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El mundo «oculto» de la violencia intrafamiliar: ¿cuánto hemos avanzado?

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Cuando pensamos en violencia o en abuso, lo primero que se nos viene a la cabeza (en términos generales) no tiene que ver con la familia, sino con sujetos externos a ella. En tiempos añejos era muy común enseñar a los hijos a respetar a sus padres mediante la violencia física y psicológica. Aunque sea difícil de creer, en pleno siglo XXI, el fenómeno persiste. En la antigüedad también era común visualizar violencia entre parejas; en casi todos los casos, el hombre tratando de imponer respeto sobre la mujer a través del abuso, tanto físico como psicológico. Es duro saber que esto sigue sucediendo y no ha mermado. Las formas quizá han cambiado, pero la violencia continúa y cada vez con más fuerza.

Se estarán preguntando de qué se habla específicamente cuando se menciona “violencia intrafamiliar”. ¿Qué es la violencia intrafamiliar? se hace referencia a la violencia que acontece entre miembros de una familia, y que puede llevarse a cabo tanto en el entorno doméstico como fuera de él. El concepto nos deriva directamente al término “violencia doméstica”. Para poder explicarlo nos basamos en la definición brindada por el Ministerio del Interior en su página web, que lo define como “toda acción, u omisión, directa o indirecta, que por cualquier medio menoscabe o limite el libre ejercicio o goce de los derechos de una persona, causada por otra, con la cual se tenga o haya tenido una relación afectiva basada en la cohabitación (parentesco, matrimonio, o por unión de hecho)». Se han distinguido cuatro tipos de violencia en el ámbito familiar: física, psicológica o emocional, sexual y/o patrimonial. Puede ser víctima del delito de violencia doméstica, cualquier persona sin importar la edad o el sexo, que tenga con el agresor una relación de parentesco o afectiva, aunque no exista entre ellos vínculo legal. El término «violencia domestica» está suele vincularse a la violencia contra la mujer, pero esta es una idea errónea: debemos saber que la violencia doméstica puede ocurrir en relaciones afectivas donde la víctima no sea necesariamente una mujer.

Ahora bien, como se dijo anteriormente, en otros tiempos era cotidiano visualizar situaciones de violencia intrafamiliar. Podemos creer que eran épocas cerradas, sin tanta información, con carencias en materia de derechos, en donde los conflictos se solucionaban con violencia porque «era lo que había», no existía otra vía de escape, y muchas más excusas o justificaciones, pero hoy en día sí existen derechos que protegen, por ejemplo, a los niños. Hoy por hoy contamos con el Código de la Niñez y la Adolescencia y la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño. También existen instrumentos jurídicos que protegen a la mujer, tanto nacionales como internacionales (la ley 19.580 sobre violencia basada en género, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, también conocida como CEDAW por su sigla en inglés; la Convención de Belem do Pará, entre otros). Hoy en día también existe mucha más información, y con ella la idea de que la única vía de resolución de conflictos no es la violencia. Entonces, es válido cuestionamos: ¿Hemos avanzado como sociedad en este tema? Para responder esta incógnita nos dirigiremos directamente a la información que nos brinda UNICEF, la cual menciona que, en 2013, en Uruguay un 56,6% de niños de entre 2 y 14 años son sometidos a algún método de disciplina violenta, tanto física como psicológica en sus hogares.

En el 2017 UNICEF se pronunció sobre este tema mencionando que el porcentaje de niños y niñas de 3 y 4 años con desarrollo adecuado en el índice infantil temprano, y desarrollo socioemocional adecuado según métodos de disciplina es el siguiente:

Aquí podemos visualizar que los niños que tienen disciplina con violencia presentan un desarrollo socioemocional menor, en cambio los que adquieren disciplina sin violencia tienen un desarrollo socioemocional mayor. Lo mismo sucede con el índice de desarrollo adecuado. Por otro lado, es claro que los niños que son castigados físicamente pueden llegar a presentar conductas violentas para con otros niños o personas adultas, y todo ello incide en su crecimiento y comportamiento.

Existen derechos reconocidos por normas nacionales e internacionales que amparan a los niños, pero, por otro lado, como lo muestran los datos y estadísticas, estas situaciones de violencia siguen aconteciendo, aunque no sean tan visibles. Siguen existiendo niños maltratados, abusados y violentados; niños que, al ser tan vulnerables, no siempre saben cómo pedir ayuda, y a su vez, en muchas ocasiones, la ayuda no es una opción. Ahora podemos contestar parcialmente esta incógnita que nos planteábamos al principio, y la respuesta es que, viendo el panorama de los niños, no hemos avanzado tanto como sociedad. Afortunadamente sí hemos avanzado en derechos y protección normativa, pero la realidad contrasta enormemente con el marco jurídico, y nos permite concluir que los avances son mucho menos significativos de lo que podríamos pensar. Los golpes y los gritos siguen siendo, muchas veces, la forma de educar de los padres.

