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¿Dónde está el limite?

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En los últimos días hemos visto cómo en redes sociales se ha reavivado el debate acerca  de la actual ley que limita a 0,0 g/l, dividiendo nuestra población entre quienes están a favor de la reglamentación actual y quienes sostienen que es viable aumentar este valor a 0,3 g/l.

Por Camila Alvez y Guillermo Crucci


Primero vamos a explicar de qué estamos hablando al referirnos a «0,0 g/l» o «0,3 g/l».

La unidad de medida «g/l» se lee textualmente «gramo por litro», esto quiere decir que estamos midiendo la cantidad de gramos de alcohol que se encuentran en cada litro de nuestra sangre. Aunque, la realidad es un poco distinta, ya que lo que realmente estamos midiendo son «miligramos de alcohol por litro de aire espirado» básicamente, es la misma idea, solo que la concentración alcohólica en nuestra respiración es mucho menor que en nuestro torrente sanguíneo, por eso cambiamos la unidad de medida desde gramos a miligramos. Aún así hoy los espirómetros convierten automáticamente de mg/l a g/l ya que es la medida más estandarizada.

¿Cómo surgió este debate?

Todo nació despues de una declaración del Ministro de Agricultura Ganadería y Pesca, Carlos María Uriarte1, en Radio Universal, sin embargo podemos decir sin alguna duda que el principal promotor de esta reforma es el Senador nacionalista Sergio Botana, quien desde hace algunos años ha manifestado estar en contra al 0 absoluto. Botana se manifestó por primera vez en contra a esta resolución en mayo de 20172, poco más de un año después de la aprobación de la Ley 19.3603 que bajó de 0,3 g/l al actual 0,0 g/l. Posteriormente, volvió a mostrarse en contra de la Ley actual en declaraciones del 20184 y 2020, año en debatió públicamente sobre la temática con el expresidente de la UNASEV 5, Gerardo Barrios (Botana había solicitado la renuncia de Barrios cuando éste aún se encontraba en su cargo6).

¿Cuáles son los argumentos de quienes están a favor del «0,3»?

Uno de los argumentos más repetidos entre los partidarios de aumentar el nivel máximo de alcohol en sangre es que no se han mostrado resultados claros después de aplicar esta medida, manifestando que después de 2015, año en que se aprobó la Ley, las cifras no han demostrado un cambio significativo

Otro de los razonamientos más citados es que esta medida ha perjudicado al sector vitivinícola ya que afectaría en la venta de vino, dañando a la economía de dicho rubro.

Finalmente cabe mencionar una palabra que siempre nos gusta nombrar a todos, la «Libertad». Se dice que esta medida afecta a la libertad individual ya que el Estado estaría coartando sus acciones.Además de los argumentos mencionados, sacan a la luz ejemplos del primer mundo donde sus medida varían entre los 0,3 g/l y los 0,8 g/l  y que deberíamos centrarnos en otras problemáticas, como puede ser el límite de velocidad.

¿Qué tan reales son los argumentos presentados por quienes están en contra del «0,0»?

Acerca del efecto sobre la industria vitivinícola, esto no es del todo cierto, ya que después de 2015 la venta de vino en el mercado interno no se ha visto significativamente afectada. Sin embargo, un duro golpe para la industria fue la baja de las exportaciones en 2019, aclarando que el grueso de nuestras producciones se venden al exterior. El problema de esto, es que se centra en una sola industria, dejando de lado otras. Si ponemos a pensarlo, el aumentar la cantidad máxima de consumo de alcohol para la conducción, sería un golpe para el sector del transporte, ya que muchos ciudadanos tomarían la decisión de asistir a eventos donde consumen bebidas alcohólicas en sus propios vehículos, en vez de utilizar servicios de movilidad como lo son los taxímetros, aplicaciones de traslados o el transporte urbano. También, si lo que queremos es que nuestra ciudadanía consuma más alcohol, deberíamos dejar de realizar campañas contra esta sustancia en instituciones educativas, en la televisión y otros sitios. Recordemos que más allá de la situación que nos trae a debate, el alcohol es nocivo para nuestra salud.

