la perspectiva electoral y la obsesiva búsqueda del candidato presidencial. Es tiempo de pensar en las ideas que nos convocan y nos identifican y de imaginar, a partir de ellas, el “pequeño país modelo” que nos proponemos construir en este mundo tan complejo e imprevisible en el que nos ha tocado vivir.

A mi juicio, la característica que distingue al batllismo de Batlle y Ordóñez de los demás sectores y grupos políticos colorados y blancos que actuaban en el Uruguay de principios del siglo XX, es su empecinada y recia voluntad de hacer obra de justicia social. Las convicciones democráticas, republicanas y liberales eran comunes a todos los partidos. Lo que singulariza al batllismo es el propósito de emplear el Estado democrático como herramienta para mejorar la situación de los débiles, de los desamparados, de los vulnerables. “Nuestro partido es el escudo de los débiles”, dijo don Pepe (“Nuestro partido” y no “El Estado”, como parafrasean hoy algunos para expropiarnos la metáfora). “Todos los que están agobiados por la injusticia son nuestros protegidos”, proclamó en otra ocasión. Su obra política y de gobierno demuestra que no hablaba por hablar. Las leyes de protección a los trabajadores, a las mujeres, a los niños, a los ancianos y hasta a los animales son otras tantas pruebas de la sinceridad y seriedad de sus propósitos.

La sociedad uruguaya hoy es mucho menos injusta que lo que lo era hace cien años, pero sigue siendo injusta. No parece necesario fundamentar la afirmación; basta prestar atención a la realidad para ver que es así. Para ser fiel a sí mismo, el batllismo debe plantearse como prioridad la superación de las injusticias, sabiendo de antemano que proponerse ese objetivo es como ir en pos del horizonte: no se llega nunca, pero por eso mismo hay que avanzar siempre.

Encontrar la fórmula de la justicia social perfecta es quizás una misión imposible, pero ello no debe impedirnos trabajar en pro de la reparación de las injusticias que nadie niega que sean tales y que se ven todos los días. Los niños que nacen en la pobreza, por ejemplo, y que por ese solo hecho empiezan el partido de la vida perdiendo diez a cero; las mujeres sometidas, humilladas y golpeadas por sus parejas; los enfermos que no pueden cuidar su salud como deberían hacerlo por vivir lejos de Montevideo o no tener recursos para comprar remedios caros, y tantas y tantas situaciones parecidas…

En la polémica que llenó el siglo XX entre los partidos políticos marxistas de todo tipo y los partidos liberales y socialdemócratas, los primeros les reprochaban a sus adversarios que sus propuestas eran, en el mejor de los casos, reformistas, pero que nunca iban a la raíz de los problemas, es decir, a la sustitución revolucionaria del régimen capitalista, causa de todos los males, por el socialismo. Las propuestas marxistas eran radicales y sistémicas, y estaban respaldadas por una espesa fundamentación que pretendía tener rango científico. Frente a ellas, los programas de gobierno de los partidos reformistas parecían soluciones de compromiso, tibias e insuficientes, a menudo meramente provisionales.

En esos términos la izquierda uruguaya criticó al batllismo, reprochándole un reformismo que sólo servía, según ella, para amortiguar las contradicciones de la democracia burguesa, alargándole así la vida.

Hoy aquel viejo debate está superado. Desaparecieron la Unión Soviética y el mundo socialista, China logró la prosperidad sustituyendo el comunismo de Mao por el capitalismo autoritario de Deng Xiaoping y sus sucesores, y los pocos leales a la ortodoxia comunista que van quedando, como Cuba y Corea del Norte, vegetan sumidos en el atraso y la opresión.

En el Uruguay el Frente Amplio tomó nota de esos cambios. Cuando le tocó gobernar no intentó terminar con el capitalismo. Hizo las paces con el Fondo Monetario, les otorgó a empresas extranjeras como UPM y Montes del Plata facilidades y ventajas extraordinarias para atraer sus inversiones y alentó así un proceso de concentración y extranjerización de la propiedad rural como no se había visto nunca antes en nuestra historia. Todo ello, con la bendición del Pit-Cnt.

El batllismo nunca se propuso terminar con el capitalismo, ni aceptó jamás la concepción marxista del Estado y la sociedad. Baltasar Brum decía que la tarea del batllismo era la humanización del capitalismo -lo que obviamente implicaba la aceptación de éste- y Batlle polemizaba desde las páginas de El Día con Celestino Mibelli -primero socialista y luego uno de los fundadores del Partido Comunista del Uruguay-, rechazando la doctrina marxista de la lucha de clases.

La historia nos dio la razón: el camino hacia una sociedad más justa es el reformismo dentro del capitalismo, no la revolución socialista. No hay un plano del “pequeño país modelo”, ni un manual para construirlo. El batllismo tiene ideales, no dogmas. Un partido atento a las demandas de la sociedad en la que vive y abierto a las nuevas ideas ha de definir, en cada circunstancia histórica, las metas a alcanzar y los instrumentos a emplear para que la irrenunciable democracia uruguaya sea capaz de generar cada día más justicia y más prosperidad.

Esta es la hoja de ruta que hay que trazar: la que nos lleve a la república batllista del siglo XXI, allí donde en cada hogar haya, como quería Batlle, “un asiento para la felicidad”.

                                                                                                     


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2 comentarios

  • Luis Goncalves Toral
    Luis Goncalves Toral

    Felicitaciones desde Artigas! A volver a inundar de batllismo real todo el país y todos los sectores sociales. Propagando las ideas como uds lo hacen, pero sobre todo con el ejemplo , a todos los niveles. Soy así , poque soy Batllista, deberíamos decir! Saludos

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  • Carlos Salvadori
    Carlos Salvadori

    Felicitaciones por esta iniciativa.
    Recuperemos la presencia del BATLLISMO en el control y gobierno de nuestro querido PAÍS…!!!

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