El Día

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Uruguay, una democracia modelo

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Vivimos en el siglo XXI, en un mundo globalizado donde “lo que pasa allá afecta acá”. La globalización ha influido en los regímenes políticos de todo el mundo. En el planeta encontramos de punta a punta distintos tipos de regímenes: autoritarios, democráticos, híbridos, entre otros. Muchos de ellos influenciados por ajenos. Pero si hay algo de lo que estoy seguro, es que la mayoría de la población de un territorio en el que impera la autonomía, prefiere ante todo, la libertad con la que nos arropa la democracia.

En las últimas semanas me ha llamado poderosamente la atención la situación caótica política, social e institucional que vive la sociedad peruana, pero reflexionando un poco más con miras al pasado veo cómo este tipo de situaciones trascienden fronteras de un país a otro. Es una gran verdad cuando decimos o nos dicen que estamos inmersos en una de las democracias más estables y consolidadas del mundo y la mejor, en mi opinión, de toda Latinoamérica. Nuestra región es un vaivén de transiciones de un régimen a otro donde salvo algunas escasas excepciones, muchos países hermanos y vecinos han vivido continuamente en un contexto de insurrecciones, golpes y crisis institucionales que solo han hecho perder para unos y valorar para otros los hábitos democráticos con los que vivimos a diario en comunidad.

Uruguay desde su vuelta a la democracia ha venido aumentando (aunque con algún altibajo en el tiempo) sus valores democráticos. No es para nada fácil la transición de un régimen a otro. En nuestro caso, cuando a mediados de 1973 se da el golpe de Estado, nuestra sociedad comienza a experimentar una batería de costumbres nuevas y adversas a nuestras preferencias, con limitaciones en el día a día. Se pierden libertades, autonomía, entre tantos valores que nuestro país modelo cosechó en sus mejores días y transmitió de generación en generación. En esa etapa negra que culmina en 1985 con la reinstauración democrática, nuestra sociedad pudo volver a adoptar sus mejores costumbres hasta hoy día, sus valores democráticos.

Lo que me hace afirmar con certeza la tesis que planteo radica entre tantas cosas en datos que se presentan por ejemplo, en el último Latinobarómetro realizado en el año 2018. Uruguay presenta envidiables números en cuanto a indicadores como apoyo a la democracia, rechazo a adoptar un régimen autoritario, mayor confianza en un Parlamento, entre muchos otros indicadores que valorizan al régimen en cuestión. Nuestra sociedad ha vivido y transitado siempre con solvencia y madurez distintos gobiernos, reglas electorales, sistemas de partidos y siempre ha tenido un alto grado de apoyo a nuestras instituciones. Ellas son las que moldean nuestra sociedad y nuestra vida diaria, por ende es admirable cómo nuestra comuna se ha comportado con ella, estando a la altura de nuestros principios. Estoy seguro de que entre los uruguayos percibimos esa estima hacia nuestras instituciones, valores, costumbres, pero principalmente hacia nuestra democracia. Eso es un premio solamente nuestro por cultivar educación, sentido de pertenencia y empatía con la vida pacífica que reina entre los orientales desde hace ya más de tres décadas de manera ininterrumpida.

Esta vida pacifica que menciono con gran orgullo es una variable que los países Latinoamericanos en su mayoría no han vivido últimamente y que seguramente, nos envidian sanamente o no. Hemos visto cómo en Brasil un Presidente fue llevado por su congreso a juicio político, cómo el último Presidente electo se sumerge en el personalismo que tanto mal le hace al sistema de partidos. Sin ir más lejos, vemos hoy día la mentada situación de Perú: allí se pasan la banda presidencial de uno a otro y sus ciudadanos acabaron recurriendo a la violencia en la vía pública. ¡Venezuela! No hace ni falta describir a la nefasta y autoritaria situación que viven los venezolanos desde las horas de Hugo Chávez hasta las de Maduro. Argentina, si bien sería disparatado decir que su democracia está en peligro, vimos cómo el país hermano ha pasado por situaciones como la de Perú en la que en pocos días a muchos se les ha proclamado con la investidura presidencial y a los días se repite dicho acto con otra persona; o viniendo más al presente, los actos intolerables de corrupción que han llevado a cabo los Gobiernos “K”, corrupción que los inclina más a una poliarquía que a una democracia. Bolivia, toda una historia conviviendo con golpes de Estado. Como ultimo ejemplo tomo a Chile. En las últimas décadas hemos estado junto a ellos “peleando” por quienes gozaban de la mejor democracia. En este último año y poco más el continente ha presenciado de manera asombrosa cómo las protestas, manifestaciones, represiones y caos en el país trasandino han llegado al punto de que esa vida pacifica y democrática se haya visto desvirtuada en cierto grado.

No es casualidad que nuestro país presente un grado mayor de madurez democrática en comparación con el resto de la región. Muchos países vivimos la “tercera ola” de democratización, de ahí en más aprendimos en mayor grado que el resto, madurez mediante, la importancia de la libertad como pilar fundamental de nuestro país. Es una realidad: podemos afirmar todos con seguridad, que en este pequeño país de poco más de 3.400.000 almas con mucha responsabilidad, convicción y entusiasmo hemos forjado, estamos y seguiremos forjando la mejor democracia entre la fraternidad Latinoamericana y de las mejores del mundo.

Sigamos por esta senda que nos asegurará a todos los uruguayos el Porvenir.


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