El Día

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100 días de perdón

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Cuántas cosas podemos perdonar. Cuántos pensamientos requieren el perdón. Cuánto más tranquilos estamos ante el perdón. Pero en este caso se nos ocurre cómo hubiera sido este Gobierno de Coalición sin pandemia, cómo hubiera sido si los integrantes de la multicolor, los rebeldes, hubieran hecho mucho ruido.

Tuvimos la suerte de que en este tiempo todo corriera paralelo al bienestar del pueblo, dentro de lo que nos dejaron y dentro de lo que pudimos hacer.

En mis años de política (desde 1985) logré aprender innumerables cosas, la fidelidad, en primer lugar, la lealtad, el estar atento a las maniobras o ejercicios o gimnasia de los contrincantes, en fin, cumplimos con muchas de las reglas establecidas, algunas escritas y otras por el derecho consuetudinario.

Hoy podemos decir que el Dr. Luis Lacalle Pou ha hecho un buen gobierno, ha entendido que el pueblo tiene sus grandes necesidades y para colmo nos llega la pandemia.

Pero, también, existe la oposición y de esto otra de las máximas de la política, es entender y estudiar cada propuesta, sobretodo si proviene de la misma coalición, de los mismos que se unieron para imponer democráticamente otra ideología en el país. Y no voy a hablar mal del F.A., voy a hacerles notar que no se puede estar poniendo el palo constantemente en las ruedas del carro.

Existe la oposición responsable, la guía vista de afuera, de alguna manera, esa es la manifestación que debe salir del mismo grupo, de la misma coalición. Se debe gobernar en equipo, con racionalidad y lógica. El populismo demagogo no puede ni insinuarse, nadie dijo que no vale, sólo que no colabora para formar una figura.

Con cuatro o cinco infectados, cerramos escuelas, con un promedio de 700 casos diarios, abrimos escuelas, se afirmaba que los chicos no se enfermaban, hoy hay jardines y escuelas que tuvieron que cerrar al segundo día. Con la presión de los dueños de los free shops, se abre la frontera con Brasil y hay más casos en un Departamento que está en clasificación roja.

La inseguridad continúa, pero estamos destinando agentes por doquier para evitar que los deforestados mentales se reúnen para moverse un poco y conversar con una botella o lata en la mano. Y otro, para ser el vivo de la reunión, lleva el radioparlante gigante y generador, que si se va la luz, a un hospital son incapaces de acercarse.

En fin, muchos y digo la mayoría, tuvieron conciencia de lo que había que hacer, pero los otros se hicieron ver con su “rebeldía”. Algunos justificaban sus acciones por su edad y yo los clasificaba como anormales.

Pero también se es responsable, como presidente, de las principales designaciones en las respectivas oficinas del gobierno, pero no soporto las mentiras, los “rellenos” virtuales en realidades tristes y evidentes en instituciones que “modelan” la conducta, la siquis y la enseñanza de nuestros hijos. No se puede mentir con algo que atañe a niños y a docentes que ponen todo y pocas veces se les reconoce su mérito, y no es para proteger a sus superiores, es para que esos niños reciban lo que merecen, porque no son culpables del poco control y seguimiento de este país, cualquiera sea el gobierno de turno.

Control de calidad, cumplir lo prometido, un trabajo donde prime la actividad social, repeler la pobreza sin promesas, otorgar sin anunciar, son muchas cosas que este país maravilloso espera para confirmar que es uno de los mejores para vivir.

Esa falta de control es tan evidente y doy ejemplos, los comedores de las escuelas, un 40% no tienen necesidad de asistir, las tarjetas del Mides, están en una misma proporción. Usuarios falsos y repetidos en tarjetas que benefician a la gente con vulnerabilidad. Son hechos, son realidades, las auditorías sirven, pero con sus resultados aprendamos a ejercer la justicia social de buena y justa manera. Pero nos falta, nos falta mucho.

Pues, hay 100 días de perdón, pero desde ahora la realidad nos manejará de otra manera, más allá de la nueva normalidad, el comer, el tener una vida decorosa, no reconoce de la nueva forma de vida, hagamos nosotros otros 100 días de perdón, pues falta mucho para volver a cierta “normalidad”.


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