Que decir, sobre la libertad, todos hablamos de ella, a todos nos  gusta, aunque, ¿Realmente tenemos claro que es la Libertad?, no entraremos en ello, ya que daría para otro artículo. Lo que sí podemos afirmar es que la Libertad no es algo ilimitado, la Libertad siempre se rige dentro de normas, como pueden ser nuestras Leyes, las cuales estamos obligados a respetar, pero también otras normas, como las religiosas, o en este caso, las morales. Moralmente, creemos que lo más correcto es que la libertad de un individuo termine cuando empieza a afectar a la libertad de un tercero. Aquí es un claro ejemplo, la libertad de un individuo de tomar alcohol afecta potencialmente a la libertad de otro conductor o peatón, ya que por conducir con alcohol en sangre, puede provocar, como todos sabemos, un accidente de tráfico, causando lesiones o inclusive la muerte a una persona que nada tenía que ver en el asunto.

¿Qué dice la ciencia sobre el consumo de alcohol y sus efectos en distintas cantidades?

Aquí es cuando el panorama se divide, distintos estudios muestran una clara inclinación hacia la reacción negativa frente al alcohol en cantidades mínimas tales como 0,06 mg/l78.

Otros han documentado, incluso, distorsiones en toma de decisiones, razonamiento en base a consideración del riesgo y percepción de la realidad en sujetos que han consumido 2 onzas británicas de whisky (menos de 1/4 de vaso de agua o alrededor de 50 ml)9.

Estos estudios sugieren un claro deterioro cognitivo temporal relativo al consumo de alcohol en sujetos de prueba en ambientes controlados, siendo evidencia de la peligrosidad que implica conducir bajo los efectos de esta sustancia.  

De esta forma, podemos asumir un claro incremento del riesgo a sufrir accidentes de tránsito al consumir cantidades mínimas de alcohol (incluso por debajo del 0,3 g/l) y una indudable irresponsabilidad gubernamental en caso de eliminar la restricción de tolerancia 0, pero, ¿qué opina el resto de la comunidad científica? 

En un estudio realizado en el año 2000  por Donald M. Dougherty y colaboradores10, se estimó que los efectos cognitivos relacionados al consumo de alcohol no comenzaron hasta después de los 0,5 g/l, sin embargo, en esta misma publicación se hace mención a la actual contradicción de estudios relativos al tema en la comunidad científica.

En un estudio realizado en 2004 por Theodora Duka y Julia M. Townshend11, un grupo placebo, un segundo grupo con un nivel de alcohol de 0,3 g/l y un tercer grupo con 0,6 g/l obtuvieron resultados similares en tareas de toma de riesgo y agresión, con una diferencia ni siquiera significativa.

Estos resultados tan ambiguos son debido a características tales como edad, género  y peso corporal, las cuales pueden variar ampliamente la respuesta de distintos individuos ante sustancias como el alcohol. Las diferencias personales tienen una implicancia significativa en el desempeño de habilidades cognitivas, es por ello que la misma cantidad puede afectar a dos individuos de la misma forma o variar ampliamente.

Entonces, ¿qué es lo que sí sabemos del alcohol? El alcohol es una droga depresora del sistema nervioso, esto quiere decir que, debido a su incidencia, decrece progresivamente la actividad de varias estructuras e inhibe la comunicación intraneuronal produciendo los efectos que comúnmente conocemos, tales como falta de coordinación muscular, reducción de percepción de situaciones riesgosas, la capacidad limitada de almacenamiento de memoria y proyecciones futuras (ya que estructuras como el hipocampo se ven afectadas negativamente), reacciones reflejas retardadas en el tiempo, entre otros. Este tipo de consecuencias son inevitables ante el consumo de alcohol y es la principal razón por la cual la mayoría de los países tienen restricciones legales en contra de conducir bajo ciertos niveles de intoxicación en sangre, pero, considerando los planteos anteriores, es realmente difícil determinar una cantidad ¨segura¨ de consumo de alcohol antes de sentarse detrás de un volante, las características personales de cada individuo tienen una incidencia significativa en la reacción que su propio sistema nervioso tendrá frente a distintas sustancias, incluyendo la frecuencia con la que una persona consume alcohol, lo cual se traduce a la adaptación o ¨tolerancia¨que su sistema haya adquirido con el paso del tiempo.

