El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

LA PANDEMIA Y LA GENTE

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Hoy vivimos como nunca antes lo habíamos hecho. Han pasado fuertes campañas electorales, un nuevo gobierno nos administra, esperanzas de unos y desilusiones de otros. Con planes sólidos y compactos, el primero de marzo del 2020 la coalición quería unir a todos los uruguayos, porque se estaba por encima de las ideologías.

A principios de ese año los noticieros cubrían la temporada de verano (con la superficialidad que los caracterizaba) cuántos turistas habían entrado al país, cuántos salieron. Pero no era suficiente, entonces pasaban a cuántas papas fritas se habían vendido, la temperatura del agua en la mansa, brava o en la playa del cerro a las once de la mañana.

Los más avispados sabían de un virus que se estaba propagando desde China, pero como buen uruguayo, se pensaba que acá no llegaría. Fue entonces el 11/9 rioplatense, nuestro 13/3, fue el momento en que todo se enrareció y no podíamos creer que la pandemia estaba entre nosotros.

Como nunca, comenzamos a colaborar con el gobierno, principalmente, las ollas populares fueron necesarias y así surgieron, eran muchas, eran más de cien. Pero ¿fueron las medidas tomadas por el gobierno en una emergencia sanitaria decretada lo que inició todo esto que hoy pasamos? No!!!

Surgieron los opinólogos, descubrimos que teníamos una cantidad de profesionales especializados en patologías de las que nunca escuchamos hablar, personalidades que teníamos consideradas como genios, en fin, creíamos en todos los que pudieran hacer algo contra lo que avanzaba lentamente. Nosotros, preparados y victoriosos a esa altura, orgullosos de ser avanzados, fuimos noticia internacional, por fin no por el fútbol, éramos los campeones. Aplaudíamos en la noche, a todos aquellos dedicados en su profesión a la salud, contenedores en primera línea contra la pandemia.

Comprendimos y aceptamos el barbijo, el alcohol en gel, la distancia social. Parecía que teníamos la pandemia controlada, hasta llegamos a cero caso allá por junio.

Pasaron los meses, los niños iban y venían de las escuelas, entre la presencialidad  y la virtualidad con el Plan Ceibal. Los padres preocupados por la conectividad, la alimentación escolar, el desempleo aumentando. Ollas populares que continúan y son aprovechadas como motivo para hablar algo de política, pero no para construir, sí para decirnos “vieron?”, ya entrábamos en otra etapa de esta relación pandemia-gente.

Llegó el calor, las licencias casi obligatorias, aún siendo imprescindibles, pero con una mentalidad distinta, porque llegó la indiferencia de muchos, el egoísmo de otros, la inconsciencia de unos cuantos. Entonces comprendimos que el escenario era otro, vimos que los números habían cambiado y su razón la teníamos en la puerta o ventana de nuestra casa.

Desafiantes los jóvenes, se aglomeraban, el gobierno se excusaba y las presiones eran terribles, dibujando un panorama muy negro para ver dentro de unos meses apenas. No les voy a decir que el panorama que yo veo es más gris, pero sí que es menos negro, como se entienda.                   

Con una ola o dos, con mesetas o no, comenzamos a vivir entre el temor y la impaciencia, entre el fastidio y el consuelo. Ya el convencimiento de que es mucho más de lo que se esperaba invadió nuestras mentes. Aún así, existía la negación al peligro (“a mí no me va a pasar”), pero bastaron 221 días para pasar de riesgo verde a amarillo, 56 días para pasar de amarillo a anaranjado y 32 días para pasar de anaranjado a rojo.

Los casos deben disminuir, los fallecidos deben disminuir, los controles tienen que aumentar, las medidas tomadas deben seguirse, pero la llegada a la gente deberá cambiar. Debemos ser más firmes, el gobierno tiene la palabra, pero con todo el apoyo de un pueblo, porque no hay, todavía, enfrentamientos de ideologías,  reproches, avivadas o cacerías de brujas.

Lo que hay son ejercicios políticos de menor alcance, casi mediocres, casi ignorados. Pero hay que estar atentos a nuestras responsabilidades, como padres, abuelos, hermanos, o que se yo, que los jóvenes no son los únicos responsables de no tomar las medidas necesarias, todos somos los responsables, por uno mismo y por el otro.

Ya tendremos tiempo para hablar de política o tratar un tema del momento, hoy es imperioso que incluyendo al gobierno, tratemos de reflexionar y volver a unirnos contra un virus que nos ataca y nos declaró la guerra.

Personalmente, escribir en “El Día” en su versión digital, no sólo es para mí un orgullo, sino un sentimiento muy especial. Por colorado y por continuar con un legado familiar. Agradezco esta publicación y a ustedes por leerme.

Así escribo, así llego, así opino.


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