Podemos hacer el ejercicio de situarnos en el papel de la mujer para resolver esta incógnita. La mujer sigue siendo muy vulnerable para la sociedad, como el caso de los niños. La incógnita inicial se puede responder rápidamente: tampoco hemos avanzado tanto. Con poner los pies en la tierra por un rato, mirar la televisión, más específicamente el informativo, leer diarios, o quizá directamente ser mujer, todo esto nos demuestra que no hemos avanzado en grandes proporciones con respecto a la violencia intrafamiliar. Como sabemos, los femicidios son noticia de todos los días en los medios que mencioné anteriormente, por más protección que exista en nuestro ordenamiento jurídico. La mujer sigue siendo atacada por ser el “sexo débil”, como muchos continúan recalcando. Si se atreven a buscar en el buscador de Google sobre este tema, en nuestro país, se podrá corroborar la innumerable cantidad de femicidios. Las mujeres siguen siendo vistas como cosas, siguen siendo vulnerables, siguen siendo atacadas día a día, ejemplo de ello es el acoso callejero por doquier que se padece. Entonces, es claro, que el abuso intrafamiliar no es una excepción. 

REFLEXIONES FINALES:

Como primera conclusión que podemos extraer de lo anteriormente expuesto es que definitivamente, a pesar de encontrarnos en una sociedad muy avanzada en muchas cuestiones, tanto culturales como tecnológicas, centrándonos en esta temática, el abuso intrafamiliar, el avance no fue significativo. Claro que se destaca que existan más derechos y que se intente brindar protección a las víctimas, pero el maltrato sigue sucediendo y la concientización es poca.

En segundo lugar, seguimos abusando del poder que tenemos sobre los más vulnerables, es decir, los niños y las mujeres; seguimos creyendo que podemos hacer lo que queremos con la vida, y con el crecimiento de estos. Creemos tener el derecho de truncar la psiquis de un niño, con violencia, tanto con maltratos psicológicos como con golpes físicos. Creemos tener el derecho de golpear a una mujer por el simple hecho de ser mujer, de imponernos sobre las decisiones de una mujer, de manipularla psicológicamente, de hacerla sentir menos, lo cual también es abuso, puesto que la salud mental de un ser humano es tan importante como su salud física. Si maltratás a tu pareja, a tu madre/padre, a tu hija/o, etc. psicológicamente, es abuso.

Por otro lado, quiero hablarle directamente a los padres, a los padres que manifiestan que los niños no entienden cuando se les habla, que “de vez en cuando hay que pegarles”, no tienen idea de las consecuencias negativas que puede ocasionarles en un futuro, el daño psicológico que esto puede causar. Ser padre, o madre, es una tarea compleja. Creo que, como sociedad, deberíamos de ser más responsables si queremos traer a una persona al mundo. Deberíamos pensar si estamos preparados: no solo basta con tener sustento económico, sino que hemos de acordarnos de que debemos cuidar su salud mental y física, como también debemos darles educación, valores, cariño, comprensión y muchas cosas más. No traigamos al mundo personas que crezcan con una base de violencia, maltrato y gritos, porque lo que estaremos creando serán adultos que luego se volverán inseguros, tristes, y no entenderán el porqué de esas emociones. Tener hijos implica responsabilidad, y sobre todo mucha responsabilidad emocional.

Y como última reflexión, es realmente triste que, en muchos casos, la familia no sea nuestra contención, nuestro espacio de paz. El mundo de por sí es cruel, y creo que deberíamos poder refugiarnos en nuestro hogar, pensemos en esas personas que llegan a sus casas con miedo de recibir gritos y golpes de parte de sus padres, de sus hermanos, de sus tíos, de sus esposos, de su pareja, etc. Sé que para muchas personas se les hace extraño, ya que en su casa solo encuentran amor, pero ésta no es la realidad de todos. La concientización es fundamental, el darnos cuenta de la importancia de un ambiente de armonía.

Tratemos de ayudar a aquellos que están pasando por estas situaciones, como comunidad debemos dejar de hacer oídos sordos. Recordemos siempre que la familia no es 100% confiable en todos los casos y siempre debemos de preocuparnos por aquellos que son más vulnerables, el abuelo no siempre es bueno y el tío tampoco. Recordemos que otra forma de violencia intrafamiliar es el abuso sexual, y para los más pequeños es difícil poder expresarlo. Seamos responsables.


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