¿Cómo saber dónde parar?

«Permitamos volver a la copita de vino» se dice muy seguido, pero ¿Quién nos da la certeza que con solo una copita vamos a estar en el límite de 0,3 g/l?

El mover la limitación de 0,0 a 0,3 difumina la percepción. ¿Por qué? Simple, debido a que si mantenemos la prohibición actual, el conductor es consciente de que si no bebió alcohol, está dentro de la norma, en cambio, si bebió, está cometiendo un acto ilícito. Sin embargo, si la limitación pasa a ser 0,3 g/l ¿Cómo sabe el conductor que se encuentra debajo de dicha franja? Esto, se ve comprometido por diversos factores que vuelven imposible que el usuario sea consciente de cuando supera el límite. ¿Qué pasa si de forma no intencional te sirves un poco más? ¿O si es una bebida con mayor graduación alcohólica? ¿Y si vas a un restaurant y el mesero te sirve en un vaso más grande?. Agregado a esto, hay factores que escapan totalmente a nosotros, solo por nombrar a algunos podemos decir nuestro metabolismo, la ingesta de alimentos previa, nuestro estado de salud actual, nuestra condición física y otros ya mencionados anteriormente, los cuales dificultan el cálculo de graduación de alcohol que cada organismo requiere para comenzar a expresar deficiencias cognitivas.

Dicho todo esto, nos hemos dado cuenta que es muy difícil para un conductor saber si está en infracción o en condiciones de conducir si el límite aumentara.

¡Pero en Europa!

Hemos decidido otorgarle a este argumento que se ha citado en diversas ocasiones, una sección completa, ya que vale la pena refutar de varias maneras.

Aquí debemos ser autocríticos, y de primera mano, reconocer que Uruguay hoy en día en materia de transporte se encuentra muy lejos del nivel europeo.

En Europa solemos encontrar carreteras nacionales y calles citadinas en perfectas condiciones, casi sin pozos, totalmente planas. En cambio, como todos sabemos, aquí la realidad es otra. Solemos ver rutas en mal estado, calles con pozos que están sin repararse durante meses, caminos sin asfalto y más factores que hacen que las condiciones de nuestros lugares de circulación sean bastante peores a los europeos. En este punto, también cabe mencionar que se contradice con otro argumento dicho por los promotores del «0,3» que es la velocidad. La velocidad máxima en Europa, justamente por las condiciones de sus carreteras, en promedio es muy superior a la Uruguaya, yendo desde países que tienen como límite 120 km/h a otros países, que carecen de límite de velocidad, como lo es Alemania12. Entonces, guiándonos por la misma lógica ¿Deberíamos aumentar nuestros límites de velocidad en Uruguay?

Además, en Uruguay nuestra señalización deja mucho que desear, recordemos el hecho cercano en el tiempo, donde 5 personas perdieron la vida debido a una falta de señalización en una de nuestras rutas nacionales13. Esto en Europa no sucede, o al menos a nuestro nivel. Finalmente en este punto, queremos tocar lo más triste de todo, el «Siga, siga».
Estoy seguro que todos nosotros alguna vez  hemos escuchado,  o al menos sabemos, de alguien que cometió una infracción de tránsito especialmente relacionado al alcohol donde nuestros inspectores de tránsito dejaron de lado la Ley y aplicaron la regla del «Siga siga» para no multar a un conductor. En este momento, el «siga siga» se da en cantidades un poco mayores al «0,0» como pueden ser 0,1 o 0,2. ¿Qué sucedería si el máximo de alcohol en sangre aumenta? Pues seguramente que ello iría acompañado de una suba en el límite del «siga, siga» permitiendo a conductores en claro estado de ebriedad conducir por nuestras rutas y calles. Este punto, no buscamos atacar a nuestro personal de tránsito, sino a reflexionar y ser críticos con nosotros mismos, ya que esto sucede también fuera del transito, lamentablemente, es parte de nuestra cultura.

