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Reflexión batllista en un Uruguay dividido

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Es un pensamiento sobre un futuro incierto. Un partido político se juega en una elección nacional cuando nos necesita en bloque y no sólo para la foto. Con trabajo y responsabilidad es nuestro compromiso luchar por este partido y lucharemos a la vez por un país mejor.

Cuando ciertas declaraciones políticas y más que nada en nuestro propio partido, el colorado, me hace pensar que es lo que los mueve para diferenciarse como verdaderos batllistas a toda circunstancia de la vida de este país.

Creerse dueños o ser únicos difusores y ejecutores de la ideología batllista en Uruguay, describe la poca mentalidad de unidad y progreso de una nación, que pide a gritos transparencia, sacrificio y mucho trabajo para surgir nuevamente como país capaz de sí mismo y en sobrada soberanía para con nuestros vecinos y la región. Cuidado con las alianzas falsas y traicioneras, cuidado con los acuerdos interesados, cuidado con la mentira a la que estos gobiernos de izquierda nos ha presentado e integrado.

Queda la unión de una ideología y filosofía de vida que sólo el batllismo supo llegar y penetrar hasta en los rincones más duros y difíciles de sortear, cuidado los políticos colorados, como siempre, barrer para adentro, nunca hacia afuera.

«Mis pasiones no me perturban ni me ofuscan. Mis ideas de hombre de partido han sido siempre de paz, de concordia y de respeto a todos los derechos. En defensa de ellos he expuesto muchas veces mi vida.» José Batlle y Ordoñez

 Entonces ¿el Batllismo tiene dueño?

En una idea general de ideologías surge la pregunta si el Batllismo como tal tiene un dueño. Surge así interpretar gran parte de su lucha por un país, pacificado y buscando su posición en el mundo y en la historia.

En 1903, José Batlle y Ordóñez fue elegido presidente del Uruguay. Con él se inició un nuevo período en la historia del país. Su presidencia puede ser considerada una nueva etapa de la modernización, con cambios económicos, sociales y políticos muy importantes.

Por ese motivo sus reformas son llamadas las reformas del batllismo. A partir de 1904, una vez derrotado Aparicio Saravia, se produjeron gran parte de las transformaciones que marcaron al país durante casi todo el siglo XX.

Es que Batlle interpretó con humanismo el sentir de los uruguayos y lo llevó a la práctica, de esa manera todos lo recordamos con respeto y admiración aún aquellos que se alejaron bastante de nuestras tradiciones. Recordemos que Batlle en su primera presidencia debió enfrentar el levantamiento de Aparicio Saravia el 1º de enero de 1904 que se transformó en una guerra civil. Batlle tuvo que tomar decisiones amargas para derrotarlo en Masoller, donde Aparicio Saravia el 1º de setiembre es herido y muere el 10 del mismo mes en territorio brasileño, posteriormente se firmará la Paz en Aceguáel 24 de setiembre de 1904.

Luego pudo aplicar sus ideas humanistas, renovadoras y modernas para la época en un escenario de paz. Entonces el Batllismo es un sentimiento que todos llevamos dentro, el dilema está en el ámbito que este se pueda desarrollar con voluntad y apoyo del entorno.

La reacción después de un siglo de barbarie, fue un relámpago de fe en la República (la igualdad y la legalidad) y una contemplación por la condición humana.

Batlle se desarrolló dentro del Partido Colorado porque es donde inició su carrera política y así lo entendió y a pasar de todo pudo implementar su ideología.

Transformó la forma de hacer política fue claro en cuanto a su pensamiento de la religión, la convivencia pacífica y el humanismo y todo dentro del Partido Colorado, tal vez todos deberíamos hacer lo mismo.

Hay historia política, militar, económica, social y hay miles, millones de micro historias… Y detrás de todas ellas hay una historia de la cultura que fija el destino colectivo y el destino individual. La historia de la cultura, refiere al modo de ser de la gente, a la interminable formación de la gente; de ahí sale el modelo de sociedad, en la cual se vive. Y es ahí, en ese preciso punto donde Batlle está vivo y actuante.

Entonces el Batllismo no tiene dueño, todos somos Batllistas, al fin y al cabo, no podemos discriminarnos entre nosotros, no podemos ignorar una historia de reformas y de pensamiento popular a favor de un pueblo trabajador.


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