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Mártires: de Quinteros a la inmortalidad

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Pocos hechos son tan repudiables como el que fue perpetrado en el paso de Quinteros. Acto ejecutado de forma tan ruin y canallesca hacia personas a las que se les había garantizado la vida, pero se terminó empapando el suelo uruguayo de su sangre.

En enero de 1858, un grupo de colorados guiados por César Díaz entró al Uruguay a través de Argentina para alzarse en revolución. El movimiento compuesto por un pequeño número de hombres, (entre ellos Manuel Freire, uno de los treinta y tres orientales) tuvo su impulso al principio, pero gradualmente se fueron cosechando derrotas debido a que grandes líderes, como Venancio Flores, no se adhirieron a su causa.

El 28 de enero, estos hombres fueron encerrados en el paso Quinteros por las fuerzas de Anacleto Medina, quien fuera servidor militar del Gobierno y posteriormente caudillo ligado al Partido Nacional. Ya rendidos y sin fuerzas de combate, pidieron pactar con el vencedor una capitulación honrosa, en la que Díaz había solicitado que se respetara la vida de sus hombres, a lo cual se accedió. Así consta en una carta que le envió Díaz a su esposa: «El General Medina ha garantizado la vida de todos los oficiales y soldados que me acompañan. En cuanto a mí y los demás jefes, nos han dado un pasaporte para marchar a la frontera del Brasil bajo una escolta de las fuerzas a su mando. Ha sido pactado deponer las armas, y tengo en mi bolsillo el expresado pasaporte».

Medina consultó a sus mandos en Montevideo las acciones a realizar con los prisioneros. La orden recibida fue clara y concisa: «Deben ser inmediatamente fusilados cualesquiera hayan sido las condiciones en que cayeron en su poder». Esta orden se empezó a ejecutar con la modalidad de la «quintada» (matar aleatoriamente a un soldado dentro de un grupo de cinco). Se estima que asesinaron de esta forma aproximadamente a 150 hombres, incluyendo al propio Díaz y al legendario Freire, irrespetuosamente asesinado teniendo en cuenta los laureles que le otorgó a la patria.

Este hecho fue recordado como «La Hecatombe de Quinteros», y le dio la estocada final a la política fusionista que el país había llevado adelante. El caudillo blanco Medina fue considerado un sangre fría y canalla por las acciones realizadas. Posteriormente, Venancio Flores declaró a los hombres de quinteros, a través de un decreto, «Mártires de la Libertad de la Patria».


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