Conclusiones

En síntesis, el consumo de alcohol y lo que distintas graduaciones provocan en el sistema nervioso sigue siendo motivo de debate entre científicos reconocidos en el mundo. En esta misma línea, a no ser que cada uruguayo decida comprar un aparato especializado, es realmente difícil determinar el nivel de sustancia que ha consumido (la velocidad de metabolización de alcohol varía de individuo a individuo) y si se encuentra dentro de los límites legales para conducir un vehículo en caso de modificar el actual de 0.0. Asimismo, ya hemos determinado que sectores que pueden verse afectados deberían ser apoyados con otras medidas que no involucren poner en peligro la salud pública, entonces, ¿Qué beneficio traería aumentar el límite de alcohol en sangre al conducir?

Por Camila Alvez y Guillermo Crucci

Referencias

  1. «Uriarte propone reconsiderar “alcohol cero” al volante para “ajustarse a una realidad»» El Observador
  2. «Botana sobre ley de alcohol: “siempre dije que cero alcohol, es cero vida”» Subrayado
  3. Ley 19.360 IMPO
  4. «Botana sobre el alcohol cero: es «producto de cabezas intolerantes, de gente con cero vida»» El País
  5. «Tenso debate y reproches cruzados» Radio Carve
  6. «Botana pidió la renuncia del presidente de UNASEV, Gerardo Barrios» Subrayado
  7. Haubenreisser, T. y Vogel-Sprott, M. (1987) «Reinforcement reduces behavioural impairment under an acute dose of alcohol» PubMed, N.I.H. (EE. UU.)
  8. Vogel-Sprott, M. y Fillmore, M. T. (1993) «Impairment and recovery under repeated doses of alcohol: Effects of response-outcomes» ScienceDirect
  9. Cohen, J.; Dearnaley E. J. y Hansel, C. E. M. (1958) «The Risk Taken in Driving Under the Influence of Alcohol» N.L.M., N.I.H. (EE. UU.)
  10. Dougherty, D. M.; Marsh, D. M.; Moeller, F. G.; Chokshi, R. V. y Rosen, V. C. (2000) «Effects of moderate and high doses of alcohol on attention, impulsivity, discriminability, and response bias in immediate and delayed memory task performance. Alcoholism: Clinical and Experimental Research» Wiley One Library
  11. Duka, T., y Townshend, J. M. (2004) «The priming effect of alcohol pre-load on attentional bias to alcohol-related stimuli» Springer Link
  12. «Alemania rechaza poner un límite de velocidad a sus autopistas» El País (España)
  13. «Cinco muertos dejó un grave accidente de tránsito en San Carlos» El Observador


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1 comentario

  • Javier
    Javier

    Estuve mirando las estadísticas oficiales de UNASEV. El 53% de los muertos en accidente de tránsito circulaban en moto, súmese los que circulaban en otros birrodados. Un 7% de los participantes en accidentes viales dio alcohol en sangre. No significa que fueran culpables y el porcentaje de participación en accidentes fatales es mínimo. Entonces, siguiendo la lógica del artículo, debemos promover la prohibición de los birrodados (motos incluídas) en el tránsito. Y compensar a los vendedores de motos y demás. Y compensar a aquellos que usen tales vehículos como medio de traslado. Y sin duda estaríamos incidiendo seria y justificadamente en los resultados estadísticos.

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